Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2015

Más vueltas sobre el asesinato de cayo Julio Cesar

Encontré esto en El País. Texto algo más cargado de sensacionalismo que no de descripción pura y simple de una nueva opinión sobre el asesinato de Cesar. De todas formas no está mal y vale la pena dedicarle unos minutitos a su lectura: 

"El asesinato de Julio César es un carajal". Así resumió, con su habitual estilo directo, la gran latinista Mary Beard todos los hechos que rodearon el apuñalamiento del político romano en el pórtico de la Curia de Pompeyo, el 15 de marzo del 44 antes de nuestra era. En cualquier acontecimiento de esta magnitud, resulta casi imposible separar la leyenda de la historia, pero este caso es especialmente complejo por su enorme valor simbólico y porque se cruzó Shakespeare de por medio. La fuerza de su obra es tan grande y la influencia de sus personajes tan profunda que se han apoderado de la realidad. Sin embargo, los historiadores siguen peleándose con los hechos, luchando contra las leyendas. El profesor de clásicas de la Universidad estadounidense de Cornell, Barry Strauss, acaba de publicar The Death of Caesar, un libro en el que lanza una novedosa teoría sobre lo que ocurrió en aquellos idus de marzo. "Hubo un tercer hombre en el complot para matar a César", explica Strauss, un experto en historia militar, autor de libros como La guerra de Espartaco o La batalla de Salamina. "Bruto y Casio no estaban solos. Décimo fue un personaje clave. Los conspiradores no eran aficionados, políticos civiles, sino generales que organizaron el magnicidio con una precisión militar. Los gladiadores también tuvieron un papel importante, al igual que varias mujeres de la élite romana", prosigue Strauss (Nueva York, 1953) en una conversación por correo electrónico.

Décimo Junio Bruto Albino, compañero de armas de Julio César (100-44 antes de Cristo) en las Galias, aparece en todos los relatos sobre el asesinato, pero nunca en un papel protagonista, aunque algunas versiones señalan que las famosas palabras "¿tú también, hijo mío?" iban dirigidas a él, no al Bruto más famoso. De hecho, Shakespeare cambió su nombre y le llamó Decio en su Julio César. En el relato clásico, es la persona que acude a casa de César para convencerle de que, pese a los malos augurios —"cuidaos de los idus de marzo"— y de la pesadilla que ha sufrido su esposa, Calpurnia, que soñó su apuñalamiento, debía acudir al Senado. "En los últimos años, los estudiosos han recuperado a Nicolás de Damasco (64-4 antes de Cristo), una oscura figura, que era un joven en el 44 y que escribió el relato más antiguo del asesinato de César. Durante muchos años, fue desdeñado porque luego trabajó para Augusto, el heredero de César y el primer emperador, y se pensaba que esa relación había contaminado su visión. Sin embargo, ahora se le toma muy en serio y su narración de los hechos es muy diferente, mucho menos idealista, que la de Plutarco, en la que luego se basa Shakespeare", afirma Strauss. Nuevos estudios han demostrado que los textos de Nicolás de Damasco merecen mayor atención, así como su correspondencia con Cicerón, que también había sido olvidada.

En el relato clásico, es Cayo Casio Longino el que impulsa el complot y el que logra convencer a Marco Junio Bruto, un noble patricio romano que nada en dudas entre su lealtad a César y su deber con la República romana, que el creciente poder del conquistador de las Galias está poniendo en peligro. "La culpa, Bruto, no está en las estrellas", es, según Shakespeare, la famosa frase con la que Casio le convence para participar en el magnicidio. Décimo, según esta nueva versión, fue un personaje central tan importante como Casio, uno de los líderes de una conspiración mucho ante todo militar. Combatió con César en la Galia y le apoyó durante toda la guerra civil. Sin embargo, por motivos que no están totalmente claros, cambió de bando. Strauss cree que el poder fue mucho más importante que los principios. Se convirtió entonces en el único conspirador en el círculo íntimo de César y, por lo tanto, en el principal espía.

Pocos autores creen que la intención de los conspiradores (unos 60 aunque solo 20 tienen un nombre) era defender la democracia sino los privilegios de su clase. Mary Beard describe en La herencia viva de los clásicos el magnicidio como "el chapucero asesinato de un ídolo del pueblo por un grupo de aristócratas enojados en el nombre de (su propia) libertad". Ronald Syme, uno de los grandes investigadores del siglo XX de la historia de Roma, fallecido en 1989, escribe en su libro La revolución romana: "Las tragedias de la historia no surgen del conflicto entre el bien y el mal convencionales. Son más augustas y más complejas. César y Bruto, los dos, tenían la razón de su parte".

Es precisamente esta complejidad lo que convierte el asesinato de César en un hecho único, porque concentra todos los elementos que forjan una gran historia, la traición, la amistad, la lucha contra la tiranía, la nobleza, la mentira, la lealtad, la política... Si a ello se suma Shakespeare y una increíble versión cinematográfica de 1953 de Joseph L. Mankiewicz con John Gielgud, James Mason, Deborah Kerr y, sobre todo, Marlon Brando en su apogeo como Marco Antonio ("y, sin embargo, Bruto es un hombre honrado"), la historia se convierte en mito. Julio César encarna un momento clave de la historia de la humanidad, cuando Roma se debatía entre continuar siendo una República o convertirse en un Imperio. Es un personaje que representa una de esas pocas encrucijadas en las que un camino u otro hubiesen cambiado la historia del mundo.

"Shakespeare ofrece un mito bellísimo sobre el asesinato, pero es un mito", afirma Strauss, cuyo libro está publicado por Simon & Shuster aunque aún no tiene editor en España. "Los asesinos reales no fueron amateurs y civiles, fueron generales y oficiales militares que también fueron políticos. Sabían cómo llevar a cabo un complot con precisión militar y reclutar a gladiadores para ayudarlos. Las mujeres también tuvieron un papel más importante del que muestra Shakespeare, desde Cleopatra, que era la amante de César en el momento de su asesinato y se encontraba en su villa de los suburbios de Roma, hasta Fulvia, la esposa de Marco Antonio, y, en mi opinión, la inspiradora de su discurso en el funeral de César".

Todavía quedan muchos misterios en torno a Julio César. Solo hace tres años, un equipo de arqueólogos dirigido por el español Antonio Moterroso, investigador del CSIC, descubrió el lugar donde fue asesinado —en los restos arqueológicos que se encuentran en el Largo Argentina, en pleno centro de Roma—. Los expertos siguen debatiendo sobre el emplazamiento exacto del Rubicón, el río clave en la historia de Julio César y de Europa. Al cruzarlo con sus tropas, violó una de las más profundas prohibiciones romanas (ningún general podía entrar con su Ejército en Italia) y desató la guerra civil que le llevaría al poder absoluto. Como escribió el historiador británico Adrian Goldsworthy al final de su biografía César, "más de dos mil años después su historia nos sigue fascinando. Una cosa es segura: estas no son las últimas palabras que se escribirán acerca de Julio César". Tenía toda la razón.

miércoles, 9 de abril de 2014

Sobre Jacques Le Goff

Dejo un fragmento de unas reflexiones de Guillermo Altares, en los "papeles perdidos" de El País, sobre Jacques Le Goff. El ilustre medievalista ha muerto recientemente y sólo ha recibido unas breves y escasas reseñas en la prensa de este país (curioso contraste, la apenas mencionada tragedia para el mundo de la cultura y la machacona reiteración en la salud, por otra parte irrelevante, de Cristiano Ronaldo y su rodilla...). En la foto aparece con pose de intelectual, pero porque puede, y da gusto ver un despacho así (quién lo tuviera...). Dejo sin más comentarios ni divagaciones, que me pierdo, el texto a destacar:

"El primer esbozo de Europa se dibuja sobre una doble base: la comunitaria de la cristiandad, modelada por la religión y la cultura, y otra, diversificada, de los distintos reinos fundados sobre tradiciones étnicas importadas o pluriculturales antiguas (germanos y galoromanos por ejemplo en la Galia). Ésa es la prefiguración de la Europa de las naciones, porque desde sus orígenes Europa muestra que la diversidad de naciones puede hacerse la unidad: naciones y unidad europea están relacionadas", escribe el sabio francés en este ensayo ("La vieja Europa y el mundo moderno") que, en poco más de 70 páginas de letra generosa, es capaz de resumir los principales problemas de Europa y, a la vez, de apostar por un futuro de esperanza. 
 
Le Goff explica, por ejemplo, como la orden benedictina aporta un elemento fundamental a los europeos: el empleo del tiempo. 

"La gran división entre un tiempo para la oración y un tiempo para el trabajo seguirá siendo y se afirmará como un tiempo para el trabajo y lo que evolucionará hacia un tiempo para el reposo, el ocio y la fiesta", explica. 

También es apasionante su justificación de la necesidad de una moneda única, ya desde los tiempos en que se produjo el desarrollo comercial europeo, entre los siglos XII y XIV: 

"A pesar de los progresos en las prácticas monetarias (control de las monedas por las ciudades y los príncipes, creación de un comercio al por mayor adaptado a los nuevos tratos comerciales, multiplicación de los cambistas y aparición de banqueros, primero en Italia, luego en el sur de Alemania), la multiplicación de las monedas y la complejidad de los cambios es un cuello de botella que pone de manifiesto la importancia de una unificación monetaria para el progreso de una unidad europea".

De todas las lecciones que ofrece Le Goff la más perdurable, sobre todo en la Europa de Marine Le Pen o del partido ultra húngaro Jobbik, pero también en la época de los recortes en educación y las universidad ahogadas, es cuando reivindica una relación con el pasado basada en la ciencia y el aprendizaje y no en las emociones y los mitos. 

"Europa debe desembarazarse ahora de las manipulaciones y de las falsificaciones de la historia y del peso paralizante de una cierta referencia a la historia. Europa conoce hoy, más que otros continentes, un despertar de la memoria. También aquí si la memoria debe combatir el olvido de los errores y los crímenes del pasado para ayudar a no reproducirlos, debe dejar a una historiografía científica y objetiva la tarea de construir, sobre el respeto a la historia de cada país, la memoria común europea".

domingo, 11 de agosto de 2013

El puente del Danubio

 Dejando constancia una vez más de mis manías sobre temas recurrentes, regreso pues al del Danubio y me guardo para mí  y para quien le apetezca unas breves líneas sobre el Puente de Apolodoro sobre el Danubio. Es un puente uqe el emperador Trajano hizo construir al este de las Puertas de Hierro, cerca de las actuales ciudades de Drobeta-Turnu Severin (Rumanía) y Kladovo (Serbia). La estructura tenía 1.135 metros de largo (el Danubio tiene unos 800 metros de ancho en la zona) y 15 de ancho y alcanzaba 19 metros de altura sobre el nivel del río. En cada extremo había una fortificación (castrum), por la que había que pasar para poder cruzar el puente.

Una obra de ingeniería impresionante para esa época realizada por el genio de Apolodoro. Durante siglos fue el puente más largo del mundo.


 Un texto clásico que lo ilustra:

Trajano construyó sobre el Ister un puente de piedra que desborda mi admiración hacia él. De hecho, aunque fue brillante en todas sus hazañas, ésta fue la mayor. Tiene veinte pilares cuadrados de piedra de ciento cincuenta pies de altura desde los cimientos y sesenta de anchura; están situados a intervalos de ciento setenta pies y unidos por arcos. ¿Cómo puede alguien dejar de asombrarse por la gran inversión que se hizo, o por la forma en que cada uno de estos pilares fue anclado tan profundamente en un río cuyas aguas están llenas de remansos y con un fondo tan barroso? Evidentemente, para ello fue imposible ello desviar el curso de las aguas. He hablado de la anchura del río; pero el caudal no tiene una anchura uniforme, pues en algunos sitios anega el doble y hasta el triple de tierra; sin embargo, el caudal habitual en esta zona aconsejó construir un puente con la anchura citada. Además, hay que tener en cuenta que aquí el río pasa de un amplio caudal a un cauce estrecho, después del cual vuelve a extenderse a una anchura mayor, lo que lo convierte en violento y profundo; y esta circunstancia debe ser tenida en cuenta para comprender la dificultad que supuso construir el puente. Al mismo tiempo, una de las circunstancias que muestran la grandeza de los planes de Trajano es que el puente no se hizo para usarlo nosotros; la sola presencia de los pilares erguidos, aunque no se hagan intentos de cruzarlo, hace creer que hubieran sido erigidos con el único propósito de demostrar que no hay nada que el ingenio humana no puede lograr. Trajano construyó el puente porque temió que si alguna vez el Ister se helaba en medio de una guerra podía sorprender a los romanos en aquella orilla, y era necesario asegurar el acceso hasta ellos con estos medios. Por el contrario, Adriano tuvo miedo de que también pudiera hacer fácil el paso para los bárbaros, que tras derrotar a la guardia del puente podrían cruzar a Moesia; por eso, desmontó esta gran estructura. 

Dión Casio, Historia romana, 68, 13, 1-6. Traducción de Pilar González-Conde sobre la versión inglesa de 1982.

martes, 8 de enero de 2013

Cayo Mario

Primera entrada del año, y la dedico a este personaje de la historia antigua de Roma que resulta ampliamente peculiar y merece un apartado. Era hijo de un campesino, así que tuvo que ganarse el puesto a pulso y contra criterio de los orgullosos patricios, siempre celosos de sus privilegios y atentando contra cualquiera que pudiese cuestionarlos. eran los tiempos de las luchas de clases en Roma. Lo que pasa es que en aquella época uno podía labrarse un futuro en el ejército, donde Mario, de fiero valor, fue subiendo poco a poco de graduación y completar el Cursus Honorum en todos sus puestos. Algo increíble para un Homo Novus. Su mayor logro fue en la guerra contra unos pueblos germánicos que invadieron Italia por aquella época.

Eran estos germanos unos pueblos que vivían hacia la costa báltica, más o menos. Nos los describen como fieros, de espesas melenas y barbas, gran estatura y vestidos como bárbaros, o sea, con pieles de animales. Se les conocía como Cimbrios y Teutones. tromando todo lo que tenían en grandes carros, con sus mujeres e hijos, y en masa fueron emigrando hacia el sur, guerreando contra cuantos estuviesen por medio. Los romanos, ante tal avalancha que les caía, sufrieron varias derrotas. Los historiadores clásicos hablan de cierta incompetencia asociada al mando de los patricios, que obtenían el cargo más por derecho de clase que por capacidad probada, pero el caso es que sí que unas cuantas negligencias podían achacarse a esto. Roma, entonces, se veía acosada y en gran peligro. Lo conocían como el "terror cíbbrico o teutónico". Cayo Mario, en esta tesitura, logró imponerse como cónsul durante 4 años seguidos, algo que en teoría iba contra la Ley pero que nadie logró cuestionar de forma clara.

Para lo que sí estaba dotado mario era para dirigir el ejército. Sus intrigas políticas nunca pudieron considerarse claras, enfrentado a los patricios pero sin ser claramente un "popularis". Pero en su elemento lograba formar ejércitos duros y eficaces, fortaleciendo la disciplina y compartiendo él mismo sus penalidades y trabajos, su rancho y sus esfuerzos. Como había hecho siempre. Tenía la idea de que las guerras "se ganan con los pies", y sometía a sus soldados ( y a él mismo) a grandes marchas a pie de decenas de Km. Sus soldados debían además caminar llevando todo su equipo a cuestas, armadura, lanzas, espada, puglium, vestimenta, material de cocina, 2 estacas para hacer el campamento y algunos otros pertrechos. Sus hombres eran conocidos como "las mulas de Mario", pero eso les convertía en soldados durísimos capaces de aguantar cualquier penalidad y de desplazarse con inusitada rapidez para un ejército principalemnte de infantería. 

Una vez hecho esto, fue a buscar a los teutones a la Galia maridional, junto al Ródano, y les derrotó completamente. Nada puede una masa desordenada, por salvajes que sean sus miembros, contra un ejército consular bien entrenado. 

Entretanto los Cimbrios cruzaron los Alpes y se plantaron ante Mario con exigencias de tierras y tratados. Poco tenían que hacer ante el duro general romano, quien les dio feroz batalla hasta alcanzar sus carros en barricada, donde hubo gran masacre. Allí combatieron, se nos dice, hasta las mujeres con palos y lanzas, y viedo la derrota trataron de matar a sus hijos echándolos a los pies de los caballos y estrangulándose a sí mismas con sus largos cabellos para escapar de la esclavitud y la deshonra. 

Gracias a esta batalla se salvó la República, y Mario fue llamado "tercer fundador de Roma". A partir de aquí, Mario demostró lo que tantas veces se ha visto en esta tierra: El duro general no sirve para la paz. Se demostró como un político torpe y rudo que se ganó no pocos enemigos entre las clases altas por su origen, y entre los popularis por su inoperancia en las reformas que favoreciesen al pueblo. Pasaron así muchos años en que a Mario le corroía la ambición, pues según le había predicho una adivina sería cónsul 7 veces y deseaba ese honor que no le llegaba.

Su ocasión llegó cuando Roma se vio enfrentada a la Guerra con Mitrídates en el Ponto. Mario ambicionaba el cargo de cónsul para conducir la guerra, pero se vio frustrado cuando fue nombrado un antiguo legado suyo, Lucio Cornelio Sila. Un viejo conocido, y un viejo rival. Tal enfado cogió Mario que logró que la asamblea del pueblo anulase la decisión. Cuando Sila se enteró, marchó con su ejército desde la Campania hacia Roma. Un acto ilegal, pero no podía nadie plantar cara a un ejército y Mario decidió huir. Fue declarado enemigo del pueblo de Roma. Comenzó así la primera Guerra Civil. 

Con penalidades inmensas, Mario vagaba por el Lacio logrando huir por los pelos, hasta que fue finalmente apresado. Aquí sucede uno de los episodios más curiosos de la historia clásica, pues encerrado en la cárcel de la ciudad más cercana decidieron los soldados de Sila ejecutarle. Para ello habrían enviado a un esclavo cimbrio a su celda. para matarle. Confiaban en el odio de un pueblo exterminado por el viejo general. Pero dicen que cuando entró en la celda espada en mano, Mario, lejos de amilanarse, gritó con voz atronadora: "Esclavo, ¿osarás matar a Cayo Mario?". Esto parece que funcionó como debía, pues el esclavo huyó, la plebe se enteró de lo que pasaba y le pusieron en libertad, dándole además los medios para huir a África del Norte. Entretanto, con la guerra civil se había reunido en Etruria una gran masa de huídos de Roma, fugitivos de las purgas de Sila. Mario, una vez Sila partió a la guerra del Ponto, se reunió con ellos y marchó a su vez contra Roma. Su venganza fue espantosa. El duro general permitió que durante 5 días sus soldados asolaran la ciudad matando y robando a los optimates y a sus enemigos. No hubo ningún proceso legal, simplemente una lista de gente que simplemente debía morir. Se cuenta que si alguien no saludaba a Mario cuando paseaba por las calles, era inmediatamente ejecutado. Probables habladurías y exagenraciones, pero dan cuenta de la masacre llevada a cabo. Y hecho esto, se hizo elegir cónsul, para cumplir con la profecía.

Finalmente, pues era ya muy anciano, murió tras unas fiebres. Se cuenta que en el delirium ocasionado por la fiebre se creía estar en Grecia luchando contra Sila, sentándose en la cama y dando voves de mando y gritos salvajes. Así murió Mario, el salvador de Roma.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Cincinato

Cuando la gente piensa en Roma, rápidamente le asaltan imágenes de decadencia, orgías y demás  escenas de vicio y desmesura. Esta falta de hybris reconozco que en momentos de la historia de la Roma imperial puede muy bien ser cierta, pero hay más historias de mesura y contención que no de desenfreno, y para ejemplo, la historia de Cincinato. 

Una vez ocurrió que Roma estaba en guerra con un pueblo vecino, los ecuos. El ejército romano fue derrotado y quedó en una situación muy mala, rodeado por enemigos y en un mal trance, realmente apurado. En momentos como ese, la legislación romana permitía nombrar un dictador, cargo que daba poderes ilimitados durante un tiempo no mayor de 6 meses. Todo el estado debía someterse a la voluntad del dictador. Y el pueblo nombró dictador a Cincinato, un hombre sencillo que se encontraba en ese momento labrando el campo con su yunta de bueyes. Su vestimenta, nos dicen, era una simple piel de oveja y un sombrero de paja. Cuando los emisarios del Senado le encontraron, su esposa, con cieto apuro, le llevó a escondidas una toga para poder mostrarse con mayor dignidad. 

Al día siguiente Cincinato fue al Foro, mandó cerrar los comercios y reunió a todos los hombres capaces de manejar armas. Mandó que se presentaran con provisiones para 5 días y con 12 estacas para cada soldado. Salió de noche, para tener el factor sorpresa, y llegó al campamento enemigo en noche cerrada. Lograron así rodear al ejército enemigo y levantar una valla de tierra ayudados por las estacas que llevaban. Al terminar estos preparativos, dio señal de batalla, con el grito de guerra romano rompiendo el silencio de la noche. Los que estaban cercados, entendiendo lo que estaba pasando, comenzaron a cargar contra los ecuos, que se vieron así rodeados entre dos equipos de locos furiosos bramando en plena noche, circunstancia que provoca así en general un caos monumental y una batalla en condiciones nada favorables para ninguno de los 2 bandos, salvo para el que sí conoce qué está pasando. En este caso, Cincinato y el ejército de rescate. Al amanecer, todos fueron lo suficientemente sensatos para firmar la paz.

Cincinato había cumplido con su misión de forma fulminante. Y según la ley podía ejercer su dictadura durante varios meses más, pero al llegar al Foro renunció a su cargo, y como nadie tenía nada que reprocharle, volvió a sus campos, su arado y sus bueyes. Estas sencillas costumbres y elevadas virtudes eran las que caracterizaban a los romanos. Años más tarde, Pompeyo hizo lo mismo. Pero en esta ocasión nadie consideró esto como un gesto de grandeza sino que Pompeyo fue considerado un tonto que no sabía aprovecharse de la situación, el Senado se negó a confirmar sus ordenes y no se repartieron tierras entre sus veteranos, como era la costumbre. Pompeyo sufrió el menosprecio de una gente que había perdido las virtudes de sus antepasados.

Nabonid

Un personaje curioso en la historia de Oriente Medio es este rey de Babilonia. Nabonid. Era una persona piadosa y bonachona que tenía en una especie de arqueología primitiva su afición principal. Iba de una ciudad a otra de su reino reconstruyendo templos, y se rodeaba siempre de escritores y sabios. Era my amante de la historia y viajaba siemrpe que era posible para conocer los lugares que salían en sus libros. Al llegar a un templo, lo reconstruía y lo primero que hacía era buscar la piedra sillar (donde había una narración  breve de la fundación del templo. Podía estar así meses enteros, pero nos cuentan que él era feliz así. Claro que esto iba en perjuicio del gobierno de su reino, próspero pero débil y rodeado de poderosos ejércitos como el de Ciro (Persia). Cuando se dio cuenta, su reino estaba en serio peligro. Piadoso como era, mandó trasladar a Babilonia las estatuas de los dioses de todos los templos de su reino. Tras las poderosas murallas de su ciudad pensaba estar protegido y proteger a las estatuas a la vez. Su ejército fue derrotado y la ciudad se rindió casi sin lucha. Es posible que los sacerdotes, curiosa e irónicamente molestos con un rey tan piadoso, abrieran las puertas al enemigo. El pobre rey trató de huir, pero fue hecho prisionero. 

Le guardo buen recuerdo a este personaje, ejemplo fiel de sabio despistado y con su tiempo empleado en tareas muy agradables pero que descuida las importantes. De haber sido griego, sería hoy más famoso que Einstein, pero poca gente conoce el mundo de Mesopotamia, sus pueblos y guerras, y así este personaje ha pasado muy desapercibido. De todas formas he de decir que en su desgracia encontró su fortuna, pues Ciro era un rey generoso y consideró tan inofensivo a Nabonid que no sólo le trató con benevolencia, sino que le dio recursos para continuar con sus piadosas obras.

Creso y Solón

Creso, según los textos antiguos, era el rey de Lidia (en Asia Menor). Su reino era rico y él se consideraba el más afortunado de los hombres, y ha pasado a la leyenda como ejemplo de cómo la desgracia puede acercarse a cualquier hombre por grande que sea.

La historia comienza cuando Solón, uno de los 7 sabios de Grecia y Legislador de Atenas, tuvo a bién dejarse caer por allí, y Creso le atendió como merecía. Ya puestos, le enseñó todo su poder, sus tesoros y objetos de plata y oro, símbolo de riqueza extrema en la antigüedad. Una vez se lo hubo enseñado todo, le preguntó:

- Huesped de Atenas, tú has viajado mucho y has conocido a mucha gente. Dime, ¿quién crees tú que es el más feliz de los mortales?

Solón se tomó su tiempo para contestar:

- El hombre más feliz que he conocido es Tellus de Atenas. Vivió en un tiempo en que su ciudad natal dominaba el mundo, tenía hijos hermosos y buenos y alcanzó una edad respetable. Finalmente salió victorioso en una batalla por su patria y los atenienses honran su memoria.

Algo mosca (pues esperaba otra respuesta en la que evidentemente apareciera él), Creso preguntó entonces quién era el más feliz después de Tellus. Y Solón respondió:

- Los hermanos Cleobis y Biton. Su madre, que era sacerdotisa, debía ir al templo por cierta fiesta, pero no fue posible traer a tiempo los bueyes del campo. Entonces se uncieron sus hijos al carro y la llevaron al templo, que estaba a una milla de distancia. Los hombres elogiaron a los muchachos por su enorme fuerza y tamaña hazaña, y a la madre por tener tan buenos hijos. En su felicidad, que también era su locura, la sacerdotisa entró en el templo y rezó para que los dioses dieran a sus hijos lo mejor que se pueda dar a un hombre. Así las cosas, los hijos se adormecieron en el santuario y murieron. Su madre conoció entonces que lo mejor que le puede pasar a un hombre es morir en su juventud, cuando no conoce aún la amargura de la vejez. 

Ya francamente irritado, Creso se quejó, o bramó más bien, que era un desprecio terrible comparar su felicidad con la de unos vulgares ciudadanos de Atenas. Solón se mostró tranquilo:

- Actualmente eres muy rico y dueño de muchos pueblos, pero antes de su muerte nadie debe considerarse feliz. Muchos a quienes los dioses colman de felicidad han caído más tarde en la más amarga miseria.

Creso oyó la respuesta, pero su soberbia era más grande que la sabiduría de Solón, así que lo echó de su reino. Algún tiempo después iba a comprobar de forma dolorosa cuánto debía haber escuchado, al decidirse a intervenir en los asuntos de de Persia. POr aquel entonces, Ciro estaba logrando elevar un potente imperio justo en la frontera de Lidia. Antes de hacer nada, por prudencia, envió mensajeros a Delfos y esta fue la respuesta del Dios:

"Si Creso traspasa el río Halis se derrumbará un gran imperio".

Dando Creso por seguro que podría destruir el imperio persa, reunió a su ejército y se lanzó contra Ciro. Pero en la batalla entre ambos reyes, Creso fue el perdedor, Sardes fue tomada al asalto, el tesoro fue saqueado y el propio Creso fue hecho prisionero. Llevado encadenado a presencia de Ciro, escuchó su sentencia de muerte: Ser quemado vivo en la plaza de Sardes. Hasta entonces el infeliz rey había permanecido en silencio, pero cuando las llamas comenzaron a prender la pira se acordó de Solón y comenzó a sollozar su nombre: ¡Solón, Solón, Solón!....

Ciro escuchó su quejido y envió a sus intérpretes para tratar de averiguar qué significaban esos gritos. Al escuchar el gran rey la historia de Creso y Solón, se conmovió, y pensando en las mudanzas de la fortuna mandó sacar a Creso de la pira y desde entonces le mantuvo en su corte.

Esta es la narración que nos da Herodoto sobre la caída de Creso.

El código de Hammurabi

Aunque no es propiamente hablando la primera compilación de leyes, sí es la más conocida y hasta popularmente sonada, y tal vez merezca una entrada propia. Está escrito en idioma acadio, y se pretendía recopilar una serie de leyes que ni el mismo rey podía cambiar. Era un notable avance para la época... Se ordenó que se pusieran copias de este Código en las plazas de cada ciudad para que todo el pueblo conociera la ley y sus castigos. Si alguien lo quiere ver, es una estela de unos 2,5 metros de altura perfectamente visitable en el museo del Louvre. Hammurabi ha pasado a la historia por esto, y cabe decir que fue un militar muy capaz que conquistó en su época el mundo entonces conocido, además de un buen gobernante que supo conservar la paz. En la estela está representado en la parte superior el dios Sol sentado en un trono, y enfrente de él, Hammurabi, con ropas talares, gran barba, las manos plegadas, recibiendo el poder de manos del dios. Bajo la imagen comienza la escritura en cuneiforme e idioma acadio:

Anu, Bel y Marduk me han llamado a mí, Hammurabi, rey de Babilonia, rey de los cuatro ámbitos del mundo, para que dé al pueblo leyes y consejos; Para que el fuerte no pueda oprimir al débil, para que las viudas y huérfanos hallen protección, para que los criminales entren por el camino recto; Por eso he escrito en mi tabla de piedra preciosas sentencias.

Las leyes trataban sobre ganadería, comercio o navegación, de artesanos, esclavos, compras, ventas, matrimonio y herencias. Sobre todo lo posible se establecían leyes y disposiciones, y al final de la estela se especificaban terribles maldiciones para los que osasen variar o destruir la tabla de piedra. 

Hammurabi reinó 55 años, en los que mandó construir diques y canales (el mayor de los canales se llamaba: Hammurabi es la bendición del pueblo), promovió el uso de los almacenes para guardar trigo en años de bonanza, y se le conoce como un rey justo.

viernes, 12 de octubre de 2012

Los nombres romanos

Viene siendo dificil seguir un texto clásico latino por cuanto hay veces que un mismo personaje puede ser nombrado de formas diferentes a las que yo conozco. En las traducciones han resuelto el problema poniendo siempre el mismo nombre, pero si se toma el texto original puede ser a veces algo confuso. De cara a no liarme más, pongo este texto aquí y así no tengo que buscarlo más veces. 

Los nombres de los romanos constaban de 4 elementos, junto a uno más que era opcional. 

Primero estaba el Praenomen, o el nombre de la persona, que en realidad era muy limitado. Los romanos tenían pocos praenomen que se repetían en una amplia capa de la población, y cada uno tenía una abreviatura establecida:

  • Aulo = A.
  • Apio = Ap.
  • Cayo = C.
  • Cneo = Cn. (El alfabeto etrusco no diferenciaba bien entre K y G, así que por este motivo usaban la misma grafía hasta que mucho más adelante desarrollaron la forma G)
  • Décimo = D.
  • Espurio = Sp.
  • Lucio = L.
  • Marco = M.
  • Manio = M'.
  • Publio = P.
  • Quinto = Q.
  • Tito = T.
  • Tiberio = Ti.
Una norma no escrita es que el hijo mayor recibía el praenomen de su padre, pero contando con una alta mortalidad infantil, en caso de morir se podía dar ese mismo praenomen a otro nuevo hijo, en caso de nacer otro.

Tras el praenomen, viene el nomen que suele indicar la gens a la que pertenece. Se podría traducir como "clan", y como en los clanes escoceses actuales, quienes ostentan el mismo nomen tienen un pasado común. Aunque en el momento presente es perfectamente posible que ya no hubiesen parentescos cercanos. Los nomina romanos acababan en "IUS" como norma general, siendo extranjeros los que no tenían esa terminación. Por ejemplo, Cayo Norbano o Cayo Carrinas. A esto hay algunas excepciones, claro.

Luego continuaba la filiación, o sea, indicar de quién es hjo. Algo muy común en el mundo mediterráneo, como podemos leer en la Ilíada y la Odisea: Aquileo Pélida (hijo de Peleo), Odiseo Laertíada (hijo de Laertes)... Los romanos añadían a praenomen y nomen la palabra filius y el nombre del padre, aunque con abreviaturas:

C.Mario C.f. = Cayo Mario hijo de Cayo.

La república romana acabó además adoptando una nueva costumbre, la de añadir al final de todo la tribu votante a la que pertenecía el hombre. Forma parte del gobierno que se instauró con el sistema de voto por tribus. Así, se añadía una nueva abreviatura al final del nombre oficial que indica la tribu de voto:

Esquilina (Esq), Palatina (Pal), Quirina (Qui), Suburana (Sub), Sucusana (Suc), Aemilia (Aem), Aniensis (Ani), Arnensis (Arn), Camillia (Cam), Cornelia (Corn), Crustumina (Cru), Fabia (Fab), Falerna (Fal), Gleria (Gal), Horatia (Hor), Lemonia (Lem), Maecia (Mae), Menenia (Men), Oufentina (Ouf), Papiria (Pap), Poblilia (Pob), Pomptina (Pom), Romilia (Rom), Sabatina (Sab), Scaptia (Sca), Sergia (Ser), Stellatina (Ste), Terentina (Ter), Tromentina (Tro), Velina (Vel), Voltina (Vol), Voturia (Vot).

Estos 4 elementos son el nombre oficial de un romano. Por ejemplo, un caso concreto sería Lucio Domitius Cn.f.Fab. = Lucio Domicio hijo de Cneo de la tribu Fabia. Este es un caso real de un romano real, pero conocido como Lucio Domicio Ahenobarbo. Pero según lo que acabo de explicar, el problema es de dónde sale ese último nombre, Ahenobarbo, literalmente "barba de bronce".

Bien, es lo que se conoce como cognomen. Comenzó como un apodo personal, pero acabó por ser hereditario y correspondiente a la familia, una unidad diferente a la del clan (gens, gentes) y que equivale al de los padres y sus hijos. La unidad familiar era denominada con el cognomen del marido. Al ser una especie de apodo, muchos se refieren a alguna característica física:
  • Ahenobarbo: Barba de bronce.
  • Brutus: Estúpido, tonto.
  • Caesar: Peludo.
  • Capito: Cabeza gorda.
  • Cato: Listo.
  • Catulus; Cachorrillo.
  • Cicero: Garbanzo (alusivo a su nariz).
  • Crassus: Gordo.
  • Crispus: Rizado.
  • Luscus: Tuerto.
  • Metellus: Mercenario.
  • Naso: Nariz grande.
  • Pulcher: Guapo.
  • Rufus: Pelirrojo.
  • Scipio: Bastón.
Algunos nos son desconocidos en cuanto al significado. Como puede suponerse, al heredar un cognomen puede que no fuera muy definitorio de las características físicas del nuevo propietario. Así, alguien llamado caesar podía ser que tuviese poco pelo. El más famoso, Cayo Julio Cesar, era calvo.  A veces en la historia podemos ver cómo se adquiere un cognomen, como en el caso de Cneo Pompeyo, que se hizo apodar Magnus (el grande), o con Lucrecio, que adoptó el cognomen Vespillo tras limpiar de cadáveres Roma tras las luchas en tiempos de los Gracos. Este cognomen significa "funerario".

Aunque el cognomen no forma parte del nombre oficial, en la vida normal la filiación y la tribu se obviaban y se usaban sólo los otros 3: Praenomen, nomen y cognomen, conocido como tria nomina (los 3 nombres). Es una distición de los ciudadanos romanos, y no siempre fue así. Apareció de forma más o menos extendida hacia el final de la república, siendo muy extendido su uso ya en tiempos de Augusto. 

Un ejemplo: Julio César era oficialmente C. Julius C.f.Fab.Caesar = Cayo Cesar, hijo de Cayo inscrito en la tribu Fabia.

La cosa hasta aquí parece facil, pero hay usos que pueden ser confusos. Por ejemplo, puede omitirse el nomen en gente distinguida si este era muy común. Julio era un nomen muy extendido, y el mismo César era conocido como C. Caesar.  O se podía omitir el praenomen y se conocía a ese hombre por su nomen y cognomen en orden invertido: Cayo Asinio Polio era conocido como Polio Asinio. 

Y aunque el cognomen comenzó como una forma de apodo, a veces se podía adquirir otro apodo propio, el agnomen. Que también podía ser hereditario. Por poner un ejemplo más, que suelen ser muy claros, la familia Scipio (Escipión) tuvo agnomina del tipo Asina, Barbato, Calvo o Hispalo. Muchos no duraron mucho, pero otros sí, como Escipión Nasica, y se podían seguir añadiendo más agnomina: Publio Escipión Nasica Serapio, cónsul en 138 a.C. Su hijo heredó todo el lote.

También podía ocurrir que si se había logrado conquistar una región (o someterla), se añada un nuevo título con la terminación "ICUS". Así, tras derrotar a los macedonios, Quinto Cecilio Metelo recibió el título de "Macedonicus". Otros conocidos son Africanus, Numídico, Achaico, Crético, Germánico, Británico, Isáurico...

Y por último nos queda el tema de las adopciones. Algo habitual en esos tiempos. El hijo adoptado pasaba a formar parte de la familia y eso debía hacese constar en el nombre: Se adoptaba la nomenclatura de su padre adoptivo y se añadía un agnomen acabado en "ANUS", tomado de su nombre de nacimiento. POr ejemplo: Lucio Emilio Paulo dió sus hijos en adopción a familias sin heredero, que pasaron a llamarse:
  • Publio Cornelio Escipión Emiliano.
  • Quinto Fabio Máximo Emiliano = El Quinto Fabio Máximo que tuvo su origen en la gens Emiliana.
Lo normal es que el hijo adoptado use el praenomen del padre adoptivo, pero a veces era más claro el uso del cognomen de su padre real, y adquirir un adjetivo acabado en "INUS" basado en el cognomen de nacimiento. Que se heredaría nuevamente. Así, una rama de los Cornelios Léntulos llevaba el agnomen Marcellinus.

Para las mujeres, la cosa es más sencilla. Cada mujer era sólo conocida con la versión femenina del nomen de su padre: La  hija de César era simplemente Julia. Si había 2 hijas, el procedimiento era aún más simple: Maior (la mayor) y Minor (la menor). Pero eso si había sólo 2, pues si había más se usaban los ordinales: Prima (la primera), secunda (la segunda), tertia, quarta... En los últimos años de la república la versión femenina del cognomen paterno surgía en forma de diminutivo: La hija de Marco Livio Druso se llamó Livia Drusila.

Bueno, es un resumen extenso y espero que claro. Tomado de "El declive de la República romana" de C. Mackay.


jueves, 11 de octubre de 2012

El lugar exacto donde apuñalaron a Cayo Julio Cesar

Había recibido 23 puñaladas; posiblemente una sola de ellas había sido mortal. Mientras los aterrorizados senadores huían, Julio César, envuelto en su toga, caía al pie de la estatua de Pompeyo. La sanguinaria escena, augurada por los adivinos y que desataría una nueva guerra fratricida, acredita, siguiendo la descripción de Suetonio, la postrera elegancia del héroe: «Entonces, al darse cuenta de que era el blanco de innumerables puñales que contra él se blandían de todas partes, se cubrió la cabeza con la toga, y con la mano izquierda hizo descender sus pliegues hasta la extremidad de las piernas para caer con más dignidad». El hombre que había ganado un mundo y había contribuido a modificar irreversiblemente el destino de Occidente y de buena parte de Oriente era ya nada más que un despojo sangrante.

Ahora, 2.056 años después de este crimen, unos investigadores de la Escuela Española de Historia y Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) colaboran en Roma para descubrir el lugar exacto en el que fue asesinado Julio César. El hallazgo tuvo lugar en la Curia de Pompeyo, integrada en el área arqueológica de Torre Argentina, donde se encontró una estructura rectangular de hormigón construida años después de la muerte del césar de Roma por orden de su hijo adoptivo y sucesor, Augusto, para condenar el asesinato.

El experto, Antonio Monterroso, explicó que «siempre se supo que Julio César fue acuchillado en la Curia de Pompeyo el 15 de marzo del 44 a.C. gracias a los textos clásicos. Sin embargo, éste es el primer testimonio material.

El monumento consiste en una estructura rectangular compuesta de cuatro muros que contienen un relleno de hormigón situado justo en el centro del fondo de las ruinas de la Curia de Pompeyo. Este punto del recinto sería el lugar exacto desde donde el dictador estaba presidiendo la sesión del Senado, sentado en una silla, en el momento en que recibió 23 puñaladas.

Monterroso subrayó el atractivo del descubrimiento en un sentido «cívico y ciudadano» dado que miles de personas toman hoy el autobús y el tranvía o acuden a representaciones en el teatro principal de la ciudad «justo al lado».

Los investigadores no han determinado todavía si la estructura hallada podría haber servido además para cerrar el acceso al recinto años después. Las fuentes clásicas aluden a la clausura del pórtico, para pasar a convertirse en una capilla memorial del general.

Por esta razón, los profesionales han comenzado además el estudio, en el mismo espacio, de los restos del Pórtico de las Cien Columnas para tratar de entender el «sentido de lugar funesto y de clausura» que describen los textos clásicos, detalló Monterroso. Los dos edificios forman parte del complejo construido por Pompeyo Magno para conmemorar sus victorias en Oriente en el año 55 a.C.

El proyecto, que durará tres años, cuenta con el beneplácito y la colaboración de la Sovraintendenza ai Beni Culturali del Comune di Roma y con el apoyo financiero del Plan Nacional 2008-2011 del Ministerio de Economía y Competitividad, además de la colaboración de la Escuela Española de Historia y Arqueología del CSIC en Roma.

César fue, pues, dueño absoluto de la República Romana y del mundo mediterráneo. Se había cumplido el sueño de su juventud: la totalidad del poder. Era imperator y dictador. Como tal, volvió a ejercer su típica clemencia con sus enemigos; no olvidó su política agraria y de asentamiento de colonos; aumentó el número de fiestas populares, aunque cuidándose de no incurrir en gastos ruinosos para el Estado; dispuso normativas económicas y financieras que protegían a los menos fuertes, trató de moderar el lujo de los poderosos y limitó los gastos en banquetes; diseñó profundas transformaciones políticas, dictó leyes que ampliaban la ciudadanía a capas más vastas de la población, y comenzó a pensar en un mundo distinto al hasta entonces conocido dentro de los límites de la ciudad romana.

Estaba convencido de que, para mantener el dominio en Oriente y llevar a cabo con éxito la expedición final contra los partos (la única amenaza para el imperio), necesitaba ser rey absoluto fuera de los confines territoriales de su ciudad. Y éste fue el detonante. Unos 70 miembros de familias importantes, casi todos senadores, se conjuraron para eliminar a César y su república, y que él mismo no se autoproclamara rey.

De hecho, algunos comentaristas ponen en su boca estas jactanciosas y desafiantes palabras: «La República no es nada, es solo un nombre sin cuerpo ni figura».

Pero para muchos de ellos fue sin duda un pretexto que disimulaba sórdidos resentimientos y apetitos. Dirigían la conjura Casio, Bruto y Casca. Bruto era hijo de Servilia, la más famosa de las amantes de César, y él mismo lo había acogido y colmado de honores. Casio luchó siempre a su lado. Casca era un tradicional enemigo.

César concurrió al Senado el día 15 de marzo, a pesar de los ruegos de Calpurnia, que ya había tenido sueños premonitorios. Alguien retuvo a Marco Antonio en la antesala del Senado. Cuando se hubo sentado, lo rodearon y lo atacaron con sus dagas. Según la tradición, ante la puñalada de Bruto, César exclamó: «¡Tu quoque, fili mi!» (¡Tú también, hijo mío!) Emitió un primer quejido y luego se mantuvo en silencio.


jueves, 13 de septiembre de 2012

Shutruk-Nahunte

Yo soy Shutruk-Nahunte, Rey de Anshan y Susa, soberano de la tierra de Elam. Por mandato de Inshushinak, destruí Sippar y tomé la estela de Naram-Sin y la traje de vuelta a Elam, donde la erigí como ofrenda a mi dios, Inshushinak. Shutruk-Nahunte 1158 a.C. 



En la pelicula Emperor's Club, la cita trata de un rey prácticamente desconocido, que habla de su lista de conquistas, pero no dice nada sobre los beneficios de ellas. De acuerdo con Mr. Hundert, este rey es desconocido en la Historia, porque "una gran ambición y conquista sin contribuciones nunca tendrá significación (...en la Historia)."

Biblioteca de Umberto Eco

Se podrá disfrutar en Bolonia. Al parecer estimó que podía ser difrutada así durante los próximos 90 años. Es su biblioteca personal, que te...