
Aquest bloc preten ser un petit recull d'allò que ens agrada de la vida, els petits plaers, les coses que anem aprenent...
sábado, 11 de abril de 2009
Sacra di San Michele

miércoles, 8 de octubre de 2008
Sagas sicilianas. Día séptimo
Debíamos partir de Selinunte. Eli y yo estábamos encantados con el lugar y la amabilidad de Salvatore, así que un sentimiento de auténtica pesadumbre nos inundaba, pero lo resolvimos con el buen humor habitual que nos acompaña en los viajes con Barnabas: Le dedicamos contínuas bromas y chanzas, que él acepta sin dificultades, cuando hace y rehace una y mil veces su mochila cada vez que nos trasladamos de hotel. Es muy lento y necesita comprobar repetidamente que pone cada prenda y objeto en su sitio adecuado de la mochila, proceso que resulta cómico en la mayor parte de ocasiones. Cuando se decida a publicar su relato de nuestro último viaje al Pirineo ya indicará él mismo cómo hasta niños pequeños completaban este proceso mucho antes que él, mientras Eli y yo habitualmente esperábamos fuera del refugio minutos y más minutos esperando, en balde, que acabase y pudiéramos continuar el camino. Bastante desquiciante para Eli, todo se ha de decir...
En fin, que mientras dejamos al pobre Barnabas con su equipaje, fuimos con nuestras risas a despedirnos de Salvatore y la familia Coppola. Después de mil consejos y saludos nos separamos y regresamos con pena al coche. Claro que antes de salir del pueblo pasamos por la tienda de un amigo de Salvatore, tan o más peculiar que él, que se dedica a elaborar cerámica. Parada que asumí con resignación, pues casi todos pretendían llevarse un recuerdo en forma de algo que “se pudiese colgar de la pared”. Yo les recomendé una ristra de ajos, o de chorizos en su defecto, pero mi consejo no me parece que fuera bien recibido. Así que soporté la tortura de ir de compras y, ya cargados con sus platos de cerámica y un par de tinajas, continuamos el camino hacia Segesta.
El plan inicial era ir a Castellamare del Golfo, donde Torracoglioni había reservado una especie de apartamento con cocina para ellos y otro para Barnabas, Eli y yo, y marchar luego hacia la reserva natural del Zingaro. La reserva previa de alojamiento no había funcionado y no estaba seguro el sitio. Mira que ya les dije que en esta tierra una reserva no significa nada… Eso sí, no pude reprimir un leve sentimiento de mezquino regodeo al ver que mis avisos torno a la imprevisibilidad de Sicilia se habían cumplido.
Así que fuimos a Segesta. Antaño una ciudad griega de importancia, empecinada en guerras constantes con Selinunte despreciando el peligro común que los cartagineses suponían, a veces incluso aliados con estos para satisfacer tal empecinamiento en guerras fraticidas. Su final fue oscuro, como merece quien se empeña en vivir de espaldas a la paz, pero su enclave en un paisaje aún casi virgen e idílico suponía una visita a un recinto espectacular. Cuando llegamos vimos casi con entera facilidad el perímetro de las antiguas murallas, y con enorme alegría por mi parte, desechamos por unanimidad el autobús que sube a la turistada hasta las ruinas. Bueno, con alegría por evitar convertirme en guiri, aunque no me reí tanto cuando ví que para llegar a ver el teatro de Segesta hay que dar un paseo de casi 2 Km bajo un sol impresionante... Y cuesta arriba. Pero valía la pena. Para hacerse una buena composición del lugar es casi imprescindible subir a pie, y ver en la cima las diferentes construcciones griegas, romanas, árabes y medievales que han dejado sus restos allí. Si alguien quiere, además, a lo largo del trayecto se pueden conseguir unos cuantos higos maduros directamente del árbol que animan a completar la ascensión. Una vez arriba, lo más destacable es el teatro. No sólo porque está muy bien conservado sino porque está situado en lo alto de la colina, abierto hacia el valle, y tiene unas vistas espectaculares. Poder ver una obra clásica en un lugar como ese ha de ser algo especial pero no tuvimos la posibilidad. Una pena.
Completamos la visita descendiendo al valle para ver el templo. Está en un enclave muy bien visto por el arquitecto que lo diseñó, integrado perfectamente en el valle entre las dos colinas. Y es enorme. Sólo el hecho de estar cansados impidió que estuviéramos más tiempo allí, a la sombra de unas columnas impresionantes. Decidimos de común acuerdo quedarnos a comer nuestros bocadillos delante de las tiendas del recinto, pero fue una mala idea: Había todo un enjambre de avispas hambrientas que parecían haberla tomado con Torracoglioni y su novia, no sé si por mostrar estos demasiada alarma ante su presencia y revoloteos, por el avispicidio previo en Selinunte, o porque su bocadillo de jamón era más apetitoso que el nuestro. Los demás, con mortadela de la buena, no tuvimos tantos problemas, pero tuvimos que buscar un lugar algo alejado para lograr comer tranquilos. Incluso decidí compartir parte de mi bocadillo con un par de avispitas más calmadas que no me molestaron el resto de mi ágape. Este lugar tenía naturaleza como para quitar el hipo y mis recuerdos de este sitio son excelsos.
El día había sido más duro de lo que parecía, así que nos moríamos por llegar al hotel y ver cuál era el desaguisado en el que nos habían metido con las costumbres locales de ignorar las reservas previamente establecidas. Dejamos que se entendieran ellos dos con el encargado del hotel. Al final lograron arreglar las cosas y retomar el plan inicial: 2 apartamentos minúsculos con cocina como estaba previsto, y TV internacional. Y hubo gran regocijo. Tanto que después de la siesta logré dar con todos una vuelta por el pueblo sin quejas ni problemas, e incluso convencerles para comprar pescado para cocinarlo en el apartamento (había visto una pescadería al lado del hotel con pescado fresco-fresco).
La pena es que no recuerdo qué pescado acabamos comprando. Entendámonos, no recuerdo el nombre italiano, y por Barcelona no lo he visto en venta. Tenía buen aspecto, era barato y el dependiente un tipo simpático, así que salí de la pescadería casi relamiéndome de gusto ante la perspectiva de cocinar esos pececitos y zampárnoslos a la cena con tranquilidad.
Antes de esto, Torracoglioni y su novia insistieron largamente en comprar cosas para la excursión del día siguiente en una tienda justo al lado del hotel. La verdad es que no veía necesidad alguna, ya que era viernes por la tarde y al día siguiente tiempo habría de comprar lo necesario para estar todo el día triscando por ahí, pero fue tal la insistencia y mi falta de ganas de debate que acabamos por ir. Dejamos que ellos se encargasen de la compra, más que nada por aburrimiento. De lo que tenían en esa tienda de comestibles apenas yo compraría nada para dárselo a mis gatos, que temo lo despreciarían por malo, así que adopté, y junto a mí también Barnabas y Eli, una actitud de desidia pura.
Lógicamente la cena no fue todo lo buena que debiera ser. Más que nada porque no tenía ya más ganas de aplacar los ánimos de nadie y mi cabreo era ostensible y evidente. La suerte hizo que acudiesen a cenar con una actitud más calmada, y Torracoglioni con algunas muestras de arrepentimiento, pero el daño estaba hecho. Esa noche sólo fue una tregua, e incluso el paseo que dimos luego calmó sólo superficialmente las iras y puñetas contenidas. Y eso que el pueblo era bonito. Situado en un golfo, pegado al mar, con colores suaves que funden el cielo con el agua, podía considerarse un lugar de los que suelo buscar en mis viajes y guardar en mis recuerdos. Pero toda percepción de belleza se acompaña de forma indefectible de una parte puramente afectiva, así que aquel día mi percepción fue sombría. Incluso bajé a la playa, pequeña y oscura, sólo para destensar mis nervios azotados. Eli me había prevenido sobre este viaje, y no la hice caso. Y ahora resuena en mi mente la vieja canción: "Ya no queda casi nadie de los de antes. Y los que hay, han cambiado". En mala hora me iba a enterar.
Sagas sicilianas. Día sexto
Este día amaneció tranquilo. Como en los anteriores desperté antes que el resto, y me tomé un breve tentempié antes que los demás se levantasen.
Más tarde salimos hacia Marsala. Como Salvatore había insistido en que guardásemos el coche en su garaje, Eli y yo fuimos a buscarlo. Eli estaba de un humor pésimo. La entretuve explicándole la antigüedad de la ciudad, la antigua Lilibea, fortaleza cartaginesa durante siglos de guerras entre helenos y púnicos, y que nunca había sido conquistada. Sólo la ineptitud de los gobernantes de turno de Cartago hizo que la entregasen, intacta, a los romanos hacia el final de la primera guerra púnica. De todo aquello apenas nada queda hoy, pero la ciudad es de las más bonitas de Sicilia, y al lado está el parque arqueológico de Mozia, que es lo que pretendía que fuésemos a ver.
No costó mucho llegar a Marsala, pues la carretera hasta allí es excelente, pero una vez llegamos comprobamos nuevamente la inexistencia, ya habitual, de indicaciones precisas para llegar a Mozia. Así que Barnabas, Torracoglioni y yo nos adentramos en las callejuelas de Marsala en busca de cualquier local de atención a guiris a ver si nos ayudaban. Caminamos y caminamos, pero pronto perdimos la esperanza. No había forma de encontrar el local de información turística pese a que los carteles indicaban continuar recto. Qué país, nunca ponen indicaciones, y cuando las ponen no sirven para nada. Así que Torracoglioni, echándole unos huevos como los del caballo de cierto general, decide entrar así, a puro huevo, en una biblioteca pública. Yo me moría de vergüenza sólo de pensarlo, así que cuando entró lo hizo él solito, con su precario italiano. Yo la verdad es que esperaba que saliera tal cual entró, con menos información si cabe y tal vez con un amago de bronca por parte de la bibliotecaria, pero mira, resulta que le indicaron cómo llegar al puesto de información de forma sencilla y, muy ufanoso, nos llevó hasta allí.
Una vez bien informados, fuimos hasta Mozia. Bueno, más bien hasta delante de Mozia. Resumiendo todo el conglomerado de sucesos que nos condujeron finalmente a la isla, es como el timo de la estampita pero sin estampita. Para comenzar se ha de aparcar en el terreno de algún espabilado local, que claro, te cobra 1 euro por ello. Como no es mucho, pues lo pagamos, pero la cara de estar haciendo el primo se comenzaba a perfilar en nuestras facciones…. Luego descubrimos que la travesía en barco a la isla, ida y vuelta, 5 euros más por persona, y que la entrada al recinto son 9 euros. De haber ido solo hubiese mandado al carajo a tanto timador junto y hubiese pasado la mañana en las salinas romanas de la zona, donde parecía tranquilo, estaríamos a remojo y, como cualidad principal, por 0 euros. Pero la verdad es que nadie lo insinuó siquiera y pagamos todos el gusto y las ganas para llegar allá.
Y resultó no ser nada del otro jueves: Un museo con una estatua importante pero con un increíble amontonamiento semiorganizado de objetos antiguos, un complejo de ruinas mal comunicadas entre sí, sin apenas sombra y de relativa mala conservación. La atracción máxima se tenía que ver en una carretera cartaginesa sumergida, espectáculo digno de mención, pero apenas distinguible bajo las aguas de un azul precioso. Pero casi invisibilizando lo que pretendíamos ver. Además Eli estaba de un humor horrible, cabreada con Torracoglioni por banalidades, de tal forma que caminaba visiblemente cabizbaja a unos 10 metros por detrás nuestro. Valía más no decirle nada. Tampoco mi afán por retroceder a épocas de cazador-recolector me sirvió allá, pues las higueras eran pequeñas y casi sin fruto y las uvas de variedad Grillo estaban siendo vendimiadas en ese preciso día. No era cuestión de que los vendimiadores me vieran cogerles un par o tres de racimitos en sus mismas narices. Podría resultar que no les sentase demasiado bien….
Así que nos volvimos. Pero en Marsala comprobamos que el timo no había cesado aún. Una mala conjunción de los astros, supongo, porque al llegar al mismo punto donde aparcamos por la mañana nos topamos con un siciliano de aspecto patibulario que pretendía cobrar 2 euros por mostrarnos dónde dejar el coche “sin riesgo”. Esto en Hispania se conoce como “gorrilla”, y en aquel momento yo lo rebauticé como “cerdo” aprovechando que con dificultad creo que entendería un italiano culto como para entender el castellano. Mi idea era coserle a patadas entre los 5, pero Torracoglioni impuso cierta sensatez y pagó los 2 euros. Yo insistía en que el coche era de alquiler, así que le tenía poco aprecio aunque le pinchasen las 4 ruedas y que el placer de mostrarle cortesía hispana dándole sus merecidas ostias y las del pulpo era muy superior. Posiblemente constituiría un evento turístico de primer orden. Pero al final cedí.
Mencionaré sólo de pasada las innumerables vueltas que dimos hasta encontrar un lugar donde comer. En Italia, y en Sicilia también, comen a una hora más temprana que la habitual de Barcelona, así que cuando encontramos un lugar estaban ya casi cerrando. Comimos bien, aunque lo pagamos. Vaya si lo pagamos. Yo devoré un cus-cus de pesce delicioso que quizá no estaba muy cargado de precio, y es lo que ví que los dueños daban a sus hijos, pequeños aún, para comer. Eso sí, por unanimidad decidimos no tomar postre y zamparnos un helado a la sombra de la catedral de Marsala. El único placer típico de nuestros viajes que nos permitimos ese día, y tuvo la virtud de mejorar el humor de Eli. Y el mío, aunque al ver de nuevo al gorrilla local y que este nos mostrara cómo el coche estaba indemne me entró una rabia contenida que… En fin, si supiese el gorrilla ese lo cerca que estuvo de que le incrustase los 2 euros por el gaznate a base de patadas repetidas en la boca tal vez hasta decidiese buscar un empleo legal y todo. Nos fuimos con la esperanza de no volver.
Nada más a reseñar de ese día. Timados, esquilmados, cansados y muertos de calor, apenas dimos un par de vueltas por el pueblo. Al dejar el coche en el garaje Salvatore paró a preguntarnos qué tal nos había ido el día. Nos compadeció. Creo que le caíamos simpáticos y le sabía realmente mal las malas artes que sus compañeros de Marsala habían aplicado para los turistas. Morfeo esa noche se apiadó también de nosotros y el sueño fue tranquilo. O tal vez soñé que le rompía la boca al gorrilla. Con un martillo pilón. No lo recuerdo con claridad.
martes, 18 de marzo de 2008
La llegada

Con los años que hace que viajamos juntos ya tenemos por vieja costumbre acariciarnos con la mirada en cada estación, dejando que cada nueva llegada nos absorba en nuevas sensaciones de eterna novedad. Dejamos que el sol nos arrulle unos segundos hasta iniciar el primer paso hacia el nuevo destino. Son siempre breves instantes, pero es de destacar cuánta distancia hay entre un yo y el otro, entre el viajero que llega y el que inicia la marcha, los eones de distancia entre esos diferentes YO en sólo unos instantes repetidos una y otra vez en mil estaciones de tren, enmarcados por sentimientos propios e irrepetibles. De estos, tal vez en esta bella ciudad, aún por infiltrarse en nuestras almas, mis ojos se dilatarían más que los de ella, pero en nuestro habitual silencio recogimos las mochilas y nos dispusimos a buscar alojamiento. Aquí en esos instantes, recuperaba algo de mi habitual humor. Qué diferencia con la brumosa Roma de esos días, qué distinta luz, cómo de forma soñolienta algo similar a la alegría buscaba su camino apara aflorar de donde la hubiese guardado. Hasta llegar aquí era yo un hombre viejo y demacrado.
Nos permitimos un breve descanso. Algo nos decía que en estas tierras no existe la prisa, y decidimos escuchar con atención. Nos esperaba Siracusa, pero nos invitaba a verla sin prisa. Me encanta esta forma de viajar. Pronto tenían que llegar tantas cosas...
jueves, 7 de febrero de 2008
El paso del estrecho.

Recuerdos. Viaje a Siracusa.
Mis recuerdos agradables de estos viajes aumentaron a medida que el país se modernizaba, pues si bien recuerdo la excitación de mi primer viaje a Burgos en autocar, recuerdo también con notorio disgusto el mareo que me supuso. Y mi primer vómito en un medio de transporte. Con cada nuevo viaje en coche y autocar, estos mareos se fueron adueñando de mi, vómitos inclusive, y nunca más me abandonaron, aumentando aún más si cabe el lado positivo de cuando se viajaba en tren, oscureciendo hasta borrar los recuerdos desagradables que haya podido tener. De hecho hoy día, si puedo, nunca viajo en coche.
Quien más, quien menos, en estos momentos quienquiera que haya soportado esta disertación hasta aquí se estará preguntando qué tiene que ver esto con Siracusa. Y tendrá razón, pero hay un motivo: El tren, el viaje y una palabra mágica, el transbordo. De aquellos viajes a Burgos me quedó esta palabra, pues he de reconocer que no sabía qué significaba. Entonces, claro. Pero sí sabía, como buen niño dotado de memoria prodigiosa, que teníamos que hacer trnasbordo en Miranda de Ebro antes de llegar a Burgos. Para mí esa palabra no tenía significado alguno, así que vaya usted a saber qué cosas pasaron por mi tierna mente en espera de averiguar que pasaba al llegar a Miranda... Tiempo ha que las olvidé. pero lo que sí recuerdo es que tanta espera sólo sirvió para encontrar que sencillamente teníamos que esperar una barbaridad y luego, nada. Sólo cambiábamos de tren. Cuantas expectativas defraudadas.
Claro, si partimos de Roma y nuestro destino es Siracusa, en la ISLA de Sicilia, ya habréis entendido por dónde iba. Yo sencillamente pensaba que tendríamos que hacer algún tipo de transbordo, no sé, tren-barco, y barco-otro tren. Esa sería la solución más sencilla para mi pobre sencillo cerebro. Pero ah, no nos engañemos, Italia no es un país que se decante por las soluciones sencillas. Así que rememorando mi pasado de viajero en tren, pegado a mi libro en camino de Siracusa y disfrutando de los pocos instantes de paz que el Vikingo y sus bárbaras costumbres (viene del país de los Bárbaros del Norte...) me peritían, se abrían en mi mente las viejas imágenes del transbordo en una estación vieja y destartalada. Como otras muchas, pero sin esa tibieza que da el recuerdo casi la categoría de ensoñación. Sabía que en esta ocasión me lo perdería, claro, pues llegábamos a Reggio, del lado peninsular del estrecho, muy pasada la medianoche y porque en ese país las cosas no son sencillas. ¿Que divago? Ah, claro. Aún no he dicho qué pasa al llegar a Reggio, la solución adoptada: Consiste no en hacer que el pasajero cambie de medio de transporte, con las molestias que ello podría suponer. No. Se trata de que el tren entre dentro del barco, que este cruce por esa manga estrecha de mar, y poner de nuevo el tren en la vía recién salidito del barco. Genialidad lejos del alcance de mi pobre y limitada mente de niño caminando de un tren a otro en las frías mañanas burgalesas.
De ahí la curiosa noche que pasamos en el vagón, acondicionados por los ronquidos de Siciliano y las desventuras de Vikingo para que aquél no roncase. Los extraños traqueteos del tren embarcado y la salida lenta del vientre de un barco recién atracado en Sicilia. Sonidos extraños, audibles entre las puertas del sueño. Y el desconsuelo de este que escribe por tener que perderse tan digno espectáculo por estar dormido. Y a fe mía que si me llego a despertar, salgo seguro del vagón. Allí será habitual, pero eso para mí era un prodigio.
La foto es de Messina. Poco la pudimos ver aunque de mútuo acuerdo Elisabet y yo decidimos realizar el mismo viaje a plena luz. Ese espectáculo nos esperaría a nuestro regreso. Queríamos verlo.
Y ya de madrugada nos desperezamos en el asiento, lo justo para despedir al compañero Siciliano y desearnos mútuamente buen viaje, tanto para el que lo concluye en su regreso a casa como para el que aún comienza un largo peregrinar antes de emprendeer el mismo recorrido. Contemplando después desde la ventanilla del vagón el mar una vez lleno de la vitalidad de una Magna Grecia. Explanadas de naranjos y limoneros casi hasta tocar el mar, con olivos y tierras de miseria, bellas, salvajes, resplandecientes sólo a nuestros ojos de viajero, con el brillo que se aparece sólo en esas vírgenes imágenes de color tierra y azul. Sicilia se amanecía desde su vieja y austera belleza, la única deseable para quien evita el apelativo de "turista". Y en breve, tras un suculento desayuno, Siracusa. El sueño del viaje, aún por descubrir, se desperezaba lentamente dentro del tren y nuestros recuerdos.
¿Vikingo? Le abandonamos en Catania, al pie del Etna. O más bien nos dejó él. No nos supo mal.
lunes, 4 de febrero de 2008
Siracusa
Pero aquel día decidimos irnos. Estaba sombría y velaba la alegría. Y mientras el tren salía de Termini nuestros corazones comenzaban a recuperar viejos recuerdos más placenteros, con una dulce melancolía que se incrementaba a medida que las sombras de la noche nos transportaban a ritmos más sencillos y la vorágine quedaba cada vez más atrás. “Más adelante”, el viejo lema de Alejandro, siempre adelante, aquí añadiendo un goloso “atrás”, por una vez aliviante y deseado. Dejando detrás los grises sinsabores de una Roma pesada en la mente, deprimente. Y por qué no, buscando en ese mañana el sentir no hallado en una Roma que ese día no estaba hecha para nosotros. También adelante.
El viaje comenzó pues armado de más esperanzas que deseos, con un rumbo claro, Siracusa, y las mochilas aún llenas de ansiedades y problemas. Son esas las situaciones en las uno puede contemplar sus pensamientos como vistos desde fuera, como un viejo teatro de marionetas, con los hilos del afecto enredados entre sí. La situación contrastaba enormemente entre Elisabet y yo. Ella siempre animada, con ojos de eterna jovenzuela maravillados ante todo y por todo. Y yo sumido en mis sombras. Barruntando problemas. Emergiendo de entre las páginas de mi Virgilio para contemplar, como Eneas, el paisaje desde la ventanilla más oscuro que mis propias ideas, un paisaje más cansado que incluso yo mismo. Las vacaciones se crearon para evadirse de situaciones similares, y poco a poco debían devolverme el optimismo, hacerme regresar al agradable devenir de mis payasadas.
Así que, dado que mi disposición a mantener una alegre charla no era el más óptimo, Elisabet decidió distraerse con los compañeros de vagón. Crudo lo tenía. No había en el vagón más que un taciturno siciliano que había decidido regresar a casa. El italiano de Elisabet es bastante escaso, y la comunicación se hizo difícil, pues me requería de contínuo para tratar de establecer algún contacto. Mi humor, enterrado en las páginas de Virgilio, con un Eneas despidiéndose una Dido ya muerta por más que aún respirase, no la ayudó demasiado. Y como buen siciliano, nuestro compañero se mostró distante y con escasa conversación, hundiendo sus ojos en la coppola y dejando discurrir el tiempo entre plácidas respiraciones y algún breve mordisco a su pobre cena.
Elisabet tuvo que desistir de su empresa, y dejar la comunicación para ver si su libro la distraía de un paisaje poco atractivo.
Fue entonces cuando apareció El Vikingo. Aún hoy ignoramos su nombre, y cuando evocamos su recuerdo lo hacemos entre una leve hilaridad y una consternada sonrisa de complicidad. No deja de sorprender en pleno mes de octubre, en un tren casi borreguero, encontrar a 3 turistas con destino a Sicilia. Nosotros, desde Hispania. Él, desde los fríos cielos de las tierras de los bárbaros del norte, desde Noruega. Vikingo de aspecto. Vikingo de alma. Casi como recién salido de una comuna hippie, con su rudo inglés entendible incluso para mis oídos, que aborrecen esas lenguas guturales. Como hemos conocido a otros en la misma situación, sabemos que son de lengua fácil, o de taciturnidad absoluta. O bien te importunan buscando conversación, o bien te muestran bien clarito que antes se dejarían arrancar una muela que hablar con quienquiera que tengan cerca. Nuestro vikingo formaba parte del primer tipo. Para desconsuelo de un aplanado Boecius, y para alegría de una hasta ese momento aburrida Elisabet.
El viaje continuó por unos indeseados recovecos, pues Elisabet se multiplicó para hacerme entrar en la conversación, con mi paupérrimo inglés de alta escuela evidenciando que esto de los idiomas se ha de practicar de cuando en cuando. El pobre vikingo dio nuevos significados al verbo “flipar”, contemplando cómo entendía yo perfectamente lo que me decía (oído al menos algo tenía ese día) pero me mostraba incapaz de expresarme en esa lengua tan llena de oclusivas. Y la pobre Elisabet traduciendo mi excelente castellano para que el pobre Vikingo supiese qué carámbanos le decía yo. Y viendo que conmigo la cosa no le resultaba cómoda (raramente tolero que me den lecciones de historia si aprecio que saben aún menos que yo, y este resultó el caso esa tarde), trató de involucrar al pobre siciliano en preguntas sobre su vida. Aún gracias si el pobre campesino sabía qué era eso del inglés, así que tuve que hacer de traductor, y la situación ya terciaba por parámetros cómicos: Vikingo dice algo para Siciliano, Boecius traduce del inglés al italiano. Sicliano responde. Boecius traduce al castellano. Elisabet traduce al inglés. Vikingo asiente. ¿Asiente?. ¿Debía asentir? Temo que algo se haya perdido en la traducción. Siciliano me pone cara de “¿y a este qué tripa se le ha roto?”. Vikingo que se interesa por los cultivos de naranjas. Siciliano que ya no sabe de qué va todo, y responde vaguedades, incluyendo algún tipo de exabrupto hacia los habitantes de más arriba de Messina. Mi traducción debió resultar fallida en algún punto de la escala, con evidente diversión para los 2 traductores (Elisabet y yo), pues no sé qué dijo el Vikingo sobre Piero della Francesca. Siciliano ya directamente, viendo mi alegría, y mi complicidad con él, comienza a despotricar sobre los turistas tocacojones remarcando que a mí me consideraba meridional, de los suyos, y no como esos paliduchos de allá arriba. Hermandad latina. Faltaría más. Huelga decir que las barbaridades más evidentes no las traduje, pasando a rescatar del fondo de mi memoria algunas cosillas sobre arte que complacieran al muchachote. Vikingo se debió de sorprender ante la cultura de Siciliano: Caramba con los paletos del sur, como las gastan en conocimiento de pintura. El pobre nunca llegó a saber porqué mi cara pasó de la taciturnidad a una sonrisilla burlona, sobretodo porque traté yo de hablar en inglés y creo que le sonó a austrohúngaro pleistocénico. Bueno, pues qué esperaba, los paletos de Sicilia saben de pintura barroca, y los médicos de Hispania no tenemos ni idea de idiomas. La vida es dura, chaval.
Para mi alegría, Elisabet decidió que cenáramos y que el Vikingo se ahorrase mis patéticos esfuerzos de ser amable en una lengua que claramente no se hizo para mí. A veces esta mujer es un tesoro. Por cómo me soporta, y por lo bien que cocina, incluso en situaciones de viaje cutre. Y qué bien sabe el pan con tomate cuando el que lo come despierta la curiosidad de quien no conoce este manjar. Tal vez Vikingo haya probado alguna vez el estilo de bocadillo que este par de humildes chupatintas le enseñamos de camino a Siracusa.
lunes, 21 de enero de 2008
Final de viatge

A l'estació de trens ens vam fer uns bons entrepans de restes de formatge del viatge i vam passar varies vegades per un mostrador on regalaven barretes de pa, així que el sopar ens va sortir barat. Després es va posar amb el seu Tucídides i així el vaig fotografiar.
Fins i tot sembla bona persona aquí.
jueves, 3 de enero de 2008
De nuestro diario de viaje

10/10/2006
Entrem llavors a l'hotel Pallone i el senyor ens diu que sí que té habitació per dos dies, però que hi ha 2 problemes:
1.- El lavabo està fora de l'habitació.
2.- Tanquen l'hotel a les 2 de la matinada.
Per nosaltres això no és cap problema, evidentment, i reservem. Molt contents a més. Doncs mira, s'han confirmat els auguris de Boecius!!
Visitem Bologna i ens agrada. Localitzem el mercat i un munt de llocs per menjar barat a prop de la Universitat. A la tarda, cap a les 17:00 tornem a Ravenna. Jo estic extenuada. De camí em marejo, al final ho vomito tot, em dono una dutxa i a dormir. Boecius es pensava que era una mica piti, però no. L'únic que em sap greu és que ha de sopar sol.
BOECIUS: No sé què escriure... Elisabet me obliga. Ha estado "riñona" todo el día, y algo piti... Bueno, esto último más bien no. Me hizo malgastar una coca-cola que arrojó casi directamente al WC (como el chiste, White Chapel). Al final debo cenar solo y acabo inflándomo de alubias. Para colmo no pude ver a Eco. A ver si mañana me riñe menos y hay más suerte.
Pero, ah, Bolonia... Es una ciudad tranquila y bonita, llena de estudiantes y volcada en la cultura. Me va a gustar. Seguro. Resulta muy alegre y hay librerías en todas partes. Y por si fuera poco, los museos son gratis., hemos localizado un mercadillo poco apto para "guiris" donde, además de las preceptivas mandarinas, he comprado una mozzarela exquisita. Mi paladar da fe de ello. Elisabet comienza a odiar el queso, pero entiendo que los "normales" tienen poco aguante de estómago, así que nada a reprochar. Ahora toca un sueño reparador y mañana a ver museos.
12/10/2006.
Primera nit a Bologna. Avui ens hem llevat tranquil·lament, hem esmorzat a l'Albergo un croissant molt bo y sucs. De fet no entenc perquè aquest hotelet sobri i una mica soviètic en la construcció no surt a la guia dels rodamons. Per viatjar amb pocs diners està prou bé. El senyor de recepció és prou amable sense ser efusiu i les habitacions estan netes i prou bé.
Decidim doncs anar a explorar Bologna i en primer lloc anem al museu arqueològic. Ens trobem amb una col·lecció de peces egípcies molt ben disposada. El millor però és el muntatge amb video on mostren les peces al seu enclavament original, què s'ha fet de cada peça i a quins museus es troben, i unes fantàstiques explicacions sobre el seu significat. En fi, expliquen molt bé el que no és més que la petita història de l'expoli d'una tomba egípcia.
Seguidament visitem les sales etrusques, gregues i romanes, que són molt extenses però, degut a la poca explicació que aporten de seguida es fan pessades de visitar. Sortim i ens dirigim cap a la Universitat. Mentre passegem ens trobem de cop i volta amb uns oradors que parles de jurisprudència. Semblen tots molt joves, i de seguida entenem que es tracta d'una classe que estan fent al mig del carrrer. És com si a la facultat a Barcelona el profe i els alumnes es possessin al davant del Palau Reial. És molt curiós de veure com els alumnes es van turnant per parlar amb un púlpit improvissat amb un calaix de fruita, i, tot i que no els entenc massa, és bonic de veure.
Tornant el mateix carrer enrera anem a dinar a un buffet lliure amb un preu assequible. Un Brunch. Mengem tant com podemi així no ens caldrà sopar. I com que hem menjat tant decidim que una bona migdiada és la millor teràpia per deixar l'estòmac content. Jo dormo quasi 2 hores, ens llevem i tornem a passejar pels carrers amagats de Bologna, fer unes fotos i comprar alguns regalets per la familia i amics. Ja de tornada comprem el dinar de demà a un super i a dormir, que ens harem de llevar aviat per anar a Milano i poder tornar a barcelona.
miércoles, 2 de enero de 2008
De nuestro diario de viaje
08/10/2006Además, pese a tener reserva hecha, carecíamos completamente de un plano de Ravenna, así que no me quedó más remedio que fiarme de mi memoria: Via Cansiano y girar a la izquierda, todo recto, pasar la carretera y vía G. Tommasso. Desde ahí, ya es facil. Bueno, en fin, que tras muchas tribulaciones y A PESAR de que Elisabet se empeñó en ser la guía, conseguimos llegar al Youth Hostel. Grandecito, atractivo, limpio, algo separado del centro pero, ah, la cualidad fundamental: Barato. Además en recepción se habla castellano y no he de recurrir a ese sucedáneo barato de italiano que suelo chapurrear.
Y la ciudad es preciosa. Se me antoja interesante, con siglos de historia en sus paredes y destilando un cierto sabor a SUR. Tranquila, de discurrir plácido y agradable, que hace que hasta el tiempo se respire aquí de forma diferente, con su color apagado del Adriático y las ventanas formando mil mariposas blancas en las fachadas. Nos embebemos en la tranquilidad, en esa maravillosa sensación de estar a gusto que nos acontece siempre tras la vorágine del viaje y los horarios y que tanto nos complace cuando la notamos. Sabor de Nauplia, olor de Siracusa, color de Ravenna. Poco a poco soñaremos la ciudad ideal a base de retales de cada lugar añorado. Aunque reconozca que no podría vivir aquí.
Una buena y reparadora siesta, y a callejear mínimamente respirando en la caja de sorpresas de cada esquina. Mañana será la visita oficial. hay tanto que saborear aquí...
ELISABET: "Molto bene", Boecius. ja era hora que ens delectessis amb unes frases de gran riquesa i perfecta dicció. :)
09/10/2006
Avui ens hem llevat prou matí pels meus hàbits (07:45 hores) perque la "prima colazione" la servien molt aviat. Hem esmorzat i hem agafat un parell d'ous durs que per esmorzar no ens venien gens de gust, i que ja farem pel sopar en amanida.
Ens hem preparat i cap a descobrir Ravenna (pronunciat com a paraula plana, allargant la "e" i la primera "n": Raveennnnna). La veritat és que ha valgut prou la pena. Hem agafat un "bono" de visita per 6.5 € (Boecius, perque és "estudiant", quin morro), i jo 7.5 € per ser professora. Hem començat per la basílica de S. Vitale i el mausoleu de Gal·la Placidia, ambdos amb uns mosaics espectaculars (veure foto), colors brillants, i figures gens estàtiques. Hem seguit pel baptisteri i el palau arquebisbal, aquest amb només una sala i 6 ó 7 peces.
Per dinar, un tros de pizza asseguts a terra a la plaça de la vil·la prenent un sol més que agradable, i hem seguit caminant. Al tornar a "l'Ostel·lo" hem passat pel super (just davant la porta) per comprar el sopar. Dutxa, sopar, lectura i a dormir aviat, que jo ja estic molt cansada.
BOECIUS: Queda sólo por mencionar el incidente con la cafre del día. Salvo catástrofe hasta el final del viaje, queda inscrita como la mala bestia oficial. Por suerte nada que ver con nosotros, quienes sólo asistimos como espectadores de la función esperpéntica del día. estábamos visitando S. Vitale tranquilamente, y nos disponíamos a salir, por la "SALIDA", claro, como me parece que es natural.... Y ahí vemos a la mala bestia en cuestión que se disponía a entrar. Por la salida. Cabe pensar que una persona discretita, ya que tenía el billete de entrada, tal vez, y sólo "tal vez", habría podido pasar sin incidencias destacables. Pero claro, al tratarse de un fenotipo correspondiente a una especie de salvaje monstruo troglodítico, de estirpe aria, con más de 1.80 m. de altura y un peso incalculable (básculas habrá que lo soporten, pero eso es dudoso...), pues no coló. Como que no.... Le dieron el alto. Su melena, cual estropajo pajizo, se desbordó en cólera, puso una mirada furibunda, cambia a paso militar para esquivar al guarda y suelta algún exabrupto en teutón que sonó como la voz de un espantajo recién fugado del averno. Pasó lo obvio, se plantan ante ella y venga, "p'afuera", que la entrada está a 20 metros de aquí. Ante tamaña mole gamberra, encuentro que el tono fue exquisitamente educado. Pues la fiera coge el billete de entrada, se la arroja a la cara del guarda con furor bíblico y se aleja altivamente del lugar. Sin billete. Y deja a su grupo ahí abandonado. Por menos he visto ingresos... pero aquí es sólo motivo de jolgorio y pública diversión. Que Ra la fulmine. Se pierde la maravilla de los mosaicos y todo por querer entrar por la salida y arremeter contra el pobre chaval que le indicaba el acceso adecuado.
Hoy nosotros hemos disfrutado de la paz y el reposo del arte bizantino. Y con las entradas además haremos unos puntos de libro cojonudos. Arrivederci, bestia del averno.
De nuestro diario de viaje

07/10/2006
BOECIUS: El día pinta frío y lluvioso. Espero que no resulte cierta mi corazonada de mal tiempo, porque no me gusta caminar bajo la lluvia sino verla desde la ventana. Sobretodo si tengo un vaso largo y grande de chocolate caliente. Quizá el día sea el ideal para visitar la Galería de los Uffici, pero ayer la visitamos y no se puede cambiar el pasado. Hoy toca ir a Siena, y a Siena vamos. Durante el trayecto he de aguantar la cantinela inmisericorde de la típica histérica-distímica en versión italiana. Qué profusión de quejas y demandas al revisor (qué culpa tendrá él...) y al resto de pasajeros. Qué pelma. No es muy diferente del "spanish style" que estoy acostumbrado a ver de distimia quejumbrosa y pejiguera. Por suerte entiende rápido que no hablamos su idioma y prefiere torturar a cuantos se le pongan a tiro, pero es frustrante permanecer en el mismo espacio contaminado de ruido impertinente de este engendro consumidor de oxígeno.
El paisaje Toscano por la ventana me ha de compensar, con ese color apagado bajo una fina lluvia y el recuerdo de este mismo trayecto en tiempos más jóvenes. Bendita añoranza...
ELISABET: Siena ha estat una bona elecció, malgrat la pluja. La llàstima ha sigut que no hem sabut trobar la part menys turística de la ciutat i el dinar ens ha sortit una mica car. I com que tot era molt car, hem decidit visitar només el Duomo i l'elecció ha estat encertada. És una catedral molt més maca que la de Firenze pel que fa a l'interior. De l'exterior, la façana, no puc dir res perque estava cobert per una lona, i aquest cop una lona de veritat! Al terra del Duomo hem pogut observar la major part dels graffitis del segle XIV i XV, que m'han deixat bocabadada, així com també els diferents orgues que tenien. Les naus centrals i laterals estan envoltades de figures i bustos de papes, i les voltes decorades com si fossin el cel: De color blau i amb estels daurats. També m'ha agradat molt la sala on guarden alguns codex. De la part negativa cal fer constar la tenda de records, on venien fins i tot clauers de la "Juve", i els 50 centims d'euro que s'han de pagar poer poder anar al lavabo.
Quan sortim encara plou: Ens enfundem les capelines i a caminar pels carrers fins a poder agafar el tren per tornar a Firenze. La estació és lluny de Siena, i hem de caminar força.
Boecius no vol escriure, diu que ara està llegint el seu Tucidides i que no té "PASSS" res a dir. Anem a l'hotel i ens combinem per dutxar-nos i preparar les motxilles, que demà hem de matinar i sortir a les 07:30 hores per poder agafar un dels primers trens cap a Bolonia. La dutxa ens relaxa i quedem adormits ben aviat.
De nuestro diario de viaje

05/10/2006
Iniciem el viatge.
Aquest matí hem passat a la vista de Corsega i Sardenya i des del vaixell semblaven prou interessants. Un possible destí per al futur? Potser...
I ara, després d'esmorzar un tros de la exquisita coca de Guissona, acompanyada d'un caputxino amb gust de café recremat i a preu d'or, enfilem camí cap a Civitaveccia.
BOECIUS: MMDCCLXIX a.u.c. Hoy me levanto con la misma sensación que tras una guardia. La misma mala noche aunque sea por motivos radicalmente diferentes. Creo que no podría concebir una peor manera de parar a respetar el universo infantil tras ver la incapacidad manifiesta de 2 inútiles padres para hacer entender a sus hijos que el resto del planeta tenía derecho a dormir en paz. Y si no lo lograban hacérselo entender pues cachetazo y a llorar al menos con motivo.
Pero estoy perdiendo la costumbre tras ca. 3 años sin hacer guardias y me afecta el sueño y la pesadez de mente. Decido tomarme un café después de ca. 1 año de abstinencia. Mal café para diluir la mala leche... Aún tengo en mente los sueños en que me veía tirando niños por la borda. Lástima que Morfeo no me concediese más sueños como estos, pero al menos disfruté de este pequeño guiño a uno de sus acólitos.
En pocas horas atracamos en Civitaveccia. Luego a Roma y desde aquí a la Toscana. Sigue el viaje y mi Tucídides.
ELISABET: Arribem a Civitaveccia una mica agobiats del viatge en vaixell. Aquest cop sí que agafem el bus gratuït per creuar tot el port i no fem el prèssec com l'altra vegada. Just arribem a la estació per comprar el bitllet i agafar el tren que ens portarà a Roma-Termini en teoria en 1 hora i 20 minuts... Ja veurem.
Doncs mira, hem arribat bé i puntuals, i hem pogut agafar el segon tren cap a Firenze que sortia 20 minuts després d'arribar de civitaveccia. Un tren "fashion" tipus europeu. Hem arribat a l'hora a Firenze i ara toca buscar allotjament:
- Archi-Rossi, recepcionista borde, i local ple.
- El següent de la Guia del Trotamons, massa bé i tot. 80 € i sense prima colazione. El recepcionista ens mira amb posat de pena, de la pena que el fem per voler trobar allotjament barat a Florencia.
- Continuem la ruta per Firenze un dimecres a les 8 de la nit. La següent parada un convent que ja estava tancat. Les monges, que no són pas tontes, aprofiten els messos d'estiu per treure's un sobresou... Què opinarà Déu dels sobresous?
Després uns quants hotelets més, tots complets. Fisn que arribem a l'hotel Dalí, molt a prop del Duomo. El senyor del mostrador ens diu que està ple, però crec que em veu tant desesperada que treu la seva agenda i ens troba una habitació. Hotel Bavaria. un palau del segle XVI amb un preu assequible de 65 € la nit, però només per un dia. Dormim molt bé, i amb un esmorzar fantàstic.
05/10/2006
Continuem la recerca d'hotel. El noi de recepció ens ajuda i, quan ja no quedava més que una opció, ens troba lloc per 3 dies. Hotel Wanda, per 70 €, una moca apartat del centre però això ja ens agrada: Més tranquil·litat, menys turistes, més supermercats... Ah, i tenim tele, nevera i frescos al sostre de l'habitació. És genial, i el Boecius diu que excitant...
Visitem una mica la ciutat. Tot és moooolt car i decidim no entrar en cap lloc que no sigui gratuit. Molt em temo que no entrarem enlloc. Avui al menys puc veure el Duomo i comprovar que no estava recobert de lona. Ahir a la nit, amb el color extrany que té (no havia vist mai marbre rosa i verd) semblava que tenia andamis i lona per fer obres. Que males passades juga la foscor.
Trobem un mercat i comprem 2 boles de carn i patates per dinar que són massa salades. A més ens ataquen uns coloms famolencs perque Viator els tira menjar mentre dinem.
Anem a fer una migdiada ben bona, crec que encara amb son endarrerida gràcies als nens maleducats del ferry.
Després pugem al parc de Michelangelo per veure les vistes de Florencia (és a la foto). Molt maco, però massa ple de guiris i els pidolaires que hi són allà són massa farsants per procurar fer pena, però si et despistes et roben i els "coixos" corren més que els policies. Tornem a Firenze travessant el ponte Vecchio.
Comprem pa, mortadel·la i tomàquets, i sopem a l'habitació. El sopar més barat de Firenze. I mentre sopem veiem uns capítols de CSI doblats a l'italià. Personalment crec que és millor la versió en castellà. M'adormo molt ràpid.
06/10/2006
Avui ens llevem tranquil·lament. No hem de buscar hotel. Esmorcem força béi fem una petita excursió al mercat petit que hi ha a prop de l'hotel. Comprem un pa contundent, tomàquets i mortadel·la, menjar que ja porta camí per convertir-se en el dinar/sopar oficial del viatge, així com ho va ésser en el seu moment els cigrons amb tomàquet i tonyina.
Despés d'una petita caminada pels carrers de Firenze arribem a la galeria del s Uffici, on hem de fer una cua inacabable per poder entrar. No sé, però em recorda una mica a "Espanya mon amour"...
La Galeria és immensa. Una mica de tot hi ha. El que més m'ha agradat però és la exposició temporal de Leonardo da Vinci. he vist coses que no sabia d'aquest geni, impressionada pels seus invents, les seves idees, els seus estudis d'anatomia, pintura, òptica, geometria. Era un autèntic erudit. Hem sortit passades les 5 de la tarda només havent menjat uns anacardos. i d'amagats, que no et deixen menjar res que no sigui comprat al seu bar. Al sortir ens han fet passar per tota la sèrie de botigues de la Galeria, a quina més cara. Finalment sortim i ens seiem al carrer per menjar-nos el pa que hem comprat al matí amb la mortadel·la i el tomàquet. A aquestes hores tot està bonissim, malgrat que el pa és sense sal (això és el que ens deia la fornera i que no li vam entendre).
Després de dinar anem a un aagència de viatges a intentar trobar una habitació a Venezia. Caríssima. Desistim. Anem a navegar una mica per internet i ens trobem la bona notícia que a Ravenna hi ha habitacions lliures. Fantàstic, i a més per 20 € la nit, preu que s'ha convertit en una missió impossible en aquest viatge.
Després d'això sortim una mica a passejar i em menjo un "gelato" de tiramisú, que està exquisit. Anem una estoneta al Duomo i ens entretenim amb les imatges de l'Antic Testament de la porta d'or del baptisteri. Aconseguim desxifrar Adam i Eva, CAim i Abel, Egipte, les taules de la llei, Jericó, David i Goliat... i les altres ja les mirarem en algun llibre d'art.
Biblioteca de Umberto Eco
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