Dejo un fragmento de unas reflexiones de Guillermo Altares, en los "papeles perdidos" de El País, sobre Jacques Le Goff. El ilustre medievalista ha muerto recientemente y sólo ha recibido unas breves y escasas reseñas en la prensa de este país (curioso contraste, la apenas mencionada tragedia para el mundo de la cultura y la machacona reiteración en la salud, por otra parte irrelevante, de Cristiano Ronaldo y su rodilla...). En la foto aparece con pose de intelectual, pero porque puede, y da gusto ver un despacho así (quién lo tuviera...). Dejo sin más comentarios ni divagaciones, que me pierdo, el texto a destacar:
"El primer esbozo de Europa se dibuja sobre una doble base: la
comunitaria de la cristiandad, modelada por la religión y la cultura, y
otra, diversificada, de los distintos reinos fundados sobre tradiciones
étnicas importadas o pluriculturales antiguas (germanos y galoromanos
por ejemplo en la Galia). Ésa es la prefiguración de la Europa de las
naciones, porque desde sus orígenes Europa muestra que la diversidad de
naciones puede hacerse la unidad: naciones y unidad europea están
relacionadas", escribe el sabio francés en este ensayo ("La vieja Europa y el mundo moderno") que, en poco más
de 70 páginas de letra generosa, es capaz de resumir los principales
problemas de Europa y, a la vez, de apostar por un futuro de esperanza.
Le Goff explica, por ejemplo, como la orden benedictina aporta un
elemento fundamental a los europeos: el empleo del tiempo.
"La gran
división entre un tiempo para la oración y un tiempo para el trabajo
seguirá siendo y se afirmará como un tiempo para el trabajo y lo que
evolucionará hacia un tiempo para el reposo, el ocio y la fiesta",
explica.
También es apasionante su justificación de la necesidad de una
moneda única, ya desde los tiempos en que se produjo el desarrollo
comercial europeo, entre los siglos XII y XIV:
"A pesar de los progresos
en las prácticas monetarias (control de las monedas por las ciudades y
los príncipes, creación de un comercio al por mayor adaptado a los
nuevos tratos comerciales, multiplicación de los cambistas y aparición
de banqueros, primero en Italia, luego en el sur de Alemania), la
multiplicación de las monedas y la complejidad de los cambios es un
cuello de botella que pone de manifiesto la importancia de una
unificación monetaria para el progreso de una unidad europea".
De todas las lecciones que ofrece Le Goff la más perdurable, sobre todo en la Europa de Marine Le Pen o del partido ultra húngaro Jobbik,
pero también en la época de los recortes en educación y las universidad
ahogadas, es cuando reivindica una relación con el pasado basada en la
ciencia y el aprendizaje y no en las emociones y los mitos.
"Europa debe
desembarazarse ahora de las manipulaciones y de las falsificaciones de
la historia y del peso paralizante de una cierta referencia a la
historia. Europa conoce hoy, más que otros continentes, un despertar de
la memoria. También aquí si la memoria debe combatir el olvido de los
errores y los crímenes del pasado para ayudar a no reproducirlos, debe
dejar a una historiografía científica y objetiva la tarea de construir,
sobre el respeto a la historia de cada país, la memoria común europea".