sábado, 9 de agosto de 2014

Memoria visual

En varias ocasiones me he hallado en situación de explicar, en las innumerables clases que llevo dando en la universidad, la importancia de la memoria. Y no puedo menos que ver cómo miles de personas tiende a malograr sus experiencias en todo cuanto emprenden al tratar de recogerlo todo en esas dichosas redes sociales, pero sobretodo por grabarlas con el móvil. Más ocupadas quizá en grabarlo y exponerlo que en vivirlo de verdad.

Quizá no sea extrapolable, pero a quien le interese siempre le explico cómo dejé de tomar fotografías ya hace unos cuantos años, después de un viaje importantísimo para mí de Interrail por Italia, Grecia y Estambul. Pese a que no estuve todo el viaje fotografiando como un demente, sí recuerdo a veces cierta aprehensión por no disfrutar quizá algo más del viaje. Impresión que se exacerbó en mis últimos viajes en bicicleta, sobretodo por el Danubio, ya que tras el primero de ellos, al regresar a casa del viaje, me encontré en posesión de una serie de fotografías muy mediocres, y poca memoria real de lo que había visto. Me "olvidé" de la cámara en mis viajes posteriores, durante los cuales opté por buscar otro tipo de recuerdo al pretender sólo grabar en mi mente lo visto. hecho que potencié con lecturas sobre allí a donde iba, pero sobretodo haciendo dibujos muy mediocres, casi diría que malos, pero que incrementaron en mucho mi memoria de cuanto veía y que creo me hicieron disfrutar doblemente. Si lo creo necesario, recurro a Eli y sus mucho mejores fotografías, para recuerdos futuros. Esta placa sobre Maria Sonia, en la Iglesia de San Esteban en Tulln, refleja bien a las claras esto que digo. Para lo nimio que resulta este detalle, me es imposible olvidarlo. Así como el águila en la puerta de la iglesia. Sólo recuerdos...

viernes, 1 de agosto de 2014

Sobre la privacidad

Otro artículo interesante que he pillado dando un par de vueltas por la red. Vale la pena el tiempo que se ocupe en leerlo, y además está escrito por el Maestro (http://prodavinci.com/2014/07/28/vivir/dando-a-cambio-nuestra-privacidad-por-umberto-eco/):

Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, que a todas luces parece preocupar a todos hoy día, es el número creciente de amenazas a nuestra privacidad. En los términos más llanos, asumimos que “privacidad” significa que todos tienen el derecho a proceder con sus propios asuntos sin que alguien más —en particular dependencias ligadas a centros de poder— se entere al respecto. Valoramos tanto nuestra privacidad que hemos establecido instituciones y regulaciones para salvaguardarla.

A últimas fechas, nuestras conversaciones a menudo dan un giro hacia cuánto nos preocupa que alguien pudiera piratear nuestros estados de cuenta de tarjetas de crédito y averiguar qué bienes hemos comprado, en qué hoteles nos hemos hospedado o dónde hemos cenado. No importa el miedo a que nuestros teléfonos pudieran ser intervenidos sin causa justa: Vodafone, la empresa británica de telecomunicaciones, hizo sonar la alarma sobre agentes más o menos secretos en varios países obteniendo acceso a las personas con las que hablamos y lo que decimos al teléfono.

Por la manera en que hablamos de la privacidad, parecería que la consideramos sagrada, como algo que debe defenderse a cualquier precio, para que no terminemos viviendo en una sociedad gobernada por el proverbial Hermano Mayor de George Orwell: una entidad que todo lo ve y vigila cada una de nuestras acciones y, quizá, incluso cada uno de nuestros pensamientos.

Pero, a juzgar por nuestra conducta, ¿realmente nos preocupa mucho la privacidad? Consideren lo siguiente: hubo una época en que la mayor amenaza a la privacidad de una persona era el chisme; la gente temía que su ropa sucia fuera ventilada en público, preocupada de que eso pudiera dañar su reputación. Sin embargo, actualmente, a medida que tantos luchamos con la manera de definirnos en el mundo moderno, existe una amenaza mayor que la pérdida de privacidad: la pérdida de visibilidad. En nuestra sociedad hiperconectada, muchos de nosotros sólo queremos que nos vean.

De esta manera, una mujer que se prostituye (y que, en los viejos tiempos, habría intentando ocultar su oficio tanto a familia como vecinos), se promueve como una “acompañante” y adopta un papel público, quizá apareciendo incluso en televisión. Parejas que en otra época pudieran haber mantenido en privado las dificultades de su vida ahora se presentan en vulgares programas de TV, revelándose como adúlteros o cornudos, y son recibidos con aplausos. El extraño sentado a su lado en el tren le grita a su teléfono lo que piensa de su cuñada o lo que su asesor fiscal debería hacer. Y el sujeto de una investigación policial de alto perfil —quien, en otra era, pudiera haber abandonado la ciudad o permanecido discretamente en casa, esperando a que pase la ola del escándalo— pudiera más bien incrementar sus apariciones en público y poner una sonrisa en su cara, ya que es mejor ser un ladrón de mala fama que un hombre honesto pero anónimo.

El sociólogo Zygmunt Bauman escribió hace poco en La Repubblica sobre el poder de Facebook y otros medios sociales para hacer que la gente se sienta interconectada. Esto evocó un artículo que Bauman escribió para el Social Europe Journal en 2012, en el cual habla de cómo los medios sociales, como instrumentos para llevar un registro de los pensamientos y emociones de la gente, pueden ser controlados por diversos poderes interesados en vigilancia electrónica. Bauman destaca que, a final de cuentas, ese tipo de violaciones a la privacidad es posible gracias a la entusiasta participación de la misma gente cuya privacidad está siendo violada. Argumenta que “vivimos en una sociedad confesional, promoviendo la propia exposición en público del orden de la principal y más fácil disponible, así como discutiblemente la más potente y la única prueba en verdad apta de existencia social”.

En otras palabras, por primera vez en la historia de la humanidad, los espiados están colaborando con los espías para simplificar la tarea de estos últimos. Lo que es más, la persona promedio extrae satisfacción de rendir su privacidad cuando eso le permite sentir como si otros verdaderamente lo “vieran”. (No importa si lo que ellos ven es su comportamiento como idiota o incluso como delincuente).

Una vez que seamos capaces de saber absolutamente todo de todos los demás, el exceso de información sólo producirá confusión e interferencia. Esto debería preocupar a los espías, mas no a los espiados, quienes parecen conformes con la idea de que ellos, y sus secretos más íntimos, sean conocidos por amigos, vecinos e incluso enemigos. A últimas fechas, quizá someterse a ese tipo de exposición es la única forma de sentirse realmente vivo y conectado.
Hablamos mucho de dientes para fuera sobre preocuparnos de la privacidad. Pero si las acciones hablan con mayor fuerza que las palabras, entonces nuestra privacidad al parecer no tiene tanta importancia para nosotros. Cuando menos, no tanta como el reconocimiento.

lunes, 28 de julio de 2014

Más fotos de la Gran Guerra

Genial la del soldado a caballo con lanza y máscara de gas. El contraluz con tropas de aspecto cansado y en marcha es sencillamente preciosa.




La Gran Guerra

Dado que este es el año en que se cumple en centenario de esa hecatombe, me aprovecho vilmente para apoderarme de imágenes de la época que destaquen por alguna cosa, aunque sea sólo por su estética. Algunas son francamente espectaculares. Lástima que esté pasando tan desapercibido el centenario.



domingo, 27 de julio de 2014

Un poco de humor...

Humor clásico, cómo no, o con referencia clásicas, pero desde luego resulta graciosa la interpretación con "Homer" dándole un toque irónico muy divertido. Sea con gusto.


domingo, 13 de julio de 2014

Noche de superluna

Un fenómeno curioso y muy conocido ya en el mundo antiguo. Nunca deja de ser digno de alabanza cómo un grupo de griegos, con mucha curiosidad y ganas, y sin apenas nada más que su propia capacidad de raciocinio, lograron iniciar las bases de la ciencia. Lástima del erial científico que supuso la Edad Media en estos temas, que si no el progreso estaría hoy muy por encima del fanatismo. El fenómeno en sí es sencillo, y no es más que el resultado de una órbita no circular, dando diferencias visibles entre el perigeo y el apogeo (palabras griegas, por cierto...) como puede verse en esta imagen:



El resultado es que la luna se ve más grande, no siempre perfectamente visible dado que las diferencias entre la luna en perigeo y las lunas apreciables en otros puntos de su órbita pueden no ser más de un 30%. Pero a veces es más que suficiente como para que dé lugar a imágenes muy hermosas. Haciendo su pequeña alabanza a Grecia, dejo este pequeño y humilde ejemplo:


sábado, 12 de julio de 2014

Una de gatos


Si es que se meten por todas partes. 
Es el centenario de la Gran Guerra, y esta foto es de las que llama la atención.. 

Biblioteca de Umberto Eco

Se podrá disfrutar en Bolonia. Al parecer estimó que podía ser difrutada así durante los próximos 90 años. Es su biblioteca personal, que te...