viernes, 29 de octubre de 2010

Cultura y comunicación

Dejo otro texto, de Edward Hall, muy útil para algunas clases que deberé dar más adelante.

El idioma es algo más que un simple medio de expresar el pensamiento. Es en realidad un elemento principal en la formación del pensamiento. La misma percepción del mundo que nos rodea está programada por la lengua que se habla, igual que una computadora. Y la mente del hombre registra y estructura la realidad exterior en acuerdo con este programa. Como dos lenguas suelen programar la misma clase de sucesos de modo diferente, ningún sistema filosófico, ninguna creencia podría considerarse completamente disociada del lenguaje. Todos los hombres son cautivos del idioma que hablan, y que consideran de forma natural.

Y estas cuestiones se aplican de igual manera la resto del comportamiento humano y a toda la cultura. Si esto no fuese así, cuando dos seres humanos fueran sometidos a la misma experiencia, los mismos datos entrarían en los sistemas nerviosos centrales y los cerebros los registrarían del mismo modo. Pero sabemos que esto no es cierto. Los humanos tamizamos la información que llega desde los sentidos, y deja pasar algunos datos y excluye otros. De este modo, la experiencia percibida a través de los filtros sensoriales es diferente entre humanos, y los filtros culturales contribuyen en su medida a este fenómeno.

En la comunicación entre humanos se hace mucho más que lanzar y recoger información. Una serie de mecanismos condicionados por la cultura, motiva que seamos sensibles a sutiles cambios en la conducta del otro cuando reacciona a lo que decimos o hacemos. En muchas situaciones la gente evita, primero inconscientemente, escalar la parte prefigurativa de una conversación y pasar de las señales apenas perceptibles de enojo a la hostilidad declarada. Muchos conflictos humanos se originan por no interpretar correctamente las adumbraciones de este tipo, pues cada parte puede estar viviendo un mundo de comprensión diferente. Se interpretan las palabras en un contexto que comprende conducta y ambiente.

Eje bioquímico del estrés

Otro texto que no quiero perder, pues puede resultarme útil alguna vez para la universidad. Es un curioso escrito de Edward S. Deevey en que realiza una metáfora de la bioquímica del estrés:

Se puede decir que las necesidades vitales del organismo se pagan con azúcar. Y que el banco es el hígado. Las hormonas del páncreas y las suprarrenales hacen de pagadores cuando se trata de pagos rutinarios, pero las decisiones en al nivel superior (relativas al crecimiento o la reproducción) les están reservadas a los funcionarios del banco, que son el córtex suprarrenal y la pituitaria.

El estrés es como un revuelo administrativo entre las hormonas, y el shock se produce cuando la gerencia sobregira el banco.

El primer y más importante mecanismo es una notable combinación burocrática entre el córtex, que hace de cajero, y la pituitaria, que es la directiva.

Una lesión o una infección son formas habituales de estrés y para dirigir la inflamación controlada que las ha de combatir, el córtex gira cheques de caja al hígado. Si el estrés persiste, una hormona llamada cortisona envía un mensaje lleno de preocupación a la pituitaria. La pituitaria entonces delega a un vicepresidente, la ACTH, para dar dinero al córtex. El córtex, reanimado, toma más personal y aumenta su actividad, que incluye procurarse más ayuda de ACTH. El peligro de la espiral comienza a hacerse patente.

Pero mientras siguen las sustracciones, la cantidad de azúcar en sangre sigue siendo engañosamente constante por obra de otro mecanismo.

Si el estrés persiste y embauca a la pituitaria para que siga apoyando a la ACTH, las grandes transacciones comienzan a padecer rebajas, como en las hormonas ováricas o testiculares. Y eso que no se habla de la hipertensión, ya que requiere de otro artículo, la sal, que sigue un mecanismo propio. El resultado puede llegar a ser un colapso del sistema de la glucosa. Y un pequeño estrés suplementario es como una visita inesperada del inspector bancario: La médula suprarrenal, sorprendida, envía un chorro de adrenalina que aún provoca un mayor desgaste de glucosa, y el cerebro se muere de inanición.

viernes, 22 de octubre de 2010

Mirada


Sólo una breve nota para guardar una breve frase que no deseo olvidar. Pertenece al libro Diccionario de los Símbolos, de Jean Chevalier y Alain Cheerbrant acerca de la mirada:

La metamorfosis de la mirada no revela solamente al que mira, revela también tanto a sí mismo como al observador, al que es mirado. Es curioso, en efecto, observar las reacciones del mirado frente a la mirada del otro y observarse uno mismo frente a las miradas extrañas. La mirada aparece como el instrumento y el símbolo de una revelación.

jueves, 21 de octubre de 2010

Der deutsche Donauradweg: Final

30/08/2010

La etapa final carece de interés ciclista. Consistió únicamente en desplazarnos con nuestras bicis desde Munich hasta Zurich, para lo cual debimos darnos un madrugón del carajo y subir al tren somnolientos y algunos de mal humor... Ejem... Mala leche cogen algunos con la falta de sueño... Lo curioso de estos alemanes es que en viajes de largo recorrido las bicicletas tienen un puesto reservado, pero nosotros no. Así que las bicis iban en su sitio pero maravillosamente bien mientras que nosotros hicimos el primo al sentarnos en unos asientos que otras personas SI tenían reservado, con lo que tuvimos que cambiar de asiento con cierta estupefacción y cara de merluzos.

Luego, ya en Zurich, tiempo lloviznoso y nada especial que ver. Seguro que es una ciudad bonita, como se ve en la foto, y tal, pero tras un recorrido de 10 días por uno de los paisajes más hermosos de la zona, la ciudad, pues qué se le va a hacer, se veía descolorida y falta de toda gracia. La gente allí además es más seca que un ladrillo, los precios desorbitados y para colmo de males, en una moneda diferente. Que manda narices que con el euro te recorras un porrón de países sin problemas, te la acepten incluso en zonas no adscritas al espacio común ni la moneda única, pero que en esta tierra de banqueros te la rechacen... Es lo que hay. Decidimos no hacer el primo con el cambio y comprar cuatro cosas en un supermercado. La gracia de los supers de alli es que tienen comida cocinada y calentita que puedes pagar con tarjeta de crédito sin problemas.

A partir de aquí, una espera continuada en la estación. Por cierto, en la estación los lavabos son de pago, pero de pago que te cagas, que al cambio salía que por meada te clavan unos 3 euros, y por algo más, ya se entiende, pues aumentando precios. Ahí yo me sentiría estafado, pues pagaría lo mismo que Barnabas pero la cagada suya debería contar doble... Mi tacañismo me impide semejante gasto, así que recurrimos al viejo truco hispano de ir a mear a un McDonald's, escamoteando la clave de la puerta de entrada al lavabo, claro, que si no pues tampoco.

Un apunte curioso acerca de las leyes del país y la cabezonería de los nativos del lugar: Nos compramos comida en el super y nos fuimos a la estación a comerla. Más que nada porque fuera llovía y allí se estaba calentito. Y como buenos hispanos pueblerinos nos sentamos en el suelo a darle a la mandíbula. Bueno, pues dos recios seguratas de la estación vienen hasta donde estamos sentados a llamarnos la atención. Pero no por comer, sino por estar sentados en el suelo. Si lo mismo que estábamos haciendo lo hacemos sentados en un banco, ningún problema. Así que nada, si se ponen ustedes así, pues miren con atención cómo me desplazo 5 metros en esta dirección, aposento mi culo en el banco y sigo con lo que estaba haciendo... Hale, contentos? Sí? pues venga, a vigilar a otra parte. Vaya parida más gorda.

Y la parte graciosa del día: Cuando faltaba algo más de una horita para que el tren saliese, tocaba preparar la bicis. En la página web de RENFE son claritos: Sólo se admiten bicis en compartimentos que ocupemos por completo (por tanto, a pagar a tocateja uno individual y uno doble), con las bicis desmontadas (quitar pedales, rueda delantera y girar manillar) y envueltas en una funda diseñada al efecto.

Con las dos primeras exigencias, sin problemas. Más o menos. Ya llevábamos unas buenas bridas para poder desmontar la bici y atarlo todo bien. El problema viene a partir de aquí, pues una funda diseñada al efecto aparte de carísima (rondan los 100 euros...) es imposible de llevar en un viaje como el nuestro. cualquiera la mete en la alforja. Así que había un problema, porque presentarse sin funda equivalía a dejar que el picas de RENFE de turno decidiera arbitrariamente si tomábamos el tren con bicis, o sin ellas, y ni de coña nos volvemos sin las bicis. Navegando por aquí y por allá, encontramos un curioso método que unos chavales usaron para llevar sus bicis. En su caso, en avión, pero bien adaptado podría lograr el mismo objetivo:


http://eldanubioenbicicleta.es/2009/07/01/como-empaquetar-las-bicicletas-para-ir-en-avion/comment-page-1/#comment-20118

Y procedimos a adaptarlo a nuestra necesidad.


Llevar durante todo el viaje unos tubitos de papel de envolver transparente no es ningún problema. Con esto solo debía ser suficiente, pues en RENFE información me dijeron que sólo con que la bici estuviera compacta, pues que no piden más, pero como toda cosa que depende del estado de humor de un picas no es demasiado objetiva, quisimos asegurarnos. Para dar más el pego aún, compramos 6 trozos de tela de los que se usan en los paraguas. Les pegamos cintas de velcro y así forman 3 hermosas fundas impermeables, que además de disimular con los ferroviarios puñeteros podían servir de improvisado cobertor en caso de lluvia o sol durante una etapa. Se puede veruna bici ya envuelta en su forro en la foto de arriba. Y así, bien pertrechados, nos dirigimos no sin dificultades, hacia el tren.


Y tanta preparación y tanta leche para que al final todo se solucionase en 15 minutos. Los que teníamos para meter las bicis en el vagón a toda pastilla, acomodarlas en nuestros departamentos y salir el tren zumbando de Zurich. Realmente no había tiempo ni de discutir, pues todo se resumió en darle los billetes al encargado y revivir un rato aquel viejo programa de "si lo sé no vengo" tratando de meter equipaje y bicis antes de que el tren arrancase. Y en Suiza si el tren sale a las 19:00, es que sale a las 19:00. Ni un minuto antes ni uno después. Por suerte el encargado resultó ser de lo más simpático y nos ayudó incluso a cargar las bicis. De hecho, me lo he encontrado en más de un viaje internacional y es increíblemente eficaz, con el añadido de que ese día todo el equipo que iba en el tren estaba de un humor excelente y hasta echamos unas risas durante el trayecto.

Aquí se acaba el tema. Y el viaje. Los paisajes son tan hermosos como los del "Danubio dulce" que vimos el año pasado pero el tiempo no nos acompañó y enturbia algo mis recuerdos entre la fiebre, el frío y la lluvia. Con los trenes, además, el precio sube con respecto al año pasado a unos 800 (y pico) euros por barba que seguro serían menos con viajes de los baratillos de avión, pero estoy hasta las narices de los aviones, sus trabas y sus puñetas. Y si pagando un poco más nos ahorramos tener que buscar como tontos una caja para meter las bicis, pues prefiero pagar a andarme con preocupaciones. El año que viene, nueva ruta. El Danubio sigue su camino hacia el Este y podríamos seguirlo un año más, pero seguramente buscaremos otro río. El Rhin? El Loira? Cerdeña (sí, ya sé que no es un río, pero es una posible aventurilla en bici muy atractiva...)?


miércoles, 20 de octubre de 2010

Der Deutsche Donauradweg: Etapa 10

29/08/2010

Día anodino en realidad. No teníamos ya camino que recorrer ni nada especial que visitar, así que fue un día entregado a la nostalgia paseando por Passau mientras recordábamos algunos eventos del año anterior. Incluso fuimos a visitar Fahradklinik, cerrada, por supuesto, y cruzamos el Inn por el puente para ver el punto inicial del camino del Danubio en el que empezamos a cicloturistear. Sólo recuerdos, pero nos hicimos la preceptiva foto en el mismo punto que el año pasado, sólo que en esta ocasión con más lluvia. Decididamente el lujo de visitar Passau con sol es un bien escaso. En la estación nos comimos unos soberanos bocadillos y tomamos el tren hacia Munich.

Hay varias opciones para ello, pero recomiendo el tren directo, más que nada por la comodidad de evitar un transbordo aunque no está exento de problemas. El principal es que todos los cicloturistas tenemos básicamente la misma idea con respecto al trayecto, y el tren está literalmente invadido por las bicis. Parece que eso en realidad excede a la previsión alemana y no gusta demasiado a viajeros sin bicicleta, pero nosotros además nos topamos con un problema añadido: En esos trenes parece que está institucionalizado que se vendan bebidas y bocadillos durante el trayecto. Suponemos que por empleados de la compañía. En nuestro tren el empleado en cuestión, turco, se paseaba con un carrito cargado hasta los topes pasillo arriba, pasillo abajo, pero claro, con la ingente muchedumbre que había y las bicicletas no tenía literalmente espacio para pasar. Su carrito no cabía por los pasillos entre el amontonamiento de bicis. Cuando llegó a nuestro vagón, berreó algo en alemán e hizo amago de pasar por donde no se podía pasar, pues una bici (de algún viajero) bloqueaba el camino. Justo al lado estaban nuestras 3 bicis, puestas en el lugar que les corresponde pero con las alforjas puestas. El muy cafre-bestia pega otro gañido en su idioma (ignoro cuál) y procede a lanzar el carrito cual ariete por entre el espacio imposible entre la bici que obstruía el paso y las alforjas de Eli. El muy pedazo de animal!!! Casi rompe, si es que no la rompió, la bici del otro y rajó la alforja de Eli. Al ver lo que hacía le pegué un berrido en español. Yo no puedo ni sé insultar en otro idioma. Con mi berrido paró de hacer el cafre, pero comenzó creo a soltarnos una bronca fenomenal por obstruir el paso. Claro que no le entendíamos una simple coma, pero el tipo insistía y eso que Eli le gritó clarito que no entendemos alemán en alemán. Viendo que con nosotros no se iba a desahogar, continuó con su camino renegando. La verdad es que medité seriamente si darle un par de yoyas que le pusiesen mirando a Cuenca, pero esa manera de meterme en líos nunca fue de mis preferidas.

Su camino era imposible igualmente, pero el tipo continuó con su táctica de carrito-ariete y se enzarzó en una disputa verbal con un alemán de 190 cm al que casi le rompe la bici contra la pared. Nosotros es que alucinábamos. Debía pertenecer a algún movimiento ultra anti-bicicletas, o bien estar pagado por una petrolera, o bien haber escogido esa técnica dentro de las alternativas que conducen al linchamiento. Pero como había pasado de largo, miramos los daños en las alforjas, leves por suerte, y tratamos de olvidarlo... hasta que le tocó el recorrido de vuelta. Imaginamos que en el de ida se habría peleado con medio pasaje y abollado varias bicis, porque cuando regresó tenía una cara de mala leche impresionante. Antes de que llegase a nuestras bicis me levanté y me situé estratégicamente para evitar un nuevo atropello con el ariete del muy salvaje, pero con el resto de las bicis que le obstruían (ahora más que antes con nuevos pasajeros) yo no pensaba hacer nada. Me daba hasta curiosidad saber qué iba a hacer para pasar, pero además de cafre era poco imaginativo: Cogió carrerilla y arremetió con el ariete en sucesivas descargas sobre unas bicis hasta que se oyeron 2 cosas:

- La primera un sonoro "crack" que implicaba que algo se había roto. Las apuestas iban hacia la bici que sufría las acometidas.
- La segunda fueron una serie de imprecaciones en alemán seguidas del emisor de las mismas, que se abalanzó a su vez sobre el carrito-ariete, al que propinó una buena patada, e hizo retroceder al cafre y su carro.

Lo que siguió entra sólo dentro de mi imaginación, pues los insultos en alemán de Baviera proferidos por ambas partes quedan al margen de mi entendimiento. Claro que yo me ponía de parte del alemán y su bici vistos los modales de la cafre-mula del turco ese, pero es que además en muy anormal hizo el gesto de pegar al alemán que le chillaba con todo merecimiento. Mal gesto, pues la posible razón que tuviera (poca...) la perdía completamente con esta última salida de formas. Situación tensa que no sé cómo no derivó en pelea. En Hispania como mínimo sacamos las navajas por menos de la mitad, pero ahí acabó la cosa y ambos se fueron a relamer sus respectivas heridas. Los pasajeros que estaban sentados con nosotros comentaron la jugada, creo que con reparto de simpatías entre el cafre y la víctima, justificándole en parte al creer que el tren estaba masificado. Pero por masificado que esté y lo poco que pueda hacer su trabajo, esas no son maneras. Pero nosotros a lo nuestro y llegamos pronto a Munich.

Como ya teníamos reservada plaza en el Youth Hostel, dejamos el equipaje sin prisas y les llevé a visitar la ciudad, para ver el resto de cosas que no vimos el año anterior con las prisas. Así, un paseíto por las turistadas clásicas y a la atracción que pretendía mostrarles de un viaje mío anterior: En las esquinas de Von-der-Tann Strasse y Koniginstrasse, delante casi del consulado yanki, hay una fuente con una caída de agua muy especial. Allí el agua cae desde una altura media a una zona profunda de tal forma que crea un remolino lo bastante potente como para que la gente practique surf allí. No había nadie en aquel momento, pues era ya tarde, pero es un espectáculo curioso.

Acabada la visita, nos fuimos a la Hofbrau de Munich. En tiempos pasados, los alrededores del ayuntamiento eran un lugar un tanto poco recomendable, lleno de prostitutas y de indeseables, pero hoy día es de lo más caro de la ciudad. Y el Hofbrau, donde antes iban los muniqueses a tomas unas cañitas, hoy día es una turistada digna de ver sólo como turistada, o sea, entrar, dar un vistazo y ver la orquesta de polkas unos minutillos, y marcharse. Pero teníamos hambre y nos sentamos en una de las mesas. Allí son constumbres alemanas las que rigen, así que compartes la mesa con quienes quieran sentarse después y te sirven cuando pueden emnedio de una avalancha de japoneses. Nuestros compañeros de mesa eran rusos. Para beber, cerveza. Por supuesto. Medida única, de 1 litro. Dejo la foto de Eli tratando de llevarse a la boca una de las que pedimos. Más de un japonés trató de zamparse esa medida y salió haciendo "eses".
Nosotros acabamos rapidito, les tomamos "prestado" un bretzel a cuenta del servicio "maravilloso" que nos habían dedicado, y regresamos al hotel a dormir, que al día siguiente tocaba madrugar.

martes, 19 de octubre de 2010

Der Deutsche Donauradweg: Passau

Este año me permití el luo de darme un paseo por Passau sin lluvia. Con un sol algo rácano que aparecía y desaparecía entre las nubes dándonos poco calor pero una luz preciosa que Eli supo captar para incluirla en la arquitectura barroca y el agua que enmarca la ciudad tanto como la luz. Dejo una muestra de las mejores fotos que hizo allí:






Der Deutsche Donauradweg: Etapa 9


28/08/2010

Amanece en Straubing tras la pasada tormenta. Toda la noche no paró de llover, si bien no con la dureza del final de la tarde de ayer. Ahora no llueve, pero se ven nubes en abundancia, y hace mucho frío. Y 3 hispanos en agosto sólo pueden encontrarse extraños si hace frío. Mientras damos buena cuenta del desayuno vamos discutiendo la continuación del viaje. Se supone que debíamos llegar hoy a Nesslbach y al día siguiente a Passau, pero el tiempo amenaza más lluvia y yo estoy ya harto de frío y humedad, así que convenimos en ir a Passau en tren y disfrutar tranquilos de la visita de la ciudad. A Barnabas no le agrada demasiado coger tantos trenes, que ya le escatimamos bastantes km de pedaleo hasta Straubing, pero accede porque ve que realmente el día se presenta chungo. Pagamos la habitación y vamos hacia la estación.

Una vez allí, logro una solución que puede contentarnos a todos: Para llegar a Passau se ha de hacer transbordo en Platting, y luego en Vilshofen. Tanto transbordo es bastante incómodo y propongo parar en Vilshofen y si el día se muestra algo propicio, pedalear desde allí a Passau, que son escasos 20 km y se pueden hacer bien aunque nos llueva. y así procedemos. Aviso para aquel que lea esto y decida algo similar: Se ha de pronunciar "Filsjjoffenn" porque si no no te entiende nadie. El día que me tope con el cretino que me dijo la memez esta de que el alemán se pronuncia como se escribe...

La verdad es que el día a medida que transcurrían los Km en el tren parecía arreglarse y estropearse por minutos, pero para cuando llegamos a Vilshofen al menos no llovía. Frío y humedad a cántaros, pero asumible. Y comenzamos a pedalear. Antes de salir me quedé tentado de tomar algo calentito en un bar que había justo en el centro del pueblo, un local llamado "Zorba", pero preferí continuar viaje, no fuera que empezase a llover y me arrepintiera. Poco a reseñar de este trayecto, pues lo hicimos a una velocidad endiablada, de casi 30 km/hora de media al tener frío, ganas de llegar y sobretodo viento de espalda de los fuertes. Casi en llano que no hacía falta pedalear, y cuando lo hacíamos aquello era una bendición. Pero el paisaje, ah, pese a ir al lado de mi querido río realmente no valía mucho la pena porque los últimos km pertenecen al área industrial de Passau y no son nada que destaque. Lo único era un puente con compuertas que estuvimos mirando un rato a ver un barco de pijos que debía atravesarlo, y era curioso ver el llenado de las compuertas. Como hacía frío, tampoco nos entretuvimos mucho, y le dimos caña a ver si llegábamos a Passau antes que los pijos.


Poco a poco llenamos los km que nos separaban de la ciudad, y tras un leve repecho la estación de tren se nos aparece a la vista. Allí es donde empezamos el viaje el año pasado con dirección a Viena, y allí lo concluíamos este. Un poco por orgullo, y un poco para chinchar a Barnabas, aceleré para llegar el primero. Je, je, un poco de maldad tampoco es malo. Que así le puedo decir siempre que quiera que el campeón fui yo por llegar el primero a la meta. Y llegamos antes que los pijos.

Un poco por nostalgia, nos dimos unas vuelta por la estación que tan bien record
ábamos del año pasado, aunque más pasados por agua que en este, y nos buscamos un hotelito en el centro. Antes de ir al hotel dimos un vistazo a la tienda de bicicletas que no nos quiso alquilar una el año pasado, pese a tener reserva previa. Cabrones.

Cosa curiosa, en Infromación nos cobraron 3 euros por un servicio que nos hacían gratis en todos los demás pueblos de Alemania, pero ca
rajo, que era sábado y cualquiera se la juega a que haya plazas libres en un fin de semana en una ciudad de las más turísticas.

El resto del día lo dedicamos a vagabundear por la ciudad. Como ya la conocíamos del año pasado, hicimos un recorrido "nostálgico" por los lugares emblemáticos que ya teníamos vistos, sobretodo el encuentro de los 3 ríos que ahora podíamos ver con facilidad porque esa tarde hacía sol y un calorcillo que invitaba al paseo.


Fuimos además a ver el palacio del obispo. El Oberhaus. Esta ciudad fue durante mucho tiempo la residencia del obispo y un territorio gobernado por este. El palacio en el que residían los obispos-príncipes de aquí está en un monte al lado de la ciudad, a la que domina. El príncipe se levantaba cada mañana contemplando la ciudad que gobernaba en nombre de Dios, pero gracias a los cañones que desde el Oberhaus podían alcanzar la ciudad. Dios con pólvora. Mala combinación. Dado mi gusto por este tipo de cosas, la foto que le hicimos al castillo fue en un momento en que un nubarrón negro pasaba justo por encima de él, dándole un aspecto tenebroso y terrible. Parecía Mordor.


Llegar hasta el casitillo cuesta lo suyo, se ha de decir. Que el paseito hasta allá arriba es de cerca de media horita de camino empinado. La palicilla valía de todas formas la pena, que las vistas desde arriba son fantásticas (si mal gusto no tenían esos obispos, no...). Lo curioso del sitio, además de la terraza y sus vistas, es que el Youth Hostel de la ciudad está justo aquí. No me imagino ni bajo mórficos capaz de pedalear cuesta arriba con las pendientes que se gastan, pero Barnabas dice que él sí puede. Decidí que no lo íbamos a comprobar de todas formas.


El descenso nos proporcionó claros entre las nubes para hacer unas cuantas fotos a cual más hermosa. Dejaré las mejores en una entrada aparte. El barroco de la ciudad, tan semejante a Venezia en algunos aspectos, resultaba magnífico bajo esta luz. Luego nos entretuvimos mirando a una mamá pato con sus patitos. Les llevaba con disciplina, cómo no, germánica, y aunque los pobrecillos querían comer las chucherías que unos turistas les daban, una órden verbal de la mamá pato les obligaba a bajar al río nuevamente. La escena era cómica.


Decidimos además tomarnos un caprichito: El año anterior, el día que iniciamos la marcha, paramos a desayunar en un local céntrico que fue el único que vimos abierto. Era domingo, y las fiestas en estas tierras son sagradas. No costó nada localizar el local en cuestión y, aunque era caro, tomarnos una meriendita allí. Por los viejos tiempos. Barnabas seguro que tiene algo que decir al respecto, pues nuevamente el italiano era el idioma adecuado al lugar y mediante una hábil táctica logré que pagase él la merendola y hacer que se riese el camarero y el dueño del local. Je, je, la cabronería además resulta divertida. Luego nos fuimos a cenar una pizza. Qué mejor para una pseudo-Venezia como esta. La pedí frutti di mare, que no podía ser de otra manera. Y a dormir prontito, que no hay que perder las buenas contumbres.

Biblioteca de Umberto Eco

Se podrá disfrutar en Bolonia. Al parecer estimó que podía ser difrutada así durante los próximos 90 años. Es su biblioteca personal, que te...