Aquest bloc preten ser un petit recull d'allò que ens agrada de la vida, els petits plaers, les coses que anem aprenent...
domingo, 29 de septiembre de 2013
Bergerac
Una pequeña visita de fin de semana a la región de la Dordogne. Aquí dejo una imagen de la ciudad de Bergerac, la de Cyrano.
Decimus Magnus Ausonius
Una foto de recuerdo con el poeta de Burdigalo. Doy una vez más ocasión para mencionar mi fetichismo literario aunque en esta ocasión por pura casualidad al encontrarme esta estatua conmemorativa, sin saber siquiera que estaba ahí, en una calle no muy transitada de la actual Burdeos. He de mencionar, no obstante, que en la placa pone que Ausonio fue profesor en la universidad de Burdeos. Dejando de banda que la universidad se fundó aproximadamente unos mil años después de su muerte, el dato me pareció oportuno reseñarlo. El chovinismo francés llega hasta unos extremos...
Itaca
La isla del retorno simbólico al hogar soñado es un pequeño paraíso no solo metafóricamente. Inspira placidez, bienestar, el placer de las raíces. Y además hay playas de cine y pescados riquísimos.
Artur Mas no es el primer dirigente en utilizar el viaje a Ítaca como metáfora política. Cuando la crisis estalló en Grecia allá por el 2010, el entonces primer ministro Yorgos Papandreu comparó el memorando firmado con la Troika con una «nueva Odisea», el atribulado regreso de Odiseo (o Ulises en su versión latina) a su hogar en Ítaca tras 10 años de guerra en Troya y otros 10 de accidentada navegación. Entonces, un periodista, más versado en literatura que el mandatario heleno, le preguntó desde las páginas de un diario si no era consciente de que en la Odisea mueren todos, excepto el propio Ulises.
Desde que Homero escribiera los 12.000 versos de la Odisea, el viaje a Ítaca se ha convertido en un referente literario para cientos de artistas, amantes de los libros y mitómanos. Pero, ¿qué hay en Ítaca?
En Ítaca no hay nada, solo pasado. Que además se pierde en los brumosos confines de la leyenda. La pequeña Ítaca, de 3.200 habitantes, es «pedregosa» y «áspera», dice el propio Ulises, y su hijo Telémaco cuenta: «En Ítaca no hay recorridos extensos ni prado; es tierra criadora de cabras (...) pues ninguna de las islas que se reclinan sobre el mar es apta para el paso de caballos ni rica en prados, e Ítaca menos que ninguna».Solo 23 kilómetros de largoDe punta a punta, la isla mide 23 kilómetros y está dividida en dos penínsulas -una al norte y otra al sur- que une un estrecho istmo de 700 metros de amplitud y 200 de altura, parecido a una verdadera muralla. Y, pese a su pequeña extensión, tiene tremendos desniveles y sobre ella se alzan cuatro montañas de envergadura (el mayor, monte Nirito, de más de 800 metros de altura que surge directamente del fondo del mar, como un inmenso farallón). En verdad, aunque cubierta de un verde manto de oloroso matorral en sus cimas más bajas, toda Ítaca es roca, dejando poco espacio al cultivo y a la ganadería.
Así es que durante décadas, Ítaca envió a sus mejores muchachos allende los mares, a buscarse la vida en EEUU o Australia. «Y si la encuentras pobre, Ítaca no te habrá engañado», reza el inmortal verso de Cavafis y también su versión musical de Lluís Llach.
Pero quizás ese nada sea un poco injusto. Su capital, Vathy, reconstruida tras el terrible terremoto de 1953, está cubierta de casonas blancas, amarillas, rosas y azules con contraventanas de madera, haciendo de ella un pueblo agradable -como los hay a cientos en las islas griegas- pero es cierto que su arquitectura no está a la altura de Corfú, Lesbos o Quíos, ni la isla dispone de yacimientos arqueológicos excepcionales como Delos o Creta, ni sus atardeceres son los de Santorini. Sin embargo, Ítaca tiene la literatura, y sus preciosas aguas.
Esas aguas en las que se bañó Ulises, de un azul profundo y añil; ese mar que al batirlo con los remos de la nave se vuelve «canoso», según esa preciosa metáfora de Homero para definir la espuma de las olas. La accidentada geografía de Ítaca nos ofrece preciosas calas recogidas, hasta las que llegan someros bosquecillos de pinos, cipreses y olivos. No son de arena, sino mayormente de blancas piedras, lo que hace sus aguas transparentes como el alma de un niño hasta que se van alejando mar adentro: ora azul celeste, ora turquesa, ora verdes.
Vathy está situada en una bahía de estrecha bocana, un refugio seguro contra y para los piratas: el propio Ulises, que se definía como «el destructor de ciudades» o «el que está en boca de todos los hombres por toda clase de trampas», lo era un poco a su modo. Ahora que Ítaca ya no es sede de reyes míticos ni de corsarios, las varias bahías de la isla las utilizan patrones de veleros y yates para fondear y darse un chapuzón. De unas décadas a esta parte, pero sobre todo en los últimos años, las islas Jónicas se han convertido en refugio de millonarios siguiendo el ejemplo de la afamada y cercana Skorpios, la isla privada del rico armador Aristóteles Onassis que recientemente adquirió Ekaterina Rybolovlev, hija del magnate ruso Dmitri Ribolovlev, propietario del club de fútbol Mónaco. El emir catarí Hamad bin Jalifa Al Thani también ha comprado el islote de Oxia y otras cinco rocas flotantes para su progenie y el empresario chino David Zhong está interesado en invertir en la isla de Zante. En las aguas de la vecina Cefalonia se ha visto este verano a varios famosos y en la propia Ítaca ha recalado la cantante Madonna.
Sobre todas las cosas, Ítaca tiene la paz de sus gentes. A pesar de que el turismo de los últimos años ha mejorado, los itacenses siguen llevando una vida estoica, de placeres simples y pausados: la pesca, la siesta, la charla nocturna en la taberna. Tras una frugal comida en el pequeño puerto de Frikes, una aldea del norte con cuatro casas de pescadores y unas cuantas tabernas donde se sirven las frescas capturas del mar, este periodista se acerca a una exposición sobre los restos homéricos de la isla. En su interior se vende el catálogo de la muestra, nadie lo vigila. Un cartel señala que el precio son cuatro euros y hay un túper con cambio para que el interesado deposite el dinero y se lleve la vuelta. Tal es la confianza, que a uno ni se le pasa por la cabeza timarlos. Los itacenses son gente que no se atribula, lo único que les saca de sus casillas son las prisas del extranjero -al que acaban contagiando su calma-, parece como si ya hubiesen sufrido bastante ajetreo con las correrías de Ulises y la invasión de italianos fascistas y nazis alemanes durante la segunda guerra mundial.
Aquí se pueden hallar tipos curiosos como Petros, un griego de Alejandría y profesor de la Universidad del Pireo, amante de la ópera y de los barcos, que veranea en Ítaca, y conoce las mejores tabernas donde se sirve el delicioso pescado del mar Jónico. O el itacense Dimitris, capitán de la flota mercante retirado y metido a investigador de la Odisea. Como uno de los fundadores de la Sociedad de Amigos Itacenses de Homero trata con denodado esfuerzo de demostrar la existencia real de Ulises y que la Ítaca actual es la que describe Homero, y rebate con furia los intentos de islas vecinas por apropiarse de ese honor basándose en algunos versos de la Odisea que no concuerdan con la geografía de Ítaca.
Aunque diversos estudiosos dudan de que la Ítaca actual sea la misma que la descrita por Homero en la Odisea, aún podemos visitar la Fuente de Aretusa (sudeste de la isla), donde el porquero Eumeo abrevaba la piara de Ulises, o incluso recientes hallazgos arqueológicos que se creen relacionados con el héroe, como el Castillo de Odiseo (en la zona noroccidental de la isla), aunque hay que echarle imaginación para ver en ellos las ruinas del mito.
Ítaca, como dice el poema de Cavafis, «no tiene otra cosa que ofrecerte», bastante es que te ha dado el motivo para ponerte en marcha: es en el viaje -a través del mar, los libros y el conocimiento de gentes diversas- donde encontrarás la sabiduría. Ítaca es solo el anhelo, ese anhelo incorregible del ser humano por lograr lo que no posee; ese anhelo que mueve montañas y cambia la Historia.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Poesía Latina
Aunque ahora esto es lo de menos. Paseando por las calles de Burdeos, la antigua Burdigala, me he llevado conmigo los 2 volúmenes de las obras de este poeta olvidado, y cabe decir que me ha sorprendido. Aunque de su ciudad ya prácticamente no quede nada hoy día.
Me ha resultado especialmente agradable su poesía y eso que en toda ella se aprecia esa pomposidad típica de ese siglo IV que le tocó vivir, si bien es posible que sin hubiese vivido en otra época tal vez nadie le conociese hoy día. Y su obra vale la pena leerla. Pocos he visto que puedan describir de una forma sensible la propia naturaleza que le rodea. A nadie en la poesía latina he visto que describa como él lo difuso, lo transparente, las luces o las sombras. Puede a veces pintar lo imposible con palabras, como en uno de sus epigramas:
Por qué intentas, vano pintor, darme un rostro y colocar a la diosa invisible ante las miradas? Del aire y de la lengua soy hija, madre de incorpóreo aliento y, sin cabeza, emito mi vox. Haciendo volver los últimos tonos, al acabar de oírse, sigo divertida las palabras ajenas con las mías. En vuestros oídos habito yo, la escurridiza Eco; Y si deseas pintarme tal como soy, pinta el sonido.
Resulta terriblemente particular y curioso, y aunque no siempre lo logra, sus composiciones mezcla de autores clásicos pasados junto con palabras y versos de cosecha propia me resultan muy placenteros. Además, es de los pocos que es capaz de hacer descripciones de la naturaleza muy amenas., casi virgilianas. Pero a diferencia de este, es capaz de dejar traslucir sus propios sentimientos hacia el paisaje y en torno de este. POr ejemplo, en el Mosella habla de paz, de aguas transparentes, de color y luz y del perfume intenso de este río. El contraste lo estableceremos con otro de sus poemas, cuando en este mismo río ha de despedirse de su hijo siendo ya anciano:
Ya sobre las espaldas tranquilas del gélido Mosella te había llevado, hijo mío, la nave y la corriente envidiosa te había separado de los besos de tu triste padre y de sus abrazos (...) Abandonado, me atormento en esas riberas vacías y solas. Ahora rompo los incipientes brotes de los sauces, ahora deshago los asientos de ierba y entre las verdes aliabas arrastro mis pasos por encima de los guijarros.
Se e antoja extraño, al menos para mí, ver en un autor antiguo, erudito, cómo sus versos cambian para una naturaleza alegre u hostil en función de sus estados de ánimo. A veces la naturaleza a la que tanto ama y así retrata en innumerables poemas le resulta penosa, áspera, y no le consuela como en otras ocasiones, cuando la describía con la palabra amoena. Lo habitual es que hable de los encantos de la vida salvaje, de sus frutas, jabalíes, ciervos o ánades, o incluso de las joyas pasajeras de sus flores:
... cubría de blanco lo escarchados rosales una joya extraña que iba a morir con los primeros rayos del día. Es difícil decir si roba la Aurora su rubor a las rosas, o si es ella la que lo da y la salida del día tiñe las flores.
Es mi libro lo que por la mañana vas a leer, y también al atardecer. Con las alegres mezclamos cosas serias, para que cada una guste en su momento. No es uno el color de la vida, ni hay un solo lector de los poemas. Cada página tiene su hora...
Ya la mañana luminosa abre las ventanas,
ya la golondrina vigilante trisa en sus nidos:
Tú, como al principio y a medianoche,
Pármeno, duermes...
Mane iam clarum reserat fenestras,
iam strepit nidis vigilax hirundo:
tu velut primam mediamque noctem,
Parmeno, dormis.
Dormiunt glires hiemem perennem,
sed cibo parcunt: tibi causa somni,
multa quod potas nimiaque tendis
mole saginam.
Inde nec flexas sonus intrat aures
et locum mentis sopor altus urget
nec coruscantis oculos lacessunt
fulgura lucis.
Annuam quondam iuveni quietem,
noctis et lucis vicibus manentem,
fabulae fingunt, cui Luna somnos
continuarit.
Surge, nugator, lacerande virgis,
surge, ne longus tibi somnus, unde
non times, detur: rape membra molli,
Parmeno, lecto.
Fors et haec somnum tibi cantilena
Sapphico suadet modulata versu?
Lesbiae depelle modum quietis,
acer iambe.
Mane iam clarum reserat fenestras,
iam strepit nidis vigilax hirundo:
tu velut primam mediamque noctem,
Parmeno, dormis.
Dormiunt glires hiemem perennem,
sed cibo parcunt: tibi causa somni,
multa quod potas nimiaque tendis
mole saginam.
Inde nec flexas sonus intrat aures
et locum mentis sopor altus urget
nec coruscantis oculos lacessunt
fulgura lucis.
Annuam quondam iuveni quietem,
noctis et lucis vicibus manentem,
fabulae fingunt, cui Luna somnos
continuarit.
Surge, nugator, lacerande virgis,
surge, ne longus tibi somnus, unde
non times, detur: rape membra molli,
Parmeno, lecto.
Fors et haec somnum tibi cantilena
Sapphico suadet modulata versu?
Lesbiae depelle modum quietis,
acer iambe.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Ruta por Bretagne: Etapas 8 y 9
Días 30 y 31/08/2013
Por suerte bajábamos en la siguiente parada, Plouaret, y eran escasos 5 minutos. Para bajar tuvimos problemas porque una mema totalmente absorta estaba coqueteando con un mentecato en la puerta del vagón y no se apartaba ni a la de 3, hasta que Eli le gritó en un excelente francés hecho a base de exabruptos que se quitase de en medio. Lo curioso es que una vez se apartó, se dio cuenta de que también bajaba ahí... La curiosidad nos hizo preguntarnos si estaba con las hormonas tan disparadas como para haberse saltado la parada, pero en general no nos habría importado demasiado si no hubiésemos tenido que esperar casi una hora hasta nuestro tren a Rennes. En este espacio de tiempo vimos como se dedicaba a coquetear con otro tipo, babeante este, miestras enseñaba la ropa interior de forma descuidada a cualquiera que por ahí pasase. Entendámonos, no sabemos si la señorita era algo, digamos, laxa de moral sexual o no, pero desde luego no sabía como llevar una falda. La bautizamos como la tipa de las bragas rosas con puntitos, hbida cuenta la facilidad para su contemplación que nos dio, y vimos cómo además perdió su tren por estar coqueteando con el baboso, que también lo perdió, y de la forma más tonta además. Tuvieron que cambiar sus billetes.
Dejando de banda al par de futuros retozantes esos, la espera no se amenizó con nada más y encima nos tocó tren borreguero a Rennes. El día no aportó nada más aparte de que convencimos a Barnabas de tomarse unos mejillones a la crema que le encantaron, pese a que no se los comió bien.
El día siguiente consistió en un madrugón tan innecesario como peculiar. Eli se empeñó en que para cruzar la calle, que era la distancia entre nuestro hotel y la estación de Rennes, era imprescindible levantarnos UNA HORA antes. Perjurando en arameo le hicimos caso, pero aún no sé porqué. Y de ahí un maravilloso recorrido Rennes-Laval-Le Mans-Paris en trenes de media distancia o cercanías. Una soberana paliza, compensada en parte porque pudimos visitar Laval, un pueblecito de la región de Loira, y un poco de París, aunque este a rebosar de gente e insoportable solo por esto mismo. Una foto, de rigor, en el Jardin des Plantes, y tren a Cerbere. Poco más a decir.
Ruta por Bretagne: Etapa 7
29/08/2013
Hoy iba a ser el último día de ruta. Cortesía de los trenes de la SNCF no podíamos apurar y tocaba hacer una maratón de trenes para poder llegar a París a tiempo de pillar el tren a Cerbere, así que iba a ser la última ocasión de pedalear por estos paisajes de salvaje y domada belleza. Lo primero fue desayunar, y nuestro anfitrión nos dio conversació y un opíparo desayuno con pastelería bretona y mucha mantequilla y mermelada. Excelente todo y encima casero. Particularmente la mermelada de ruibarbo, hecha por su mujer, estaba excelente y me serví varias raciones acompañadas de la mantequilla salada bretona tradicional. Como le explicamos en ese rato la ruta que íbamos a hacer y resultó un enamorado de su tierra, nos explicó cómo llegar a Perros-Guirec por una vía verde, el GR-34, que además ES PLANO. Sin cuestas. No hubo más discusión y encima cogió su propia bicicleta y nos guió hasta la entrada del GR, pues sin él hubiera sido algo complicado encontrarla.
Fuimos entonces por ese camino pero al carecer de mapa de la zona teníamos que fiarnos de la memoria de Eli para las explicaciones que le había dado el señor, pero no nos engañemos, esto no e algo muy fiable. Su memoria no, que es bastante segura, pero su capacidad de entender sobre el terreno lo visto en un mapa y sin poderlo consultar unos cientos de veces a cada curva... pues que no. Barnabas además nos sorprendió con una desconocida incapacidad de introspección, pues tras casi 10 km de ir siguiendo el GR con sus señales y todo, en una encrucijada dudosa va diciendo todos los caminos que salen en su GPS hasta que Eli, con poca paciencia como en ella es habitual, le espeta que busque el GR y se deje de otras memeces. La respuesta de Barnabas fue altamente inesperada: El GR-34? Ah! Haberlo dicho!!
Pero será... Pues que carajo habíamos ido siguiendo los últimos 10 Km? Tendrá jeta... su versión de esta anécdota dista "un poco" de lo que he contado, pero dejaré que él mismo ponga en los comentarios cómo le parece que esto aconteció. Que no olvide mencionar que nadie le dió su merecida colleja.
Luego seguimos camino. COmo habíamos acortado mucho y encima por terreno casi plano, con poca fatiga acumulada, nos permitimos un almuerzo con pastel de ciruelas en Perros-Guirec y luego continuamos ruta hacia la izquierda en la costa Rosada. Esta se llama así por el granito de color rosáceo que está por toda la zona, siendo esto a tal nivel que casi cualquier construcción está hecha con esta piedra y tiene este curioso color rosa. Muchas casas y hasta un molino de la zona son así y resultan muy curiosas de ver.
Para comer paramos en la playa de Saint Guirec, preciosa, medio escondida entre arrecifes, acantilados y hasta con una mansión almenada al fondo de la cala. Además con poca gente, lo cual siempre es de agradecer.
Lamentablemente a partir de aquí retomamos el rompepiernas habitual de cuestas por todas partes, y eso que abandonamos la costa para ir hacia el interior a visitar un molino antiguo, un dolmen muy bien conservado y, para alegría de Barnabas, un centro de investigación espacial y telecomunicaciones que tenía unas antenas enormes, de las que le gustan especialmente. Cada uno tiene sus manías, y la suya es la astronomía.
Pronto acabamos reventados y tras la última visita, a un menhir prehistórico al que un sacerdote católico medio lerdo, si le quitamos "medio" de la aseveración, decidió corregir mediante la adición de imágenes sacras cristianas y que no logró más que estropear, decidimos poner fin a la excursión.
El Bodrio en cuestión.
Nos quedaban un buen montón de km hasta Lannion, y para acortar decidimos salirnos de la ruta y fiarnos del GPS de Barnabas. Esto resultó una curiosa fuente de conflicto, ya que Eli ponía una serie de condiciones difíciles de cumplir, tales como evitar cuestas (complicado en esa región) y carreteras. Algo quizá más complicado. Barnabas fue calentándose los cascos con cierta inhabilidad en la ruta, que Eli se dedicó a cambiar cuando veía la ocasión, al punto que nos metió por un GR lleno de barro que para hinchar bien las narices encima al cabo de 500 m estaba cortado para bicicletas. Barnabas puso cara de asesinar a alguien pero se reprimió, aún desconocemos por qué, y tras meternos por la carretera más grande que encontró llegamos por fin a Lannion y a casa.
Un estudio a doble ciego...
Nuestro anfitrión nos vino a buscar casi en el acto para darnos el paseo prometido en su simulador de vuelo. Eli se lo pasó pipa, pero los no franco parlantes del grupo nos quedamos algo menos entusiasmados. En fin, de todas formas resultó divertido y nos obsequió como un extra un viaje desde Perpignan a Barcelona que fue bien curioso, pues esa perspectiva de la ciudad desde un avión no nos era nueva pero sí interesante.
Ruta por Bretagne: Etapa 6
28/08/2013
La noche por fortuna solventa algunos de los problemas digestivos de Eli y solo le queda el cansancio tras levantarse a las 04:00 horas para comprobar que las bicis estaban bien. Pese a todo andamos bastante cansados y parece poco probable que si el paisaje sigue en la misma guisa podamos completar la ruta planeada, incluso pese al trozo, ingente, de terreno que nos comimos con el tren a Saint Brieuc. Barnabas se muestra reticente, y lento, pero esto no es novedad, pero conviene con nosotros que forzar mucho a Eli acabaría por salirnos probablemente mal y las comunicaciones en esta tierra no dan para muchos inventos con el tren de vuelta. Así que vamos a la estación y comprobamos que podemos ir a Lannion, un buen trozo más adelante, sin necesidad de hacer tonterías como volver a Rennes y tomar otro tren allí de vuelta, con km a mogollón para nada. Y sacamos los billetes, claro.
Nuestra sorpresa en a estación es doble: In primis porque vemos que en este pueblo enfocado al turismo tienen un tren de vapor para disfrute de guiris en general. Es bonito y parece bien cuidado, pero no estamos para turistas y esperamos pacientemente nuestra segunda sorpresa, que es nuestro tren. Consiste básicamente en una locomotora-vagón, con capacidad para unas 50 personas siempre y cuando vayan todas de pie. Menudo marrón. Meter ahí con toda la plebe que estaba en la estación esperando e tren nuestras bicis. Especialmente porque el espacio pensado, o más bien poco pensado, para ellas era exiguo y las 3 no cabían ni de broma. Lo logramos a medias entre la buena voluntad nuestra y el espíritu hispano de "por mis cojones que esto entra". Podemos afirmar con propiedad que el tren era una mierda, y que el revisor además se puso al mismo nivel, no queriendo indicarnos cómo hacer el transbordo con antelación alegando que no sabía cómo era la estación a la que íbamos. Las narices no lo sabía, pero tememos que tuviera una cierta digamos animadversión hacia los ciclistas y sobretodo hacia las bicis que tanto le incomodaban a la hora de pasar a hacer su trabajo de controlar quien tiene billete y quien no. Pese a tan maravillosa ayuda pudimos ahcer el transbordo bien. Solo teníamos 5 inutos entre la llegada de nuestro birria-tren y el siguiente, pero como la fortuna hizo que ambas vías fueran próximas no hubo ningún problema. Y pronto llegamos a Lannion.
Como resulta que era casi mediodía y en este pueblo tienen una oficina de atención al turista, preguntamos allí por un sitio para dormir baratito. Nos atendieron muy amablemente, incluso ofreciendo unas galletas bretonas de mantequilla de esas tan buenas de la zona, y nos reservan por teléfono un bed&breakfast que resultó cojonudo, y por esto lo menciono aquí con detalle: Le grand Chene, de Monsieur Stervinon. Este es un profesor jubilado que ofrece su casa, una auténtica mansión, por precio muy asequible y que resultó además un fantástico guía y anfitrión. No nos costó mucho encontrar su casa y una vez acomodados, tomamos las bicis, ya sin peso, para dar una vuelta por la zona.
No pretendíamos ir muy lejos, y omenzamos a bajar por el río en dirección a la playa de Yaudet, que nos habían prometido ser excelsa. POr el camino fuimos parando en algunas capillas, más casi para descansar de las terribles cuestas de la zona y haciendo algunas visitas aquí y allá.
Cuando por fin llegamos, resulta que es una zona natural y está prohibido descender a la playa con las bicis. Hay unas escaleras para ir a la playa, pero evidentemente impracticables con 2 ruedas, y una bajadita precioooosa del 15% por si alguien se anima a ir, pero claro, bajar muy bien, pero subirla luego comoq ue no, que era cosa de 1 km de larga. O así. Solo basta con mencionar que ni siquiera Barnabas quiso hacer la heroicidad de bajarla habida cuenta de que luego le tocaba subir, y él sí está en forma como para poder hacerlo... Da una idea de lo bestia que se veía.
Decidimos entonces comer a la sombra de la iglesia y visitarla luego. Tienen una curiosa talla antigua, curiosa por representar a la Virgen acostada por recién parida (haber dado a luz, para los amantes de los eufemismos y de las babas), pero luego nos picó la curiosidad y bajamos a la playa, dejando la bicis al cuidado de Barnabas (que luego no quiso bajar). Los escalones eran pronunciados pero la visita valía la pena, por ver otro tipo de playa llena de mejillones. No eran comestibles, que si no me pego un atracón, pero era espectacular de ver. Allí en Bretaña cada playa es diferente a la anterior.
Para acabar el día dimos unas vueltecitas por Lannion, para verla un poco antes de cenar. Al llegar a casa el dueño nos estaba esperando para ofrecernos, cuando nos apeteciera, una visita virtual con una simulación de vuelo, por la costa Rosa (la costa donde estábamos). A menudos les fue a ofrecer: Eli tiene cierta reticencia a volar, y Barnabas algo ya rayano en la fobia a lo mismo, pero no le quisimos contrariar y aplazamos el posible vuelo a otro momento.
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