25/08/2012
Tras el día tan ajetreado que tuvimos, caímos redondos en
la litera. Y no despertamos del tan merecido reposo hasta 9 horas después,
relajados y descansados. Pero las desgracias del viaje parecían perseguirnos
aún, ya que pronto nos damos cuenta de que el tren está parado en medio de la
nada. El paisaje que se vislumbraba era realmente bonito, con un pueblo chiquitín
en lontananza y unos campos sembrados de flores muy agradables a la vista. Pero
dejando de banda esta idilidad, pensamos que algo iba mal, pues no es normal
estar más de media hora en medio de nada sin movernos. Eli, que en eso de los
idiomas es un hacha, se entera que el tren no puede seguir porque hay una
puerta que se ha estropeado y no cierra bién, y las normas de seguridad impiden
que el tren se ponga en marcha (dando por bién sabido que si se continua el
viaje es seguro que algún idiota abrirá la puerta y se caerá y claro, los
ferroviarios no quieren asumir ese cargo en sus conciencias…). Esperamos, pues.
Qué le vamos a hacer. Al final, tras muchas discusiones entre los revisores y
la central, que casi podíamos escuchar por las voces que daban, optan por una solución
muy hispánica: Tren hasta la estación precedente, por suerte no muy lejos, y allí
cambiamos de tren a otro que están montando ya de forma apresurada.
En fin, como en esto de retroceder y cambiar de tren ya comenzábamos
a tener algo de experiencia, y por suerte en esta ocasión sin ninguna prisa,
pues nos lo tomamos a guasa. Algo con los chacras, el karma, haber pisado algún
excremento animal sin darnos cuenta (algo en lo que Eli es experta, literalmente)… ese tipo de cosas absurdo y de creencia
tan extendida. Nos dimos cuenta que la solución era tan hispánica como los
modales exhibidos por la plebe, pues al tener que bajar bicis y mochilas del
tren (algo estrecho) hace que tooooodo el mundo pueda llegar al nuevo tren
mucho antes de que nosotros consigamos estar a punto. Tal vez con menos
empujones, pero con el idéntico resultado que en Figueras: Cuando llegamos al
nuevo tren, podemos poner las bicis sin demasiados problemas pero ya no hay asientos para
nosotros. Bueno, seamos honestos, había 1 asiento. Que cedimos gentilmente a
una chica que también viajaba en bicicleta y con su hijo pequeño. Su marido además
nos había ayudado a bajar las bicis. Pues nada, a echarle huevos y nos quedamos
de pie. Total, en un tren parece que está permitido. La parte buena es que SNCF
en estas ocasiones te invita a un desayuno, escueto pero útil.
Tras el nuevo desastre ferroviario logramos por fin
llegar a Mulhouse. Con 3 horas y media de retraso, pero poco nos importaría de no ser
porque claro, llegar a mediodía implica unas temperaturas para empezar a
pedalear nada recomendables. Los días anteriores había llovido de lo lindo en
la zona y quizá aún era soportable, pero vaya, ampliamente mejorable. Por fortuna,
ni Eli ni yo somos de planes preconcebidos inmodificables, por lo que hacemos
de la necesidad virtud y buscamos orientarnos. Para llegar desde el centro de
Mulhouse hasta el recorrido previsto debemos dejarnos guiar por Google, que ya
el día anterior habíamos imprimido en unos folios muy cutres pero muy útiles a
la hora de aclararnos, y sin demasiados problemas alcanzamos el punto en el que
nuestro mapa nos permite continuar viaje. Por fin!! Muchos problemas y
retrasos, pero al fin lo logramos. Estos primeros km de ruta son prácticamente ideales,
con caminos semiasfaltados que transcurren entre bosques casi vírgenes. Se
pedalea a la sombra de altos árboles de muchas variedades y fauna que se cruza
de cuando en cuando por el camino. Hay que estar atento de todas formas, pues
en estos caminos tan ideales para ir en bici hay muchas rutas indicadas y es fácil
seguir las señales de una ruta diferente para darte cuenta, 10 km después, que
te has perdido. Y eso porque llegas de golpe a un pueblo que no está en tu mapa
y te vuelves majareta. La “gran” capacidad de Eli para interpretar mapas
correctamente hace esto también complicado, pero al hablar la variante local
del latín en esa zona nos permite interrogar a los viandantes (hay muchos) y
volvernos a orientar. Al final del día, 5 km de aquí, 10 de allá, resulta algo pesado
en las piernas, pero es lo que hay. Las veces que pensamos en la utilidad del GPS de Barnabás.
Visitamos todo ampliamente y tras cenar un kebab
(alternativa barata siempre útil) nos fuimos a dormir. Tuvimos suerte. El Hotel
Aux Deux Roses tenía habitaciones libres y baratas. El primer dia no fue malo del todo. Fuimos siempre por el lado francés, y aunque no vimos el Rhin en todo el dia, el paisaje era de gran belleza.
1 comentario:
Neuf-Brisach es impresionante a vista de pájaro (desde el GoogleEarth) pero desde abajo mucho no se podrá divisar...
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