sábado, 25 de mayo de 2013

Eco en Burgos


La Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos (Burgos) vivió hoy una jornada histórica al recibir al escritor y filósofo Umberto Eco quien, por primera vez en su vida, pisó el suelo del monasterio que inspiró a su famosa novela ‘El nombre de la rosa’ y en cuyo interior se conservan desde hace siglos documentos únicos en el mundo y el códice más antiguo de occidente.


El silencio del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) se rompió a las diez de la mañana, momento en el que el escritor, acompañado por su esposa Renata, y el rector de la Universidad de Burgos, Alfonso Murillo, fue recibido por el dom Lorenzo Maté, padre abad de Silos. Un encuentro histórico con el que el italiano afirma cerrar una etapa de su vida al pisar el suelo de uno de los monasterios que marcaron la historia de Europa.

Conocedor de la importancia que la abadía benedictina burgalesa tuvo durante todo el Medievo, Eco sentía una especial ilusión de poder ver y palpar algunos de los códices más antiguos del mundo escritos desde el interior del monasterio once siglos atrás. “Estoy emocionado de tocar estos libros. Son bellísimos”, explicó un Eco emocionado mientras pasaba las hojas del ‘Libro de Vida de Santo Domingo de Silos’ escrito por Gonzalo de Berceo. Se trata de uno de los textos más antiguos del castellano.

Sin embargo, la cara del profesor se iluminó cuando el padre abad le acercó el códice en papel y pergamino más antiguo de Occidente, y del que Eco habla en la novela que le llevó a ser mundialmente conocido en los años 80. Se trata de un misal del siglo XI que se caracteriza por tener los 39 primeros folios en papel y el resto pergamino, algo que Eco afirmó no haber visto “nunca”. Se trata de un papel árabe que probablemente importaron los musulmanes residentes en los reinos cristianos lo que lo convierte en un tesoro.

Este es el códice que inspiró, presuntamente, a Eco cuando escribió ‘El nombre de la rosa’ y el desde el que forjó una ficción marcada por un texto que cambia la vida del bibliotecario Jorge de Burgos y los demás protagonistas de la exitosa novela. De ahí que, minutos después de haberlo tenido en sus manos, Eco declarase haber vivido un momento muy especial.

La visita de Eco no pilló por sorpresa a nadie y fueron muchas las personas que se acercaron a la biblioteca del monasterio para saludarle o captar el momento en sus móviles o cámaras. Los más interesados, los propios monjes benedictinos que no dudaron en tender la mano al profesor y hacerle llegar sus más sinceras felicitaciones. Todos se mostraron encantados de tener entre su comunidad, por unas horas, a un hombre “tan importante”.

Visita histórica

Acompañado de su esposa Renata, con la que lleva casado desde hace algo más de 50 años, y su inseparable bastón, Eco paseó por el claustro en el que se encuentra el centenario ciprés y otras estancias como la iglesia, donde el padre abad le explicó qué partes son las que se conservan de la primigenia iglesia románica, como una de las ventanas que dan a una de las salas anexas. “Nunca vi nada tan bello”, repitió el milanés en varias ocasiones.

Eco departió con la comunidad durante los últimos minutos de la visita, y tuvo tiempo de recibir algunos regalos y obsequios. Uno de los que más le sorprendieron, el que le hizo Juan José Siloé, promotor del Museo del Libro Fadrique de Basilea, quien hizo entrega a Eco de un fascímil del Beato de Ginebra que satisfizo al autor. Asimismo, el alcalde de Silos le regaló un libro sobre la abadía y un queso de la tierra. También los monjes tuvieron un gesto, al no dejar pagar a su esposa las postales que ésta había escogido en la tienda del monasterio para llevárselas de vuelta a Italia.

La visita de Eco a la abadía benedictina es una de esas que pasan para la historia. Así lo entendió también Lorenzo Maté quien explicó a los medios que no dudaron en recibir al escritor ni en mostrarle libros tan importantes como el de Gonzalo de Berceo y las salas más destacadas. “Ha mostrado mucho interés por el claustro porque es el único con dos pisos de época románica”, destacó el padre abad.

Conocedor de la ficción de Eco, Maté consideró que la novela del italiano “ha dado mucho nombre a Burgos” y reconoció que en los años 90 sí que eran muchos los que llegaban a Silos buscando los orígenes de lo que en el libro de contaba o en lo que después pudieron ver en la película.

Dos horas después de haber llegado a la abadía, Eco y Maté se fundieron en un abrazo de despedida. Las puertas del monasterio cerraron sus puertas para alejar a la comunidad de los focos y las cámaras a las que bien acostumbrados están. La visita de Eco cierra un ciclo en la vida del escritor y suma una firma célebre a las que ya se encuentran en el libro de visitas del monasterio.


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