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jueves, 17 de diciembre de 2009

Deducción e inducción


Partiendo desde el método ciantífico de Galileo llegamos a 2 nuevos filósofos: Francis Bacon y René Descartes. En ciencia primero realizamos experimentos, y luego generalizamos a partir de los resultados experimentales para llegar a las leyes naturales. Una vez que tenemos estas leyes, podemos deducir a partir de ellas para ver qué debería suceder. Podemos entonces realizar experimentos para ver si la predicción es correcta.

Son 2 formas de razonamiento: Deducción e inducción. La deducción se emplea para mostr
ar que una teoría se sigue de otra. La inducción consiste en inferir una regla general a partir de algunos casos:
  • Razón inductiva: Veo un cuervo, y es negro. Otro cuervo es también negro, y otro... Concluyo que todos los cuervos son negros.
  • Razón deductiva: Todos los cuervos son negros. Ése es un cuervo, por consiguiente, es negro.
Problemas con la inducción: En la deducción, la verdad de la conclusión se sigue de la verdad de las premisas, pero en la inducción no pasa lo mismo. El hecho de que 2 cuervos sean negros no contradice que haya un cuervo blanco en Japón, pero la regla general de que todos los cuervos son negros es inconsistente con la existencia de un cuervo blanco. POr consiguiente, la verdad de las aserciones en que se apoya no garantiza lógicamente la verdad de la conclusión, y en ciencia es un problema a la hora de obtener resultados garantizados mediante la inducción.

La horquilla de Hume: Aunque usamos la inducción con bastante éxito, su aplicación resulta cuestionable. El filósofo escocés David Hume (1711-1776) se le atribuye la idea de que emplear la inducción no está justificado. Para justificar la inducción hemos de elegir entre 2 opciones:
  1. Usar la deducción, pero la verdad de la inducción no puede deducirse de los axiomas de la lógica.
  2. Usar la inducción, pero ello significa nuestra propia justificación con un argumento circular y no quedaría justificado.
Hume pensaba que la inferencia inductiva es un hecho psicológico relativo a los seres humanos: Una vez nos hemos quemado, evitamos en lo sucesivo poner la mano en el fuego. Inferimos por medio de la experiencia y este es el problema, pues usar la inducción es tremendamente sensato. Pero NO podemos justificar nuestro uso de ella.

Más delante, en el círculo de Viena, se dudó seriamente de que la ciencia fuese inductiva, y en su lugar cobró prominencia la idea de la deducción nomológica. La idea es que la ciencia propone leyes generales a partir de las cuales cabe deducir resultados particulares. Más que creer que la predicción y la explicación requieren metodologías diferentes (inductiva y deductiva), lo dejamos todo a la deducción: Observamos un fenómeno y luego proponemos una ley que lo explique causalmente, deducimos qué más se sigue de esta y buscamos confirmación o falsación empírica.

El modelo nomológico comenzó con John Stuart Mill (1806-1873), para quien la ciencia era una sección de la lógica y las inferencias inductivas no eran sino generalizaciones empíricas. La confianza en estas últimas crece segúin su grado de confirmación empírica con respecto a las alternativas, pero nunca estaremos completamenet seguros de sus conclusiones. Común a todas las inferencias inductivas es la creencia de que en la naturaleza todo debe tener una causa o una condición tanto necesaria como suficiente para producir su existencia. Podemos descubrir ambos tipos de condiciones generalizando a partir de la observación. POr ejemplo: Las nubes son necesarias para la lluvia. Esto podemos descubrirlo intentando encontrar casos de lluvia sin nubes. Si no somos capaces, esto apoya la afirmación. Una condición suficiente es aquella que no puede existir sin su efecto, como el fuego con el calor: ¿Podemos tener algún caso de fuego sin calor?

El trabajo del científico es similar al del químico que destila una sustancia. Mediante el recurso cuidadoso a la inducción, la deducción y la eliminación de candidatos, el científico acaba por quedarse con unas pocas condiciones necesarias y suficientes para cualquier fenómeno. Cuantos más experimentos se hagan, más seguro podrá estar el científico de hallar las causas correctas de un determinado efecto.

Mill piensa que la deducción sólo funciona en virtud de generalizaciojnes inductivas a partir de nuestra experiencia. Mill concibe también las matemáticas como otra forma de generalización. Su idea es que la ciencia avanza hacia reglas cada vez más generales que predicen con creciente precisión. Su concepción es bastante singular y original, pues según esto la certeza que atribuimos a enunciados matemáticos como 1+1=2 se debe al enorme número de confirmaciones empíricas que tenemos de ellos. Los filósofos habían intentado explicar durante mucho tiempo la verdad supuestamente necesaria de las matemáticas y la lógica, pero Mill sostenía que no hay nada que explicar: No se trata de enunciados especiales sino de enunciados más ampliamente confirmados. Hay que decir que a lso filósofos nunca les acabó de agradar la idea, pues enunciados como 2+2=4 parecen comportarse como LEYES y no como simples predicciones. Las reglas de las matemáticas no predicen sucesos futuros sinoque regulan aquello que consideramos racional. Si nos topamos con un caso que parece refutar las reglas de las matemáticas, buscamos siempre otra explicación racional. No nos rendimos ni aceptamos que las reglas matemáticas sean falsas en determinadas ocasiones.

Del mismo modo, cuesta concebir en qué sentido ideas modernas como los números imaginarios y la geometría de más de 3 dimensiones pueden ser generalizaciones a partir de la experiencia, puesto que esas cosas nunca están en el mundo real.

Karl Hempel (1902-1997) del Círculo de Viena modernizó el método nomológico deductivo. Describía la ciencia como la búsqueda de leyes generales basadas en la causalidad, que explicarían todos los fenómenos observados en la experiancia y sólo ellos. Pero no tardó en descubrir problemas: Si tenemos uan regla general de la forma "todos los F son G" (todos los hombres son mortales) y un enunciado de la forma Fa (sócrates es un hombre), entonces podemos concluir Ga (Sócrates es mortal). Una ley de esta forma es lógicamente equivalente a la ley de que ningún no-G es F (ningún inmortal es un hombre). Si encontrar un hombre que es mortal confirma la ley, encontrar algo que no es un hombre y es inmortal también la confirmará. Pero entonces Hempel plantea la paradoja del cuervo:

Les aseguro que todos los cuervos son negros. Esta es la demostración:

  1. Todos los cuervos son negros significa que todo aquello que no es negro no es un cuervo.
  2. Mis zapatillas no son negras ni son cuervos.
  3. Por consiguiente mis zapatillas confirman la regla de que todos los cuervos son negros.
Este no es un problema de lógica, sino planteado por la lógica. Este tipo de razonamiento no sirve como metodología de la ciencia, pues comprobar de forma exhaustiva que todas las zapatillas del universo son blancas no podríamos ver cómo influye esto en que los cuervos sean negros.

Otro problema de la interpretación nomológica es que no distingue entre causa y efecto. Un buen método científico debe tener en cuenta la dirección de la causa y el efecto para no hallar conclusiones absurdas: Si vemos que llueve y hay una determinada lectura en un barómetro, podemos concluir que la presencia de la lluvia causa la lectura de este, como que la lectura del barómetro causa la lluvia.

Una alternativa la sugirió Karl Popper: en términos lógicos decir que si F es una ley natural, entonces sucederá G equivale a decir que si no sucediera G entonces F no sería una ley natural. Pero en nuestra capacidad de confirmar ambas cosas, media una importante diferencia. La primera formulación nos exige comprobar todos los G. Esto es imposible, pues nos exige comprobar todo lo que ha ocurrido y lo que ocurrirá alguna vez. Pero basta un solo caso en que no haya ocurrido G en condiciones relevantes para copnvencernos de que F no es una ley. La base de la metodología científica de popper se basa en esto. El método apropiado de hacer ciencia no consiste en buscar confirmación de nuestras teorías, sino en intentar refutarlas. Así también resuelve el tema de la inducción. Si se desconfirma una teoría en un caso particular, entonces la rechazamos mediante una deducción muy similar al método de la reductio. POr ejemplo:
  • Si suponemos que la física de Newton es verdadera, entonces deberíamos ser capaces de detectar el movimiento de la luz a diferentes velocidades.
  • No hemos encontrado evidencias de que la luz se mueva a diferentes velocidades. Por tanto la física newtoniana no es verdadera.
Rechazar una teoría implica una carrera para dar una nueva teoría capaz de dar cuenta de todos los resultados de la antigua y de los nuevos datos, y si obtenemos 2 teorías que expliquen todo, entonces nos quedaremos siempre con la más simple. Es la falsabilidad en la ciencia.

El problema es que a medida que se desarrolla la ciencia, las teorías se alejan cada vez más del sentido común y devienen cada vez en más improbables. Una teoría qeu explica 5 hechos tiene una probabilidad mayor de ser correcta que una teoría que explica 10 hechos, sencillamente porque son menos los casos susceptibles de falsación. Conforme avanza la ciencia, disminuye la probabilidad de que las teorías sean correctas.


martes, 7 de abril de 2009

Dos personajes interesantes: Roger Bacon


Roger Bacon (1219-1294)

El Doctor Mirabilis es una de las figuras más originales de toda la historia de la filosofía.. Natural de Ilchester, en Dorsetshire, estudió en Oxford con el maestro Grosseteste, a quien profesaba profunda veneración. En 1240 viajó a París donde conoció a Alejandro de Hales y a Alberto Magno, a quienes consideraba ignorantes por no conocer una palabra de matemáticas ni de óptica. A Alberto Magno y Tomás de Aquino los llama “chiquillos” que enseñan antes de haber aprendido. Tomás escribe gruesos libros sobre Aristóteles sin conocer el griego. Bacon no puede apreciar a estos escritores de “Summas” parisinos que componen mamotretos “más pesados que un caballo”, se pierden en vanas especulaciones y disputas y pasan de largo por las ciencias profanas. Regresó a Oxford en 1250 y entró en la orden franciscana, aunque sin ordenarse sacerdote. En París había conocido al alquimista Pedro de Maricourt, y desde entonces sentía debilidad por la alquimia, la astrología y la magia. Quería producir oro y hallar un medio que prolongase la vida, pero en esa época este era el mejor camino para hacerse sospechoso de hechicería y herejía, así que Buenaventura, general de la orden, le prohibió escribir. Por fortuna, el legado pontificio Guy de Foulques le invitó por mandato de Clemente IV, un Papa más bien benévolo, a que escribiera su filosofía, y compuso el Opus Maius, el Opus Minus y el Opus Tertium. En 1271 atacó en el Compendium studii philosophiae a toda la Iglesia cristiana hasta sus más altos grados de jerarquía: “La Santa Sede es víctima de los engaños y embustes de hombres inicuos. La soberbia impera, la concupiscencia se sienta en el trono, la envidia lo roe todo. Toda la curia está deshonrada por la disolución y la glotonería domina por doquier. La clerecía toda mira sólo al placer, a la soberbia y a la avaricia. Nuestra ignorancia tiene su raíz en que nuestra moral es peor que la de los gentiles”. El libro, obviamente, fue condenado en 1278 por el general de la orden (le iba la supervivencia de la orden en esto…) y Bacon fue condenado a la cárcel, de la que no salió hasta 1292, poco antes de morir.

Estaca de él la ciencia de la naturaleza. Para esta, Bacon depende de Aristóteles, pero mucho más de Avicena, Alfarabi y Albumazar. Como Grosseteste ve en las matemáticas la ciencia fundamental: el que no la entiende, no entiende filosofía ni se percata siquiera de su propia ignorancia. Sólo por la matemática entendemos la óptica (perspectiva), y la recta explicación de la naturaleza sólo puede ser matemática. Sólo hay una prueba que convence: La experiencia, y la ciencia de la naturaleza es en su totalidad ciencia de la experiencia. Así, se entiende que Bacon no muestre respeto alguno por la ciencia de los parisinos: “Los universales no son más que la igualdad específica de distintos individuos. Por eso un solo individuo tiene más realidad que todos los universales juntos”. La experiencia pide el experimento, y así inventa el cristal de aumento, la teoría del arco iris y el recto cálculo de la magnitud del sol y la luna. Barrunta inventos como la pólvora, naves sin remos, coches sin caballos, aviones, grúas, aparatos de inmersión, etc., aunque muchos de sus inventos son irrealizables. Impulsa lo práctico y sólo aprecia el saber en cuanto a fundamento para hechos útiles. Por eso, la ética, que guía inmediatamente la acción, es para él la “señora sobre todas las ramas de la filosofía”.

Biblioteca de Umberto Eco

Se podrá disfrutar en Bolonia. Al parecer estimó que podía ser difrutada así durante los próximos 90 años. Es su biblioteca personal, que te...