miércoles, 26 de mayo de 2010

París bien vale una... Euroliga



Un breve viaje por París en primavera debía ser una travesía inolvidable.

Y reconozco que lo fue.

Ciudad de las Luces. Ciudad del amor. Y tantas y tantas líneas dedicadas a su belleza y a la emoción que se supone la rodean: "Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena/ y en nuestros amores/ es preciso recordarlo/ el gozo sucedía a la pena".

Pero aún reconociendo la belleza indiscutible de la ciudad, la historia que rezuma de cada calle, la cocina deliciosa y la cualidad de sus cielos, debo indicar que también vi la ciudad de los turistas. La marabunta de guiris entre los cuales circulé, paseé, compartí espacios y vistas y disfruté de espacios únicos para la fotografía dan lugar a un bello recuerdo mezclado con momentos de terrible agobio dentro de una ingente multitud.

Las fotos dejan ver lo excelso de su estética. Pero mi mejor recuerdo es, como tantas otras veces, cuando huyo de la muchedumbre y dejo atrás aquellos manidos lugares para la foto que todo el mundo conoce y nos adentramos en el París de verdad, el que no está abarrotado de gente y se deja deslizar suavemente por entre calles de colores.

De todas formas, nos comportamos como turistas. Hicimos el trayecto obligado de peregrinación por la ciudad y los monumentos que todo el mundo sabe, y hasta tratamos de encontrar la mejor manera de que la preceptiva foto quedase lo mejor posible. Aunque eso fuera antes de salir de allí lo más rápido que pudimos. Dejaré que Barnabas ponga sus propias fotos, y sólo pondré una muestra en la que quedamos "interesantes":



Pero el viaje pretendía ser un recorrido subjetivo por los lugares rescatados de mis libros, con el melancólico Proust, las tribulaciones de Valjean, recuerdos de Verne, y mil más sacados incluso del recuerdo de las tragedias de 2 guerras narradas en millones de páginas de pura emoción y melancolía. Incluso los colores se apagan buscando a Rick de Casablanca en los aledaños de un café. Eso sí, hubo un sitio que muy pocos creo que visiten y sólo es para fanáticos freaks de eso que la gente llama baloncesto. Dos semanas atrás Basile ganó aquí su Euroleague. Y Eli, Barnabas y yo peregrinamos al Palais Omnisports de Paris Bercy, a hacernos una foto como está mandado. El recuerdo más alegre de mil vericuetos extraídos de las vidas, reales o inventadas, de otra gente en esta ciudad. Aquí el recuerdo era prácticamente mío. ¿Que os parezco un freak? Pues sí, ¿y qué?. Esa foto sí que vale bien una misa.



Yo no digo mi canción
Sino a quien conmigo va.

viernes, 21 de mayo de 2010

Otra de Magris


El final y el principio del milenio necesitan utopía unido al desencanto. El destino de cada hombre se parece al de Moisés, que no alcanzó la tierra prometida pero no dejó de caminar en dirección a ella. Utopía significa no rendirse a las cosas tal como son y luchar por las cosas tal como deberían ser; Saber que al mundo, como dice un verso de Brecht, le hace buena falta que lo cambien y rediman. [...]

Utopía significa no olvidar a esas víctimas anónimas, a los millones de personas que perecieron a lo largo de los siglos a causa de violencias indecibles y que han sido sepultadas en el olvido, sin registro alguno en los Anales de la Historia Universal. El río de la Historia arrastra y sumerge a las pequeñas historias individuales, la ola del olvido las borra de la memoria del mundo; Escribir significa también caminar a lo largo del río, remontar la corriente, repescar existencias naufragadas, encontrar pecios enredados en las orillas y embarcarlos en una precaria arca de Noé de papel.

Este intento de salvación es utópico y el arca a o mejor se hunde. Pero la utopía da sentido a la vida, porque exige, contra toda verosimilitud, que la vida tenga un sentido; Don Quijote es grande porque se empeña en creer, negando la evidencia, que la bacía del barbero es el yelmo de Mambrino y que la zafia Aldonza es la encantadora Dulcinea. Pero Don Quijote, por sí solo, sería penoso y peligroso, como lo es la utopía cuando violenta a la realidad, creyendo que la meta lejana ha sido ya alcanzada, confundiendo el sueño con la realidad e imponiéndolo con brutalidad a los otros, como las utopías políticas totalitarias.

Don Quijote necesita a Sancho Panza, que se da cuenta de que el yelmo de Mambrino es una bacinilla y percibe el olor a establo de Aldonza, pero que entiende que el mundo no está completo ni es verdadero si no se va en busca de ese yelmo hechizado y esa beldad luminosa. Sancho sigue al enloquecido caballero -es más, cuando este recobra la cordura, se siente perdido y reclama nuevas aventuras encantaas. Pero Don Quijote, por sí solo, sería tal vez más pobre que él, porque a sus gestas caballerescas les faltaríanlso colores, los sabores, los alimentos, la sangre, el sudor y el placer sensual de la existencia, sin los cuales la idea heroica, que les infunde significado, sería una prisión asfixiante.

Utopía y desencanto, antes que contraponerse, tienen que sostenerse y corregirse recíprocamente. El final de las utopías totalitarias sólo es liberatorio si viene acompañado de la conciencia de que la redención, prometida y echada a perder por esas utopías, tiene que buscarse con mayor paciencia y modestia, sabiendo qeu no poseemos ninguna receta definitiva, pero también sin escarnecerla. Demasiados desilusionados por las utopías totalitarias desmoronadas, excitadísimos por el desencanto en lugar de haberse vuelto a causa de ello más maduros, levantan una voz chillona y presumida para mofarse de los ideales de solidaridad y justicia en los que antes habían creído ciegamente. El énfasis con el que a menudo se celebra la caída del estado social, en lugar de estudiar sus patentes defectos para corregirlos, es un aspecto de esa incapacidad de unir utopía y desencanto. Era ridículo, en 1929 o en los años sesenta, creer qeu el capitalismo estuviese agonizando y es ridículo creer hoy que la forma actual de su victoria constituye el orden definitivo del mundo. Creer que se ha vencido, que se tiene con el triunfo una relación inquebrantable, puede ser peligroso: Manès Sperber decía que quien se ufana o se comlace con la victoria se convierte facilmente en un cocu de la victoire.

Tales de Mileto II: Conclusión.

A Tales se le conoció principalmenet opr su actividad de astrónomo y geómetra práctico y como sabio en general. Su predicción del eclipse fue probablemente por los registros de los babilonios que quizá obuviera en Sardes o en Egipto.

Es conocido actualmente por ser el primer filósofo con prestigio de la Hélade. Su teoría de que la tierra flota sober el agua probablemente la sacó también de Oriente, pero por lo que es más cnocido hoy día es por su idea de que el agua es el origen de las cosas. Esta idea es posible que también la sacase de mitos orientales, pero la desarrolló lo suficiente como para que Aristóteles le pareciera que afirmaba que el agua era el arkhé, en el sentido peripatético de un sustrato persistente.

Aunque las ideas de Tales partían de un sustrato mitológico, es evidente que había abandonado de forma muy clara la explicación sobrenatural. Esto, por sí solo, es ya bastante para concederle su título de primer filósofo, aunque su pensamiento se nos revela hoy día como ingenuo. Advirtió además que ciertas piedras magnéticas poseían un poder de movimiento limitado, y parece uqe derivó de aquí que existía un alma dadora de vida. Pero es dificil precisar su pensamiento en este sentido. Pensaba que todo estaba penetrado de una fuerza vital que podría ser que fuese divina, pero no está nada claro. Tampoco podemos precisar si esta fuerza vital la consideraba el agua, y en general los datos son tan escasos como imprecisos.

jueves, 20 de mayo de 2010

Tales de Mileto

Según la propia tradición de los helenos, fue Tales el primer investigador de la naturaleza, y fue notablemente famoso al lograr predecir un eclipse de sol (el que se produjo el 25 de mayo de 585 aC, aunque prefiero referir la fecha como la Olimpiada 48, 3).

Hay textos que le daban ascendentes fenicios, pero muy probablemente no sean del todo ciertas y Tales fue tan milesio y tan heleno como sus conciudadanos. También se ha de decir que para Heródoto la mayoría de familias jonias se habían mezclado con mujeres carias.

Como era costumbre en esa época, se atribuyó a Tales una visita a Egipto. Eso no ha de tenerse como algo raro, pues la ciencia egipcia era muy reconocida y Mileto tenía colonias allá muy fructíferas. Pero en realidad se desconocen muchas cosas sobre su vida. Hay algunas anécdotas, claro, como aquella en que se cayó a un pozo mientras miraba absorto las estrellas. Ávido por observar las cosas del cielo, le pasaban desapercibidas las que estaban detrás de él y delante de sus pies.

Aristóteles también nos relata que "por su pobreza, le reprochaban que la filosofía era inútil. Tras haber observado por el estudio de los astros que iba a haber una gran producción de olivas, se procuró un pequeño capital, cuando aún era invierno, y depositó fianzas por todas las presas de aceite de Mileto y Quíos, alquilándolas a bajo precio porque nadie licitó contra él. Cuando llegó el momento oportuno, al ser muchos los que a la vez y de repente las pedían, las iba alquilando al precio que quería y reunió mucho dinero, demostrando así que es facil a los filósofos enriquecerse, si quieren, pero que no son las riquezas lo que les interesa" (Aristóteles, Política A 11, 1259 a 9).

Lo más probable es que no sean ciertas sensu estricto, pero reflejan lo que se espera de un filósofo: Distraído y poco inclinado hacia cosas prácticas.

Sí parece más cierta la prediccón del eclipse. Seguramente se basó en diversas predicciones empíricas sin conocer la auténtica causa. En Babilonia ya se tenían observaciones de eclipses, aunque por motivos religiosos, y es probable que Tales hubiera accedido a estos registros (muchos griegos visitaban Sardes es esa época). Pero también es posible que obtuviese su información de Egipto, aunque eso tampoco resta mérito a la cosa, pues con esos registros sigue siendo muy complicado predecir uno en concreto que sea visible en un lugar determinado. Relacionado con esto, predijo solsticios y equinoccios, y se decía que había medido también las pequeñas estrellas del Carro (la Osa Menor, que da un punto fijo más preciso que la Osa Mayor, muy útil para la navegación).

También se nos dice que midió las pirámides por su sombra, tras observar el momento en que la sombra es igual a la altura. Pero por encima de estas anécdotas, de Tales siempre se enseña en todas las escuelas su cosmogonía. Si le preguntáis a cualquier estudiante de bachillerato, siempre dirá algo similar a : "Es el que dijo que el principio de todo era el agua". Y bueno, sí, razón no le falta, pero las simplificaciones en filosofía pueden ser muuuuy odiosas. Nuestro conocimiento de su cosmología deriva de 2 escritos de Aristóteles un tanto crípticos y que parecen decirnos:
  1. La tierra flota sobre el agua.
  2. El agua es el principio de todas las cosas (en el sentido de "arkhé").
Aunque Aristóteles ya nos escribe que esto lo conoció sólo de modo indirecto. Lo que nos transmite es lo que se aprecia en la foto:



El problema es que si la tierra está flotando sobre el agua, nos queda por explicar sobre qué se sustenta el agua... Esta idea la tomaría Tales de mitos no helenos. Así, en Egipto se concebía la tierra como un plato plano que descansaba sobre el agua. El sol navegaba durante el día en una nave, y bajo tierra por la noche. En babilonia, Apsu y Tiamat representan las aguas primigenias, y Marduk escinde el cuerpo de Tiamat, para formar el cielo con sus aguas, y la tierra. En la historia de Eridu toda la tierra firme era el mar. En los Salmos bíblicos, Tiamat tiene un equivalente en Leviatan, y Yahveh "extiende la tierra sobre las aguas". Y un largo etc, pero en la Hélade no hay nada similar. Ningún mito o leyenda que hable de la tierra y las aguas de una manera semejante, salvo Tales. ASí qeu podemos concluir que tomó "prestadas" esas ideas del mundo oriental.

También parece que podemos contemplar que tales pensaba que el mundo se originaba del agua, pero sin alcanzar a saber si realmente pensaba que la tierra, las rocas, o el hombre ESTÁN hechos de agua. Quizá sólo pensaba que el agua es un constitutivo de las cosas.

martes, 18 de mayo de 2010

La Frontera.


Navegando un poco por ahí me encontrado un texto en "El País" que no quiero perder, así que aprovecho las virtudes de la red para plasmarlo aquí. Poco original, pero práctico. Así de paso pongo una foto de Magris en París, que voy a visitar en unos días.

El año en que Europa recupera la parte mutilada, el año en que Europa empieza a estar completa, Praga incluida, premiar a Claudio Magris puede parecer una obviedad. Nadie representa como él la atención permanente a la literatura de la Europa central, tantos años dividida por la política. Y nadie representa como él la sensibilidad por la cultura de los Balcanes, la penúltima fractura, que todavía Europa no ha sido capaz de recuperar. Magris representa a la vez lo que se ha avanzado y lo que queda por hacer en el proceso de recomposición cultural de Europa.

* Magris seduce con su radical humanismo

Magris nunca aceptó que las fronteras rompieran fidelidades, cortaran vidas y mutilaran culturas.

Pero Magris es mucho más que el cliché que se ha ido construyendo sobre él, desde que publicó El Danubio. "Las fronteras son ídolos que exigen sacrificios humanos". Esta frase suya resume su experiencia de triestino que nunca aceptó que las fronteras rompieran fidelidades, cortaran vidas y mutilaran culturas. Precisamente porque Trieste era lugar de cruce, territorio de paso, universo de delirios fronterizos, Claudio Magris, el cosmopolita que nunca se desprendió de las montañas del Carso, ha dado mil vueltas por el mundo como impenitente portador de la buena nueva de la literatura pero sin perder nunca el punto de referencia: su casa. Y allí ha seguido, incluso cuando se ausentó Marisa.

Magris es la literatura hecha carne. Habla tejiendo el discurso con fragmentos literarios y transforma en imaginario para la literatura todo lo que ve y toca. Porque está convencido de que la literatura es la única capaz de proteger y guardar la vida. La literatura como un paraíso trágico, el único lugar en que lo que hemos vivido alcanza a sobrevivir.

Magris por edad y por convicciones ha compartido el destino de las generaciones del antifascismo y del izquierdismo. Pero la literatura le ha dado una relación con las cosas que le ha hecho estar atento al menor síntoma de deshumanización o de desvitalización de cualquier proyecto, promesa o fantasía. A veces pudo parecer que pasaba al lado de algunas citas de la historia. Pero él miraba al fondo: de las personas y de las palabras.

La literatura es, para Magris, "la custodia de la memoria", del mismo modo que es "custodia de este mundo físico, sensual, concreto" que es la vida. Su afilado rostro parece surgir como una exclamación de alguna página de un libro que puede ser muchos libros: los innumerables libros que desfilan permanentemente por su cerebro, atentos a los reclamos de cualquier estímulo que la vida ofrece, a una mirada de curiosidad infinita.

Escribir para mantener el difícil equilibrio entre lo que se va y lo que viene, entre lo que se recibió y lo que se está recibiendo. Probablemente, ésta sea la mejor definición de un humanismo renovado. Magris sabe perfectamente -y desde su tierra lo vivió de cerca- que el velo que separa la cultura de la barbarie es muy fino. Precisamente por esto le parecen tan bárbaros los proyectos que proponen empezar desde cero y dinamitar la memoria como aquellos que quieran hacer de la memoria eterna repetición. El hombre se escribe cada día.

domingo, 9 de mayo de 2010

Basile por fin


Il Capitano ha ganado por fin la Euroleague. No pudo evitar su momento emotivo en la entrevista posterior, dejando ver su lado más humano. Grande Il Baso.


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Un sueño se hace realidad. Ahora sí que siempre quedará París (Bercy).


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"No pasa nada que los años pasan, pero tienes siempre que creer"

La euroleague al saco. París nos la debía.




Tomada de la página oficial de la euroleague

sábado, 8 de mayo de 2010

Teoría de la demostración


Otra más sobre Occam. Esta vez para hablar sobre la teoría de la demostración en ciencia que desarrolló en sus escritos de lógica. "Demostración" aquí es un término muy preciso: "La demostración propiamente dicha en un silogismo compuesto de 2 premisas que se conocen por sí mismas y mediante las cuales conocemos una conclusión que sin ellas no hubiésemos conocido". La demostración, entonces, se diferencia de cualquier otro tipo de inferencia, incluso de la formalmente válida cuyas premisas son ciertas. Esta diferencia es importante porque:

- Es preciso en lógica y en ciencia distinguir los argumentos probables o persuasivos de los que son definitiva y totalmente concluyentes.
- No ha de confundirse la demostración con los argumentos científicos.

Occam sostiene que algunas proposiciones pueden ser conocidas con certeza solamente mediante la experiencia. Para saber si una cosa causa otra es buscando un principio causal general. El conocimiento lo obtenemos normalmente en lógica de proposiciones bien conocidas de las que desarrollamos silogismos. Para establecer los principios causales no podemos partir de esas proposiciones, así que hemos de recurrir, según Occam, al conocimiento intuitivo, desde la experiencia directa. Al ver que alguien recupera la salud tras tomar una infusión de tal hierba, eliminando todas las otras posibles causas de la recuperación, sabremos con certeza que la causa era esa hierba. Algo parecido sugirieron con jocosidad Sherlock y el Sr. Spock, pero en el siglo XIV esto era un avance increíble. Y peligroso.

Para proceder de este caso particular a una proposición general, hemos de conocer también con certeza que todos los individuos de una misma clase tienen una naturaleza tal que pueden producir siempre un efecto en particular en los objetos de una determinada clase. Entonces las 2 proposiciones (1- Tal hierba curó a tal persona enferma, y 2- Todas las cosas de una misma clase son igualmente eficaces) son suficientes para demostrar la proposición (todas la hierbas de esa clase curan esa enfermedad).

Un argumento así es concluyente en lógica, pero para Occam no es una demostración porque:

- Una de las premisas es contingente.
- La otra aporta un término medio extrínseco, es decir, tan general que no pertenece de manera especial al tema tratado.

En la auténtica demostración el término medio tiene que estar directamente relacionado con el predicado de la conclusión. Aunque la inducción es una implicación formal, no es una demostración.

La ciencia, entonces, se ha de componer de demostraciones cuyas premisas últimas han de estar basadas en la experiencia, pero es preciso establecer aclaraciones respecto al carácter de esas premisas. Así, no puden ser planteadas de forma categórica porque no es posible demostrar de modo concluyente que una causa finita produzca un efecto finito. Como Occam es producto también de su tiempo, argumentó esto diciendo que para Dios es posible cualquier cosa mientras no suponga una contradicción, así que podría hacer que se produzca un efecto con motivo de un acontecimiento que nosotros pensaríamos que es su causa, pero sin serlo en realidad. Por tanto, los principios científicos han de ser expresados siempre así:

"Todo A es efectivo de B", es decir, "todo A puede producir B".

Y no así:

"Todo A produce B".

Todos los juicios científicos naturales presuponen el curso común de la Naturaleza (suppositio communis cursus naturae).

Su pensamiento es más sutil que la conocida navaja por la que todos le conocen.

lunes, 3 de mayo de 2010

Clásicos




De un excelente artículo de Rosa Montero para "el País". Saco un breve extracto:






"La enseñanza de la literatura en la educación secundaria española es un completo disparate. Por ejemplo, en 3º de la ESO (catorce años) tienen que estudiar el periodo comprendido entre la Edad Media y el siglo XVIII. Chavales que no han leído jamás una novela por propio placer y que no han descubierto todavía que entre las páginas de un libro cabe el Universo, tienen que tragarse por narices el Mio Cid, que no sé si ustedes lo recuerdan o lo han leído, pero que desde luego es considerablemente espeso".[...]

[...] Claro que a los españoles veteranos no les va mucho mejor, porque tampoco entienden una palabra del lenguaje y porque les importa un pimiento ese mundo tan raro y tan ajeno. Por otro lado, los planes de estudio están tan apretados y tan concentrados en cosas como la morfología y la sintaxis que los profesores que quieren dar otros contenidos y recomendar además otras lecturas no tienen casi espacio para moverse. Y encima se ven obligados a luchar contra la burricie de las familias: “Aunque sólo llevo cuatro años dando clase, ya ha venido algún padre indignado a preguntarme por qué su hijo pierde el tiempo leyendo cuando debería estar estudiando”, dice Fernando.

Luego entramos en el Bachillerato y la cosa sigue empeorando. Porque ahí, a los 17 y 18 años, es cuando se tienen que meter entre pecho y espalda el Quijote y La Celestina, dos textos verdaderamente maravillosos pero dificilísimos de digerir a esa edad. Los clásicos son una estación de llegada, no de partida. Hace falta haber leído y haber vivido bastante para poder gozarlos. La obligatoriedad de estas lecturas sólo convierte esas joyas en un muermo espantable, en un plúmbeo recuerdo que será una losa para toda la vida. Para peor, además, existe el general y apabullante consenso de que esos textos son lo mejor de la literatura española. De manera que a los chavales les dicen que se van a leer lo mejor de nuestra literatura y luego les obligan a meterse en vena esos ladrillos. Con lo cual no es de extrañar que el pequeño porcentaje de muchachos que, a pesar de este tratamiento de shock, desarrollan un amor por la lectura, huyan todos en tropel despavoridos a leer a los autores extranjeros, y que den por sentado que los españoles somos unos pestiños y escribimos de cosas que no guardan relación alguna con sus vidas. En fin, me pregunto quiénes son los responsables de estos planes de estudio demenciales. Y me respondo: gente que no lee y que no ama los libros. De otro modo no se entiende semejante empecinamiento en la catástrofe."



En fin, que me ha llegado al alma. Con mi padre como apasionado lector que con su ejemplo promovió en mí ese gusanillo por los libros jamás logré soportar los tostones inmisericordes que me obligaban a tragar en el colegio. Y encima esas obras eran tan alabadas en clase, con tal exceso, que resultaba raro que no las acabases por odiar. Sorprendente, pues por mi cuenta ya había leído y disfrutado de los clásicos griegos.

Claro, años después, con mis gustos lectores sobreviviendo a ello, me decidí a leer clásicos de otros países. Y mira, me gustaron. Pero ah, aquí decidía yo si los leía o no, y sin exámenes absurdos sobre ellos. Y aún sigo con ello. He leído auténticas maravilas consideradas como obras maestras pero sigo siendo incapaz de coger, por gusto, clásicos de la literatura patria. Algo se remueve en mis entrañas cuando lo intento, atavismos incrustados e mi alma por cretinos que pretendían culturizarme con el viejo adagio de "con sangre entra". Que no, carajo, que no entra, que se queda atascada y va a parar al colon donde se mezcla con lo que no se debería mezclar. Agradezco sinceramente a un bienintencionado profesor que decidió "olvidar" La Celestina en un cajón para hacernos leer "la Historia Interminable". Quizá piensen que este libro es literatura barata (si bien lo dudo...), pero convendremos que resulta mucho más adecuado para ese crío de 12 años que era que el ladrillo ininteligible de una obra maestra que jamás habría llegado a entender. Por lo menos, me abstuve de odiarla.

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...