martes, 30 de octubre de 2012

Pues va a ser que la arqueología sí sirve para algo...

En este mundo en el que todo comienza a ser valorado en función de si da dinero o no, la historia, la cultura o la arqueología lo tienen dificil para encontrar un huequito de nada. Incluso para pervivir en la universidad o el colegio (la cultura clásica parece tener los meses contados...). Pero mira, por si algún economicista se deja caer por este blog (alguno ha de haber, ¿no?, hasta puede que políticos honrados...) le dejo bien masticadito este artículo que he pillado de la red y que parece que sí implica que la arqueología puede "servir" para alguna cosa en el PIB:

Atapuerca se está erigiendo en la nueva meca del ocio. Cada fin de semana y cada puente cientos de personas, muchos de ellos vascos, se lanzan a visitar la casa de nuestros tatatatatatarabuelos. Frente a otros parques temáticos ruinosos cuyas atracciones se encuentran en caída libre, Atapuerca da dinero. El secreto del éxito es sencillo, la gran concentración de fósiles humanos hallados en Atapuerca, que sitúa al yacimiento de la sierra burgalesa entre los más ricos del planeta y la convierte en la verdadera caja negra de la humanidad.

Mientras parques como Terra Mítica o Isla Mágica están inmersos en expedientes de regulación de empleo o suspensiones de pago, Atapuerca parece rentable. Los yacimientos, el parque arqueológico y el Museo de la Evolución Humana han generado una riqueza a Burgos en el último año y medio de 53 millones de euros, según datos de la propia Junta de Castilla y León. El número de visitantes también ha crecido de forma exponencial. Si hasta el año 2005 la media anual se situaba entre los 38.000 y los 40.000, el año pasado superaron los 100.000.

Para José María Bermúdez de Castro, la explicación a la buena acogida es evidente: "Atapuerca es un libro abierto de la evolución humana en Europa, un registro de la ocupación de esa zona durante más de un millón de años", dice uno de los tres directores de las excavaciones, junto a Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga.

Ellos son los encargados de gestionar el recinto y vender este Jurassic Park por medio planeta, pero los artífices del milagro son los arqueólogos que trabajan a pie de brocha e incluso palillo en las excavaciones. Y también guías como Rosana que nada más entrar a la trinchera narra la enigmática historia de la comedora de pollos de la cueva de El Elefante, una mujer de una especie sin identificar, cuyo origen se remonta a hace 1.200.000 años, y cuyos restos se hallaron junto a los fósiles de cientos de pajaritos. Cuando en 2007 se descubrió su mandíbula, los historiadores se vieron obligados a hacer retroceder casi medio millón de años la llegada de los primeros homínidos a Europa.

En el mascarón de proa del complejo, la excavación Gran Dolina, se recrea la vida de los Homo antecessor. Mandíbula prominente, cuerpo fornido y un aspecto físico razonablemente similar al ser humano actual, eran algunas de las características de esta especie que vivió en esas colinas hace aproximadamente unos 900.000 años.

Canibalismo con los enemigos

Pero ni Atapuercaland, ni Atapuerca World, ni Atapuerca Aventura, el visitante abre los ojos como platos y pone las orejas en posición cuando Rosana detalla el canibalismo que practicaban nuestros antepasados. A la vista de las marcas de corte, de desgarro con cuchillos de piedra, que se distinguen en los fósiles humanos y que son idénticas a las que aparecen en huesos de otros animales, se ha llegado a la conclusión de que se trata de "canibalismo territorial, o cultural, que no tiene nada de ritual", asegura. 

"En la sierra de Atapuerca había unas condiciones climáticas óptimas para vivir: calor, mucha vegetación, animales, así que no es canibalismo por hambre", explica en un estudio Bermúdez de Castro. "Un grupo tiene un territorio muy bueno, como este, y llega otro que pelea por hacerse con él, ataca el campamento y se mata al enemigo, y ya que lo han matado, se lo comen. Es canibalismo gastronómico territorial", concluye. Porque el Homo antecessor era cuidadoso y protector con los miembros de su grupo, pero sin embargo, no tenía ningún problema en atacar, cazar y comerse a los integrantes de tribus enemigas, niños y jóvenes incluidos.

Muchos años después, al igual que su antepasado, el Homo hidelbergensis, mantenía el concepto de grupo. De hecho, se trataba de una especie que solía padecer importantes enfermedades degenerativas desde antes de morir. Por ello, un individuo impedido para cazar era ayudado por el resto de integrantes del grupo, ya que su supervivencia solo se aseguraba si contaba con una atención especial por parte de sus congéneres. 

La pertenencia a una comunidad y el sistema de clanes era el denominador común. En el Mirador se han encontrado restos de ocho individuos enterrados en una cueva que "seguramente tenía algún tipo de puerta para evitar que entraran los animales". Para Eudald Carbonell, es una muestra de que había en la zona redes sociales complejas y estructuradas, en algo similar a tribus con jefaturas".

Viaje al pasado en 3 D

Para terminar de encontrar los auténticos orígenes del hombre, en la Cueva del Compresor, los turistas se introducen en una máquina del tiempo e inician un viaje virtual al pasado. Una animación que permite seguir la evolución humana desde el Homo antecessor de 900.000 años de antigüedad, pasando por el Heibelbergensis, el Neardenthalis -creador del fuego y de la música para la que utilizaban unas sui generis flautas de hueso- hasta llegar al Homo sapiens.
 
Ayudados de unas gafas especiales, los visitantes pueden recorrer también los paisajes de las diferentes épocas de la sierra y la interacción de los animales que poblaron la zona en cada época, desde hace más de un millón de años hasta prácticamente la actualidad.

Sorprende conocer que alguno de estos antepasados del Homo sapiens vivía en unas condiciones climáticas como las actuales. El paisaje en los alrededores de la Sima del Elefante estaría formado principalmente por un bosque húmedo, con áreas abiertas probablemente más secas, y con un clima claramente mediterráneo de características similares al que existe ahora en Burgos.

La respuesta al misterio de la prehistoria se completa con una ruta guiada por el parque arqueológico que propone un recorrido desde la más remota prehistoria hasta ayer mismo, como quien dice. Y es que Atapuerca es un supercomplejo que, además de los yacimientos, incluye este recinto arqueológico y el Museo de la Evolución Humana. 

En el parque, donde es obligado tocar, los visitantes practican in situ cómo se tallaba el sílex, y se lanzaban jabalinas o se comunicaban con las bramaderas, un instrumento que produce un ruido similar al bramido del viento. Entrar en una cabaña de la Edad del Hierro, la época de Astérix y Obélix, e intentar hacer fuego con un sílex y una piedra ferrosa o con un yesquero, es el súmmum de una visita que deja al participante listo para ir a una edición de Supervivientes.

viernes, 12 de octubre de 2012

Los nombres romanos

Viene siendo dificil seguir un texto clásico latino por cuanto hay veces que un mismo personaje puede ser nombrado de formas diferentes a las que yo conozco. En las traducciones han resuelto el problema poniendo siempre el mismo nombre, pero si se toma el texto original puede ser a veces algo confuso. De cara a no liarme más, pongo este texto aquí y así no tengo que buscarlo más veces. 

Los nombres de los romanos constaban de 4 elementos, junto a uno más que era opcional. 

Primero estaba el Praenomen, o el nombre de la persona, que en realidad era muy limitado. Los romanos tenían pocos praenomen que se repetían en una amplia capa de la población, y cada uno tenía una abreviatura establecida:

  • Aulo = A.
  • Apio = Ap.
  • Cayo = C.
  • Cneo = Cn. (El alfabeto etrusco no diferenciaba bien entre K y G, así que por este motivo usaban la misma grafía hasta que mucho más adelante desarrollaron la forma G)
  • Décimo = D.
  • Espurio = Sp.
  • Lucio = L.
  • Marco = M.
  • Manio = M'.
  • Publio = P.
  • Quinto = Q.
  • Tito = T.
  • Tiberio = Ti.
Una norma no escrita es que el hijo mayor recibía el praenomen de su padre, pero contando con una alta mortalidad infantil, en caso de morir se podía dar ese mismo praenomen a otro nuevo hijo, en caso de nacer otro.

Tras el praenomen, viene el nomen que suele indicar la gens a la que pertenece. Se podría traducir como "clan", y como en los clanes escoceses actuales, quienes ostentan el mismo nomen tienen un pasado común. Aunque en el momento presente es perfectamente posible que ya no hubiesen parentescos cercanos. Los nomina romanos acababan en "IUS" como norma general, siendo extranjeros los que no tenían esa terminación. Por ejemplo, Cayo Norbano o Cayo Carrinas. A esto hay algunas excepciones, claro.

Luego continuaba la filiación, o sea, indicar de quién es hjo. Algo muy común en el mundo mediterráneo, como podemos leer en la Ilíada y la Odisea: Aquileo Pélida (hijo de Peleo), Odiseo Laertíada (hijo de Laertes)... Los romanos añadían a praenomen y nomen la palabra filius y el nombre del padre, aunque con abreviaturas:

C.Mario C.f. = Cayo Mario hijo de Cayo.

La república romana acabó además adoptando una nueva costumbre, la de añadir al final de todo la tribu votante a la que pertenecía el hombre. Forma parte del gobierno que se instauró con el sistema de voto por tribus. Así, se añadía una nueva abreviatura al final del nombre oficial que indica la tribu de voto:

Esquilina (Esq), Palatina (Pal), Quirina (Qui), Suburana (Sub), Sucusana (Suc), Aemilia (Aem), Aniensis (Ani), Arnensis (Arn), Camillia (Cam), Cornelia (Corn), Crustumina (Cru), Fabia (Fab), Falerna (Fal), Gleria (Gal), Horatia (Hor), Lemonia (Lem), Maecia (Mae), Menenia (Men), Oufentina (Ouf), Papiria (Pap), Poblilia (Pob), Pomptina (Pom), Romilia (Rom), Sabatina (Sab), Scaptia (Sca), Sergia (Ser), Stellatina (Ste), Terentina (Ter), Tromentina (Tro), Velina (Vel), Voltina (Vol), Voturia (Vot).

Estos 4 elementos son el nombre oficial de un romano. Por ejemplo, un caso concreto sería Lucio Domitius Cn.f.Fab. = Lucio Domicio hijo de Cneo de la tribu Fabia. Este es un caso real de un romano real, pero conocido como Lucio Domicio Ahenobarbo. Pero según lo que acabo de explicar, el problema es de dónde sale ese último nombre, Ahenobarbo, literalmente "barba de bronce".

Bien, es lo que se conoce como cognomen. Comenzó como un apodo personal, pero acabó por ser hereditario y correspondiente a la familia, una unidad diferente a la del clan (gens, gentes) y que equivale al de los padres y sus hijos. La unidad familiar era denominada con el cognomen del marido. Al ser una especie de apodo, muchos se refieren a alguna característica física:
  • Ahenobarbo: Barba de bronce.
  • Brutus: Estúpido, tonto.
  • Caesar: Peludo.
  • Capito: Cabeza gorda.
  • Cato: Listo.
  • Catulus; Cachorrillo.
  • Cicero: Garbanzo (alusivo a su nariz).
  • Crassus: Gordo.
  • Crispus: Rizado.
  • Luscus: Tuerto.
  • Metellus: Mercenario.
  • Naso: Nariz grande.
  • Pulcher: Guapo.
  • Rufus: Pelirrojo.
  • Scipio: Bastón.
Algunos nos son desconocidos en cuanto al significado. Como puede suponerse, al heredar un cognomen puede que no fuera muy definitorio de las características físicas del nuevo propietario. Así, alguien llamado caesar podía ser que tuviese poco pelo. El más famoso, Cayo Julio Cesar, era calvo.  A veces en la historia podemos ver cómo se adquiere un cognomen, como en el caso de Cneo Pompeyo, que se hizo apodar Magnus (el grande), o con Lucrecio, que adoptó el cognomen Vespillo tras limpiar de cadáveres Roma tras las luchas en tiempos de los Gracos. Este cognomen significa "funerario".

Aunque el cognomen no forma parte del nombre oficial, en la vida normal la filiación y la tribu se obviaban y se usaban sólo los otros 3: Praenomen, nomen y cognomen, conocido como tria nomina (los 3 nombres). Es una distición de los ciudadanos romanos, y no siempre fue así. Apareció de forma más o menos extendida hacia el final de la república, siendo muy extendido su uso ya en tiempos de Augusto. 

Un ejemplo: Julio César era oficialmente C. Julius C.f.Fab.Caesar = Cayo Cesar, hijo de Cayo inscrito en la tribu Fabia.

La cosa hasta aquí parece facil, pero hay usos que pueden ser confusos. Por ejemplo, puede omitirse el nomen en gente distinguida si este era muy común. Julio era un nomen muy extendido, y el mismo César era conocido como C. Caesar.  O se podía omitir el praenomen y se conocía a ese hombre por su nomen y cognomen en orden invertido: Cayo Asinio Polio era conocido como Polio Asinio. 

Y aunque el cognomen comenzó como una forma de apodo, a veces se podía adquirir otro apodo propio, el agnomen. Que también podía ser hereditario. Por poner un ejemplo más, que suelen ser muy claros, la familia Scipio (Escipión) tuvo agnomina del tipo Asina, Barbato, Calvo o Hispalo. Muchos no duraron mucho, pero otros sí, como Escipión Nasica, y se podían seguir añadiendo más agnomina: Publio Escipión Nasica Serapio, cónsul en 138 a.C. Su hijo heredó todo el lote.

También podía ocurrir que si se había logrado conquistar una región (o someterla), se añada un nuevo título con la terminación "ICUS". Así, tras derrotar a los macedonios, Quinto Cecilio Metelo recibió el título de "Macedonicus". Otros conocidos son Africanus, Numídico, Achaico, Crético, Germánico, Británico, Isáurico...

Y por último nos queda el tema de las adopciones. Algo habitual en esos tiempos. El hijo adoptado pasaba a formar parte de la familia y eso debía hacese constar en el nombre: Se adoptaba la nomenclatura de su padre adoptivo y se añadía un agnomen acabado en "ANUS", tomado de su nombre de nacimiento. POr ejemplo: Lucio Emilio Paulo dió sus hijos en adopción a familias sin heredero, que pasaron a llamarse:
  • Publio Cornelio Escipión Emiliano.
  • Quinto Fabio Máximo Emiliano = El Quinto Fabio Máximo que tuvo su origen en la gens Emiliana.
Lo normal es que el hijo adoptado use el praenomen del padre adoptivo, pero a veces era más claro el uso del cognomen de su padre real, y adquirir un adjetivo acabado en "INUS" basado en el cognomen de nacimiento. Que se heredaría nuevamente. Así, una rama de los Cornelios Léntulos llevaba el agnomen Marcellinus.

Para las mujeres, la cosa es más sencilla. Cada mujer era sólo conocida con la versión femenina del nomen de su padre: La  hija de César era simplemente Julia. Si había 2 hijas, el procedimiento era aún más simple: Maior (la mayor) y Minor (la menor). Pero eso si había sólo 2, pues si había más se usaban los ordinales: Prima (la primera), secunda (la segunda), tertia, quarta... En los últimos años de la república la versión femenina del cognomen paterno surgía en forma de diminutivo: La hija de Marco Livio Druso se llamó Livia Drusila.

Bueno, es un resumen extenso y espero que claro. Tomado de "El declive de la República romana" de C. Mackay.


jueves, 11 de octubre de 2012

El lugar exacto donde apuñalaron a Cayo Julio Cesar

Había recibido 23 puñaladas; posiblemente una sola de ellas había sido mortal. Mientras los aterrorizados senadores huían, Julio César, envuelto en su toga, caía al pie de la estatua de Pompeyo. La sanguinaria escena, augurada por los adivinos y que desataría una nueva guerra fratricida, acredita, siguiendo la descripción de Suetonio, la postrera elegancia del héroe: «Entonces, al darse cuenta de que era el blanco de innumerables puñales que contra él se blandían de todas partes, se cubrió la cabeza con la toga, y con la mano izquierda hizo descender sus pliegues hasta la extremidad de las piernas para caer con más dignidad». El hombre que había ganado un mundo y había contribuido a modificar irreversiblemente el destino de Occidente y de buena parte de Oriente era ya nada más que un despojo sangrante.

Ahora, 2.056 años después de este crimen, unos investigadores de la Escuela Española de Historia y Arqueología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) colaboran en Roma para descubrir el lugar exacto en el que fue asesinado Julio César. El hallazgo tuvo lugar en la Curia de Pompeyo, integrada en el área arqueológica de Torre Argentina, donde se encontró una estructura rectangular de hormigón construida años después de la muerte del césar de Roma por orden de su hijo adoptivo y sucesor, Augusto, para condenar el asesinato.

El experto, Antonio Monterroso, explicó que «siempre se supo que Julio César fue acuchillado en la Curia de Pompeyo el 15 de marzo del 44 a.C. gracias a los textos clásicos. Sin embargo, éste es el primer testimonio material.

El monumento consiste en una estructura rectangular compuesta de cuatro muros que contienen un relleno de hormigón situado justo en el centro del fondo de las ruinas de la Curia de Pompeyo. Este punto del recinto sería el lugar exacto desde donde el dictador estaba presidiendo la sesión del Senado, sentado en una silla, en el momento en que recibió 23 puñaladas.

Monterroso subrayó el atractivo del descubrimiento en un sentido «cívico y ciudadano» dado que miles de personas toman hoy el autobús y el tranvía o acuden a representaciones en el teatro principal de la ciudad «justo al lado».

Los investigadores no han determinado todavía si la estructura hallada podría haber servido además para cerrar el acceso al recinto años después. Las fuentes clásicas aluden a la clausura del pórtico, para pasar a convertirse en una capilla memorial del general.

Por esta razón, los profesionales han comenzado además el estudio, en el mismo espacio, de los restos del Pórtico de las Cien Columnas para tratar de entender el «sentido de lugar funesto y de clausura» que describen los textos clásicos, detalló Monterroso. Los dos edificios forman parte del complejo construido por Pompeyo Magno para conmemorar sus victorias en Oriente en el año 55 a.C.

El proyecto, que durará tres años, cuenta con el beneplácito y la colaboración de la Sovraintendenza ai Beni Culturali del Comune di Roma y con el apoyo financiero del Plan Nacional 2008-2011 del Ministerio de Economía y Competitividad, además de la colaboración de la Escuela Española de Historia y Arqueología del CSIC en Roma.

César fue, pues, dueño absoluto de la República Romana y del mundo mediterráneo. Se había cumplido el sueño de su juventud: la totalidad del poder. Era imperator y dictador. Como tal, volvió a ejercer su típica clemencia con sus enemigos; no olvidó su política agraria y de asentamiento de colonos; aumentó el número de fiestas populares, aunque cuidándose de no incurrir en gastos ruinosos para el Estado; dispuso normativas económicas y financieras que protegían a los menos fuertes, trató de moderar el lujo de los poderosos y limitó los gastos en banquetes; diseñó profundas transformaciones políticas, dictó leyes que ampliaban la ciudadanía a capas más vastas de la población, y comenzó a pensar en un mundo distinto al hasta entonces conocido dentro de los límites de la ciudad romana.

Estaba convencido de que, para mantener el dominio en Oriente y llevar a cabo con éxito la expedición final contra los partos (la única amenaza para el imperio), necesitaba ser rey absoluto fuera de los confines territoriales de su ciudad. Y éste fue el detonante. Unos 70 miembros de familias importantes, casi todos senadores, se conjuraron para eliminar a César y su república, y que él mismo no se autoproclamara rey.

De hecho, algunos comentaristas ponen en su boca estas jactanciosas y desafiantes palabras: «La República no es nada, es solo un nombre sin cuerpo ni figura».

Pero para muchos de ellos fue sin duda un pretexto que disimulaba sórdidos resentimientos y apetitos. Dirigían la conjura Casio, Bruto y Casca. Bruto era hijo de Servilia, la más famosa de las amantes de César, y él mismo lo había acogido y colmado de honores. Casio luchó siempre a su lado. Casca era un tradicional enemigo.

César concurrió al Senado el día 15 de marzo, a pesar de los ruegos de Calpurnia, que ya había tenido sueños premonitorios. Alguien retuvo a Marco Antonio en la antesala del Senado. Cuando se hubo sentado, lo rodearon y lo atacaron con sus dagas. Según la tradición, ante la puñalada de Bruto, César exclamó: «¡Tu quoque, fili mi!» (¡Tú también, hijo mío!) Emitió un primer quejido y luego se mantuvo en silencio.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Los tiempos se repiten

Pongo un texto de Salustio (Gaius Salustius Crispus), un historiador romano que se lamentaba del declive de sus contemporáneos desde tiempos de virtud hasta el lamentable estado que se asocia con las corrupciones y degradaciones del mundo romano. Evidentemente no se pasa de golpe de un estado a otro, pero en estos tiempos que corren, bastantes similitudes se me aparecen entre las quejas de Salustio y lo que veo en la tan cacareada degradación de nuestra propia clase política. Pasará, como en aquel entonces, y tantas otras veces en la historia, que alguien comience a pensar que "hace falta un hombre" para arreglarlo todo. Y pasará que otros también lo creerán, y llegará uno que hará buenos a todos los inútiles mastuerzos de ahora, pero ya no habrá remedio. 

Dejo sin más el texto de Salustio, en "Conjuración de Catilina", 10:

La fortuna comenzó a correr por todas partes, desordenada, y creando en todas partes una gran confusión. La paz y la riqueza (cosas que,por otra parte, son deseables) fueron una causa de sufrimiento opresivo para aquellos que habían soportado facilmente el trabajo duro y los acontecimientos tanto inciertos como duros. Por ese motivo fue en aumento la codicia primero de dinero, y luego de poder, y esas fueron las materias primas de todos los males. Porque la avaricia superó a la buena fe, la honradez y todas las demás virtudes, y en lugar de ellas se aprendió la arrogancia, la crueldad, el olvido de los dioses y la idea de que todo estaba en venta. La ambición interesada forzó a muchos hombres a volverse falsos, a tener una cosa encerrada en su corazón y poner otra en la punta de su lengua, a considerar a sus amigos y a sus enemigos no tomando de base los hechos, sino las ventajas, y a poner buena cara, en lugar de tener buen carácter. Esas cosas al principio aumentaron gradualmente, y se castigaron de forma ocasional, pero cuando el contagio se extendió como la peste, el estado cambió: Lo que había sido el mejor y más justo de los imperios se convirtió en uno cruel e insoportable.

Se ha de entender que el problema es que el mundo en que vivían gentes cultas como Salustio se les hacía insoportable. Y no entendían que la tradicional honradez de los antiguos romanos se hubiera convertido en poco menos que un estercolero, Así que trataron de entenderlo en términos de moralidad personal, en la desviación de los rectos principios de sus antepasados. Y darle la culpa a la riqueza no era, digamoslo claro, una mala idea (si dejamos aparte defectos estructurales, la propia naturaleza humana, presiones externas y esa dichosa tendencia primate a la autocracia...). No podían entenderlo, y escogieron culpar a las riquezas. Pero se ha de reconocer que si se pilla el texto así, a 2 pies, uno no deja de ver sorprendentes parecidos con este puñetero sistema electoral actual en el que la sensación es que me piden que escoja al menos inútil para que me mande a la porra con decisiones y ocurrencias pero con poder para imponérmelas. Quizá, como Salustio, se tenga que buscar refugio en la cultura para retirarse de este mundo que tanto disgusta.


jueves, 4 de octubre de 2012

Aniversario de "La Princesa Prometida"


En el festival de cine de Nueva York, una cola da la vuelta a un edificio de cristal del Lincoln Center durante horas bajo la lluvia. A la entrada, una mesita vende muñecos, libros y pins de la princesa Buttercup y el gigante Fezzik. Hace 25 años del estreno de 'La princesa prometida' y, por primera vez desde entonces, el director Rob Reiner se reúne con Robin Wright, Billy Cristal y el resto del casting para ver la película de culto, restaurada para su aniversario.

"¿Has leído el libro?", es la pregunta que más le gusta hacer a Carrie, de unos 50 años y que ha conducido hora y media desde New Jersey para ser la primera en la fila. Leyó el libro de William Goldman (de 1973) cuando era una adolescente, y casi no se atrevía a ver la película cuando se estrenó en 1987, por miedo a que le gustara menos. Le encantó y un cuarto de siglo después está enganchada a la página de Facebook de fans y emocionada con que sus hijas entiendan la ironía del filme.

"Hay un concurso el 15 de octubre sobre la película", informa a todo el que quiera escucharla. La acompañan dos amigas y en la espera de cuatro horas charlan animadas con Sarah, una estudiante de 22 años que trabaja como camarera en Nueva York y aspira a trabajar en el cine. "Lo que me empujó al cine fue esta película", asegura Sarah. "Es tan fantástica. Tan única", la apoya también Russell.

"¡Qué suerte tenéis! ¡Vais a entrar! Me encantaría ver a Rob Reiner, pero estoy tan ocupada con mi propia película que ya no me entero de nada", dice una hispana que se entretiene para intentar hacer publicidad sobre un film sobre el cristianismo que dice estar dirigiendo. Una elegante anciana también se para un momento a preguntar a qué se debe tanta expectación. "¿Y ponen 'La princesa prometida'? ¡Esto no pasaba hace unos años en el festival de cine de Nueva York!", exclama con desprecio. "¿Qué le importará a ella?", salta Carrie, indignada.
"Como desees"

La paciencia tiene su recompensa en el moderno auditorio de conciertos de más de un millar de asientos donde se proyecta la película con la mejor calidad de su historia. El público ríe descontrolado ante la primera imagen del videojuego, ahora desfasado, al que juega el niño que escucha el cuento en el filme. La entrada de cada personaje es recibida con aplausos y alaridos de emoción igual que cada frase célebre: "Inconcebible", "Tú eres la Brigada Brutal", "Como desees" o el mítico "Hola, soy Iñigo Montoya. Tú mataste a mi padre, prepárate a morir".

Entre el público excitado están el director y los actores. El estreno hace 25 años fue más modesto y nunca se habían vuelto a reunir en un cine para ver su obra. "Sois una audiencia maravillosa", dice William Goldman, el autor del libro, en un coloquio después. Cuando estaba a punto de terminar el libro, se lo enseñó a su mujer, dudoso. "Es la cosa más rara que he escrito nunca", le dijo. Y ella replicó: "Sigue escribiendo". Él mismo supo que estaba ante algo extraordinario cuando se puso a llorar desconsoladamente al describir la tortura de su protagonista.

Reiner llegó a la idea de adaptar el libro al cine cuando ya se había convertido en un "proyecto legendario" que aparecía en 'Cahiers du Cinéma' como una película no producida. La habían intentado pasar a la gran pantalla François Truffaut y Robert Redford antes que él. Reiner había leído el libro de veinteañero y era uno de sus favoritos por la mezcla de "aventura, romance y sátira", y había hecho un par de películas cuando se le ocurrió llamar a Goldman.

Cuando consiguió que le recibiera en su casa del Upper East Side en Manhattan, lo primero que el novelista dijo al abrir la puerta fue: "'La princesa prometida' es mi obra favorita. La quiero en mi lápida". "Básicamente, me miró como diciendo, ¿qué quieres hacerle?", cuenta Reiner a la audiencia, encantada de descubrir detalles inéditos. Cuando, después de horas escribiendo juntos, Goldman le dijo, "creo que esto está yendo genial", el director dijo que vivió "el mejor momento" de su carrera.
Esgrima y maquillaje

Robin Wright (Buttercup) cuenta que tenía 19 años y no sabía que tendría que escalar una montaña, tirarse al mar o esquivar fuegos. "No van a hacer eso", pensaba ella. Como tampoco Cary Elwes (Wesley) y Mandy Patinkin (Iñigo Montoya) esperaban que las luchas de esgrima serían auténticas. No tuvieron dobles, aunque recibieron el entrenamiento de campeones olímpicos en el castillo de Devon donde rodaron.

Cuando Patinkin relata sus 10 horas diarias de preparación, Elwes bromea: "¡No sabía eso!". Después de años en que le repiten su frase más famosa, el actor que interpretó a Montoya confiesa que su favorita es otra: "Llevo demasiado tiempo el negocio de la venganza".

"¿Maquillaje? No llevaba nada", dice Billy Crystal, enmascarado en la película como un mago anciano. Después, asegura que dio a los maquilladores una foto de su abuela y otra de un jugador de béisbol para que hicieran una combinación perfecta. Cuenta que se dio cuenta de que la película era un éxito que había calado cuando la primera vez que cogió un avión después del estreno le despidieron con una frase suya: "¡Qué os divirtáis asaltando el castillo!".
De abuelos a nietos

Entre los ausentes está , un luchador que nació con una anormalidad que produce un aumento desproporcionado de las extremidades y que murió en 1993. Sus compañeros lo recuerdan como una "bella persona". Wallace Shawn (Vizzini) tenía miedo de las alturas y cuando se asustó ante la escena de una escalada, André le dio una palmadita en la cabeza y le dijo con su voz profunda: "No te preocupes, yo cuidaré de ti".

Después de una noche de chistes, Crystal se pone más serio y relata la emoción que acaba de sentir al ver la película con sus hijas y sus nietos: "He tenido la sensación de que estoy en algo realmente importante. Porque es muy bonito, está muy bien hecho y representa lo mejor de las películas. Y estoy sentado aquí con mis hijas, treintañeras, y mis nietos, que tienen seis y nueve años, y les encanta a todos. ¿Qué mejor vida que ésta para una película? Hay literalmente millones de personas que sienten lo mismo por esta película, pero la emoción de nosotros seis viéndola es mi 'como desees' personal".

Y con música de mark Knopfler. Que se ha de decir también.






lunes, 1 de octubre de 2012

¿Para qué sirve el latín?

Sería una buena pregunta, ya que hablando en "plata" ya no se habla en ninguna parte. Sólo recuerdo un día, en Roma, en uno de mis viajes, que me fue de amplia utilidad al permitirme hablar en mi entonces macarrónico latín con un párroco de algún país del este para que me informase de un par de cosillas que me daban curiosidad en la iglesia de San Pedro extramuros. Y no hubo idioma común al que recurir más que en esta supuesta lengua muerta, pero le hizo tanta ilusión oírme chapurrear en ella (si Cicerón me hubiese escuchado, me enviaba seguro a la cocina) que me dejó pasar a la sacristía para presentarme al encargado del lugar. Privilegio que imagino conceden a pocos por allá. Pero aparte de esto y de dejarme leer algunos libros, de poco más alguno dirá que me puede servir.

Quizá sea verdad, y no sirva realmente para nada. Quizá por eso me gusta. Es casi saber por el mero gusto de saber. Aprendiendo latín no voy a forrarme haciendo "pelotazos", ni especular en bolsa a costa de miles de inocentes que pagarían mi saber en esas ciencias de la putada. No seré famoso y no saldré en la "tele" (pensando en Gran Hermano o Sálvame, o similares, casi lo considero como un signo de buen gusto...). Pero yo no entiendo que se tenga que vivir para que los demás sepan de mí en el facebook ese, o Twitter, ni que todo tenga que "servir" para algo. 

Desde niño todos me dicen qué debo estudiar y qué debo aprender, y pocos, muy pocos, me han preguntado qué quería de veras saber. Y si por curiosidad se enteraban de mis gustos, tan poco mundanos, de forma invariable salía la preguntita: "¿Y esto para qué sirve?". Cosa que me hacía clasificar a la persona en cuestión en la categoría de "pobre de espíritu" como mínimo. Otras veces era peor y se limitaban a un "eso no sirve para nada, luego no lo vas a estudiar". Por suerte eran los menos. Pero de una forma u otra se terminaba siempre en la cuestión de la utilidad. Y qué manía de vivir obcecados con el utilitarismo y con la obtención de beneficios a corto plazo. No es que ser pragmático sea malo. No. No caeré en pecado de Hybris pero sí creo, iluso de mí, que la utilidad no debe medirse por la inmediatez de los resultados sino por la durabilidad de estos resultados. La vida es bastante más que lo aprendido en la escuela, es una experiencia que permite elaborar un pensamiento propio para poder establecer tu propio juicio, tu propia manera de entender y hacer sin influencias perversas.Tener conocimiento implica tener libertad de pensamiento, y no limitarse al saber escaso de las 4 cosas elementales que me van a servir en un día cualquiera de una vida gris.

Porque, dentro de este razonamiento tan pueril de utilidad monetario-económica, ¿alguien podría explicar para qué sirven las matemáticas?. Son árduas de aprender, cuestan un esfuerzo intelectual importante y si uno se basa en esas premisas de utilidad, una vez  aprendidas 4 reglas básicas ya nadie nos engañará con el cambio y sabré calcular un par de reglas de 3 de esas que tan manidas resultan para algunas cosas. Y si digo esto la gente se tira de los pelos diciendo que es una barbaridad. Porque lo es. Una cochina barbaridad. Categoría que nadie aplica al latín o la historia, cambiando el parecer al decir que en este casi sí, si no sirve de nada no hace falta aprenderlo. ¿Por qué todo el mundo sabe que las matemáticas son algo más que un instrumento para que no nos timen en el supermercado o en la cuenta del bar?. Hasta un cebollino sabe que son el fundamento de todas las ciencias y que si estoy tecleando ahora y pongo mis diatribas en internet, es porque hemos progresado una barbaridad en "las mates". Además, soy médico. En mi carrera tuve que desarrollar muchos fundamentos matemáticos para saber bién qué diablos estoy haciendo cada vez que receto un medicamento, por no hablar de los fundamentos de las redes neuronales, entendibles sólo desde las matemáticas tirando a avanzadas. Pero siendo honesto, hoy día no sabría resolver una simple raíz cuadrada o una ecuación de segundo grado algo movidita. Pero yo no reniego de un conocimiento que adquirí con buena dosis de sudor y decir que no sirve para nada sólo porque hoy día no lo utilice casi nunca (más allá de la inevitable suma/resta con los tenderos y la división a escote en unas tapas). Entiendo la necesidad de este estudio y de lo útil que me fue para llegar a ser lo que soy, pese a que no me "sirva" ahora para nada. ¿Por qué con el latín no?. ¿Tan diferente es la Historia para pensar que no es útil, en la misma medida que "las mates" me fueron útiles?.

Porque entiendo que ese proceso de aprendizaje es en sí lo que es la educación. Adquirir una serie de conocimientos no sólo para usarlos de forma inmediata sino que además me permitan ser la persona que yo quiero. Poder estar satisfecho de mí en el inevitable momento en que quede a solas conmigo mismo y ver cómo soy en realidad. Aprendiendo algunas cosas, pude adquirir después otros conocimientos que sin las primeras no habría tenido jamás. No me cerré así puertas al saber. Y eso incluye hacer las cosas no con un fin de utilidad momentánea, sino vivir según lo que es justo para no tener que valorarme en función de lo que haya "conseguido", porque para ello tal vez tendría que mentir y engañar. Y no todo es ganar. ¿Que aprender latín no vale para nada?. Para mí sí me sirve, simplemente por el propio valor que esto tiene, de aprender algo nuevo, de leer libros en este idioma, a miles, de forma directa y además disfrutándolo. 

Y curiosamente sí hay un aspecto práctico en le latín que la gente tiende a no conocer. Y es que hay conocimientos que sirven para estructurar el pensamiento. El latín es gimnasia para la mente. Es una lengua sucinta, y sobretodo muy lógica. Permite estructurar el cerebro y ante un texto escrito en castellano uno puede elaborar una crítica muy racional y lógica.  Porque ayuda a pensar con claridad. Conocer lenguas clásicas no va en menoscabo de un pensamiento científico, más bien al contrario. "La juventud envejece, la inmadurez se supera, la ignorancia puede ser educada y la borrachera se pasa; pero la estupidez es para siempre"

Y no es una lengua exenta de belleza. Tal vez el griego sea más sutil, más bello, pero juntando éste con el latín vemos que en estas lenguas se compusieron las primeras obras de la literatura occidental, se habló por primera vez de democracia, se discutió de libertad e igualdad, se establecieron las bases del derecho que ahora poseemos, se pusieron nombres a las distintas especies animales y vegetales y se dieron respuesta a muchas de las cosas que han preocupado a la humanidad. Y si alguien quiere acceder a esto, necesita que alguien se lo traduzca si no ha sido capaz de poner los rudimentos de esta lengua. Uno dependería siempre de otros para poder saber sobre cosas importantes.

En latín declamó Cicerón alguno de los mejores discursos políticos jamás pronunciados. En latín lloró Virgilio los amores de Dido y Eneas. En latín dieron Julio César y Tito Livio algunas de las mejores lecciones de estrategia militar e historia del mundo antiguo. En latín nos hicieron morir de risa Plauto y Terencio. En latín insultaba a sus rivales el lenguaraz Catulo, al mismo tiempo que dedicaba encendidos versos de amor a su Lesbia. En latín escribió Ovidio sus Metamorfosis, la mejor guía para introducirse en la mitología clásica. Al latín lo convirtieron en obra de arte en sus versos Horacio, Propercio y Tibulo. En latín sentó una de las bases más bellas del humanismo el comediógrafo Terencio, cuando hizo proclamar a uno de sus personajes: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” (“Soy un hombre: nada de lo que es humano me es ajeno”). En latín redactó Newton su Ley de la Gravitación Universal. En latín desgranó Leibniz su cálculo infinitesimal y las raíces de la lógica. En latín elaboró Linneo la primera clasificación científica de animales y plantas de su tiempo, surgiendo así la tradición de aplicar un nombre científico en latín a cualquier especie animal o vegetal que se conozca.

¿Que para qué sirve?. A otros no lo sé. Ni me importa. A mí para poder leer todo esto.  Finis origine pendet.

El latín no es una lengua tan muerta

Las clases de latín han sido vistas como una cosa moribunda durante mucho tiempo. Mis propios amigos la consideran una lengua muerta, algo que no sirve para nada. Y casi puedo decir que se burlan de mi gusto por una lengua que nadie habla fuera de círculos eruditos, pero que a mí me encanta y me permite leer libros antiguos directamente. Caramba, si hasta mis equipos del supermanager llevan nombres en latín. Y la gente me mira raro cuando digo que estudio latín en horas muertas (no muchas, he de reconocerlo...). Pero, en Alemania, uno de cada tres estudiantes aprende esta lengua. ¿Está el latín más vivo que nunca? ¿Es Alemania una excepción?

Una de las cualidades que distingue al Johanneum de otros centros de enseñanza en Hamburgo es el valor que allí se le da a las lenguas antiguas. Eso y el hecho de que el colegio sea uno de los más rancios de la ciudad hanseática, atrae a muchas personas en busca de una educación elitista para sus hijos. Anna Schünemann, profesora de idiomas en el Johanneum, contempla ese fenómeno con algo de aprensión, sugiriendo que el latín es mucho más que un ornamento exótico para la hoja de vida de los estudiantes.

Ella procura que sus clases de latín sean más entretenidas que las que ella recibió en su juventud, para contagiar a sus alumnos el placer de hablar esa lengua. No obstante, Schünemann confiesa que sólo decidió aprender latín porque abundaban los puestos de trabajo para los profesores de esa cátedra. Y ella quería ser docente a como diera lugar. Al parecer, ese es un motivo que lleva a muchos bachilleres a estudiar latín en las universidades. Desde hace siete años, esa tendencia va en aumento.

Una lengua lógica

Quienes estudian latín en las escuelas superiores lo hacen voluntariamente. En las escuelas, la historia es diferente. “Mi mamá quería que yo aprendiera latín”, dice Rubén entre risas; sus compañeros lo secundan con una sonrisa cómplice. Rubén hubiera preferido estudiar italiano; su amiga Carla cuenta que aprender inglés es más divertido que aprender latín. Markus subraya que, aunque esa lengua antigua no les va a servir de mucho en el futuro, sirve para aprender a pensar claramente.

“El latín es un idioma muy lógico”, explica Markus y muchos de quienes recomiendan aprender ese idioma argumentan como este quinceañero. En Alemania, la consciencia del valor y la utilidad del latín parece ir recuperando terreno, al contrario de lo que ocurre en los países vecinos. Aparte de Austria, todas las demás naciones de la Unión Europea han reducido la presencia del latín en sus planes de estudio. Los italianos y los franceses casi nunca se ven confrontados con la raíz románica de sus lenguas nacionales.

Claudia Schindler de la alma máter de Hamburgo cita un estudio de la Universidad Humboldt de Berlín según el cual las clases de la lengua latina facultan a los estudiantes para aprender otros idiomas, no solamente porque ella es la madre de otras lenguas, sino también porque permite analizar cómo funcionan los lenguajes en general. Sin embargo, aún en territorio germano, sería exagerado decir que el latín está más vivo que nunca. En las universidades se tiene claro que, fuera del precinto académico, el latín casi no se usa.


Dedicado a Barnabas.

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...