jueves, 21 de agosto de 2014

Una copa de Pericles

Dedico esta entrada a Barnabas y a sus siempre punzantes diatribas hacia mi mitomanía (temo más ficticia que real, pero al fin y al cabo, qué más dará...). Espero le sea de provecho:

Hallan en Atenas una copa de vino que fue usada por Pericles 

Una copa de vino que fue usada por Pericles, un político y orador griego del siglo V antes de nuestra era, fue hallada en una fosa común de Atenas, indicó este miércoles un periódico griego.

Los 12 pedazos de esta copa de cerámica con asas fue hallada en unas obras en el barrio de Kifissia, en el norte de Atenas, según el periódico Ta Nea.

Tras unir todos los fragmentos, los arqueólogos descubrieron el nombre ‘Pericles' inscrito debajo de uno de sus asas, juntos a los nombres de otros cinco hombres, aparentemente siguiendo un orden jerárquico.

Los expertos dicen estar seguros “al 99%” que la copa fue usada por Pericles porque entre los otros nombras figura el de Arifrón, su hermano mayor.

“Arifrón es un nombre muy poco frecuente. El hecho de que aparezca al lado del Pericles nos hace estar seguros al 99% de que se trata de los dos hermanos”, indicó al periódico Angelos Matthaiou, secretario de la sociedad griega de epigrafía.

Según este experto, la copa fue usada probablemente por los seis hombres durante un simposio (los banquetes de la antigua Grecia) que luego inscribieron sus nombres como recuerdo.

“Está claro que estaban un poco mareados porque el que escribió el nombre de Pericles se equivocó y tuvo que corregirlo”, aseguró Matthaiou.

La copa fue luego regalada a otro hombre llamado Drapetis ('fugitivo' en griego) que probablemente era un esclavo o el propietario de la taberna, según la arqueóloga Galini Daskalaki. “Es un hallazgo excepcional, un elemento genuino de un momento íntimo”, aseguró.
Pericles, que fue general y un hombre de gran influencia durante una de las épocas de más prosperidad de la antigua Grecia, murió de la peste en el año 429 antes de nuestra era durante el sitio de Esparta.

La copa se expondrá al pública en otoño en el museo epigráfico de Atenas.


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martes, 19 de agosto de 2014

Corto Maltes



Hace tiempo que pensaba poner alguna cosa sobre este marinero de cómic, pero por una cosa u otra nunca lo terminaba de hacer. y como esto se iba a dilatar, pues pongo un artículo de El País y puedo dejarlo para una mejor ocasión. 

"No quiero conocer mi futuro, porque entonces dejaría de interesarme", asegura Corto Maltés cuando una vidente trata de escudriñar su porvenir. El marino romántico, creado a finales de los años sesenta por Hugo Pratt, pertenece a un tiempo y a una época: la era de las grandes aventuras, el mismo mundo que compartieron Jack London –que aparece en uno de los episodios– o Robert L. Stevenson. Nació en 1887, hijo de una gitana de Gibraltar y de un marinero de Cornualles; la mayoría de sus aventuras transcurren en el entorno de la Primera Guerra Mundial, de cuyo inicio se conmemoran este verano los 100 años. En 1917, por ejemplo, protagoniza 11 episodios. El último volumen que publicó Pratt, Mu, el más surrealista y extraño de toda la serie, transcurre en 1925. Luego, desapareció del mapa, se esfumó en ese futuro que nunca quiso conocer. Cush, un nómada de los desiertos del cuerno de África, capaz de una crueldad implacable y buen amigo de Corto Maltés en las Etiópicas, asegura en otro tebeo de Pratt, Los escorpiones del desierto, ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, que "desapareció durante la Guerra de España".

Las aventuras de Corto Maltés transcurren en un momento muy preciso, antes de que todo cambiase. La Gran Guerra fue el primer conflicto moderno y, a la vez, el último conflicto clásico, existían las metralletas, los aviones y los primeros tanques (que entraron en combate en la batalla del Somme en 1916) pero muchos generales combatían como si todos esos mortíferos avances no hubiesen sido inventados y mandaban a sus soldados contra las defensas enemigas como si se tratase de una carga napoleónica o, incluso, cartaginesa. Adam Hochschild recuerda en su magnífica historia del conflicto, Para acabar con todas las guerras. Una historia de lealtad y rebelión. 1915-1918 (Península) una reveladora cita del mariscal de Campo, sir Douglas Haig, el oficial británico más importante: "Algunos entusiastas de ahora profetizan que el avión, el carro de combate y el automóvil reemplazarán al caballo en las guerras del futuro; pero yo creo que es probable que, en el futuro, el valor y las oportunidades del caballo sean tan grandes como siempre".


El héroe de Hugo Pratt sí comprende que su mundo está a punto de desaparecer y por eso decide perderse. "Corto Maltés se irá porque en un mundo en el que todo es electrónico, donde todo está calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como él. Corto Maltés no acepta ese mundo, esa vida: tendrá ganas de irse y, en ese momento, debo dejarle marchar, porque es un amigo y no tiene ganas de quedarse con nosotros", afirmó el propio Pratt, según recoge Dominique Petitfaux en su libro de entrevistas De l'autre côté de Corto. Y cuando el dibujante pronunció estas palabras el mundo era todavía mucho más grande que ahora, porque no existían ni los móviles ni Internet. "La acción de Corto Maltés se sitúa en la época en la que la gran aventura era posible, la época de Conrad o Melville", señaló Milo Manara, amigo de Hugo Pratt con el que dibujó Verano Indio y El Gaucho y al que homenajeó en HP y Giuseppe Bergman.

Corto Maltés recorre lugares del planeta cuando todavía estaban inexplorados, desde los Mares del Sur hasta los confines de África y del Amazonas o las estepas de Asia Central, un mundo de piratas o aventureros. Sus aventuras pueden servir para estudiar los frentes más remotos de la Primera Guerra Mundial, los lugares en los que las grandes potencias se enfrentaron como imperios coloniales. Sin embargo, dos de las mejores historias del conflicto transcurren en la vieja Europa y pertenecen a uno de los mejores álbumes de toda la serie, Las célticas, que, como asegura el prólogo, "registra el paso de Corto Maltés por Europa durante los años 1917 y 1918". En una de ellas, Vino de Borgoña y rosas de Picardía, que transcurre en el frente del Somme, Corto Maltés tiene un papel extraño pero crucial en el derribo del mítico aviador alemán, el Barón Rojo, abatido por un soldado australiano que tiene una puntería infalible siempre que esté completamente borracho. Corto es quien pone el vino.



La otra historia es Concierto en Do menor para arpa y nitroglicerina, un relato de denuncias, traiciones y falsos culpables en Irlanda del Norte, con un tono que a veces recuerda a El delator, de John Ford. El pasado mes de abril fue detenido el líder del Sinn Fein Gerry Adams para interrogarle por un asesinato cometido en 1972, el de Jean McConville, una viuda, madre de 10 hijos, que fue secuestrada por un comando del IRA en 1972, acusada injustamente de ser una confidente de los británicos y asesinada. Su cadáver no fue encontrado hasta 2003, en una playa a 80 kilómetros de Belfast, por casualidad. Adams fue detenido porque un antiguo pistolero del Ejército Republicano Irlandés le acusó de haber ordenado la muerte de McConville, en el peor momento de los enfrentamientos de los años setenta, los llamados troubles, los disturbios. Adams fue liberado aunque el caso sigue abierto. Es una historia que pertenece al mismo ambiente que describe Hugo Pratt, casi con los mismos personajes, víctimas y verdugos de venganzas despiadadas. Tal vez el mundo haya perdido magia y encanto desde los tiempos de las aventuras de Corto Maltés, pero no ha olvidado la violencia.





lunes, 11 de agosto de 2014

La muerte y el ajedrez


Una curiosidad que me han comentado acerca de un fresco de una iglesia medieval de Estocolmo. Bueno, no en el mismo Estocolmo, sino de las cercanías, más en concreto, en un humilde rincón de la Iglesia de Täby. Se puede contemplar allí un fresco discretito, obra de Albertus Pictor (así mismamente, Alberto el Pintor...), donde un hombre juega una partida de ajedrez con un esqueleto, muy probablemente queriendo representar en él a la Muerte, así, con mayúsculas. Y claro, Suecia, la Muerte jugando al ajedrez... es inevitable comparar esa imagen con esta otra:


Probablemente una de las mejores películas de la historia del cine. Del sueco casi seguro. Sólo es una apreciación personal, pero desde luego la película es de las que valen la pena. Dejo la imagen final, inigualable:


sábado, 9 de agosto de 2014

Memoria visual

En varias ocasiones me he hallado en situación de explicar, en las innumerables clases que llevo dando en la universidad, la importancia de la memoria. Y no puedo menos que ver cómo miles de personas tiende a malograr sus experiencias en todo cuanto emprenden al tratar de recogerlo todo en esas dichosas redes sociales, pero sobretodo por grabarlas con el móvil. Más ocupadas quizá en grabarlo y exponerlo que en vivirlo de verdad.

Quizá no sea extrapolable, pero a quien le interese siempre le explico cómo dejé de tomar fotografías ya hace unos cuantos años, después de un viaje importantísimo para mí de Interrail por Italia, Grecia y Estambul. Pese a que no estuve todo el viaje fotografiando como un demente, sí recuerdo a veces cierta aprehensión por no disfrutar quizá algo más del viaje. Impresión que se exacerbó en mis últimos viajes en bicicleta, sobretodo por el Danubio, ya que tras el primero de ellos, al regresar a casa del viaje, me encontré en posesión de una serie de fotografías muy mediocres, y poca memoria real de lo que había visto. Me "olvidé" de la cámara en mis viajes posteriores, durante los cuales opté por buscar otro tipo de recuerdo al pretender sólo grabar en mi mente lo visto. hecho que potencié con lecturas sobre allí a donde iba, pero sobretodo haciendo dibujos muy mediocres, casi diría que malos, pero que incrementaron en mucho mi memoria de cuanto veía y que creo me hicieron disfrutar doblemente. Si lo creo necesario, recurro a Eli y sus mucho mejores fotografías, para recuerdos futuros. Esta placa sobre Maria Sonia, en la Iglesia de San Esteban en Tulln, refleja bien a las claras esto que digo. Para lo nimio que resulta este detalle, me es imposible olvidarlo. Así como el águila en la puerta de la iglesia. Sólo recuerdos...

viernes, 1 de agosto de 2014

Sobre la privacidad

Otro artículo interesante que he pillado dando un par de vueltas por la red. Vale la pena el tiempo que se ocupe en leerlo, y además está escrito por el Maestro (http://prodavinci.com/2014/07/28/vivir/dando-a-cambio-nuestra-privacidad-por-umberto-eco/):

Uno de los grandes problemas de nuestro tiempo, que a todas luces parece preocupar a todos hoy día, es el número creciente de amenazas a nuestra privacidad. En los términos más llanos, asumimos que “privacidad” significa que todos tienen el derecho a proceder con sus propios asuntos sin que alguien más —en particular dependencias ligadas a centros de poder— se entere al respecto. Valoramos tanto nuestra privacidad que hemos establecido instituciones y regulaciones para salvaguardarla.

A últimas fechas, nuestras conversaciones a menudo dan un giro hacia cuánto nos preocupa que alguien pudiera piratear nuestros estados de cuenta de tarjetas de crédito y averiguar qué bienes hemos comprado, en qué hoteles nos hemos hospedado o dónde hemos cenado. No importa el miedo a que nuestros teléfonos pudieran ser intervenidos sin causa justa: Vodafone, la empresa británica de telecomunicaciones, hizo sonar la alarma sobre agentes más o menos secretos en varios países obteniendo acceso a las personas con las que hablamos y lo que decimos al teléfono.

Por la manera en que hablamos de la privacidad, parecería que la consideramos sagrada, como algo que debe defenderse a cualquier precio, para que no terminemos viviendo en una sociedad gobernada por el proverbial Hermano Mayor de George Orwell: una entidad que todo lo ve y vigila cada una de nuestras acciones y, quizá, incluso cada uno de nuestros pensamientos.

Pero, a juzgar por nuestra conducta, ¿realmente nos preocupa mucho la privacidad? Consideren lo siguiente: hubo una época en que la mayor amenaza a la privacidad de una persona era el chisme; la gente temía que su ropa sucia fuera ventilada en público, preocupada de que eso pudiera dañar su reputación. Sin embargo, actualmente, a medida que tantos luchamos con la manera de definirnos en el mundo moderno, existe una amenaza mayor que la pérdida de privacidad: la pérdida de visibilidad. En nuestra sociedad hiperconectada, muchos de nosotros sólo queremos que nos vean.

De esta manera, una mujer que se prostituye (y que, en los viejos tiempos, habría intentando ocultar su oficio tanto a familia como vecinos), se promueve como una “acompañante” y adopta un papel público, quizá apareciendo incluso en televisión. Parejas que en otra época pudieran haber mantenido en privado las dificultades de su vida ahora se presentan en vulgares programas de TV, revelándose como adúlteros o cornudos, y son recibidos con aplausos. El extraño sentado a su lado en el tren le grita a su teléfono lo que piensa de su cuñada o lo que su asesor fiscal debería hacer. Y el sujeto de una investigación policial de alto perfil —quien, en otra era, pudiera haber abandonado la ciudad o permanecido discretamente en casa, esperando a que pase la ola del escándalo— pudiera más bien incrementar sus apariciones en público y poner una sonrisa en su cara, ya que es mejor ser un ladrón de mala fama que un hombre honesto pero anónimo.

El sociólogo Zygmunt Bauman escribió hace poco en La Repubblica sobre el poder de Facebook y otros medios sociales para hacer que la gente se sienta interconectada. Esto evocó un artículo que Bauman escribió para el Social Europe Journal en 2012, en el cual habla de cómo los medios sociales, como instrumentos para llevar un registro de los pensamientos y emociones de la gente, pueden ser controlados por diversos poderes interesados en vigilancia electrónica. Bauman destaca que, a final de cuentas, ese tipo de violaciones a la privacidad es posible gracias a la entusiasta participación de la misma gente cuya privacidad está siendo violada. Argumenta que “vivimos en una sociedad confesional, promoviendo la propia exposición en público del orden de la principal y más fácil disponible, así como discutiblemente la más potente y la única prueba en verdad apta de existencia social”.

En otras palabras, por primera vez en la historia de la humanidad, los espiados están colaborando con los espías para simplificar la tarea de estos últimos. Lo que es más, la persona promedio extrae satisfacción de rendir su privacidad cuando eso le permite sentir como si otros verdaderamente lo “vieran”. (No importa si lo que ellos ven es su comportamiento como idiota o incluso como delincuente).

Una vez que seamos capaces de saber absolutamente todo de todos los demás, el exceso de información sólo producirá confusión e interferencia. Esto debería preocupar a los espías, mas no a los espiados, quienes parecen conformes con la idea de que ellos, y sus secretos más íntimos, sean conocidos por amigos, vecinos e incluso enemigos. A últimas fechas, quizá someterse a ese tipo de exposición es la única forma de sentirse realmente vivo y conectado.
Hablamos mucho de dientes para fuera sobre preocuparnos de la privacidad. Pero si las acciones hablan con mayor fuerza que las palabras, entonces nuestra privacidad al parecer no tiene tanta importancia para nosotros. Cuando menos, no tanta como el reconocimiento.

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...