martes, 11 de septiembre de 2018

En defensa de las clásicas

Sorprende que se tenga que defender algo así, pero tal y como van los tiempos la sorpresa tiende a ser cada  vez menor. Pero en fin, es lo que hay. Hasta aquí hemos llegado y los profesores han salido a defender lo necesario de estas enseñanzas. Temo no vaya a servir de nada, pero merece la pena apoyarles. Sacado de aquí:  


«No sin los clásicos»: ¿Por qué debes estudiar latín y griego?


Cientos de profesores reivindican la enseñanza del griego y el latín en la enseñanza Secundaria y el Bachillerato.


Cientos de personas se han concentrado este fin de semana frente al Ministerio de Educación en Madrid para pedir al Gobierno que garantice la impartición de las asignaturas de Griego y Latín en la enseñanza Secundaria y el Bachillerato.

A la concentración, convocada por más de 20 asociaciones, han acudido profesores y alumnos de todas partes de España, que han reclamado que el Latín y el Griego se "revaloricen" y "tengan un mayor futuro".

El presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos, Jesús de la Villa Polo, ha explicado que en los últimos años, a partir de la aplicación de la LOMCE pero también de unas políticas restrictivas por parte de los centros y las autoridades educativas, se ha reducido la presencia del Griego y Latín. Los alumnos de Griego han bajado a la mitad y los de Latín, a un tercio en tres años.

En este sentido, ha afirmado que "es una tendencia general primar las enseñanzas más utilitaristas sin darse cuenta de que la formación integral de los estudiantes hay que hacerla en la primaria y la secundaria" momento en el que "tienen que formarse ciudadanos y personas cabales completas", ha aseverado.

Por eso ha querido insistir en que el Griego y el Latín, "son el corazón de las humanidades y que sería difícil e imposible entender la lengua española y europea sin conocer las bases griegas y latinas de la cultura".


En este artículo, publicado por el profesor Esteban Bérchez Castaño, se pone de manifiesto su probada capacidad para facilitar el aprendizaje de otras lenguas, ya que por ejemplo más de la mitad del vocabulario del inglés proviene del latín y el griego.

Asimismo, en este artículo, que encabeza la web de la Sociedad Española de Estudios Clásicos se subraya el sinsentido de marginar estas asignaturas frente a otras. «Personalmente -afirma Bérchez Castaño- debo reconocer que no recuerdo ya para qué sirve una raíz cuadrada ni la tabla periódica; sin embargo, no reniego en absoluto de los conocimientos de matemáticas o de física y química que adquirí durante más de diez años, y ni mucho menos se me ocurre proclamar a los cuatro vientos que esas asignaturas no valen para nada porque no hayan tenido posteriormente presencia alguna en el ejercicio de mi trayectoria profesional. ¿Por qué, en cambio, los profesores de Griego y Latín tenemos que estar oyendo continuamente, incluso de boca de colegas, que nuestras materias no valen para nada?».

Otro de los datos curiosos que se recogen en la web, es la diferencia entre España y los países de nuestro entorno. En Bélgica se puede llegar a estudiar en el instituto seis años de latín, cinco en Alemania, Bulgaria, Hungría e Inglaterra, y siete en Italia. En España, por contra, los alumnos pueden estudiar como mucho tres cursos de Latín y dos de griego, y sólo los que deciden escoger las ramas de Artes y Humanidades.

«No sin los clásicos», «En España no me dejan estudiar latín» o «Humanidades sin latín, ¿Estás de coña?» fueron algunos de los lemas que ayer se vieron en Madrid para exigir que se garantice su enseñanza.

jueves, 4 de enero de 2018

Literatura latina a partir del siglo IV dC.

El Imperio romano poco a poco va perdiendo empuje en estos siglos que siguen a la muerte de Trajano. Hay una escisión del imperio que se va haciendo cada vez más clara y la división formal en 395 d.C. ya es definitiva. Así, el Imperio romano deja de ser bilingüe: Hay una mitad de habla griega y una mitad de habla latina. En Occidente el uso del griego queda en círculos cada vez más reducidos.

Esto conlleva una serie de cambios en lo que es la literatura, ya que implica una oleada de traducciones:  C. Marius Victorinus traduce obras de Platón, Aristóteles y Porfirio. Pero sobretodo se traduce literatura eclesiástica, comentarios, homilías, vidas de santos y actas de concilios.  Evagrius dio forma a la hagiografía latina al traducir Vita s. Antonii de Atanasio; Ambrosius se aproxima a Basilius; Rufinus de Aquilea y Hieronimus traducen a Orígenes y a Eusebio. El trabajo más importante es la Vulgata, la biblia latina emprendida por encargo del Papa Dámaso y traducida no del griego sino directamente del hebreo.

Podemos como regla general considerar la sociedad del siglo IV d.C. como empobrecida material y espiritualmente, enmarcada dentro de un régimen militar continuado. La corte, dentro de todo esto, se desplazó fuera de Roma, a Rávena y Milán. Curiosamente esto hizo que se volvieran más los ojos hacia la grandeza de la Urbe. Queda poca vida cultural a destacr, ciertamente. Podemos destacar siemrpe alguna cosa, como los 7 libros Saturnalia de Macrobius Teodosius, hacia el 400 dC. Creemos ver aquí una cierta imitación de Cicerón. 

Destaca también la obra histórica a cargo de Ammianus Marcellinus. Natural de Antioquía, primero oficial con Constantino y Juliano, se asentó más tarde en Roma. Pretende continuar las Historias de Tácito (Rerum gestarum libri) desde Nerva hasta Valente. Se han conservado los libros 18-31, que tratan del tiempo en el que vivió el autor. 

La historiografía cristiana tiene a Sulpicius Severus, también de  Aquitania, a uno de sus autores destacados. Es el autor de Chronica, en dos libros. En la Edad Media fue conocido como autor de la leyenda de San Matín. 

Con el presbítero Paulo Orosio tenemos sus Historiae adversus paganos, un trabajo histórico hecho en base a fuentes secundarias. De un compañero suyo, Eugippius, nos llega Commemoratorium sobre San Severino, apóstol de Noricum Ripense. En esta obra podemos ver un interesante panorama sobre la vida romana en la provincia del Danubio.

Pero en general la mayoría de escritos históricos del siglo IV no son demasiado importantes. Algún trabajo interesante nos podemos encontrar, como los Caesares de Aurelius Victor, que llegan hasta Constantino. Resulta una obra de buena utilidad, al ser en base a fuentes fidelignas. Otra obra inteligente y bien escrita, de una agradable lectura, es el Breviarium ab urbe condita en 10 libros de Eutropius. Destacan también el Cronógrafo, escrita en 354, y los Epitoma rei militaris en 4 libros de Flavius Vegetius Renatus.

En cuanto a la gramática, el más famoso es Aelius Donatus, autor de dos gramáticas: Ars minor para principiantes y Ars maior para adelantados. Otros gramáticos son Carisius, Diomedes, Servius y el africano Priscianus. Estos autores fueron los que pasaron su conocimiento a la Edad Media, donde se aprendía latín con sus libros. Tanto fue así que "Donatus" llegó a significar lo mismo que "gramática".

Los compendios de artes liberales comienzan a adoptar ya las formas con que se los conocerían en el medievo. Poco antes de su bautismo Agustín proyectó una exposición sistemática de las Disciplinae, lo mismo que Boecio un siglo después. Pero ninguno llegó a acabar la obra. Un compendio completo son los 9 libros de De nuptiis Mercurii et Philologiae, del africano Martianus Capella, hacia el 400 dC. Es un libro de más complicada lectura, pero desde el IX es uno de los autores escolares más leídos y comentados. 

En la poesía destaca D. Magnus Ausonius. Trabajó como profesor de retórica en Burdigala y luego fue el preceptor del príncipe Graciano, con quien fue cónsul más adelante (379 dC). En 383, a la muerte del emperador, regresó a Burdeos. Sus poesías nos proporcionan un excelente cuadro del a época en que le tocó vivir, y hacen de él un cristiano culto y hombre de mundo. Un discípulo suyo fue Paulinus, luego obispo de Nola. Cuesta creer que renunciase éste al mundo partiendo desde semejante maestro, pero al menos la correspondencia que mantuvieron resulta ampliamente agradable de leer. Deja de todas formas entrever una callada tragedia.  Su poesía más conocida es Mosella, en donde describe un viaje por el río hasta Tréveris. Es un cuadro clásico de Iter con la descripción del río. Expone la vida que se observa en los márgenes del río. Otras composiciones son Ordo nobilium urbium (en donde sitúan en puestos de honor a Burdeos) y la Commemoratio professorum burdigalensium. En Bissula se refiere a una joven sueva que Graciano le regaló tras su campaña en Germania. En Canto nuptialis muestra una enorme habilidad técnica en versos virgilianos.

Claudius Claudianus, de Alejandría, es otro gran poeta. Educado en la tradición griega, se dirigió a la corte del emperador Honorio. En su epopeya De bello Gotico y en las invectivas del estilo de Juvenal contra ministros del imperio de oriente (In Rufinum, In Eutropium) se convierte en un heraldo de Estilicón. No llegó a terminar una epopeya mitológica, De raptu proserpinae.

Tras la caída de Roma destaca Aurelius Augustinus, conocido como San Agustín. Destaca su obra en 22 libros De civitate Dei. Educado como cristiano en Tagaste, hijo del pagano Patricio y la cristiana Mónica, abandonó la fe durante sus años de juventud cuando estudiaba Madaura y Cartago. Pasó por el maniqueísmo, el escepticismo y el neoplatonismo hasta que en Milán, con Ambrosio, adoptó la fe cristiana de nuevo. El propio obispo le bautizó en 387 d.C. En 395 se le hace obispo de Hipona. Sus Confessiones en 13 libros describe su camino de aceptación de la fe cristiana, pero deja también agudas observaciones sobre la memoria y el tiempo. Es un pensador agudo y original, incluso con influencia, dicen, sobre Heidegger. Opina entre otras cosas qeu Roma no es un símbolo sino una magnitud histórica, y cree que las potencias que fraguan la historia son los reinos terrenal y divino, que avanzan entrelazados. Sólo al final de los tiempos llegará la victoria de Dios. 

El siglo V fue testigo de la desintegración del imperio de occidente tras las sucesivas entradas de visigodos, vándalos (se hallaban ante Hipona a la muerte de Agustín) y ostrogodos (estos se asentaron en Italia). En este período fueron los terratenientes quienes mantuvieron viva la cultura. Destaca entre ellos C. Sollius Apollinaris Sidonius con poemas panegíricos. Llegó a ser obispo en Clermont. En sus cartas encontramos un interesante cuadro de aquella sociedad. 

Pese a la debacle que supone la invasión ostrogoda, su rey, Teodorico, mantiene la administración civil del imperio que ha conquistado y permite un cierto florecimiento cultural. Dentro de esto sobresale Magnus Aurelius Cassiodorus, cónsul en 514, secretario de estado con Teodorico y sucesores antes de retirarse en 540 a sus fincas privadas del sur de Italia. Como Abad de Vivarum trató de crear una universidad cristiana. Interesante de entre sus escritos son las Institutiones divinarum et humanarum literarum, y la colección de escritos políticos titulada Variae. Su comentario de los salmos hizo madurar la exégesis. Hizo también una historia de los godos, De origine actibusque Getarum, lamenteblemente hoy perdida pero de la que nos ha llegado más un extracto que hizo el godo Iordanis.

La máxima importancia literaria en este siglo corresponde a Anicius Manlius Severinus Boethius, cónsul en 510 y luego magister officiorum. Sin descuidar sus deberes políticos halló tiempo para escribir numerosas obras eruditas, algunas del quadrivium (Aritmética, Música), y como teólogo participó en diversas disputas dogmáticas. Llegó a traducir el Organon de Aristóteles y la Isagoge de Porfirio. No llegó a hacer más porque fue acusado de alta traición, condenado a prisión y luego a la muerte. Entre la condena y la ejecución escribió De Philosophiae consolatione, un protréptico para sí mismo a la manera del Hostensius ciceroniano. Es un diálogo entre Boecio y la Filosofía personificada.

Poco después de la muerte de Boecio hay un  intento de reconquista de Italia por Bizancio, que supone el final de este renacimiento cultural. Hombres como Casiodoro logran conservar buena parte de la cultura en el sur, o en Irlanda por parte de Columbano. En España hay otros hombres destacados, como Isidoro de Sevilla o Julián de Toledo. Cuando las escuelas carolingias se hicieron cargo de la herencia clásica, Boecio fue agregado como el "último romano".

martes, 26 de diciembre de 2017

Sobre los clásicos

Nuccio Ordine nos deja nuevamente sus opiniones sobre los clásicos y la cultura. Merece la pena el tiempo dedicado a leer esta entrevista.

Nuccio Ordine (Diamante, Calabria, 1958) es lo más parecido en la vida real al profesor de la película El Club de los Poetas Muertos. Ordine -humanista, filósofo, experto en literatura italiana y famoso por sus estudios sobre el Renacimiento y Giordano Bruno- da clases en la Universidad de Calabria. Sus lecciones no sólo son apasionadas. Además, a sus alumnos les dice cosas absolutamente increíbles, como por ejemplo que no estudien pensando en las salidas profesionales sino que escojan lo que les entusiasma, que no lean para aprobar un examen sino por placer, que pregunten y se hagan preguntas, que se vuelvan contestatarios, que se conviertan en herejes...

Hace 15 años, y siempre con el objetivo de motivar a sus estudiantes, Ordine puso en marcha un pequeño experimento: empezó a leer a sus alumnos cada lunes durante media hora breves citas de obras clásicas, tanto en prosa como en verso. La lectura iba luego acompaña de un pequeño debate. Las clases de los lunes empezaron a llenarse a rebosar, incluso de estudiantes de otras asignaturas...

El experimento se amplió, salió de las aulas de la Universidad de Calabria y se convirtió en una columna en un suplemento del diario Corriere della Sera, donde Ordine publica cada semana con gran éxito pequeños fragmentos de textos clásicos acompañados de un breve análisis. Y ahora, todo eso ha dado el salto a un libro, titulado Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal (Editorial Acantilado), en el que Ordine recopila 50 textos de clásicos (desde Homero a Antoine de Saint-Exupéry) y los disecciona.

Se trata de la continuación lógica de su anterior libro, La utilidad de lo inútil, un manifiesto publicado también por la editorial Acantilado en el que Ordine repasa las opiniones de varios filósofos y escritores sobre la importancia de la escuela. Un auténtico best seller que se ha traducido a 19 lenguas y se ha publicado en 26 países. Hablamos con Ordine en Madrid, por donde ha pasado recientemente invitado por la Fundación Telefónica.

¿Qué hace de un escritor un clásico? ¿Tal vez su capacidad de hablarnos a través de los siglos?

Un clásico es un texto que a lo largo del tiempo consigue responder a las preguntas de sus lectores. Hay quien piensa que los clásicos se pueden juzgar por el éxito comercial, pero no es así. Hoy hay montones de best sellers que venden millones de copias, pero dentro de 20 años nadie se acordará de ellos. Y, mientras tanto, continuaremos leyendo a Homero, a Cervantes... Los clásicos se siguen leyendo, y se leen porque responden a nuestras preguntas. Y no sólo eso: un clásico pide siempre más de una lectura, porque el Homero, el Cervantes o el Rilke que uno lee de joven no es el mismo que se lee con 60 años.

¿Qué nos enseñan los clásicos?

Los clásicos nos humanizan, nos libran de la barbarie. La ambición, la corrupción, el amor, la vida, la muerte... Esos son los grandes temas de la humanidad, los temas de los que se ocupan los clásicos. Declinados, claro está, de manera distinta, presentándonoslos en modos diversos. Pero tenemos que saber las preguntas que les debemos hacer. Si uno no sabe hacer las preguntas adecuadas, el clásico no te puede responder. Y el problema hoy en día es que estamos deseducando a los jóvenes a leer a los clásicos, no saben las preguntas que tienen que hacerles.

Usted es muy crítico con el sistema educativo actual...

Es que es un absoluto desastre. Hay que actuar deprisa y hacer las cosas de manera completamente diferente a como se están haciendo. En el sistema educativo impera en estos momentos una visión profundamente utilitarista, todo se hace porque sirve para el trabajo, para una profesión... Nos hemos olvidado de que la raíz etimológica de la palabra escuela viene del griego skholè. Y skholè en griego significa ocio, tiempo libre. Uno debería ir a la escuela a cultivar su espíritu, no a aprender un oficio, a prepararse para encontrar un trabajo. Pero las escuelas y las universidades han creado un sistema que corrompe a los jóvenes, en el que les hacen creer que se debe estudiar no por el gusto de aprender sino para encontrar un trabajo.

¿Es problema de la escuela o de los propios jóvenes?

Cuando escribí mi anterior libro, La utilidad de lo inútil, visité casi un centenar de institutos de toda Italia para presentarlo y hablé con miles de jóvenes. No es verdad que los jóvenes sean pasivos. Los jóvenes llevan dentro una mecha de entusiasmo que, cuando alguien se la enciende, explota. Esos jóvenes siempre me hacían la misma pregunta: «Profesor, yo amo el latín y el griego, me gusta la literatura, pero mis padres me dicen que eso no tiene salida profesional y que es mejor que estudie una ingeniería, informática, medicina, porque así encontraré más fácilmente trabajo». Pues bien, lo que yo les respondo siempre es: «Chavales, no os inscribáis en la universidad pensando en el trabajo, elegid aquello que os apasiona». Porque si uno elige una disciplina porque le apasiona será tan bueno en ella que encontrará trabajo. Y al revés: si uno estudia una carrera que no le apasiona pensando sólo en su salida profesional, puede que el día de mañana gane mucho dinero pero no será feliz. Si a mí alguien me ofreciera ir a trabajar a una empresa a cambio de 100.000 euros al mes, no iría. No cambiaría jamás de trabajo, porque para mí lo que hago es un placer, una pasión, mi vocación, y eso es impagable.

Si la cultura nos hace mejores personas, ¿por qué no invierten los gobiernos en educación?

Porque al poder no le gusta que sus ciudadanos sean autónomos y cultos. Porque cuando se forma a personas cultas y autónomas se está formando a los futuros herejes, a los futuros contestatarios, a gente que te dirá «no». Los gobiernos prefieren formar a consumidores pasivos, y eso es justo lo que forma la escuela de hoy: chavales que en cuanto sale el iPhone 5 se mueren por tenerlo y a los que la felicidad les dura seis meses, porque luego sale el iPhone 6 y si no lo tienes eres un infeliz. Los gobiernos se han movilizado por ejemplo para proteger los pozos petrolíferos de Irak, pero no para proteger los monumentos de Palmira, en Siria. Es algo vergonzoso. Si se destruye un pozo de petróleo sólo hay que reconstruirlo, pero una obra de arte no se puede reconstruir, es irremplazable. Las obras de arte son únicas e irreproducibles. Si alguien destruye Las Meninas, por ejemplo, nadie podrá rehacerlas. Ni siquiera el propio Velázquez si viviera. Haría otras Meninas, pero nunca las que conocemos. Pero a los gobiernos no les importa nada que las cosas únicas e irreproducibles que son patrimonio de la humanidad se pierdan, y sin embargo se dedican a salvar pozos de petróleo que se pueden reconstruir. Así es la estupidez que nos domina.

Los gobiernos se escudan en que no hay dinero y en que se ven obligados a recortar sus gastos en cultura y educación...

Es mentira, hay dinero. No conozco los datos de España, pero no creo que sean muy distintos de los de Italia. En Italia la corrupción nos cuesta 70.000 millones de euros al año, la evasión fiscal nos sale por 120.000 millones de euros al año. ¿Se imagina lo que se podría hacer con 190.000 millones de euros al año? Podríamos resolver infinidad de problemas: destinar muchísimo más dinero a escuelas y universidades, ayudar a los enfermos graves que hoy son abandonados y, sobre todo, podríamos dar a los desempleados una vida digna. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, pone siempre el ejemplo de Kerala: era el Estado más pobre de la India y el Gobierno realizó allí gigantescas inversiones en sanidad y en educación. Hoy, la renta per cápita más alta de la India se encuentra allí, en Kerala. Si se invierte en las dos cosas que construyen la dignidad del hombre, el derecho a la sanidad y el derecho al conocimiento, la sociedad crece. El problema hoy es que quien crece y se enriquece no es la sociedad, sino Amazon y Google. Estamos frente a un capitalismo rapaz que quiere ganarlo todo y deprisa. Los clásicos, como por ejemplo Séneca, nos enseñan sin embargo que la verdadera felicidad está en los grandes valores que uno abraza, y que no precisan riqueza: la amistad, el amor, la honestidad, la solidaridad...

Usted sostiene que la cultura nos humaniza y nos libra de la barbarie. Sin embargo, muchos dirigentes nazis eran cultos y ya ve usted lo que hicieron...

Sí, se trata de un viejo debate que mantengo desde hace años con mi amigo Georg Steiner. Es verdad que muchos nazis eran personas cultas, no hay duda... La cultura es como el amor: uno puede ofrecer amor a otro, pero no por eso se verá correspondido. Pero si se ofrece amor y la otra persona también te ama, entonces se toca el cielo. La cultura es una posibilidad, es una ocasión, y hay quien la aprovecha y quien no. Si no existiera cultura, la barbarie sería 100, 1.000 veces peor. La cultura es una forma de resistencia contra la barbarie. La única forma de hacer a la humanidad más humana es a través de la cultura, yo no veo otra vía.

El resurgimiento de los populismos y de los nacionalismos que estamos viviendo, ¿se puede deber en parte a que hemos dado la espalda a los clásicos?

Por supuesto, no tengo ninguna duda. El vómito de populismos al que asistimos tiene que ver con la falta de cultura. El regreso del racismo, del antisemitismo o del nazismo tiene que ver con todo eso, y es muy peligroso. Cuando escucho, por ejemplo, todo ese discurso de que hay que cerrar las fronteras y alzar los muros, no puedo evitar recordar un cuento maravilloso de Borges titulado La muralla y los libros. Es un relato sobre un emperador chino que construyó la Gran Muralla pero que al mismo tiempo quemaba los libros. De manera profética, Borges entendió que quienes destruyen la memoria quemando bibliotecas son los mismos que levantan muros. Y estamos viendo hacerse realidad esa profecía en Estados Unidos con la locura de un presidente que quiere levantar muros en la frontera con México y cerrar su país a cal y canto, porque no sabe nada de la historia de EEUU, porque no es consciente de que ese es un país de inmigrantes que está hecho de la suma de todos.

¿Y en Cataluña? ¿Qué está pasando?

Yo amo Cataluña, es un lugar maravilloso y tengo allí grandes amigos. El catalán es un pueblo de una gran cultura, yo hace tiempo que me enamoré de Ausiàs March y de los grandes escritores catalanes. Pero lo que les digo con afecto a mis amigos catalanes es que defender tu cultura y tu lengua es una cosa legítima, pero no significa cerrarte en tu propia identidad, al contrario. Apreciar tu propia lengua y cultura te debe llevar a apreciar la multiplicidad de lenguas y culturas, sin crear rencores ni conflictos de identidad. Pero me parece que no sólo hay un nacionalismo catalán, sino también un nacionalismo español que también es un error. A mí no me gusta nada de nada la política de Rajoy, porque es una política muy de derechas que no entiende estas cosas de las que le estoy hablando. Y creo que la izquierda catalana le ha hecho el juego a Rajoy, le ha reforzado. Cataluña no debe alzar barreras y crear fronteras con España. Lo que debemos hacer es lo contrario: abolir las fronteras existentes entre España y Francia, entre Italia y Austria, unirnos todos los pueblos europeos.

¿Le viene a la cabeza algún clásico para explicar la cuestión de la identidad?


Sobre el problema de la identidad, Plutarco cuenta un mito precioso, el mito de la nave de Teseo. Teseo es el gran héroe ateniense que se enfrenta al minotauro y lo mata. Cuando regresa a Atenas, la nave de Teseo se atraca en el puerto y se convierte en el símbolo de esa victoria. Pero, con el pasar de los años, parte de la madera de la nave se pudre y es sustituida por otra. Hasta que llega un momento en el que la madera de toda la nave ha sido reemplazada. Esa nave ¿continúa siendo la nave de Teseo o ya no? Claro que es la nave de Teseo, por supuesto que lo es. Porque la identidad no es algo estático, es algo dinámico que se construye añadiendo madera nueva a la madera vieja. Giordano Bruno decía que para el verdadero filósofo, cualquier terrero es patria. La patria es el lugar donde uno puede escribir, leer y pensar en libertad. Yo no creo en la identidad, no creo en las raíces. Los hombres no somos como los árboles, no tenemos raíces, tenemos piernas y podemos caminar. 

miércoles, 7 de junio de 2017

Sobre la risa... de algún modo

Sacado de un epitafio que no deja de tener su retranca según nos dejó escrito Demócrito en su Antología. Lo dejo transcrito en griego y en latín para quien lo quiera y pueda disfrutar:

῏Ην ἄρα Δημοκρίτοιο γέλως τόδε, καὶ τάχα λέξει·
„Οὐκ ἔλεγον γελόων· ‚Πάντα πέλουσι γέλως’;
καὶ γὰρ ἐγὼ σοφίην μετ’ ἀπείρονα καὶ στίχα βίβλων
τοσσατίων κεῖμαι νέρθε τάφοιο γέλως.”


Democriti risus nempe hoc erat puto dicet,
Non dixi hoc ridens, omnia ridicula.
Qui tantum sapui, qui tanta volumina scripsi
Librorum, risus nunc ego sum tumuli.



sábado, 12 de noviembre de 2016

Libros


Una magnífica edición de 1946 de The Decline and Fall of the Roman Empire, el libro de Edward Gibbon. Merece la pena el libro, pero esas figuras del lomo con una columna clásica deteriorándose es de una originalidad y una belleza pocas veces vista en el diseño.
Lo saqué de aquí.

domingo, 23 de octubre de 2016

Más de Eco

He encontrado navegando por ahí una breve reseña que Eco hizo al respecto de su famosa aseveración de que Internet está lleno de idiotas. Parece que no le debió gustar demasiado que se lanzasen hordas de navegantes a criticar sus palabras, por lo que las matizó y expuso de mejor manera. Las dejo por si a alguien le da curiosidad leerlas. Siempre vale la pena.

Los necios y la prensa responsable

Me he divertido mucho con el tema de los necios de la Web. Para quienes no lo hayan seguido, salió online y en algunos periódicos que en el curso de una denominada lectio magistralis en Turín, yo habría dicho que la Web está llena de necios. Es falso. La lectio trataba de un argumento completamente distinto, pero eso nos dice cómo entre periódicos e internet las noticias circulan y se deforman.

El asunto de los necios salió en una rueda de prensa sucesiva durante la cual, respondiendo ya no sé a qué pregunta, hice una observación de puro sentido común. Admitiendo que entre los siete mil millones de habitantes del planeta haya una dosis inevitable de necios, muchísimos de ellos antaño comunicaban sus desvaríos a sus íntimos o a sus amigos del bar, y de este modo sus opiniones quedaban limitadas a un círculo restringido. Ahora una consistente cantidad de estas personas tienen la posibilidad de expresar las propias opiniones en las redes sociales. Por lo tanto, esas opiniones alcanzan audiencias altísimas, y se confunden con muchas otras expresadas por personas razonables.

Nótese que en mi noción de necio no había connotaciones racistas. Nadie es necio de profesión (salvo excepciones), pero una persona que es un excelente tendero, un excelente cirujano, un excelente empleado de banco puede decir estupideces sobre argumentos de los cuales no es competente, o sobre los que no ha razonado bastante. Entre otras cosas porque las reacciones en internet se hacen en caliente, sin que dé tiempo de reflexionar.

Es justo que la red permita expresarse también a los que no dicen cosas sensatas, pero el exceso de tonterías atasca las líneas. Y algunas reacciones desmedidas que he visto en la red confirman mi más que razonable tesis. Incluso alguien había referido que yo opinaba que en la red tienen la misma evidencia las opiniones de un tonto y las de un premio Nobel, e inmediatamente se difundió viralmente una inútil discusión sobre si yo había recibido el premio Nobel o no. Sin que nadie fuera a consultar la Wikipedia. Esto para decir lo inclinados que estamos a hablar al tuntún. En cualquier caso, ahora se puede cuantificar el número de los necios: son 300 millones como mínimo. En efecto, parece ser que en los últimos tiempos la Wikipedia ha perdido 300 millones de usuarios. Todos ellos navegantes que ya no usan la Web para encontrar informaciones, sino que prefieren estar en línea para charlar (tal vez al buen tuntún) con sus pares.

Un usuario normal de la red debería ser capaz de distinguir ideas inconexas de ideas bien articuladas, pero no siempre es así, y aquí surge el problema del filtro, que no concierne solo a las opiniones expresadas en los diversos blogs o vía Twitter, sino que es una cuestión dramáticamente urgente para todos los sitios Web, donde (quisiera ver quién protesta ahora negándolo) se pueden encontrar tanto cosas fidedignas e utilísimas, como vaniloquios de todo tipo, denuncias de conspiraciones inexistentes, negacionismos, racismos, o también noticias culturalmente falsas, imprecisas, embarulladas.

¿Cómo filtrar? Cada uno de nosotros es capaz de filtrar cuando consulta sitios que conciernen a temas de su competencia, pero yo, por ejemplo, me vería en un aprieto a la hora de establecer si un sitio sobre la teoría de cuerdas me dice cosas correctas o no. Ni siquiera la escuela puede educar al filtro porque también los profesores se hallan en mis mismas condiciones, y un profesor de griego se puede encontrar indefenso ante un sitio que habla de la teoría de las catástrofes, o incluso tan solo de la guerra de los Treinta Años.

Queda una sola solución. Los periódicos a menudo son víctimas de la red, porque de ella sacan noticias, algunas veces leyendas, dando voz por lo tanto a su mayor competidor, y al hacerlo siempre llevan dos días retraso sobre internet. En cambio, deberían dedicar por lo menos dos páginas al día al análisis de sitios Web (tal y como se hacen reseñas de libros o de películas) indicando los sitios virtuosos y señalando los que transmiten bulos o imprecisiones. Sería un inmenso servicio al público y quizá también un motivo para que muchos navegantes de la red, que han empezado a dejar de lado los periódicos, vuelvan a hojearlos a diario.


Por supuesto, para acometer esta empresa un periódico necesitará un equipo de analistas, muchos de los cuales habrá que ir a buscarlos fuera de la redacción. Se trata de una empresa sin duda cara, pero sería culturalmente preciosa, y marcaría el principio de una nueva función de la prensa.

En defensa de las clásicas

Sorprende que se tenga que defender algo así, pero tal y como van los tiempos la sorpresa tiende a ser cada  vez menor. Pero en fin, es lo ...