lunes, 29 de junio de 2009

Consolación de la Filosofía

El poema que inicia "la consolación de la Filosofía":


Yo, que con juvenil entusiasmo compuse en otro tiempo canciones,
¡ay!, me veo obligado a entonar llorando tristes poemas.
Las Camenas, desgarradas, me dictan lo que debo escribir
y versos elegíacos bañan mi rostro con sinceras lágrimas.

Al menos a ellas ningún terror pudo impedir que, fieles compañeras, me acompañaran en mi camino.
Gloria de mi juventud, feliz y vigorosa,
ellas consuelan ahora la desgracia de un triste viejo.
Impulsada por los males, la vejez, inesperada, ha llegado,
y el dolor ha decidido que empezase su estación.
Precoces canas cubren mi cabeza
y la piel marchita se estremece sobre mi debilitado cuerpo.
¡Bienvenida sea la muerte para los hombres cuando, sin turbar los dulces años,
acude a la llamada del afligido!.

Pero ¡ay!, cómo huye en las desgracias con oídos sordos
y se niega cruelmente a cerrar los ojos de los que lloran!.

Cuando la infiel Fortuna me favorecía con sus vanos éxitos,
poco faltó para que la hora fatal se apoderase de mí.
Ahora que, ensombrecida, cambió su engañoso rostro,
esta vida despiadada prolonga sin esperanzas el final,
¿por qué, amigos, aclamasteis tantas veces mi felicidad?
Quien ha caído no sabía caminar con paso firme.


jueves, 25 de junio de 2009

Las Confesiones


Las Confesiones se redactan entre 397 y 398, cuando San agustín tiene 43 años. No es la obra de un viejo que rememora su pasado sino la mirada de un hombre maduro que mira hacia atrás en su vida, angustiado por el peso del pecado cometido años ha. Es una obra complicada y su contenido corresponde sólo de forma parcial a lo que se conoce hoy en día con este término. Así, los libros XII y XIII son un comentario alegórico sobre el Génesis. El libro XI trata del tiempo y expone su famosa teoría sobre la creación y el tiempo. El X es una reflexión sobre el hombre de 43 años que escribe la obra, sobre sus convicciones, sus sentimientos, su sensibilidad. Los elementos biográficos son poco numerosos y están interrumpidos por largas disgresiones, algo inusual para la narrativa moderna. Este género literario tiene pocos antecedentes, como enla literatura de memoria en Roma, de res gestae, destacando Sila, Varrón o Cicerón. Este tipo de obras se daba en exclusiva en hombres de edad madura que se dedicaron a la vida pública. Para análisis del pensamiento íntimo sólo encontramos breves reflexiones de filósofos, como las del emperador Marco Aurelio. Algunos escritores cristianos habían intentado explicar los motivos que los habían llevado a convertirse, como san Hilario en sus primeras páginas sobre la Trinidad, o Gregorio Nacianceno que compuso un poema sobre su vida. Estos intentos tenían como objetivo una especie de justificación teológica y no suponían un relato vivo como el de Agustín. Su originalidad aquí es importante. Las Confesiones responden a un sentimiento de humildad. Agustín confiesa faltas pasadas y errores de juventud, por “miedo a que alguien lo estimara por encima de lo que en realidad era”. Este aspecto lo confirma su biógrafo y amigo Possidio. Es el resultado de una larga meditación teológica. En los años que preceden a la obra medita fundamentalmente sobre la gracia divina. Acaba de convencerse de que, sin la ayuda divina, la libertad humana deriva inevitablemente en mal. Su vida, relata, es ejemplo de esto porque sin mérito por su parte, Dios lo ha apartado del mal camino, y por tanto ha de proclamar la gracia que a recibido. El verbo confiteri expresa en su significado ese deseo de exaltación y de reconocimiento. Y este es el sentido fundamental de la obra que la traducción oculta bajo el de las confesiones. Así se explican largas plegarias y las disgresiones sobre el esplendor de la obra divina., algo que raramente puede comprender un lector de nuestro tiempo. Esta obra tuvo un enorme éxito, que Agustín mismo recuerda en las Retractaciones: “Sé que mis Confesiones han gustado y gustan mucho a numerosos hermanos”. Apenas hay relatos de conversiones que en mayor o menor grado no se hagan eco de San Agustín.

lunes, 22 de junio de 2009

Vida de San Agustín


Con San Agustín la literatura cristiana latina alcanza una maestría jamás conseguida hasta entonces, por un uso del latín escrito comparable al de los grandes autores romanos. Su latín expresa matices muy finos. Profundamente romano, San Agustín introduce en el dominio latino análisis filosóficos, psicológicos y morales de gran agudeza.

Aurelio Agustín nació en Tagaste (Numidia) el 13 de noviembre de 354. Romano de África, su familia recibió la ciudadanía por un edicto del emperador Caracalla en 212. Su familia pertenece a un medio rural humilde, y su madre, Mónica, es cristiana y muy piadosa. Aprende en la escuela primaria de Tagaste y más tarde acude a la escuela de Madaura. Debe interrumpir sus estudios a los 16 años de edad por falta de medios económicos, pero puede retomarlos un año más tarde en Cartago gracias a un amigo de la familia. Cartago es la segunda ciudad de Occidente, y lógicamente hace sucumbir a sus encantos a un joven recién llegado del campo aunque pese a su afición reconocida por los espectáculos sigue siendo un alumno aplicado al frente de su clase en la esuela de retórica.

Siguiendo el ciclo normal de los estudios, a los 19 años de edad procede a la lectura del Hortensius de Cicerón, que le provoca el gusto para siempre del debate intelectual. Es entonces cuando también leería la Biblia siendo catecúmeno. La encuentra obviamente oscura y de estilo bárbaro en comparación con la literatura clásica, y se siente atraído por los maniqueos. A afirmación de un principio del bien y uno del mal le parecía que resolvía mejor los problemas del origen y existencia del mal. Fue maniqueo durante 9 años con convencimiento cierto.

Al acabar sus estudios se instala en Tagaste como profesor de retórica y vive con una mujer, si bien sin casarse con ella. Su nombre nos es desconocido, y con ella tiene un hijo, Adeodato. Más tarde abandona su ciudad y se instala en Cartago durante 8 años. Entonces sus convicciones maniqueas se rompen tras un encuentro con un obispo, Fausto, que le provoca una enorme decepción y le incita a una ruptura definitiva. En 383 parte a Roma, pero obtiene la cátedra de Milán, ciudad imperial, donde busca progresar con un panegírico a Valentiniano II y otro al conde Bauto.

En esta época está lleno de dudas. No está seguro de la existencia de la verdad y busca en San Ambrosio consuelo intelectual, seducido por su fama de elocuente. Se hace asiduo de sus sermones. Su crisis decisiva se da en 386, y él mismo la cuenta en sus Confesiones: Meditando en su jardín de Milán, oye la voz de un niño que parecía cantar: “Toma y lee” (Tolle et lege). Abre entonces las Epístolas de San Pablo y lee: "Nada de francachelas ni de orgías, nada de asuntos de cama ni de excesos: Revestíos del Señor Jesucristo y no busquéis más contentar a la carne en su concupiscencia". Recibe el texto como una advertencia divina. Se retira entonces con su madre y unos amigos a Cassiciacum para pasar el retiro y la meditación previas al bautismo, que recibe en Padua. Regresa después a África, aunque su madre muere en Ostia y le supone un gran retraso. En Tagaste vende sus bienes y organiza una comunidad monástica, y 3 años después el obispo de Hipona, Valerio, le nombra sacerdote, de una forma digamos que un poco imprevista. A la muerte de este, le sucede en el puesto. Su autoridad doctrinal crece rápidamente, de tal forma que el obispo de Cartago acaba por consultarle cualquier cuestión doctrinal. Intervendría en todos los debates religiosos componiendo obras intelectuales hasta su muerte en Hipona en 430, con 76 años, momento en el que los vándalos de Genserico ponen sitio a la ciudad.

martes, 16 de junio de 2009

Sobre la Barba


Umberto Eco se presentó en el Círculo de Bellas Artes ante la prensa con su característica barba rasurada. Los calores del verano quizá hayan influido en esta decisión sobre su imagen.

Aunque espero que se la vuelva a dejar crecer...

Apoyado en un bastón, Eco no ha perdido, a pesar de sus 77 años, ni un ápice de vigor intelectual ni de simpática ironía. Rodeado por una auténtica nube de fotógrafos, como si se tratara de una estrella de cine, visiblemente contento por recibir un premio en España, el escritor no ahorró críticas para sus compatriotas ni para el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi. Al contestar a una pregunta sobre el libro que le regalaría a este, este doctor honoris causa por más de 30 universidades de todo el mundo declaró: "No le regalaría ninguno porque él mismo ha dicho que hace 20 años que no lee, aunque a la vista de las últimas noticias, le regalaría Lolita, de Nabokov".

sábado, 6 de junio de 2009

Les Garrigues en bici

Un pequeño paseo en bici por Les Garrigues.

Paseo en carretera, y paseo por medio de un patatal, para diversión de Boetius y mía, y desesperación del pobre Barnabas. A quien se le ocurre cambiar las ruedas de la bici antes de venir...

Justo castigo por no publicar ;)


BARNABAS:
Jejeje, se suponia que era un entrenamiento de cara a hacer la ruta cicloturista del Danubio. Me dio por pensar que era mejor sacar las ruedas gordas de mi bicicleta de montaña y cambiarlas por unas finas con dibujo, porque iriamos por carretera y algun camino duro. Tambien pense en limpiarla para que quedase flamante, porque la semana pasada llegue a vadear un riachuelo con ella. En eso que estamos rodando por carretera, Elisabet nos hace atajar por un camino y acababamos en un patatal abandonado, con mi bicicleta con mas barro que un gorrino en un charco. Como dice la ley de Murphy: "Si algo puede salir bien, saldra mal; si algo puede salir mal, saldra peor"...

ELISABET:
benvolgut Barnabàs, tornem a gaudir de les teves aportacions en aquest blog. No era experimentar la llei de Murphy, sinó la llei de la gravetat en el meu propi cos (je, je,..) si superava això ja estava preparada per aventures possiblement més dures en terres llunyanes....

martes, 2 de junio de 2009

El pensamiento de Guillermo de Occam


Dentro del pensamiento de Occam hay unos principios fundamentales de la racionalidad. Uno de ellos es el principio de omnipotencia, y de él deriva el principio de no contradicción. Para Occam, la omnipotencia de Dios no significa arbitrariedad e irracionalidad, sino la capacidad de hacer todo aquello que no encierra contradicción. El mundo dejaba de entenderse como una reproducción de un orden eterno, pues Dios podría haber creado un mundo distinto y mejor. Gracias al principio de no contradicción el hombre puede, mediante una interpretación científica, entender el mundo.

Hay un tercer principio en Occam: El principio de economía. Este principio rige exclusivamente para el pensamiento humano. Desde el siglo XVII es conocido como la “Navaja de Ockham” (Novacula occami et nominalium), pero tiene sus raíces en la filosofía antigua formulándola Occam como: Frustra fit per plura quod potest fieri per paucera. Así se transforma en un método de ciencia pues para Occam la vía de la argumentación ha de ser racional: “No se debe aceptar nada sin su propia argumentación, a menos que sea evidente, conocido por la experiencia o garantizado por la autoridad de las Sagradas Escrituras”. Sólo cuando lo exigen la ratio, la experientia o la auctoritas pueden aumentarse las razones de una elucidación.

Este principio implica una crítica metafísica, pues las entidades metafísicas no necesarias deben eliminarse y se ha de combatir la personalización de conceptos. La versión que se conoce popularmente de este principio (entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem) no pertenece propiamente a Occam, pues su pensamiento es mucho más amplio.

En su teoría del conocimiento otorga una gran importancia a la experiencia, pero el problema de esto reside en cómo llegar desde lo fáctico casual a un conocimiento universal y necesario. El núcleo de sus reflexiones supone la cuestión de la evidencia: Llegar a conclusiones necesarias a partir de enunciados necesarios. Para él, creer significa admitir sin evidencia por el dictado de la voluntad. Por ello la evidencia de un juicio estriba en la evidencia inmediata o mediata de sus términos (los que conforman la proposicion). Comprender la proposición es el paso previo al juicio. Entonces, antes se debe preguntar por el significado de un término, de un signo lingüístico. Para ello hay 2 posibilidades:

1. Para proposiciones necesarias (proposiciones per se notae) basta con captar el significado de los términos para justificar la evidencia. Cuando se han comprendido los significados de “todo” y “parte” no necesita mayor argumentación una evidencia como “el todo es mayor que sus partes”.
2. En el caso de juicios contingentes no se puede llegar a la evidencia sólo con el conocimiento de los términos, ya que entonces la realidad no tiene por qué ser necesariamente como se afirma en la proposición.

Para Occam la realidad es únicamente de lo individual, encontrando como consecuencia una nueva teoría del conocimiento. El conocimiento parte de la aprehensión intuitiva del objeto concreto. En el conocimiento abstractivo, que se produce de forma inmediata, el término representa el objeto abstraído de su existencia. La palabra y el concepto no son reproducciones del objeto o aprehensiones de su esencia, sino signos que remiten al objeto concreto. Los términos constituyen el instrumental con el que el lenguaje y el pensamiento se relacionan con la realidad extramental. Y como toda proposición está compuesta por términos, y los silogismos consisten en nexos de proposiciones, el término posee una importancia fundamental para el entero sistema del lenguaje y el pensamiento.

La tarea de la lógica terminista es analizar el lenguaje, comprobar cómo deben usarse los signos lingüísticos para reproducir de forma adecuada y correcta los conceptos (entendidos como signa rei en el alma). La disposición de la lógica de Occam sigue la tripartición aristotélica concepto-juicio-conclusión.

Por término entiende una parte de la proposición. Pero concepto para Occam es algo en el alma (quiddam in anima) que tiene la función, en tanto que signo mental, de representar una cosa distinta de él y realmente existente. Lenguaje, escritura y concepto remiten a la misma cosa designada (aliquid idem) pero se distinguen del concepto por su inmediatez.

Habla de la significatio de un término cuando se pregunta por el significado de una palabra independientemente de un contexto. Distingue entre:

- Términos categoremáticos: Poseen un significado limitado y fijo, como “hombre”, que significa todos los hombres.
- Sincategoremáticos, que no poseen un significado limitado y fijo, como “todo”, “uno”, “ninguno” y semjantes. Tienen significado sólo en relación con un término categoremático. No es que carezcan de significado, sino que poseen una función lógica diferente.
- Nombres absolutos son aquellos nombres que no significan algo originalmente y algo distinto en segunda intención, sino que todo lo que se significa es en primera intención.
- Nombre connotativo es aquel que significa algo en primera intención y algo en segunda intención.

Esta distinción semántica se contempla en la tesis de que sólo es real lo individual concreto que puede existir de forma autónoma. Esta exigencia sólo la cumplen las sustancias y las cualidades, así que los nombres absolutos sólo designan sustancias o cualidades. De ello se sigue que de las 10 categorías de Aristóteles, sólo 2 (sustancia y cualidad) se pueden referir directamente a la realidad extramental como nomina absoluta. Las restantes categorías son nombres connotativos. Y la proposición depende siempre de un contexto:

- Suposición personal cuando el término representa su significado. El término representa un ente individual.
- Suposición simple cuando el término representa intención del alma pero no se lo utiliza de forma significativa. Ejemplo: Hombre es un concepto.
- Suposición material cuando el término representa el signo lingüístico pronunciado o escrito.

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...