miércoles, 16 de septiembre de 2009

Viaje al Danubio: Magris sobre Linz


Las ventanas dan sobre el Danubio, se asoman sobre el gran río y sobre las colinas que lo dominan, un paisaje marcado por los bosques y por las cúpulas en forma de cebolla de las iglesias; En invierno, con el cielo frío y las manchas de nieve, las amables curvas de las colinas y del río parecen perder cuerp y peso, se convierten en leves líneas de un diseño, una elegante melancolía heráldica. Linz, la capital de Austria Superior, era la ciudad que Hitler prefería y quería convertir en la más monumental metrópoli danubiana. Speer, el arquitecto del Tercer Reich, ha descrito esos proyectos de edificios gigantescos y faraónicos, jamás realizados, en los que Hitler, como ha descrito Canetti, revelaba su febril necesidad de superar las dimensiones alcanzadas precedentemente por otros artífices, su obsesión agonística por batir todos los récords. [...]

El atardecer es frío y silencioso, algunos niños que arrastran trineos no rompen la soledad y el desierto de las calles, su grave melancolía continental. Sobre el Friedrichstor de Linz campean las famosas siglas sibilinas que el emperador Federico III, muerto probablemente a poca distancia de allí, en el nº 10 de la Ciudad Vieja adornada con mudos palacios y severos símbolos, hacía imprimir en sus objetos y en sus edificios: A.E.I.O.U., tal vez Austriae est imperare orbi universo, o bien Austria erit in orbe ultima. Este imperio que se extendía hasta los confines del mundo y del tiempo ya se le antojaba al propio Federico asediado por la decadencia y doblegado por las derrotas, hasta el punto de que en su diario se lamentaba de que el estandarte de Austria no resultara victorioso e intentaba frenar las dificultades con esa estrategia de la elusión y de la inmovilidad que, con los siglos, se convertiría en la grandiosa estática de los Habsburgo exaltada por Grillparzer y por Werfel, la repugnancia por la acción, el pathos defensivo de quien tiende no a vencer sino a sobrevivir y no ama las guerras porque sabe, como sabía Francisco José, que las guerras se pierden.

Fallecido en 1493, Federico III, observa Adam Wandruszca, presenta ya los típicos rasgos canonizados más adelante por el mito Habsbúrguico: La simbiosis de ineptitud y sabiduría, la incapacidad de actuar que se convierte en sagaz prudencia y en previsora estrategia, la vacilación y la contradicción elevadas a línea de conducta permanente, el deseo de paz mezclado con la fuerza de aceptar conflictos interminables e irresolubles.

La sigla A.E.I.O.U., de la que existen también posteriores interpretaciones menos respetuosas, se ha convertido en una cifra de la posmodernidad, el emblema de una inadecuación y de una defensa oblicua que caracterizan nuestro yo desequilibrado y humilde. Aquella enorme y arrolladora táctica de supervivencia, que tantas veces me ha parecido un escudo poco vistoso pero no menos protector que el de Ayax, se me presenta también esta noche en su coriácea aridez; una sabiduría llena de dignidad y de ironía, a la que, no obstante, se le niega, por un pelo, la revelación de las cosas últimas, aquel amor que crea y que redime, que canta el Veni Creator Spiritus.

Este crepúsculo danubiano, del que el A.E.I.O.U. es la enseña cargada de gloria y de ocaso, posee una desolación continental, la opacidad de las llanuras y de los edificios estatales que refuerza una vasta monotonía de la vida y hace sentir la nostalgia del mar, de sus infinitas variaciones, de su viento que da alas. Bajo el cielo continental sólo existe el tiempo, su repetición insistente como los ejercicios matutinos en el patio de un cuartel, su prisión. [...] El título azul sobre la portada blanca atrae, en este momento, no por el análisis de la cuestión danubiana sino por el otro azul que sugiere, por el reclamo del mar. También el ocre y el amarillo anaranjado de los edificios danubianos, con su tranquilizadora y melancólica simetría, son un color de mi vida, el color de la frontera, del límite, del tiempo [...]

Desde la prisión continental del tiempo se sueña, comprensiblemente, con la libertad marina de lo eterno, como Slataper, mientras leía y estudiaba el gran rigor de Ibsen, soñaba de cuando en cuando con los espacios abiertos de Shakespeare. No sería desagradable, en este momento, que resultara repentinamente verosímil la antigua e infundada hipótesis referida en la pág. 250 del libro "El mar Adriático descrito e ilustrado" (Zara, 1840) del doctor Guglielmo Menis, consejero del Gobierno de Su Majestad, protomédico y asesor de sanidad para Dalmacia: "Acreditados escritores pretendieron, como dice Plinio, que el río Quieto es el Ister, afluente del Danubio, por le que penetró en el Adriático la nave Argos, procedente de Colco."

El Quieto desemboca en el Adriático por la costa de Istria, cerca de Cittanova. Si se pudiera dar crédito a los acreditados escritores, yo, en lugar de ir al Banato, como los colonos suevos en los "cajones de Ulm" descendería hacia el mar, hacia las islas del Adriático, hacia los lugares en los cuales, por algún instante, me ha parecido que la novela de episodios iniciada por el Big Bang no pertenece a una adocenada literatura de subgéneros y que es posible aceptar el nacimiento y la muerte. Cuando se es Zeno o el hombre si atributos se sabe perfectamente que la partida, por muy agradables que puedan ser algunos de sus movimientos, no merece ser jugada. No vale la pena escandalizarse, e incluso es obligatorio simular una absoluta indiferencia, pero el color ocrehabsbúrguico del tiempo sugiere, con discreción, que tal vez habría sido mejor que las descaradas moléculas de hidrocarburos no hubieran puesto en marcha, con su incauto libertinaje, toda esta historia.

Los hombres sin atributos, los ulises sentimentales de la biblioteca, llevan siempre anticonceptivos en el bolsillo y la cultura mitteleuropea, en su conjunto, también es una grandiosa contracepción intelectual. En el épico mar, por el contrario, nace Afrodita, y allí conquistamos - escribe Conrad - el perdón de nuestros pecados y la salvación del alma inmortal, y recordamos que hemos sido dioses.

martes, 15 de septiembre de 2009

Viaje al Danubio: Segunda etapa



Lunes 24/08/2009

De Neuhaus a Linz

La primera etapa resultó magnífica en cuanto a experiencia y paisaje, pero nuestro ímpetu nos llevó a recorrer más Km de los recomendables para ser el primer día. Así, a la mañana siguiente, Eli tenía una rodilla algo “tocada” y Barnabas renqueaba también de sus rodillas. Decidimos recorrer menos distancia y llegar sólo hasta Linz. Habida cuenta de la proverbial lentitud de Barnabas para hacer y deshacer las alforjas, comenzamos tarde a pedalear. Además encontramos en el camino un supermercado y paramos a comprar algunas vituallas para más tarde y la verdad es que nos demoramos en exceso: La oferta de yogures, bebidas, panes, quesos y embutidos era enorme, mucho mayor que en un supermercado español, y resultaba complicado decidirse. El resultado de todo es que el sol estaba ya alto cuando de verdad nos pusimos en serio y poco a poco el viaje devino en más cansino.

Cabe decir además que al iniciar esta etapa el paisaje era similar al que vimos desde Passau, pero de forma abrupta los últimos 7-10 km el paisaje es casi inexistente, pues la entrada a Linz se ha de hacer al lado de una carretera y para colmo tuvimos que lidiar con una recua de jubilados que parecía querían ponerse a prueba unos con otros y hacia el resto de viajeros. Resultó chocante ver a uno de ellos con un problema mecánico en la cadena de su bici y los demás compañeros de su grupo ignorándole mientras de forma desesperada trataba de reparar la avería. Y a continuación ponerse a pedalear a toda la velocidad que le permitían sus piernas para retomar contacto con el grupo, que no le esperaba y hasta parecía acelerar a ver si se quedaba atrás definitivamente. Sería risible de no resultar molesto, pues si por circunstancias anecdóticas nosotros les adelantábamos, era casi automático comprobar cómo reemprendían la marcha de forma forzada para lograr de nuevo dejarnos atrás. Parecían niños. En una de estas bobadas de orgullo desmedido e impertinente casi logran que Barnabas cayese al suelo, pues en un paso estrecho trataron de evitar que él les adelantase mediante el primitivo sistema de meterse en medio, no acabando el tema en choque (y caída) por pura casualidad y habilidad en la conducción de Barnabas... Pero lo peor fueron los últimos km antes de Linz, con el camino discurriendo al lado de una carretera bastante transitada, con el cansancio, el hambre y el tráfico martilleando inmisericordes.

Cuando llegamos estábamos ya bastante cansados y decidimos parar a comer en un parque bastante tranquilo que está en el margen izquierdo del Danubio, justo al lado del puente que conecta con la ciudad vieja ("puente de los Nibelungos"). Antaño aquí había un puesto de información turística, pero ahora está cerrado, para desconsolada sorpresa, y se ha de atravesar el río para ir a buscarlo. Del resto de la jornada no hay demasiado que decir. Únicamente, como anécdota, que Barnabas andaba algo quejumbroso de las condiciones de una tienda de campaña para su sueño, así que le dimos el gustazo de dormir en un hotel en la mismísima Hauptplatz, en una habitación que sin exagerar tenía el tamaño del piso en el que vivo, fantásticamente acondicionada y decorada al estilo rústico. Un pequeño lujo que creo nos merecíamos, aunque yo personalmente habría ido al camping de Linz, que por lo que habíamos leído está bastante bien. De hecho, si acepté fue porque era una oferta de última hora y por qué no decirlo, que a nadie le amarga un dulce.

La ciudad merece una tarde dedicada a visitarla. Es relativamente grande, bonita y hasta bulliciosa (eso sí, a las 18:00 no queda un alma en las calles aparte de los turistas), un hervidero de cafés y de tiendas donde distraerse. Si a alguien le gusta la música está visitable la casa de Mozart, Dvorak es hijo preferido de la ciudad, Kepler es una figura histórica muy presente allí, y en general pasearse por sus calles por la noche resulta muy agradable. Tienen además un edificio, el Ars Electrónica Center, que cambia de color por la noche a intervalos irregulares en un espectáculo entretenido. Hay que mencionar la Linzertorte, el pastel tradicional de la ciudad, similar a una tarta Santiago y que de forma inexcusable se ha de probar.




viernes, 11 de septiembre de 2009

Viaje al Danubio: Primera etapa


Domingo 23/08/2009

De Passau a Neuhaus an der Donau.

Después de una noche apacible
en el hotel más espartano en el que hemos dormido nunca, el día amanece frío pero sin lluvia. Por fin podemos comenzar el viaje después de tantos deseos y miedos. Para nuestra desgracia el precio del desayuno, no incluido en la habitación, no es tan espartano, así que optamos por no hacer el primo y desempolvar el "modo tacañón". Aunque es domingo, seguro que en Passau ha de haber algún sitio donde desayunar por precios razonables. Barnabás está de acuerdo, pero su hambre es menor que su manía de ordenar una y mil veces la mochila, así que nos retrasa un buen rato re-re-arreglando varias veces las alforjas. Como puede verse en la foto...

Superado este pequeño "problema" de rapidez, vamos al centro de la ciudad, donde encontramos un bar muy acogedor, con nombre italiano y un "frühstück" a precio adecuado. Desayunamos tranquilamente con las bicis fuera del establecimiento, pero tranquilos, aquí el riesgo de robos es mínimo: Eli se olvidó el móvil encima de las alforjas, bien a la vista del que le apeteciera cogerlo, y en la media hora larga que desayunamos no pasó nada. Pero nada de nada.

Acabado el pequeño ágape, iniciamos por fin la ruta. Los primeros tramos son algo raros, atravesando el puente de la ciudad y bajando luego por unas escaleras (con la bici...), pero enseguida comienza un camino muy agradable al lado mismo del Danubio. Idílico y muy bien indicado, y además seguimos escrupulosamente lo que nos marca la guía que llevábamos. Nos habíamos planteado ir por el margen izquierdo, pero recomendamos mucho más el lado derecho, muy tranquilo, sin coches y plagado de ciclistas que tienen la misma idea que nosotros.

Muchos ciclistas viajan con nosotros. Los hay que llevan un ritmo tranquilo, como el nuestro, y los hay que van sin alforjas, con bicicletas de carreras y a velociades endiabladas. Realmente prefiero nuestro ritmo lento que nos permite disfrutar de un paisaje idílico. Esperábamos con impaciencia atravesar el puesto fronterizo, pero este era apenas perceptible en un cartel, semiescondido por la maleza. Ni siquiera paramos a hacernos la típica foto de frontera.



El día transcurre plácido. No hay lluvia, y al final comienz
a a hacer calor. La vía transcurre por medio de varios bosques, aunque hay que atravesar el río en alguna ocasión para ir al margen opuesto. Por cierto, la guía recomienda atravesar con las varias barcas que hay a lo largo del Danubio, pero si uno se quiere ahorrrar unos eurillos puede atravesar por la presa sin más incidencias.

Finalmente llegamos a la meta inicial de este tramo: El meandro de Schlögen. Como vamos ahora por el margen izquierdo hemos de recurrir a la barca para cruz
ar. El barquero nos informa del camino a seguir en el otro lado para admirar este meandro magnífico. Para los que puedan leer esto y no sepan qué es (cosa harto dudosa...), baste decir que es una curva del Danubio en 180º muy espectacular. Ya incluso a pie de río es tremendo, pero para admirarlo en su plenitud conviene ascender a una colina cercana (unos 30 minutos a ritmo tirando a lento) SIN bicis (a ver quien se atreve con esas pendientes...). El paseo es agradable por medio de un bosque precioso lleno de helechos y setas. Yo me abstuve de ello, por cansancio, pero Eli y Barnabas se deleitaron en el ascenso y en el paisaje sobrecogedor que se divisa desde la cima. Hay que decir que es la foto típica que todo el mundo quiere hacer, y el mirador es estrecho, así que hay al llegar una cola para ponerte en el sitio adecuado a hacer la foto. Lo normal es que la cola vaya rápido, pero nosotros tuvimos delante una familia de holandeses de 6 miembros que decidieron hacer la manida foto pero con todas las permutaciones posibles de 6 elementos tomados individualmente, de 2 en 2, de 3 en 3, de 4 en 4... Hasta que el clamor popular les convenció que o paraban de hacer prácticas de estadística o el descenso lo hacían rodando colina abajo. Previo fenómeno de linchamiento, claro... Por fin, tras largarse los aficionados a la estadística, pudimos hacer nuestra foto:



El resto del día no tiene más gracia. Pedaleamos hasta que Eli se desfondó completamente y decidimos hacer noche en el camping de Neuhaus. No estaba mal: Ca. 60 Km en la primera etapa. Recuperando el día de lluvia.

La cena era el elemento más deseado después de la foto del meandro, así que decidimos darnos un caprichito en el restaurante del camping. La pega es que esa gente hablaban con un nivel de inglés sólo comparable al de mi arameo antiguo. Es decir, nulo. Entendernos con la carta fue una proeza. Comprender a la camarera, y que esta nos comprendiese a nosotros, una epopeya. Para encima darnos cuenta luego que no nos habíamos entendido en absoluto, pues cenamos magníficamente pero sin saber del todo qué carajo habíamos pedido hasta que nos lo servía. Por suerte estaba francamente bueno. El hambre, supongo.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Viaje al Danubio: Magris sobre Passau


Las palabras de Magris sobre este tramo del viaje:

Desde el siglo VI hasta la actualidad, innumerables elogios ensalzan la gloria y la belleza de la ciudad de los 3 ríos, la Venecia de Baviera, sclöb und herrlich, bella y magnífica, cuya diócesis llegaba en un tiempo hasta Austria y Hungría y cuyos obispos dominaban la Panonia y el patriarcado de Aquilea. Passau fue ciudad imperial libre y sobretodo residencia del obispo-príncipe hasta 1803 [...]

La antigua Bojodurum o Batavis de los celtas, de los romanos y de los bávaros es un centro neurálgico de baviera, pero en 1803 su incorporación al estado bávaro se vivió como una ocupación extranjera [...]

Passau está en la confluencia de 3 ríos - el Danubio, el Inn con sus aguas azules y el Ilz con sus aguas negras y sus perlas - y es toda ella una orilla, una ribera, una ciudad que flota sobre el agua y fluye con el agua. El cielo es azul flor de lis, la luz de los ríos y de la colina se funde, gloriosa y gozosa, con el oro y el mármol carnoso de los palacios y de las iglesias, el blanco de la nieve, el olor de los bosques y la frescura de las aguas imprimen una gentileza delicada y nostálgica a la magnificencia episcopal y aristocrática de los edificios, y rescatan con un aura de lontananza la línea cerrada y redonda de las cúpulas y de las calles que se desanudan bajo arcos y pórticos.

En Passau prevalece la redondez, la curva, la esfera, un cosmos cerrado y acabado como una pelota, perfectamente protegida y cubierta por un capelo episcopal. Su belleza es la de la señora, la seducción acogedora y conciliadora de lo finito. Pero la curva de la cúpula se esfuma en la curva materna de la orilla, traspasa la de las olas que escapan y se disuelven: Lo inaprehensible y la ligeraza del agua convierten en airosa y leve la pompa de los palacios y de las iglesias, que parece misteriosa y lejana, irreal como un castillo bajo el cielo del atardecer.

Passau es una ciudad acuática y la majestad barroca de sus cúpulas se abre sobre esa fugacidad, sobre ese transcurrir y trascolorear de las aguas y de todas las cosas que es la secreta inspiración de cualquier tipo de barroco auténtico. La confluencia de esos ríos goza de una libertad marina, meridional, invita a dejarse llevar por el fluir de la vida y de los deseos; El nítido perfil de las formas, frisos de los portales o estatuas en las plazas, evoca a las Venus y las Náyades que parecen surgir espontáneamente de las espumas, coincide con el agua, como las figuras de las fuentes de las que brotan surtidores.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Viaje al Danubio


Sábado 22/08/2009

De Munich a Passau. La primera noche del viaje es más o menos tranquila, pues podemos dormir a gusto pero inquietos por la lluvia que cae fuera. Eli creo que duerme poco. Esa lluvia que nos saluda por la mañana nos ha de acompañar todo el día aunque aún no lo sabemos. Nos pegamos un buen madrugón, nos hartamos de comida en el hotel y nos ponemos en marcha. Barnabas y yo tenemos que cargar la **** caja de los ******** por la calle hasta llegar a la estación. Como ya antes hemos dicho, como pesa la condenada y lo incómoda que es de llevar. Por suerte la estación no queda lejos. Una vez allí sacamos, no sin apuros, un billete de feliz fin de semana (no traduciré esto al idioma de los bárbaros del norte). Este billete te permite viajar por módico precio hasta un máximo de 5 personas. Nosotros sólo somos 3, pero aún así sale muy barato.

Esperando en el andén se nos acerca un señor y nos pide viajar con nosotros, pues sólo somos 3 personas y pueden ir 5… El pobre comete el error de dirigirse a mí, que
entre que entiendo mal su inglés y en parte porque pienso que le está echando un morro increíble, acabo por invitarle a que se busque a otros primos que se dejen timar. Luego me arrepiento, pues al verle por la estación entiendo, aunque tarde, que lo que pretendía era pagarnos una parte proporcional del billete y así lograr pasaje barato. Enseguida veo que localiza a 4 personas más, desconocidos entre ellos, y sacan el billete este del feliz fin de semana. Mi conciencia respira aliviada y me dice que no debo ser tan desconfiado, pues parece que esta es una práctica habitual en estas tierras para tacañear unos cuantos euros (y luego dicen de mi, je…).

Viajar a Passau se nos hace pesado, 2 horas de trayecto con u
n transbordo en el que hemos de llevar la jod… caja de los coj….. Sin temor a ser reiterativo, cómo pesa la condenada…. Y encima fuera llueve casi a cántaros. La nota cómica la pone Barnabás, que con su equipaje ocupa un espacio enorme en el vagón y llamamos la atención. Para muestra, esta foto (la mochila verde es mía y la gris de Eli, el resto ya se imagina...):



El viaje no da más de sí y por fin llegamos a Passau. Un día de perros. Ciclistas de todas las condiciones y edades están en la estación esperando el tren empapados hasta la transcavidad de los epiplones. Vaya día que se avecina, pues para comenzar hemos de buscar la bici y luego comenzar a pedalear. Por suerte esto no es Sicilia, ni esto son las Sagas, así que el carácter de Barnabás es diferente al de Torracoglioni y no hay problema en cambiar de planes: Dormimos en Passau por votación popular que se resuelve en unanimidad.
Localizar el puesto de las bicis es el siguiente paso, y encima no sabemos si en realidad la reserva está hecha o no (por parte nuestra eso está claro, con 5 mails y la reserva por mail efectuada, pero sin respuesta por su parte). El dichoso puesto no es facil de encontrar, pues está bastante escondido y más aún con la que está cayendo. Lo peor, encontrarnos, oh sorpresa poco sorprendente, que NADIE tiene constancia de nuestra reserva. No le chorreamos al chaval que nos atiende porque entendemos que la culpa no es suya (es sólo un “mandao”), pero el cabreo es mayúsculo. Por suerte, como somos previsores, habíamos contactado con otra empresa en el mismo Passau, que sí tuvo la deferencia de escribirnos para decirnos que sí tenían bicicletas y alforjas disponibles. Así que hacia allí vamos, pero como llovía a cántaros, estaba cerca la hora de cierre (las 12 del mediodía, vaya con los horarios centroeuropeos…) y no teníamos idea de cómo llegar a la tienda, cogemos un taxi que nos deja en la misma puerta de Fahrradklinik. Nos atienden muy amablemente y ya tenemos bicis. Por unos minutos casi nos cagamos en toda Alemania y en la irresponsabilidad de los de la primera tienda.

Nos dirigimos entonces a la estación de trenes, pues Barnabas nos esperaba allí. Llueve, y mucho, pero no nos queda más remedio que ir a buscarlo. La primera impresión de esta ciudad resulta un poco húmeda… Al llegar allí lo encontramos sequito y bien sentado. Ahora nos queda la tarea más árdua, montar SU bici, aunque eso supone una buena alegría al poder, por fin, librarnos de la maldita caja. Decidimos montarla en la misma estación, creando con ello un pequeño espectáculo para quien quisiera vernos en plena tarea. Como habíamos decidido quedarnos a dormir en Passau, Barnabas y yo nos quedamos montando la bici y Eli se va a un ciber-café a buscar hotel. Todo va bien hasta legar al último paso: Montar los pedales. Uno tiene la biela algo gastada y no quiere entrar. Y lo intentamos una y mil veces. Pero nada, que no entra. Mi cara es un poema. Entretanto Eli, en su plácida tarea, ha encontrado hotel y vuelve con nosotros para que vayamos juntitos como buenos amigos hacia allí, ignorante del problema del pedal. Ella consigue convencer a Barnabas para ir al chico de la tienda de bicis (la que NO tenía la reserva, el chico a quien decidimos indultar su merecida pena de apedreamiento por impresentabilidad) a ver si se la podía arreglar. Por suerte arregla el problema en un plis-plas. Bien!!! Todo arreglado, de momento.

Así que vamos al hotel. Habitaciones espartanas, no
por austeras de mobiliario sino por sus pequeñas dimensiones. Casi tenía que salir yo para poner el equipaje. Una siesta reparadora y vamos a visitar la ciudad por la tarde. Bajo la lluvia, claro, suerte de las capelinas. Es una ciudad bonita, con calles bastante anchas, acogedoras y edificios imponentes. La catedral es digna de ver, tanto por fuera como por dentro, donde tiene el órgano más grande del mundo. Pero lo más interesante es dirigirse al extremo de la ciudad, donde el Danubio, el Inn y el Ilst confluyen en el mismo punto. Aunque llueve, hace frío y está todo con un ambiente gris y plomizo resulta una visión muy atractiva y relajante. Es curioso ver cómo las aguas de los ríos no se mezclan hasta muchos metros más allá de la confluencia, con un juego de líneas de colores. El día no da más de sí. A dormir pronto tras una pequeña timba de poker (en la que les pego una paliza soberana) y a soñar con el viaje, mañana sí si se cumplen las predicciones de buen y soleado tiempo.


Barnabas:

Bueeeno, ya salio otra vez la caja con la bicicleta. Si no tuve tiempo para montar la bici en el aeropuerto y deshacerme asi de la caja, mas dificil lo tuve en el Youth Hostel de Munich. Llegamos la noche antes a Munich, dejamos la caja en un almacen del hotel y nos fuimos corriendo a visitar la ciudad, sólo por esa noche. Como por la mañana nos ibamos a pegar el madrugon para coger el tren a Passau muy prontito, pues no me iba a poner a montar la bici. Dado que la tienda donde tenian que recoger las bicicletas estaba en la misma estacion de tren de Passau, pues lo mejor es llevar mi bicicleta en la caja y montarla alli, mientras ellos recogian las suyas. Y bueno, el resto de la historia ya la ha contado Boecius, aunque sólo añadire una cosa mas: si un negocio (como esta tienda de bicicletas) publicita unos servicios en un medio de comunicacion que luego no asume, ya sea porque no tiene infraestructura o porque no le sale de los 'nakasones', esta incurriendo en un comportamiento fraudulento. Si no llegan a conseguir bicicletas en esa otra tienda y antes de las 12 de la mañana, porque a esa hora cierran la mayoria de los negocios en un sabado, nos fastidian el viaje haciendonos quedar todo el fin de semana en Passau.
Sobre el espectaculo de montar la bicicleta, tampoco fue para tanto. La monte en una parte del anden un poco apartada y fue mas o menos rapida, excepto por el problema del pedal que no queria entrar. El problema es que la roscas del pedal y de la biela izquierda, estaban desgastadas y no entraba ni a tiros. Al final, me lo arreglaron en esa tienda innombrable y por supuesto tuve que ir solo porque ni Elisabeth ni Boecius quisieron acompañarme a pedir ese favor. Uno se hace la idea del espectaculo que montarian alli con la reserva fallida de las bicis, para negarse a acompañarme, jejejeje...
Otro detalle del montaje de la bicicleta es que me encontre un arañazo, mas bien un bocado, en el cuadro de la bicicleta. Nunca mas, si puedo evitarlo, me llevare una bicicleta en avion. Tuve que desmontar la rueda delantera para meter la bicicleta en la caja y la deje con el disco de freno hacia dentro de la caja para protegerlo. Recubri con aislante el cuadro para que no hubiera roces, pero quedo un poco abombada por arriba. Pues bien, en no se que aeropuerto, le debieron dar un golpe tan bestia que el disco de freno le pego un bocado al cuadro. Los operarios cargan los aviones, como los animales que son...
Asi que una vez montada, y superado el cabreo por el arañazo del cuadro, nos ponemos en camino hacia el hotel, bajo la lluvia y con nuestras capelinas. Van ellos delante porque tenian una idea de por dónde ir y yo iba el ultimo. Pues saliendo de la estacion, resulta que un grandisimo hijo de la gran.... Alemania, me corta el paso con su 4X4 y se para al lado de un autobus aparcado, privandome ambos vehiculos del contacto visual con Boecius y Elisabeth. Y me perdi, bajo la lluvia, abandonado como ese perro del anuncio que decia 'El nunca lo haria', jejejeje. Por suerte, se resolvio con una llamada de telefono... XD.
Sobre el hotel, espartano es decir poco porque las habitaciones eran de 1,3 x 3 metros; la cama delimitaba la anchura de la habitacion y la ducha y el lavabo eran comunitarios. Prefiero hacer noche alli con el dia lluvioso y retrasar un dia la primera etapa, porque si nos hubieramos desplazado en tren a la siguiente etapa del viaje, nos hubieramos perdido el espectaculo del meandro del Danubio en Schlogen y eso, hubiera sido una espina clavada del tamaño de la antena del Empire State Building; es el paisaje mas espectacular del viaje.
Y la ciudad, Passau, muy bonita. Para cenar, a zamparse un bratwurst y Boecius, empezo con su adiccion al Gulash, jajajaja...

Viaje al Danubio



Divendres 21/08/2009

Boecius acaba de treballar i torna a casa a dinar. Jo he passat molts nervis tota la nit i part del matí (no m’ag
rada volar i havia d’acabar de fer compres de darrera hora i detalls pendents). Quan arriba a casa dinem tranquil·lament i marxem cap a l’aeroport. Un cop al tren comentem que no hem rebut resposta de l’ empresa de lloguer de les bicicletes. A tots dos ens fa una mica de mala espina.

En fi, arribem a la T1 i busquem al senyor Barnabas. El trobem al final de la terminal amb el seu posat característic empenyent un carretó amb TOTES les seve
s coses per al viatge, evidentment bici inclosa. Després toca carregar les seves coses de mostrador en mostrador per tal que les pugin a l'avió. Pero sort no hi ha gaire gent i ho podem fer sense problemes. Mentre esperm l'avió comencen els nervis. Després resulta que el vol és prou curt i transcorre plàcidament, de tal forma que fins i tot jo viatjo tranquil·la però el Sr. Barnabas no té pas la mateixa opinió. Està tot rigid a la cadira i tot petit moviment de l’avió pensa que són turbulències, així que pateix un dels pitjors viatges de la seva vida. Té més por de volar que jo...

Un cop arribats a Munich recollim l’equipatge amb puntualitat germànica. Resulta increible com en pocs minuts tenim totes les maletes I la capsa amb la bici. Clar que després ens en penedim de tanta alegria per la capsa, que hem de carregar fins a l’alberg. Bé, Boetius i Barnabas l'han de carregar, i jo els ajudo amb part de l'equipatge de Barnabas. Com pesa la condemnada capsa dels pebrots.

Fem llavors una petita volta per la ciutat de Munich, nocturna, clar, sorprenent-nos la sorollada que surt dels bars i la gentad
a que volta pels carrers. Suposem que és divendres i la gent té ganes de gresca, però nosaltres ens trobem força cansats, així que ens mengem un entrepà asseguts a la parada d’un autobús i ens en tornem a l’alberg. A més comença a ploure tímidament i a l’endemà hem de començar a pedalar. No tenim gaire clar que puguem fer el viatge si plou.

Barnabas:

Mira que sois exagerados con lo del avion. Mas o menos estuve tranquilo cuando el avion ponia rumbo a Italia, pero luego giró hacia el centro de europa y por esa zona es cuando lo pase un poco mal. No confundo los movimientos propios del avion con las turbulencias, pero cuando notas un pequeño traquetreo, pues para mi son pequeñas turbulencias. Mi miedo viene del año pasado cuando volviamos en avion a casa desde Sicilia. Estando a punto de tomar tierra en el Prat, se produjeron unas turbulencias muy bestias, supongo que al pasar por la estela de otro avion que habria despegado antes, y lo pase muuuuy mal. Y desde aquello le he cogido miedo...XD.
Me lleve la bicicleta a Alemania porque no me fiaba de unas bicicletas de alquiler para recorrer mas de 300 kms, sólo hay que ver cómo estan las bicicletas del Bicing pero luego hay que decir que me equivoque, y si lo sé, no me la llevo. Y si hubo que cargar con la caja hasta el Youth Hostel de Munich, es porque el avion llegaba a Munich sobre las 21:15 y me deciais que el ultimo tren a Munich salia a las 22:00, y no habia tiempo para montar la bicicleta en el aeropuerto. Asi que sabiendo que el hotel estaba cerquita de la estacion central de trenes, pues acordamos de llevarnos la caja con la bici dentro y a patear. Ya se que habra maaaaas entregas sobre mi caja para bicicletas... XDD

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Logica: Analíticos Primeros


En este libro Aristóteles presenta su teoría del silogismo. Este es un discurso (logos) en el que, sentadas ciertas cosas, se sigue necesariamente algo diferente de lo postulado por el simple hecho de que sean así. Por tanto es un argumento en el que se establecen premisas y se siguen otras cosas.

Un silogismo es perfecto si no necesita nada más que lo establecido para hacer evidente lo que sigue:

· Silogismo perfecto formal.
· Silogismo perfecto informal.

Será imperfecto si aunque la conclusión se sigue lógicamente de las premisas es necesario añadir más enunciados.

Las inferencias perfectas que plantea Aristóteles son:

· Todo A es B / Todo B es C, luego Todo A es C
· Todo A es B / Ningún B es C, luego Ningún A es C
· Algún A es B / Todo B es C, luego Algún a es C
· Algún A es B / Ningún B es C, luego No todo A es C

Los silogismos perfectos se dice que están en la PRIMERA FIGURA.
Cambiando el orden de los predicados salen los silogismos de SEGUNDA FIGURA, aplicando los operadores: todo / ninguno / alguno / no todo:

A es B / C es B, luego A es C

La TERCERA FIGURA se compone de la forma:
B es A / B es C, luego A es C

En las 3 figuras considera los diversos pares de premisas que pueden formarse con los operadores todo / alguno / no todo / ninguno.

Es capaz de eliminar mediante contraejemplos como inválidos todos menos 10 de los demás pares de premisas. Por ejemplo:
Ningún A es B / Todo B es C, luego no se pude concluir A es C

Aristóteles busca términos que hacen verdaderas las premisas y una conclusión de la forma “todo A es C”: Ningún caballo es un hombre / Todos los hombres son animales, luego todos los caballos son animales. Como todo resulta ser verdad, no es posible obtener una conclusión negativa (No… o No todo…), por tanto las premisas no entrañan una consecuencia negativa.

Y también si las premisas son verdaderas y la consecuencia es verdadera e la forma “ningún A es C”, no puede darse una conclusión con estas premisas que sea afirmativa (todo… algún…): Ninguna piedra es hombre / Todos los hombre son animales, luego ninguna piedra es un animal. La forma es:

Ningún A es B / todo B es C, luego ningún A es C.

No tienen consecuencia silogística. Finalmente Aristóteles se queda con 10 silogismos que no están en la primera figura prefecta y que no puede descartar como inválidos. Son imperfectos, y se pueden perfeccionar. Para toda inferencia válica pero NO OBVIAMENTE válida cabe derivar otras inferencias de las mismas premisas a la misma conclusión para lograr la validez. Plantea 3 reglas de conversión:
1. De Ningún B es A infiere Ningún A es B
2. De Todo B es A infiere Algún A es B
3. De Algún B es A infiere Algún A es B

Ejemplo:

Todo A es B / Ningún C es B, luego ningún A es C.
La segunda premisa pasa a ser: Ningún B es C, y queda:
Todo A es B / Ningún B es C, luego Ningún A es C

Demuestra que los silogismos imperfectos de las figuras 2ª y 3ª pueden perfeccionarse mediante los obviamente válidos de la 1ª figura y las reglas de conversión. Todo argumento deductivo se puede expresar como una serie de inferencias silogísticas formales. La conclusión de todo argumento deductivo NO-formal es esencialmente de la forma de una fórmula silogística. Por ejemplo: Todos los triángulos tienen sus ángulos internos iguales a 2 rectos sería equivalente a “todos los A son C”. Y para derivar esta conclusión es con premisas que vinculen los términos como un silogismo formal: Se parte de un axioma de la propiedad de los triángulos. Todos los A son B, y los B tienen la propiedad de tener ángulos internos iguales a 2 rectos. Todos los B son C. Es evidente que necesitamos una cadena de inferencias:

Todos los A son B / Todos los B son D, luego Todos los A son D
Pero todos los D son E, luego todos los A son E
Pero todos los E son C, luego todos los A son C

Los modos en que los términos de la conclusión son susceptibles de ser relacionados por los términos medios se corresponden con las 3 figuras de los silogismos formales.

En los analíticos secundarios muestra lo que se requiere para transformar un silogismo en una prueba. Proporcionan una comprensión sin restricciones. Sólo es así si captamos su explicación o causa y captamos que esta es la explicación. Las premisas últimas de una prueba han de ser cognoscibles por sí mismas y antológicamente básicas.

martes, 1 de septiembre de 2009

Danube bike trail


Ruta: Passau – Klosterneuburg.

Etapas:
1. De Passau a Neuhaus, pasando por el meandro de Schlögen. 60Km
2. De Neuhaus a Linz. 33 Km
3. De Linz a Grein, visitando Mauthausen. 70 Km
4. De Grein a Melk. 45 Km
5. De Melk a Krems Und Stein. 42 Km
6. De Krems a Tulln. 43 Km
7. De Tulln a Klosterneuburg. 23.5 Km

Precio aproximado: Unos 300 euros/persona (a los que añadir los gastos del billete de avión ida y vuelta).

Características de la ruta: Toda la ruta, salvo con contadas excepciones, transcurre por carril-bici en general muy bien arreglado y por llano. Poca convivencia con vehículos a motor y cuando ésta se da se puede apreciar la diferencia esencial de respeto que el conductor centroeuropeo tiene hacia el ciclista con respecto al cafre usual de aquí. La ruta está muy bien señalada y es fácil de seguir incluso para gente poco preparada físicamente como nosotros.
No hay que sufrir por robos en general. En muchas ocasiones dejamos las bicis sin atar y con las alforjas puestas sin ninguna incidencia. La gente es amable a su manera, a veces algo seca pero muy respetuosa y bien educada. Si se les ha de poner una pega es el pésimo nivel de inglés que tienen (para que luego nos quejemos de Hispania…). Es por ello recomendable llevar una pequeña lista de palabras en alemán para no encontrarse luego con sorpresas en el “menú”.

Equipaje: Imprescindible un impermeable o capelina, y protección solar. El tiempo en Austria es amable, pero son habituales las tormentas de verano (con vientos gélidos) y un sol de justicia en torno al mediodía. Vale la pena minimizar al máximo el equipaje, ya que se ha de ir cargando todo el camino.

Bicicleta: Optamos por alquilar la bici en el propio Passau. En Fahrrad-klinik (www.fahrradklinik-passau.de) obtuvimos un par de excelentes bicicletas, con sus correspondientes alforjas, un trato exquisito y un servicio impecable. Muy recomendable para evitar problemas con el transporte por avión, los daños a la bici que esto supone y las prisas y preocupaciones para lograr después transportar de vuelta la bici desde una ciudad extranjera cumpliendo las malditas exigencias de las compañías aéreas. Esta empresa recoge también la bici desde Klosterneuburg y la transporta de vuelta a Passau.

Experiencia: Conviene levantarse temprano para pedalear y parar hacia las 13:00 horas para un buen tentempié y una siesta reparadora que permita seguir la ruta ya pasadas las horas de mayor solana. Para dormir en realidad no hay problema alguno. Nosotros optamos por dormir en campings, bien equipados y bastante baratos, pero conseguir una habitación en una casa particular no era difícil (ni caro) y es una opción interesante. Conseguir una habitación de hotel era algo más complicado sin reserva previa, pero en general tampoco era imposible. En los servicios de información de cada ciudad ayudan poco en esto, pues se limitan a darte un panfleto con todos los hoteles y precios, y esperan que ya por tu cuenta y riesgo te apañes luego.

Lo mejor del camino: Paisajes de ensueño, naturaleza y fauna bellísimas, gentes amables y comida contundente.

Lo peor del camino: La entrada en Linz y Krems, que se realizan por un carril-bici pegado a una carretera bastante transitada que resulta muy estresante. El pésimo nivel de inglés de la gente de la zona.


Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...