jueves, 3 de septiembre de 2009

Viaje al Danubio


Sábado 22/08/2009

De Munich a Passau. La primera noche del viaje es más o menos tranquila, pues podemos dormir a gusto pero inquietos por la lluvia que cae fuera. Eli creo que duerme poco. Esa lluvia que nos saluda por la mañana nos ha de acompañar todo el día aunque aún no lo sabemos. Nos pegamos un buen madrugón, nos hartamos de comida en el hotel y nos ponemos en marcha. Barnabas y yo tenemos que cargar la **** caja de los ******** por la calle hasta llegar a la estación. Como ya antes hemos dicho, como pesa la condenada y lo incómoda que es de llevar. Por suerte la estación no queda lejos. Una vez allí sacamos, no sin apuros, un billete de feliz fin de semana (no traduciré esto al idioma de los bárbaros del norte). Este billete te permite viajar por módico precio hasta un máximo de 5 personas. Nosotros sólo somos 3, pero aún así sale muy barato.

Esperando en el andén se nos acerca un señor y nos pide viajar con nosotros, pues sólo somos 3 personas y pueden ir 5… El pobre comete el error de dirigirse a mí, que
entre que entiendo mal su inglés y en parte porque pienso que le está echando un morro increíble, acabo por invitarle a que se busque a otros primos que se dejen timar. Luego me arrepiento, pues al verle por la estación entiendo, aunque tarde, que lo que pretendía era pagarnos una parte proporcional del billete y así lograr pasaje barato. Enseguida veo que localiza a 4 personas más, desconocidos entre ellos, y sacan el billete este del feliz fin de semana. Mi conciencia respira aliviada y me dice que no debo ser tan desconfiado, pues parece que esta es una práctica habitual en estas tierras para tacañear unos cuantos euros (y luego dicen de mi, je…).

Viajar a Passau se nos hace pesado, 2 horas de trayecto con u
n transbordo en el que hemos de llevar la jod… caja de los coj….. Sin temor a ser reiterativo, cómo pesa la condenada…. Y encima fuera llueve casi a cántaros. La nota cómica la pone Barnabás, que con su equipaje ocupa un espacio enorme en el vagón y llamamos la atención. Para muestra, esta foto (la mochila verde es mía y la gris de Eli, el resto ya se imagina...):



El viaje no da más de sí y por fin llegamos a Passau. Un día de perros. Ciclistas de todas las condiciones y edades están en la estación esperando el tren empapados hasta la transcavidad de los epiplones. Vaya día que se avecina, pues para comenzar hemos de buscar la bici y luego comenzar a pedalear. Por suerte esto no es Sicilia, ni esto son las Sagas, así que el carácter de Barnabás es diferente al de Torracoglioni y no hay problema en cambiar de planes: Dormimos en Passau por votación popular que se resuelve en unanimidad.
Localizar el puesto de las bicis es el siguiente paso, y encima no sabemos si en realidad la reserva está hecha o no (por parte nuestra eso está claro, con 5 mails y la reserva por mail efectuada, pero sin respuesta por su parte). El dichoso puesto no es facil de encontrar, pues está bastante escondido y más aún con la que está cayendo. Lo peor, encontrarnos, oh sorpresa poco sorprendente, que NADIE tiene constancia de nuestra reserva. No le chorreamos al chaval que nos atiende porque entendemos que la culpa no es suya (es sólo un “mandao”), pero el cabreo es mayúsculo. Por suerte, como somos previsores, habíamos contactado con otra empresa en el mismo Passau, que sí tuvo la deferencia de escribirnos para decirnos que sí tenían bicicletas y alforjas disponibles. Así que hacia allí vamos, pero como llovía a cántaros, estaba cerca la hora de cierre (las 12 del mediodía, vaya con los horarios centroeuropeos…) y no teníamos idea de cómo llegar a la tienda, cogemos un taxi que nos deja en la misma puerta de Fahrradklinik. Nos atienden muy amablemente y ya tenemos bicis. Por unos minutos casi nos cagamos en toda Alemania y en la irresponsabilidad de los de la primera tienda.

Nos dirigimos entonces a la estación de trenes, pues Barnabas nos esperaba allí. Llueve, y mucho, pero no nos queda más remedio que ir a buscarlo. La primera impresión de esta ciudad resulta un poco húmeda… Al llegar allí lo encontramos sequito y bien sentado. Ahora nos queda la tarea más árdua, montar SU bici, aunque eso supone una buena alegría al poder, por fin, librarnos de la maldita caja. Decidimos montarla en la misma estación, creando con ello un pequeño espectáculo para quien quisiera vernos en plena tarea. Como habíamos decidido quedarnos a dormir en Passau, Barnabas y yo nos quedamos montando la bici y Eli se va a un ciber-café a buscar hotel. Todo va bien hasta legar al último paso: Montar los pedales. Uno tiene la biela algo gastada y no quiere entrar. Y lo intentamos una y mil veces. Pero nada, que no entra. Mi cara es un poema. Entretanto Eli, en su plácida tarea, ha encontrado hotel y vuelve con nosotros para que vayamos juntitos como buenos amigos hacia allí, ignorante del problema del pedal. Ella consigue convencer a Barnabas para ir al chico de la tienda de bicis (la que NO tenía la reserva, el chico a quien decidimos indultar su merecida pena de apedreamiento por impresentabilidad) a ver si se la podía arreglar. Por suerte arregla el problema en un plis-plas. Bien!!! Todo arreglado, de momento.

Así que vamos al hotel. Habitaciones espartanas, no
por austeras de mobiliario sino por sus pequeñas dimensiones. Casi tenía que salir yo para poner el equipaje. Una siesta reparadora y vamos a visitar la ciudad por la tarde. Bajo la lluvia, claro, suerte de las capelinas. Es una ciudad bonita, con calles bastante anchas, acogedoras y edificios imponentes. La catedral es digna de ver, tanto por fuera como por dentro, donde tiene el órgano más grande del mundo. Pero lo más interesante es dirigirse al extremo de la ciudad, donde el Danubio, el Inn y el Ilst confluyen en el mismo punto. Aunque llueve, hace frío y está todo con un ambiente gris y plomizo resulta una visión muy atractiva y relajante. Es curioso ver cómo las aguas de los ríos no se mezclan hasta muchos metros más allá de la confluencia, con un juego de líneas de colores. El día no da más de sí. A dormir pronto tras una pequeña timba de poker (en la que les pego una paliza soberana) y a soñar con el viaje, mañana sí si se cumplen las predicciones de buen y soleado tiempo.


Barnabas:

Bueeeno, ya salio otra vez la caja con la bicicleta. Si no tuve tiempo para montar la bici en el aeropuerto y deshacerme asi de la caja, mas dificil lo tuve en el Youth Hostel de Munich. Llegamos la noche antes a Munich, dejamos la caja en un almacen del hotel y nos fuimos corriendo a visitar la ciudad, sólo por esa noche. Como por la mañana nos ibamos a pegar el madrugon para coger el tren a Passau muy prontito, pues no me iba a poner a montar la bici. Dado que la tienda donde tenian que recoger las bicicletas estaba en la misma estacion de tren de Passau, pues lo mejor es llevar mi bicicleta en la caja y montarla alli, mientras ellos recogian las suyas. Y bueno, el resto de la historia ya la ha contado Boecius, aunque sólo añadire una cosa mas: si un negocio (como esta tienda de bicicletas) publicita unos servicios en un medio de comunicacion que luego no asume, ya sea porque no tiene infraestructura o porque no le sale de los 'nakasones', esta incurriendo en un comportamiento fraudulento. Si no llegan a conseguir bicicletas en esa otra tienda y antes de las 12 de la mañana, porque a esa hora cierran la mayoria de los negocios en un sabado, nos fastidian el viaje haciendonos quedar todo el fin de semana en Passau.
Sobre el espectaculo de montar la bicicleta, tampoco fue para tanto. La monte en una parte del anden un poco apartada y fue mas o menos rapida, excepto por el problema del pedal que no queria entrar. El problema es que la roscas del pedal y de la biela izquierda, estaban desgastadas y no entraba ni a tiros. Al final, me lo arreglaron en esa tienda innombrable y por supuesto tuve que ir solo porque ni Elisabeth ni Boecius quisieron acompañarme a pedir ese favor. Uno se hace la idea del espectaculo que montarian alli con la reserva fallida de las bicis, para negarse a acompañarme, jejejeje...
Otro detalle del montaje de la bicicleta es que me encontre un arañazo, mas bien un bocado, en el cuadro de la bicicleta. Nunca mas, si puedo evitarlo, me llevare una bicicleta en avion. Tuve que desmontar la rueda delantera para meter la bicicleta en la caja y la deje con el disco de freno hacia dentro de la caja para protegerlo. Recubri con aislante el cuadro para que no hubiera roces, pero quedo un poco abombada por arriba. Pues bien, en no se que aeropuerto, le debieron dar un golpe tan bestia que el disco de freno le pego un bocado al cuadro. Los operarios cargan los aviones, como los animales que son...
Asi que una vez montada, y superado el cabreo por el arañazo del cuadro, nos ponemos en camino hacia el hotel, bajo la lluvia y con nuestras capelinas. Van ellos delante porque tenian una idea de por dónde ir y yo iba el ultimo. Pues saliendo de la estacion, resulta que un grandisimo hijo de la gran.... Alemania, me corta el paso con su 4X4 y se para al lado de un autobus aparcado, privandome ambos vehiculos del contacto visual con Boecius y Elisabeth. Y me perdi, bajo la lluvia, abandonado como ese perro del anuncio que decia 'El nunca lo haria', jejejeje. Por suerte, se resolvio con una llamada de telefono... XD.
Sobre el hotel, espartano es decir poco porque las habitaciones eran de 1,3 x 3 metros; la cama delimitaba la anchura de la habitacion y la ducha y el lavabo eran comunitarios. Prefiero hacer noche alli con el dia lluvioso y retrasar un dia la primera etapa, porque si nos hubieramos desplazado en tren a la siguiente etapa del viaje, nos hubieramos perdido el espectaculo del meandro del Danubio en Schlogen y eso, hubiera sido una espina clavada del tamaño de la antena del Empire State Building; es el paisaje mas espectacular del viaje.
Y la ciudad, Passau, muy bonita. Para cenar, a zamparse un bratwurst y Boecius, empezo con su adiccion al Gulash, jajajaja...

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