jueves, 16 de septiembre de 2010

La "Doble Verdad"

Una parte de las cosas que leo por acá resultan la mar de interesantes en cuanto me sirven a la par como información sobre el pasado y observación de persistencias de pensamiento en el presente. Incluso en mi trabajo de dialogar con mentes escindidas. He encontrado una curiosa explicación del pensamiento medieval que resulta, a ojos de cualquier lógico, tremendamente curiosa, y tremendamente humana. Es la versión erudita de la fábula del asno que se muere de hambre y sed porque no es capaz de escoger si primero comer la paja o beber del pilón. La versión erudita parece decidir no morirse de hambre ni de sed, sino que echa la paja al agua y come y bebe a la vez... Paso a una explicación sucinta:

Cuando Aristóteles fue saliendo de los siglos oscuros y su obra propagada por Europa Occidental, a lo largo de la Baja Edad Media, algunos pensadores descubrieron sorprendidos que ciertas conclusiones que obtenían aplicando la razón al conocimiento de la naturaleza diferían de las que obtenían a partir de los libros sagrados y la fe. La ciencia les mostraba cómo se comportaba la naturaleza, pero el libro relataba acontecimientos que ignoraban esas pautas de comportamiento. Como ambas cosas, sin embargo, fueron tenidas por verdaderas, deslizaron en el pensamiento la teoría de la "doble verdad". Habría así, según ellos, verdades de razón y verdades de fe y, si se diera el caso de que unas y otras fueran incompatibles, se saldría del dilema dejando en suspenso el principio de no-contradicción: Aunque una de las afirmaciones entrara en contradicción con las otras, ambas serían, sin embargo, verdaderas.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Der Deutsche Donauradweg


El de la foto es el aspecto que tenía el vagón de RENFE con el que hicimos el primer trayecto a Cerbere. Como no hay espacios destinados a las bicis, pues nos pusimos como pudimos tratando de no molestar demasiado. Aunque la cara de resignación / desprecio / "ya me están tocando los cojones" que nos puso el revisor fue como para hacerle una foto.
No me atreví. Pensé, con adecuada prudencia, que tratar de pasar desapercibido sería la mejor profilaxis del embrollo que se podía practicar ahí. Eso sí, todo el trayecto, unas 2 horas largas, de pie. Que luego me vengan con que somos un país moderno....

Lo peor es la espera, larga y fatigosa, en Cerbere hasta poder coger el Lunea que nos llevaría a Estrasburgo. El trato por parte del revisor francés fue completamente diferente, un chico joven y amable que nos indicó el espacio reservado a las bicis y hasta se ofreció mínimamente a echarnos una mano para acomodarnos. No nos engañemos tampoco, el tren deja un espacio algo sucinto y el compartimento para 6 personas resulta algo estrecho para personas de mi "corpulencia" (mis casi 90 kilos votaron por unanimidad una moción de protesta por el espacio en que les obligué a embutirse), pero nos pudimos apañar sin problemas. El único conflicto resultó en que Barnabas decidió jugar con el aire acondicionado y tuvo la deferencia de proporcionarnos un par de horas de sauna a coste gratis. Y un gripazo de cuidado cuando se percató de su falta de tacto a la hora de poner la temperatura posterior en "frío polar" desde la temperatura anterior "infierno leve" sin escalas. De este primer día poco más hay que reseñar.

PD: Pese a que yo daba por acabada la entrada, Eli y Barnabas me han incitado de forma "sutil" a añadir una anécdota para mí olvidada, pero que parece que cuajó en su hipotálamo y mantienen allá en espera de que la plasme acá. Vale. Sólo para que no me atosiguen más ahí va: En el tren de cercanías que nos llevaba a Cerbere subieron a mitad de trayeco, de algún pueblo de la costa que no es que no quiera acordarme sino es que no me fijé, la familia por nosotros apodada "Guarren". El motivo del apodo es algo menos prosaico que el hecho de ser ingleses (que lo eran). Les puse ese apodo por, digamos, su alergia al agua y al jabón que hizo que el trayecto pasase de ser incómodo por falta de espacio a ser directamente insoportable por el aroma a cochiqueras polifémicas que desprendían todos y cada uno de los miembros de la familia inglesa de marras, el padre, la madre, y sus dos retoños uno de cada sexo. No logro recordar cual de los miembros olía peor ya que mis epiteliales encargados de emitir las señales olorosas decidieron ponerse en huelga en ese mismo instante, pero creo que los votos de Eli y Barnabas iban hacia el padre Guarren.

Además de obsequiarnos con un maravilloso viaje oloroso al infierno, me mostraron que el mal olor en ellos puede asociarse a falta de conocimiento, pues con una falta absoluta de entendimiento de las leyes de la inercia y la gravedad decidieron poner una de sus también olorosas maletas en una posición en la que a cada recodo del camino caía de forma indefectible... sobre mis pies. Contaminando mi hasta ese momento limpia piel con el contacto repulsivo de sus cosas. No pasaría esto de aquí salvo porque uno de los Guarren, la hija o el hijo, se levantaban cada vez que la maleta se caía, cada 5 minutos más o menops, para ponerla de nuevo en su sitio, exactamente igual que estaba, en la misma posición metaestable. No se entendería tal absurdidad sino digo que además de ponerla de nuevo en su sitio procedían a un curioso ritual : Levantan la maleta, la ponen en posición y le dan un golpecito. Golpecito que imagino debía poseer en sus mentes el mágico poder de clavar la maleta en el suelo y que no se desequilibrase. Poder que imagino no debían poseer en realidad, ya que de forma terca la maleta insistía una y otra vez en caer encima de mis pies, siguiendo de forma iterativa las leyes de la gravedad y la inercia. Y entonces regresaba un retoño Guarren (algo que mi pituitaria detectaba antes que mis ojos...) a darle más golpecitos a la maleta.

Imagino que el poder mágico en realidad no existe, pero por si acaso decidí adoptar su táctica sobre su maleta, a ver si el poder mágico combinado era lo que resultaba eficaz. Y mira, pues sí, la maleta dejó de caer sobre mis pies a medida que yo la llenaba de golpecitos mágicos. Creo que en mi pueblo lo llaman "coser la maleta a patadas cada vez que se cae"... bah, pero eso son sólo palabras y cada uno puede escoger las que desee. Eli también me ayudó a dejar las suelas grabadas en la maleta, combinando nuestros recién descubiertos poderes mágicos pero en esto hay algo que por mucho que intento, no logro recordar con claridad. Si Eli en realidad no cree en la magia, a santo de qué cosió a patadas a la maleta? Digoooo, que fallo, en realidad quería decir que aplicó los golpecitos mágicos a la maleta con mayor interés que yo. Más tarde murmuró algo así de que de magia nada, que la realidad física se impone y que el entendimiento lerdo de los Guarren captó al final la sutil ironía de los golpecitos y puso la maleta lejos de mis botas y de mi mala leche, pero qué sabrá ella. Incrédula científica. Mi explicación con la magia de los golpecitos es la correcta.




miércoles, 1 de septiembre de 2010

Der Deustche Donauradweg


Fiel a nuestra tradición, aquí irá de forma progresiva un relato de nuestro viaje por el Danubio alemán. Otro blog sobre un viaje al Danubio no resulta una novedad, pero al contemplar la sutil línea del río en Passau, final de nuestro viaje, pude sentir una cierta ironía entre nuestro proyecto mil veces elaborado a costa de blogs como este y el resultado final. Mi idea entonces fue enumerar cuando pudiera nuestra planificación inicial y reirme de mí mismo por tamaña pretensión de inutilidad, de tratar de coger el agua con las manos, de aprehender el río en etapas diseñadas de antemano.

Resulta agradable pretender que el viaje tenga un arquitectura, pero parafraseando al Maestro, el viajero parece menos alguien que construye paisajes que alguien que los desmonta y los deshace. Un viaje siempre lleva aparejados mil enredos y vericuetos que implican alejarse en cuanto se puede del plan preconcebido, para al final reconstruir una silueta de los restos de un empeño y descubrir que el viajero no es más que una simple hoja conducida por los azares de un viento que no se conoce. Y ese viento es quizá el objetivo, si es que uno debería haber, esperando que el soplo que ha de venir sea el que dé sentido a lo que acabe por aparecer. En cuantos viajes he ido haciendo, me resultó más interesante variar sobre la marcha que pretender mantenerme aferrado a un imposible plan, más digno de agencia de viajes para borregos que de un espíritu viajero a consciencia.

Por si alguien lee alguna vez esto, y le interesa una planificación inicial, dejo transcrito el plan de Barnabás para descender por el río en 10 días, si bien si ese alguien tiene paciencia para soportar mi verborrea, e inteligencia suficiente, sabrá adaptar lo que aquí pongo a lo que finalmente el propio viaje dictamine:

Día 1: Barcelona- Cerbere con cercanías RENFE. Luego Cerbere - Strasbourg partiendo a las 20:43 y llegando hacia las 08:00. Espacio reservado para bicicletas en el Lunea Francés.

Día 2: Strasbourg-Kehl en bicicleta. Ruta sencilla de pocos Km, y una vez en Kelh salen trenes hacia Donaueschingen casi cada hora (con escala en Offenburg). Nuestro plan incluye pedalear desde Donaueschingen hasta Fridingen an der Donau: 48.5 km

Día 3: Fridingen - Mengen: 54 km. El trayecto incluye pasar y visitar Sigmaringen.

Día 4: Mengen - Ehingen: 59 km.

Día 5: Ehingen - Gunzburg: 62 km. El trayecto pasa por Ulm, de visita obligada.

Día 6: Gunzburg - Donauwörth: 64.5 km.

Día 7: Donauwörth - Hartacker: 75 km. Se pasa por Neuburg e Ingolstadt, ambas interesantes.

Día 8: Hartacker - Regensburg: 70 km. Incluye pequeño viaje en barco en Kellheim.

Día 9: Regensburg - Straubing: 58.5 km.

Día 10: Straubing - Nesslbach: 60.5 km.

Día 11: Nesslbach - Passau: 34 Km. Partir este día a Munich (hay trenes cada hora, directos o con transbordo en Platting).

Día 12: Munich - Zurich en tren. Una vez en Zurich, visitilla rápida la ciudad, y tomar el Tren-hotel Elipsos de RENFE (que permite llevar bicicletas en condiciones nada económicas) y regreso a Barcelona.


Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...