martes, 31 de mayo de 2011

Sobre las formas


Una anécdota curiosa del maestro puede servir para recordar, en estos tiempos convulsos, que todo proceso de pensamiento entraña siempre uno previo de conocimiento. Pese al apoyo visceral que puedo tener con esos chavales pasando frío de plaza Catalunya en su juego revolucionario, no dejo de sonreírme cuando les escucho hablar y veo sus opiniones y propuestas tan utópicas y bienintencionadas como irrealizables. Y tan tiernas en sus principios como lamentablemente mal planteadas al adoptar el tono de exigencia. Cuánto me gustaría en las clases y en este atisbo de revolución que supieran expresarse de forma correcta y con el órden adecuado:

Magris recuerda la figura de uno de sus maestros, en Trieste, que le dio una de las lecciones más importantes de su vida. Era su profesor de alemán. Tenía catorce años y una vez debió preparar una clase que iba a versar sobre las relaciones entre Fausto y la Revolución Francesa. Cuando le tocó el turno, se levantó y dijo:

- “Yo pienso que…”.
- “Usted no puede pensar nada porque no sabe nada”, le interrumpió.

El joven Claudio Magris debió mirar con amarga sorpresa a su maestro, que continuó definiendo cuál era el objeto de análisis:

- "Fausto se escribe en estos años, trata de esto y su relación con la Revolución Francesa puede estar en lo siguiente"

Y concluyó:

- “Y sobre esta cuestión, el señor Magris piensa que…” y le dio la palabra.

Aquello significaba pensar, recuerda el escritor: “Tener la capacidad de acercarse al objeto de análisis”.

martes, 24 de mayo de 2011

Andrómaca.


Otro breve texto de Simmons acerca de la ironía y su sentido, explicado a través de la esposa de Héctor de Troya, Andrómaca:

Andrómaca era hermosa por derecho propio, no tanto como Helena o las diosas, y pertenecía a la realeza. Procedía de la zona de ámbito troyano conocida como Cilicia, y su padre era el rey local, Eetión, admirado por la mayoría, respetado por todos. Vivían en las faldas del monte Placos, en un bosque famoso por su madera. Las grandes Puertas Esceas de Ilión (Troya) estaban construídas con madera cilicea, igual que las torres de asedio que los aqueos tenían a 4 km de distancia.

Aquileo había matado a su padre. Abatió a Eetión en combate cuando el aqueo de los pies ligeros condujo a sus hombres contra las ciudades troyanas poco después de que los griegos desembarcaran. Andrómaca tenía 7 hermanos, ninguno de ellos guerrero, sino pastores de ovejas y bueyes, y Aquileo acabó con todos ellos el mismo día después de buscarlos por los campos y perseguirlos hasta darles muerte en las rocas bajo el bosque. El plan de Aquileo era obviamente no dejar con vida a ningún varón de la familia real cilicea. Esa noche Aquileo hizo que sus hombres vistieran el cadáver de Eetión con la armadura de bronce y lo incineró con respeto. Luego levantó un montículo sobre las cenizas el viejo rey. Pero los cadáveres de los hermanos de Andrómaca permanecieron en los campos y bosques, pasto de los lobos.

Enriquecido con el saqueo de una docena de ciudades, Aquileo todavía exigió el rescate de un rey por la reina de Eetión, la madre de Andrómaca, y lo recibió. Ilión era todavía rica entonces, y libre para negociar con sus invasores.

La madre de Andrómaca regresó a los salones de su palacio vacío en Cilicia y allí Artemisa, con una lluvia de flechas, la abatió.

Esa es una manera de decirlo. En realidad, Artemisa, hija de Zeus y de Leto, hermana de Apolo, es la diosa de la caza. Pero también es la diosa que preside los nacimientos. En un pasaje de la Ilíada, un irritado Apolo le grita a su hermana, delante de su padre Zeus: "Te deja que mates a las madres en el parto", refiriéndose a que Artemisa es responsable de causar la muerte en los partos además de servir de comadrona divina a las mujeres mortales.

La madre de Andrómaca murió 9 meses después de ser secuestrada como rehén por Aquileo el día en que murió Eetión. La madre de Andrómaca murió de parto intentando traer al mundo al hijo del asesino de su marido. Y más tarde el asesino del padre de Andrómaca arrastraría el cadáver del esposo de la propia Andrómaca, Héctor, tras darle muerte en la aristeia más increíble de esta historia.

Así explica Simmons cómo la puta diosa Ironía gobierna al mundo.

Sobre Proust


Unas reflexiones sobre Marcel Proust en la novela de Dan Simmons que prefiero tener a mano para alguna futura ocasión. Dejando de lado el episodio celebérrimo sobre el té y la magdalena, se pueden sacar algunas conclusiones acerca del sentido de la vida que tratan de resolver los personajes de "En busca del tiempo perdido".

Plantea 3 formas de resolver el sentido de la vida:


- Primero, siguen el camino de la nobleza, el título, los derechos de nacimiento y la hidalguía. Marcel, el narrador, alter ego del propio Proust, sigue esta vía durante casi 200 páginas. O al menos cree que la aristocracia más importante es la nobleza de carácter, pero resulta vacío. Proust veía la fachada como el pegamento que mantiene unida la sociedad, cualquier sociedad en cualquier época. La estudia a todos los niveles a lo largo del libro. No parece cansarse de sus manifestaciones.

- El segundo camino es el amor. El amor sentimental y la lujuria física, el sentimentalismo por las cosas familiares, por la memoria misma y por la gente que pasa a formar parte del reino de las cosas familiares. Nos invita a preguntarnos por qué no conduce el amor a la respuesta sobre el sentido de la vida, y es porque Proust y sus personajes descubren que ni el amor ni su noble prima, la amistad, sobreviven jamás a las cuchillas entrópicas de los celos, el aburrimiento, la familiaridad y el egoísmo:

"Pensar que malgasté años de mi vida, que esperaba morir, que tuve mi mayor historia de amor con una mujer que no me atraía, que ni siquiera era mi tipo"

Busca explorar todas las facetas del amor humano: Heterosexual, homosexual, bisexual, familiar, colegial, interpersonal, el amor por los lugares y las cosas y la vida misma.

- El tercer camino había sido el arte (y la música), pero aunque eso había llevado a Marcel a la belleza, no le había llevado a la verdad.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La Biblioteca de Alejandría


Otro fragmento de Sagan sobre la Biblioteca. Deja volar su admiración por la sed de conocimiento que aquí se vivió y parece lamentar profundamente su pérdicda. No puedo poner la música ni la entonación de Sagan, pero sí transcribir sus palabras:

Fue en Alejandría, durante los seiscientos años que se iniciaron hacia el 300 a. de C., cuando los seres humanos emprendieron, en un sentido básico, la aventura intelectual que nos ha llevado a las orillas del espacio. Pero no queda nada del paisaje y de las sensaciones de aquella gloriosa ciudad de mármol. La opresión y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandría. Su población tenía una maravillosa diversidad. Soldados macedonios y más tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristócratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judíos, visitantes de la India y del áfrica subsahariana —todos ellos, excepto la vasta población de esclavos— vivían juntos en armonía y respeto mutuo durante la mayor parte del período que marca la grandeza de Alejandría.

La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimuló el respeto por las culturas extrañas y una búsqueda sin prejuicios del conocimiento. Según la tradición —y no nos importa mucho que esto fuera o no cierto— se sumergió debajo del mar Rojo en la primera campana de inmersión del mundo. Animó a sus generales y soldados a que se casaran con mujeres persas e indias. Respetaba los dioses de las demás naciones. Coleccionó formas de vida exóticas, entre ellas un elefante destinado a su maestro Aristóteles. Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque tenía que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, con la tumba monumental de Alejandro y con un enorme faro, el Faros, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Pero la maravilla mayor de Alejandría era su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institución dedicada a las especialidades de las Nueve Musas). De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeo, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. Sin embargo, este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían llegado a su edad adulta. El genio florecía en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.

Además de Eratóstenes, hubo el astrónomo Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría y que en cierta ocasión dijo a su rey, que luchaba con un difícil problema matemático: "no hay un camino real hacia la geometría"; Dionisio de Tracia, el hombre que definió las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometría; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón de Alejandría, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de Autómata, la primera obra sobre robots; Apolonio de Pérgamo. el matemático que demostró las formas de las secciones cónicas —elipse, parábola e hipérbola—, las curvas que como sabemos actualmente siguen en sus órbitas los planetas, los cometas y las estrellas; Arquímedes, el mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci; y el astrónomo y geógrafo Tolomeo, que compiló gran parte de lo que es hoy la seudociencia de la astrología: su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1500 años, lo que nos recuerda que la capacidad intelectual no constituye una garantía contra los yerros descomunales. Y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, matemática y astrónoma, la última lumbrera de la biblioteca, cuyo martirio estuvo ligado a la destrucción de la biblioteca siete siglos después de su fundación, historia a la cual volveremos.

Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro tenían ideas muy serias sobre el saber. Apoyaron durante siglos la investigación y mantuvieron la biblioteca para que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las mejores mentes de la época. La biblioteca constaba de diez grandes salas de investigación, cada una dedicada a un tema distinto, había fuentes y columnatas jardines botánicos, un zoo, salas de disección, un observatorio, y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones críticas de las ideas.

El núcleo de la biblioteca era su colección de libros. Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano. ¿Qué destino tuvieron todos estos libros? La civilización clásica que los creó acabó desintegrándose y la biblioteca fue destruida deliberadamente. Sólo sobrevivió una pequeña fracción de sus obras junto con unos pocos y patéticos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas, que orbita el Sol como ellos, y que las estrellas están a una enorme distancia de nosotros. Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

Hemos superado en mucho la ciencia que el mundo antiguo conocía, pero hay lagunas irreparables en nuestros conocimientos históricos. Imaginemos los misterios que podríamos resolver sobre nuestro pasado si dispusiéramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandría. Sabemos que había una historia del mundo en tres volúmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilonio llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creación hasta el Diluvio un período al cual atribuyó una duración de 432.000 años, es decir cien veces más que la cronología del Antiguo Testamento. Me pregunto cuál era su contenido.

Sólo en un punto de la historia pasada hubo la promesa de una civilización científica brillante. Era beneficiaria del Despertar jónico, y tenía su ciudadela en la Biblioteca de Alejandría, donde hace 2.000 años las mejores mentes de la antigüedad establecieron las bases del estudio sistemático de la matemática, la física, la biología, la astronomía, la literatura, la geografía y la medicina. Todavía estamos construyendo sobre estas bases. La Biblioteca fue construida y sostenida por los Ptolomeos, los reyes griegos que heredaron la porción egipcia del imperio de Alejandro Magno. Desde la época de su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su destrucción siete siglos más tarde, fue el cerebro y el corazón del mundo antiguo.

Alejandría era la capital editorial del planeta. Como es lógico no había entonces prensas de imprimir. Los libros eran caros, cada uno se copiaba a mano. La Biblioteca era depositaria de las copias más exactas del mundo. El arte de la edición crítica se inventó allí. El Antiguo Testamento ha llegado hasta nosotros principalmente a través de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca de Alejandría. Los Ptolomeos dedicaron gran parte de su enorme riqueza a la adquisición de todos los libros griegos, y de obras de áfrica, Persia, la India, Israel y otras partes del mundo. Ptolomeo III Evergetes quiso que Atenas le dejara prestados los manuscritos originales o las copias oficiales de Estado de las grandes tragedias antiguas de Sófocles, Esquilo y Eurípides. Estos libros eran para los atenienses una especie de patrimonio cultural; algo parecido a las copias manuscritas originales y a los primeros folios de Shakespeare en Inglaterra. No estaban muy dispuestos a dejar salir de sus manos ni por un momento aquellos manuscritos. Sólo aceptaron dejar en préstamo las obras cuando Ptolomeo hubo garantizado su devolución con un enorme depósito de dinero. Pero Ptolomeo valoraba estos rollos más que el oro o la plata. Renunció alegremente al depósito y encerró del mejor modo que pudo los originales en la Biblioteca. Los irritados atenienses tuvieron que contentarse con las copias que Ptolomeo, un poco avergonzado, no mucho, les regaló. En raras ocasiones un Estado ha apoyado con tanta avidez la búsqueda del conocimiento.

Los Ptolomeos no se limitaron a recoger el conocimiento conocido, sino que animaron y financiaron la investigación científica y de este modo generaron nuevos conocimientos. Los resultados fueron asombrosos: Eratóstenes calculó con precisión el tamaño de la Tierra, la cartografió, y afirmó que se podía llegar a la India navegando hacia el oeste desde España. Hiparco anticipó que las estrellas nacen, se desplazan lentamente en el transcurso de los siglos y al final perecen; fue el primero en catalogar las posiciones y magnitudes de las estrellas y en detectar estos cambios. Euclides creó un texto de geometría del cual los hombres aprendieron durante veintitrés siglos, una obra que ayudaría a despertar el interés de la ciencia en Kepler, Newton y Einstein. Galeno escribió obras básicas sobre el arte de curar y la anatomía que dominaron la medicina hasta el Renacimiento. Hubo también, como hemos dicho, muchos más.

Alejandria era la mayor ciudad que el mundo occidental había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar, aprender. En un día cualquiera sus puertos estaban atiborrados de mercaderes, estudiosos y turistas. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, nubios, fenicios, italianos, galos e íberos intercambiaban mercancías e ideas. Fue probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido auténtico: Ciudadano, no de una sola nación, sino del Cosmos. Ser un ciudadano del Cosmos...

Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría? No puedo daros una respuesta sencilla. Pero lo que sí sé es que no hay noticia en toda la historia de la Biblioteca de que alguno de los ilustres científicos y estudiosos llegara nunca a desafiar seriamente los supuestos políticos, económicos y religiosos de su sociedad. Se puso en duda la permanencia de las estrellas, no la justicia de la esclavitud. La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados. La investigación les benefició poco. Los descubrimientos en mecánica y en la tecnología del vapor se aplicaron principalmente a perfeccionar las armas, a estimular la superstición, a divertir a los reyes. Los científicos nunca captaron el potencial de las máquinas para liberar a la gente. Los grandes logros intelectuales de la antigüedad tuvieron pocas aplicaciones prácticas inmediatas. La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla.

jueves, 12 de mayo de 2011

El Danubio


Fragmento del discurso de Claudio Magris al ser proclamado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Barcelona:

En general, mis libros nacen casi siempre de la combinación d
e un profundo interés por un tema - por un motivo, por un personaje, por una historia - y una ocasión próxima, una casualidad que actúa como una comadrona y que trae a la superficie los objetos y los personajes de aquel profundo interés. Así nació, por ejemplo, El Danubio, sin predeterminación. Al principio, igual que en el caso del Il mito asburgico, no sabía exactamente qué quería hacer. En 1982, con Marisa, mi mujer, y unos amigos hicimos un viaje a Eslovaquia. Recuerdo qeu estábamos entre Viena y Bratislava, cerca de la frontera del Este con lo que entonces era todavía la "otra" Europa (creo qeu muchas de las cosas que he escrito han nacido también del deseo de suprimir este adjetivo, "otra", de hacer entender que aquello también es Europa). Veíamos fluir el Danubio, lo veíamos brillar, un esplendor que no se podía distinguir del de la hierba de los prados; No se veía bien dónde empezaba y dónde se acababa el río, qué era río y qué no lo era. Estábamos en un momento feliz de armonía, de amistad, en uno de esos raros momentos de consonancia con el fluir de la existencia. De repente vimos un letrero: "Museo del Danubio". Esta palabra, museo, era muy extraña, en el encanto de la naturaleza de aquel momento, y Marisa - que casi siemrep tenía intuiciones apropiadas, antes que yo, y con frecuencia tenía la primera idea, la original, de la que nacieron muchos de mis libros - dijo: "¿Qué pasaría si siguiéramos adelante vagando hasta la desembocadura del Danubio?". Ése fue el inicio de cuatro años dedicados completamente a viajar, escribir, reescribir, vagar, donde realmente el Danubio vuelve a ser el símbolo de la frontera, porque el Danubio es un rio que pasa a través de muchas fronteras, por lo tanto es un símbolo de la necesidad y la dificultad de atravesar fronteras, no sólo nacionales, políticas, sociales, sino también psicológicas, culturales, religiosas. El viaje por el Danubio también es un viaje a los propios infiernos y a la Babel del mundo actual, que ciertamente tiene en la Mitteleuropa un símbolo especial, pero es una Babel del mundo entero.

Hasta que no había escrito al menos la mitad no me dí cuenta de qué libro estaba escribiendo; Al principio no sabía si iba a escribir un reportaje o una nov
ela sumergida, como acabó siendo, si el protagonista que dice yo sería idéntico a mí o, como ocurrió, un personaje al que le presto muchas cosas mías pero que es autónomo - de hecho, él acaba muriendo y yo todavía estoy aquí.


Il mito asburgico


Fragmento del discurso de Claudio Magris al ser proclamado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Barcelona:

El primer libro que escribí fue un ensayo, Il mito asburgico (1963), un libor que escribí entre los 20 y los 23 años, sin saber realmente qué quería escribir. Siempre me pasa, incluso ahora, con cualquier texto. No es hasta que he escrito una tercera perte, a veces la mitad, que sé qué libro estoy escribiendo, de qué cosa su tema explícito es la metáfora y, por lo tanto, de qué se trata en realidad - igual que un poema sobre un árbol, por ejemplo, sobre la luz que lo envuelve, puede ser la única manera de expresar el amor por una persona.

El libro nació en Turín. Aunque siempre he sido un lector precoz (leí muy pronto a Tolstoi, Dostoyevsky y muchos otros grandes escritores), nunca había leído ninguna línea de escritores triestinos, por aquella desconfianza que un joven siente de manera natural hacia las glorias de casa, de las que siemrep sospecha, sobre todo en una ciudad como Trieste, que tiene tantas calles dedicadas a algún "escritor y patriota". En Turín, nostálgico, empecé a leer libros sobre Trieste y a descubrir ciertas cosas que había vivido, pero de las que no me había dado cuenta: La pertenencia secular al imperio de los Habsburgo, el rol de la población eslovena y de otras minorías, el de la cultura hebrea. Me acordé de compañeros de escuela en cuyas casas se conservaban otros clásicos, no italianos; Me acordé del mundo hebreo, ciertos gestos, ciertas palabras. Entonces comprendí que para conocer mejor aquel mundo, para hacerlo mío y para ser consciente de él, de alguna manera también debería contar con una realidad que me había precedido; Entonces empecé a leer a los autores austríacos, justo para entender todo lo que había detrás de mí en Trieste.

El libro es, formalmente, un ensayo sobre la nostalgia que dejó el final del gran imperio y sobre su literatura, pero , en realidad, según la típica estrategia oblicua del ensayo (de la que entonces no me dí cuenta), es un libro que habla de cosas mucho más extensas: Del fin de todos los fines, de la posibilidad de vivir el mundo como una unidad y de contar historias que, en su variedad, expresan este sentimiento. Un libro sobre el fin de un mundo unitario y sobre el fin de la posibilidad de contarlo, sobre el fin de la épica.

domingo, 8 de mayo de 2011

Tast de vins al Château de Lantic a Martillac.



D’una forma una mica inesperada vaig acabar fent un tast de vins en un chateau prop de Bordeaux. El chateau de Lantic es troba a Martillac envoltat de boscos i vinyes (http://www.chateau-de-lantic.com/index.php). És un poble idíl•lic, amb una petita església medieval. Un entorn absolutament aliè al que estic acostumada, però bellíssim, i pel que vaig poder veure, en la forma de fer de les seves gents no es diferencia gaire del meu poble.

El tast ha començat amb una petita introducció als vins de la zona, molt per senzilla però molt apropiada. En primer lloc ens ha explicat que les vinyes franceses no es poden regar per llei. Si ho fas, i t’enxampen, clar, no pots vendre el teu vi. Aquest fet fa que sigui molt difícil la competència de preus a nivell internacional perquè no es pot fer una total automatització de tot el procés. Es poden trobar algunes excepcions en grans explotacions, ja que si es poden permetre certa automatització del procés de producció del vi. Així, utilitzen un procés de producció termocontrolat, molt car, però que els garanteix una gran qualitat any rere any. En aquestes zones la diferència entre anyades és força gran en els vins produïts en petites explotacions, i no en les grans, que es poden permetre aquest luxes.

Els vins de la zona de Bordeaux són producte de la barreja de les varietats de raïm cavernet sauvignon y merlot. Ara bé cada denominació només pot produir vins d’una barreja concreta, o un rang de barreges, per posar els vins sota aquella denominació. Ens ha posat alguns exemples, com en els Graves. Ens ha dit que deuen el seu nom a una capa de grava que es troba a uns dos metres de profunditat. Així mantenen la calor de la terra i permet obtenir aquest tipus de vins. De la regió de Saint Emilion ens va explicar que són uns molt bons vins perquè estan produïts en una terra calcària. Són d’especial qualitat els de l’altiplà que envolta el poble.

Finalment destacar dues frases que ens va dir. La primera és que el canvi en el clima ha fet augmentar en els últims deu anys el grau alcohòlic dels vins de la regió en més d’un grau. La segona és que el millor vi no és el més car, sinó aquell que t’agrada a tu.

Un puntito azul pálido


En el momento en que se pudo mirar con la sonda Voyager hacia atrás, pudieron hacer una foto de la Tierra desde Saturno. Una oportunidad única que no dejaron escapar. Y Carl Sagan reflexionó sobre esto con su prosa característica:

Estamos aquí. Un punto azul pálido. La sonda se encontraba muy lejos de casa. Pensé que sería buena idea que justo después de Saturno hiciéramos que diera un último vistazo a casa. Desde saturno, la Tierra aparecería demasiado pequeña como para que la Voyager captara algún detalle. La Tierra aparecería como un simple punto de luz, sólo un pixel difícil de distinguir de otros puntos que la Voyager vería: Planetas cercanos, lejanos soles... Pero precisamente debido a la insignificancia revelada de nuestro mundo valdría la pena sacar una foto así. Es bien sabido por los científicos y los filósofos antiguos que la Tierra es un simple punto en la mitad del inmenso cosmos. Pero nadie la había visto nunca así. esta era nuestra primera oportunidad, y tal vez la única en décadas. Así es que... aquí está. Un mosaico de cuadrados esparcidos sobre los planetas con un puñado de lejanas estrellas en el fondo. Debido al reflejo de la luz del sol sobre la sonda la Tierra parece estar sobre un haz de luz, como si se tratase de un mundo con una especial significación. Pero es sólo un accidente geométrico y óptico. En esta imagen no hay señal alguna de seres humanos, nada de nuestro trabajo sobre la superficie, ni de nuestras máquinas. Ni de nosotros mismos.

Desde este punto de vista no hay evidencia de nuestra obsesión nacionalista. Somos demasiado pequeños. En la escala de los mundos los humanos somos insignificantes, una fina capa de vida , en un oscuro y solitario trozo de roca y metal.

Consideremos nuevamente este punto. Esto que está aquí es nuestro hogar. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, y todo ser humano quien fuera que hubo vivido su vida. El conjunto de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y cada recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada plebeyo, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niños con esperanza, inventores y exploradores, cada formador de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada líder supremo, cada santo y pecador de la historia de nuestra especie vivió aquí, en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.


La Tierra no es más que un pequeñísimo grano que forma parte de una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por cientos de generales y emperadores para conseguir la gloria de ser los amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las crueles visitas sin fin que los habitantes de una esquina de esta pixel hiciera contra los ni siquiera distinguibles habitantes de alguna otra esquina, la frecuencia de sus malentendidos, la impaciencia por matarse unos a otros, la generación ferviente de odios. Nuestras posturas, nuestra imaginada presunción, la falsa ilusión que tenemos de tener un lugar privilegiado en el Universo, son desafiadas por este pálido punto de luz.

Nuestro planeta es una mota solitaria en la inmensa oscuridad cósmica. En toda esta inmensa oscuridad, en esta gran vastedad, no hay ningún indicio de que la ayuda vendrá de otra parte para salvarnos de nosotros mismos. La Tierra es el único mundo conocido hasta el momento capaz de albergar vida. No existe ningún lugar, al menos en el futuro cercano, al cual nuestra especie pudiera migrar. ¿Visitar?. Sí. ¿Establecerse?. Todavía no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es el lugar en donde estamos.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia constructora de carácter y humildad. Quizá no exista mayor demostración de la locura de la presunción humana que esta imagen distante de nuestro diminuto mundo. Para mí, recalca nuestra responsabilidad de compartir más amablemente los unos con los otros para preservar y cuidar ese puntito azul pálido, el único hogar que hemos conocido.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Los misterios órficos


Los misterios órficos se relacionan con el culto de Baco o Dionisio, el cual no es el intrascendente dios del vino que todos conocemos hoy día sino un señor de la vida y la muerte, un dios que llega a Grecia desde tierras lejanas. Su culto se celebraba en fiestas en lo alto de las colinas, durante las cuales las mujeres entraban en estado de éxtasis por medio de una danza (ménades). así llega a Grcia una religión de salvación, algo nuevo para los griegos, y se desarrolla una doctrina para captar adeptos.

Según el orfismo, los hombres han nacido de la ceniza de los titanes aniquilados por el rayo de Zeus. Y los titanes habían despedazado antes a Dionisio en forma de toro, y se lo habían comido. Así explican el antiguo ser del hombre: Su cuerpo procede de los titanes y es perecedero. Pero el alma procede de dios y es eterna, no ha nacido ni puede morir. Las almas llevaban una existencia preterrenal, pero por alguna culpa que han cometido han sido desterradas del círculo de los bienaventurados y han entrado en el mundo terreno de los cuerpos de animales y hombres hasta que la progresiva purificación les salve del "círculo de la generación". Y así vuelvan a la bienaventurada existencia divina. Es una teoría de la transmigración de las almas en la que el cuerpo es una prisión. Para que se libere de estas cadenas Orfeo muestra al alma el sendero de la salud en la ascesis: Abstención de comer carne, y así se condenan también los sacrificios animales. Esto invierte el concepto de existencia homérico en el que la existencia verdadera es la terrena, y la vida verdadera ahora será la del más allá:

¿Quién sabe si la vida no es una muerte
y lo que llamamos muerte se llama allí vida?

En esta teoría los dioses pierden su personalidad, convirtiéndose en personificaciones de fuerzas naturales. Llegan incluso a generar una especie de panteísmo. Según ellos, Cronos, el Tiempo o la Eternidad, crea el huevo del mundo. Surge fanes o Ericapeo, también llamado Eros, el cual genera de sí mismo todos los dioses. Ello es efecto de la Ananke (Necesidad), llamada también Dike y Adrastea , y se cierra con el origen del hombre de los titanes y Dionisio.

Cualquiera que sea el origen de la mística órfica, no hay duda de que su mística de las almas es una gota extranjera añadida a la sangre helénica. Y acabó influyendo en hombres como Pitágoras, Empédocles y Platón. Se difundió por toda Grecia y Delfos contribuyó a prestigiarla, adoptando la exigencia de purificación: Se prohibe el acceso al santuario a individuos que han incurrido en culpa de sangre, y los sacrificios y los dones sagrados no reciben su valor por el material que tengan, sino como expresión del ánimo piadoso y puro del donador, por reducido que sea el valor material (algo similar aparece en el Nuevo testamento).

Ante los hombres que no quedaban satisfechos con la vieja religión, se abrían ahora 2 caminos:
- La mística, con su saber de salvación.
- El pensamiento libre y la investigación, que comenzaba en la filosofía jónica.

Fotos de la ceremonia


La entrada al paraninfo




Ya nombrado Doctor




Aquí aparezco yo haciendo la foto. No me di ni cuenta.




Leyendo su discurso en el púlpito.

Las 2 primeras fotos las he sacado de la web de la UB: http://www.ub.edu/comint/galeries/honoris_causa_claudio_magris/subalbum_1.html

martes, 3 de mayo de 2011

Hipatia de Alejandría


La narración de carl Sagan acerca de la Biblioteca de Alejandría:

"Es la historia de la última persona de ciencia que trabajó aquí. Se dedicó a la matemática, a la astronomía, a la física y dirigió la escuela neoplatónica de filosofía de Alejandría. Un extraordinario conjunto de logros para cualquier individuo, en cualquier época. El nombre de ella era Hipatia. Nació en esta ciudad en el 370 a.C. Era una época en que la mujer no tenía opciones. Era considerada una pertenencia. Sin embargo, Hipatia fue capaz de moverse libremente, con naturalidad, dentro de los dominios tradicionalmente masculinos. Se cuenta que fue muy bella. Y aunque tuvo muchos pretendientes no se interesó en el matrimonio.

Alejandría, en los tiempos de Hipatia, bajo largo dominio romano, fue una ciudad con graves conflictos. La esclavitud, cáncer del mundo antiguo, había agotado la vitalidad de la civilización clásica. La creciente iglesia cristiana consolidaba su poder e intentaba erradicar la influencia y cultura paganas. Hipatia estuvo en el foco, en el epicentro de fuerzas sociales poderosas. Cirilo, arzobispo de Alejandría, la despreciaba. En parte por su estrecha amistad con un gobernador romano, pero también por ser un símbolo del saber y la ciencia, identificadas por la iglesia primitiva con el pagaismo.

A pesar del gran riesgo personal Hipatia continuó enseñando y publicando hasta que en el año 415, cuando iba camino a su trabajo, fue atacada por una turba fanática de seguidores de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rasgaron su vestimenta, y la desollaron con conchas marinas. Sus restos fueron quemados, sus obras eliminadas, su nombre, olvidado. Cirilo fue proclamado santo.

La gloria que ven alrededor de mí (la Biblioteca) sólo es una remembranza. No existe. Los últimos restos de la biblioteca fueron destruídos durante el año que siguió a la muerte de Hipatia. Es como si toda la civilización hubiera sufrido una especie de operación de cerebro, radical y autoinfligida, para que sus recuerdos, descubrimientos, ideas y pasiones fueran borrados irrevocablemente. La perdida fue incalculable. En algunos casos sólo conocemos los tentadores títulos de libros que fueron destruídos. Aunque, en general, ni siquiera conocemos el título o el autor. Sí sabemos que en esta biblioteca existieron 123 obras teatrales de Sófocles, pero sólo 7 sobrevivieron. Una de esas 7 es Edipo Rey. Cifras similares se aplican a la obra perdida de Esquilo, Eurípides, Aristófanes. Es como si las únicas obras supervivientes de un tal William Shakespeare fueran Coriolano y Un Cuento de Invierno. Aunque supiéramos que escribió otras muy apreciadas en su época. Obras tituladas Hamlet, Macbeth, Sueño de una Noche de Verano, Julio César, El Rey Lear, Romeo y Julieta.

La historia está llena de gente que por temor, ignorancia, o ambición de poder ha destrozado tesoros de valor inconmensurable que, ciertamente, nos pertenecían a todos. No debemos dejar que vuelva a ocurrir.




Honoris Causa por la UB: Claudio Magris


Hoy es mi cumpleaños. Y he podido tener el mejor regalo que se me puede hacer en estos tiempos de prosaico materialismo: He podido escuchar en directo al Maestro a escasos metros de mí. Claudio Magris ha sido nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona, a propuesta de la Facultad de Filología. Y aprovechando la circunstancia, ha aceptado ser padrino de los doctorados de esta universidad del 2009. Entre los que estaba Eli. Y claro, hemos acudido a la ceremonia más que encantados.

Esta se ha realizado en el Paraninfo de la Universidad, donde yo ya tiempo atrás tuve que hacer un tanto el paripé en mi juramento Hipocrático. Hoy lo he podido ver con otros ojos. Y conmigo un par de cientos más de personas, entre doctorados, familiares, amigos, curiosos y el expresidente de la Generalitat Pasqual Maragall.

Al Maestro se le veía cansado, aunque ha aguantado estoicamente la ceremonia. Los años no pasan en balde. De todas formas su discurso ha sido algo bonito, muy personal, casi diría que único e interesante. Ha afirmado que Barcelona es casi como una segunda casa para él, y dentro de un narrar parsimonioso nos ha contado poco a poco cómo se inició en la lectura, con su tía leyéndole cuentos de Salgari aún antes de que él supiera transcribir los signos escritos. Y cómo fue a través de Salgari que se inició en este mundo de las letras. Debo por tanto agradecer a Salgari y su descripción del fluir del Ganges en "los misterios de la jungla negra" el que años más tarde pudiera escribir "El Danubio".

El discurso ha sido en italiano. Por mí sin problema, pues lo entiendo perfectamente, pero creo que así ha dejado que pocos se enterasen de lo que decía, ya que al cabo de poco tiempo ha abandonado el texto que teníamos los asistentes, el que se suponía iba a ser leído por él, y ha comenzado a divagar dentro de la estructura de este para perderse de forma deliciosa en recuerdos y circunstancias a veces de cierta intimidad. Y a veces con cierta complicidad con el oyente. Así, me ha hecho sonreír cuando ha recordado, de forma sutil y sibilina, que su "primer libro" lo escribió cuando tenía 11 años de edad. Fue un tratado sobre perros, debido a que a su padre le encantaban estos animales. Pero lo más risible es que explicó que esto le creó problemas con su padre, ya que para ilustrar las entradas de los diferentes tipos de perro que referenciaba en su obra recortó "cientos de fotografías" estropeándole su biblioteca.

"Mi padre -ha proseguido- cuando vio que no se trataba de un capricho sino de una pasión, me dejó hacer, y eso, creo, fue fundamental para mi relación con los padres de varios géneros, que han contribuido a formarme y con los que siempre he tenido una relación libre, basada en el reconocimiento de su superioridad objetiva, pero también en un sentimiento, más fraterno que filial o paternal, de paridad e igual dignidad".

Luego explicó en un tono tan cálido como interesante cómo se gestaron sus otros libros, los que yo he podido disfrutar de él. En algunos, que no me gustaron demasiado, me ha dejado ver lo que debí ver. Una manera curiosa de abrime los ojos. Ya en otras entradas explicaré fragmentos de este discurso suyo puesto que tengo el libro de su investidura con el discurso original íntegro. No pude anotar aquellas partes en que se lo saltó, aunque de todas formas es un libro que sólo 400 personas más podrán disfrutar. Dulce sentimiento de poseer algo casi único.

Al final se han entregado los diplomas a los doctores. Y Eli ha salido a recibir el suyo de manos nada menos que del mismo Magris en persona. Personalmente en persona. Traté de hacer la foto pero estas cámaras modernas se niegan a obedecerme con propiedad y temo que no cogí el momento. Para compensarme mi saníiiisima envidia, Eli luego se acercó a él para lograr una dedicatoria de mi ejemplar de "El Danubio". Gracias.

domingo, 1 de mayo de 2011

Estacions de tren - França. Cerbère

Cerbère és una estació una mica especial. El fet de ser fronterera entre França i Espanya li dóna aquella sensació de terra de tots i terra de ningú, una certa deixadesa per part de tots i aquella llunyania i impersonalitat de les fronteres. Per nosaltres quan vam fer aquesta fotografia va ser les primeres etapes d'unes vacances "a vélo".

Estacions de tren - França. Limoges

Continuant la sèrie de fotos d'estacions de trens franceses, finalment vaig trobar el moment per fer la foto a l'estació de trens que em genera una sensació més agre-dolça. Agre perqué a l'hivern Limoges és una ciutat on fa molt fred i esperar-se allí doncs acaba sent una experiència si més no freda... Dolça perqué és el lloc on agafo el tren per tornar cap a casa i m'espera tot un munt de coses bones. També he de dir que l'edifici per fora és molt més maco que per dins encara que ara li estant fent un bon lifting.
L'edifici és un antic convent i cal destacar la seva cupula totalment reformada a finals dels anys 90. La zona de vies com moltes de les estacions franceses a l'aire lliure.

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...