jueves, 25 de agosto de 2011

Otra más del maestro


Confesiones de un joven novelista es el título de la última obra de Umberto Eco. En ella nos cuenta, haciendo un excelente ejercicio de memoria, cómo pasó de ser un reconocido ensayista a escritor de novelas. Un libro metódico en el que Eco nos revela desde su labor de documentación -indudable después de El nombre de la rosa-,hasta el proceso de creación de personajes y biografías. El próximo día 1 sale a la venta.

lunes, 22 de agosto de 2011

Los comienzos de la arqueología científica

Del libro "Historia del Pensamiento Arqueológico" de Trigger.

El desarrollo independiente y el estudio sistemático de la prehistoria, como algo diferente al anticuarismo de los primeros tiempos, abarcó dos movimientos distintos que tuvieron su comienzo a principios y a mitad del siglo XIX respectivamente. El primero se originó en Escandinavia y estaba basado en la invención de nuevas técnicas para la datación de los hallazgos arqueológicos que hiciesen posible un estudio global de los últimos períodos de la prehistoria. Este desarrollo marcó el comienzo de la arqueología prehistórica, la cual pronto alcanzaría una importancia paralela a la de la arqueología clásica como componente significativo dentro del estudio del desarrollo humano. La segunda corriente, que tuvo sus inicios en Francia e Inglaterra, fue la pionera del estudio del período paleolítico, añadiendo una vasta profundidad temporal, hasta entonces inimaginable, a la historia humana. La arqueología del paleolítico trataba problemas referentes a los orígenes humanos que habían llegado a ser de importancia crucial para toda la comunidad científica y de las inquietudes del público en general como resultado de las polémicas entre evolucionistas y creacionistas que siguieron a la publicación del Origen de las especies de Ch. Darwin en 1859.

El investigador danés Christian Jürgensen Thomsen (1788-1865) intentó la creación de una cronología controlada, aunque no basada en los registros escritos. Desarrolló un trabajo en 1816 para el Museo Nacional de la Antigüedad de Dinamarca, para catalogar y exponer la rica colección de antigüedades del museo. Desde el principio estableció un sistema para ordenar la colección de materiales prehistóricos en tres edades, de la piedra, del bronce y del hierro, quizás por haber conocido de alguna forma los escritos del escritor latino Lucrecio o los trabajos de los anticuarios franceses como Montfaucon o Mahudel; de esta forma, la idea de las tres edades no se trataba de una mera especulación, sino de una hipótesis para la cual ya se disponía de algún tipo de evidencia. Pero este modelo no funcionó en principio demasiado bien, como consecuencia de que los objetos de piedra seguían siendo utilizados en cualquiera de las épocas, y los de bronce podrían haber sido fabricados en esa edad o durante el hierro, conviviendo con este material. Así que inició sus clasificaciones teniendo en cuenta lo que él denominó “hallazgos cerrados”, es decir, materiales que procedían del mismo contexto fundamentalmente tumbas, y que, en consecuencia, resultaba lícito establecer que habían sido enterrados y fabricados en la misma época.; a través de la comparación minuciosa de varios objetos de cada hallazgo de este tipo sería posible determinar clases de artefactos característicos de diferentes períodos. Sobre la base de forma y decoración consiguió finalmente distinguir los objetos de bronce hechos durante la Edad del Bronce de los de la Edad del Hierro, estableciendo de esta forma una secuencia cronológica a grandes rasgos de toda la prehistoria danesa. Llegó a establecer una seriación de cinco estadios de desarrollo tecnológico para la prehistoria, dependiendo de los distintos materiales utilizados en cada época; una primera Edad de la Piedra, a la que seguí una segunda en la que empezaban a utilizarse algunos objetos de metal. Posteriormente la Edad del Bronce, a la que continuaría una Edad del Hierro subdividida a su vez en otras dos fases diferenciadas por los motivos decorativos presentes en los distintos artefactos.

Parte del atractivo que ofrecía el trabajo de Thomsen era que aportaba un sostén independiente para un enfoque evolucionista del primer desarrollo humano, enfoque que lentamente fue ganando popularidad, sobre todo en Inglaterra, a medida que el temor a la Revolución Francesa y a Napoleón fue decreciendo. Una de las grandes aportaciones de Thompsen fue que no se interesó de manera exclusiva por los artefactos y su desarrollo a lo largo del tiempo sino también por los contextos en los que éstos se hallaban, aspecto que podía revelar ciertos cambios en las costumbres funerarias o en cualquier otra faceta de la vida prehistórica.

La arqueología escandinava fue una de las más influyentes de la época; junto a Thmpsen puede nombrarse a Sven Nilsson (1787-1883), quien consideraba que el crecimiento poblacional había sido el principal factor que obligó a los cazadores-recolectores escandinavos a convertirse primero en pastores y después en agricultores. También podemos citar a Jens J.A. Worsaae (1821-1885), el primer arqueólogo prehistoriador propiamente dicho, cuyas excavaciones con métodos estratigráficos confirmaron la cronología de las tres edades de Thompsen, y llegó a plantear a través de estudios realizados en Gran Bretaña e Irlanda que el esquema de las tres edades era aplicable a grandes regiones de Europa. Worssaae es igualmente conocido por desarrollar las primeras investigaciones interdisciplinares, ya que interpretó correctamente los hallazgos de acumulaciones de conchas próximos a las costas como consecuencia de la actividad humana gracias a un trabajo conjunto con geólogos y biólogos. La arqueología que de estaba desarrollando en Escandinavia proporcionó un modelo aplicable en todo el mundo, extendiéndose rápidamente a Escocia (Daniel Wilson) o Suiza (Ferdinand Seller).


Como consecuencia de ello, la arqueología prehistórica se desarrolló como disciplina bien definida, basándose en la capacidad de de construir cronología relativas a partir de los datos arqueológicos, utilizando la seriación y la cronología. El desarrollo de la disciplina se ha venido relacionando con la influencia ejercida por las ideas de la evolución geológica y biológica. Por primera vez el objetivo consistía en extraer todo el conocimiento que la evidencia arqueológica permitiese sobre los modelos de vida de cada período y sobre cómo esos modelos de vida de dada período y sobre cómo esos modelos habían cambiado y se habían desarrollado e lo largo del tiempo. A pesar de todo, aún se atrevían los arqueólogos a desafiar la cronología tradicional aceptada por la Biblia.

Frente a esta arqueología escandinava, Francia e Inglaterra desarrollaron estudios más específicos sobre el Paleolítico y la antigüedad de la humanidad. Para ello fue necesario que en geología y paleontología se desarrollaran perspectivas evolucionistas. Así como los principales avances arqueológicos en el estudio de la antigüedad de la humanidad precedieron, aunque con poca distancia, a las primeras manifestaciones del evolucionismo darviniano, la arqueología del Paleolítico pronto se vio inmersa en las controversias que acompañaron el trabajo de Darwin y fue fuertemente influida por los conceptos derivados de la evolución biológica.


El zoólogo francés George Cuvier (1769-1832) proporcionó a la paleontología su rango de disciplina. Observó que cuando más antiguos eran los estratos geológicos, los restos de animales que contenían eran menos parecidos a las especies conocidas en la actualidad.

En la primera mitad del siglo XIX, naturalistas y anticuarios hallaron restos humanos asociados a instrumentos de piedra y restos humanos asociados a instrumentos de piedra y restos de animales extinguidos en depósitos de cuevas por toda Europa Occidental.

Los problemas intelectuales del momento se hallan claramente ejemplificados en la obra de Jacques Boucher de Perthes. En el valle del Somme, en Francia, inició estudios y excavaciones en las que localizó hachas del Paleolítico Inferior asociadas a huesos de mamuts y rinocerontes extinguidos, enterrados a una gran profundidad en las gravas estratificadas de las tarrezas del río.

Entre 1830 y 1833, el geólogo inglés Charles Lyell (1797-1875) presentó una gran cantidad de datos en relación con que los cambios geológicos habían tenido lugar en el pasado como consecuencia de los mismos agentes geológicos que actuaban durante largos períodos y aproximadamente con la misma cadencia que lo siguen haciendo en la actualidad, lo que se denominaba la teoría uniformista de geología.


A partir de 1850, Herbert Spencer lideró un enfoque evolucionista general para los problemas filosóficos y científicos. Argumentaba que el desarrollo del sistema solar, de la vida animal y vegetal y de la sociedad humana había empezado desde una homogeneidad uniforme y simple hasta llegar a entidades crecientemente complejas y diferenciadas.


En 1859 se publicaba El origen de las especies de Charles Darwin, que suponía para la biología evolucionista la asimilación de una serie de presupuestos que poco tiempo antes eran impensables. La implicación obvia de que la humanidad había evolucionado a partir de un primate antropoide no sólo convirtió el tema de la antigüedad de la especie humana en un tema candente que tenía que ser empíricamente estudiado, sino que también significó una parte vital de una encendida controversia, más general, sobre la teoría de la evolución biológica de Darwin. Así, la arqueología dedicada al Paleolítico pronto se colocó cerca de la geología y de la paleontología en los debates sobre una materia que provocaba un creciente interés público.

El nombre de arqueología paleolítica apareció por primera vez en 1865 cuando John Lubbock en su libro Prehistoric times dividió la Edad de la Piedra en un primer Paleolítico o Arqueolítico y en uno más reciente Neolítico. A partir de ese momento Francia tomó el liderazgo de los estudios sobre este período. El primer investigador fue Edouard Lartet, quien a través de sus estudios en la Dordoña realizaba una clasificación del período en base a restos de tipo paleontológico. Después surgieron críticas a este sistema, como la de Gabriel de Mortillet quien consideraba que la subdivisión del paleolítico tendría que basarse más correctamente en criterios culturales más que paleontológicos. No obstante, el interés por las formas de vida de las sociedades prehistóricas eran mucho menor en la escuela francesa que lo que observaba en la escandinava.

A partir de 1860 se produjo un resurgimiento de la historia teórica ya que los etnólogos intentaron a través de la comparación de sociedades modernas que se hallaban en diferentes niveles de desarrollo, averiguar los estadios a través de los cuales las sociedades europeas habían pasado en los tiempos prehistóricos. Al contrario que las historia teóricas del siglo XVIII, estas formulaciones etnológicas eran presentadas como teorías científicas más que como especulaciones filosóficas. La arqueología del Paleolítico fue muy importante en términos científicos y arrastró un gran interés entre el público ya que reveló la gran antigüedad de la humanidad y la evolución gradual de la civilización europea desde unos comienzos muy primitivos. También estableció nuevos modelos para el análisis estratigráfico en arqueología, ya que disfrutaba de un gran prestigio por sus relaciones con la geología y la paleontología ciencias que estaban en la vanguardia de la creación de una nueva visión de la historia del mundo.

domingo, 21 de agosto de 2011

Vida de un arqueólogo


Los arqueólogos también sufren la crisis, pero su vocación les da ánimos para seguir investigando y romper los tópicos

Carme lleva botas altas de caminar y pantalones tipo militar de color verde. Fuma un cigarrillo de vez en cuando. Camina supervisando máquinas excavadoras y cuando hace falta sube al terrado del castillo medieval donde trabaja, mediante una escalera un tanto precaria apoyada en la pared. Protege su cabeza con un casco de obra. Verónica pasa el día delante de un ordenador en un diminuto despacho de la universidad, situado en un sótano cercano a un almacén de restos de esqueletos humanos. A su derecha, un microscopio de laboratorio con distintas placas. La pantalla de su computadora está repleta de cálculos estadísticos y fórmulas químicas.

Cuesta imaginarlo, pero ambas mujeres desempeñan la misma profesión: son arqueólogas. Si poco tienen en común entre ellas, aún menos lo tienen con la mitología de Indiana Jones: ni rastro del látigo empolvado y aún menos del sombrero de piel desgastada. Tampoco tienen pinta de haberse balanceado sobre puentes de bambú colgados sobre un río repleto de cocodrilos hambrientos.

Se puede discutir si el personaje cinematográfico interpretado por Harrison Ford, el prototipo del arqueólogo aventurero de acción (que el director Steven Spielberg acaba de jubilar), ha sentado bien o mal a la reputación del colectivo. Por un lado, ha sacado del anonimato a unos profesionales poco reconocidos y con poca visibilidad. Pero, por el otro, ha difundido unos tópicos que, como se acaba de describir, no corresponden a la realidad. ¿Cómo vive de verdad un arqueólogo? Lo primero que hay que decir es que, hasta hace poco esta profesión ni siquiera tenía una carrera como tal. Los primeros arqueólogos de principios del siglo XX eran casi unos románticos y en sus investigaciones sí había cierta vertiente artística o aventurera. Eran, en el mejor de los casos, licenciados en Historia o en Filosofía y Letras que se dedicaban a buscar nuestro pasado olvidado bajo tierra. La administración hacía la vista gorda y, por otra parte, había muchos terrenos desconocidos que explorar. En otros casos, eran coleccionistas que querían recuperar piezas olvidadas. Simplemente hacían de arqueólogos.

Ahora, ya entrados en el siglo XXI, el oficio se ha profesionalizado y el marco laboral ha quedado institucionalizado. En España, desde hace un par de años, con los nuevos planes de estudios, además de los másters, por primera vez existen facultades de Arqueología, aunque todavía no ha salido la primera promoción. Pero esto no despeja las incógnitas: una vez terminados los estudios, ¿cuál es la realidad? ¿En qué consiste este estilo de vida?

“Existe una imagen bucólica de la profesión, pero el arqueólogo hoy en día tiene que hacer trabajo de campo en coordinación con su equipo. Y no todos los arqueólogos van por ahí con pinceles en la mano. En este oficio existe un componente burocrático importante: hay que pedir permisos, porque para excavar siempre se precisa una autorización”, recuerda Gemma Caballé, de ADAC, Associació d’Arqueòlegs de Catalunya. “Es cierto: se necesita tener un cierto aguante físico, ya que al cabo del día acabas con la espalda machacada. Pero es un trabajo delicado y de hormiga, no de fuerza. Puedes tener suerte, no obstante se precisa paciencia: el reconocimiento llega al cabo de los años”, explica.

Casi todos los arqueólogos sueñan con encontrar la tumba del faraón perdido, pero la realidad es que una de las salidas profesionales más comunes es la inspección arqueológica previa a la construcción de una obra, pública o privada. “En el fondo esta profesión tiene poco glamur. Un arqueólogo casi nunca decide dónde excavar: lo decide la constructora”, explica Carme Subiranas, de la empresa ARCS Patrimoni Cultural, que está terminando excavaciones en el castillo medieval de Vallmoll, en la provincia de Tarragona. “Hacemos los mismos horarios que los albañiles en una obra. Y las relaciones con los promotores pueden llegar a ser difíciles”.

Pues sí: los arqueólogos se ven como estorbos al desarrollo de planes urbanísticos, ya que con sus descubrimientos pueden paralizar una obra. Una vez comprobada la existencia de algunos restos, ellos son los que redactan las llamadas memorias, en las que queda constancia de los descubrimientos, para que las autoridades públicas correspondientes hagan sus propias valoraciones.

La verdad es que, en los años del boom económico, la arqueología ha sido una actividad subsidiaria del urbanismo. Xavier Hernández, catedrático de Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia de la UB y miembro de la plataforma SOS Museu d’Arqueologia explica que, “a raíz delboom de la construcción, en los años 90 se pagaron legiones de arqueólogos para llevar a cabo una actividad que yo llamo arqueología del cemento, que lo único que han producido son memorias rápidas. Pero estas memorias no han sido capaces de traducirse en informes idóneos para publicaciones científicas”.

Hoy por hoy, ese boom de la arqueología ha terminado. Francesc Florensa, de la empresa Atics, hace un análisis muy duro. “Hemos notado la crisis en todos los sectores. La construcción y la promoción inmobiliaria han frenado en seco y la bajada de la obra pública ha sido muy fuerte. Muchas empresas de arqueología han desaparecido”. Para Florensa, quien aspire a convertirse con este oficio en el Indiana Jones del siglo XXI no debería hacerse demasiadas ilusiones. Los esfuerzos que supone la profesión, como desplazarse durante temporadas fuera de casa, ir en constante búsqueda de un proyecto de investigación, no siempre tienen el reconocimiento social y económico esperado (y deseado). “Uno no tendría que tener demasiadas expectativas. El arqueólogo es un mileurista, no tiene trabajo todo el año y todo es muy precario”, advierte.

La Administración también tiene su parte de responsabilidad. Según Xavier Hernández, “España no cuenta con una verdadera política cultural. Las instituciones han pensado exclusivamente en encargar equipamientos culturales a grandes arquitectos, con el resultado de que se excava muy poco en nuestro país”. Otro problema es el sistema de financiación pública, que está en manos de las comunidades autónomas. Esto hace que se impulsen las investigaciones de carácter local, pero las misiones arqueológicas internacionales a otros países quedan prácticamente huérfanas de ayudas.

Con este panorama, para ejercer de arqueólogo se necesita mucha moral, pasión y vocación. Vistos desde fuera, estos profesionales pueden parecer unos bichos raros, más interesados por el pasado que por vivir el mundo presente. Una vez, con cierto sarcasmo, la escritora británica Agatha Christie dijo: “Cásate con un arqueólogo. Cuanto más vieja te hagas, más encantadora te encontrará”.

Sin embargo, quien se dedica a esta profesión asegura que, pese a todo, el trabajo compensa. Hace muchas décadas, cuando todo era más improvisado, el arqueólogo lo hacía todo: excavar, investigar, dibujar, analizar. En la actualidad esto ya no es así. El arqueólogo moderno tiene que rodearse de profesionales de varias disciplinas: filólogos, arquitectos, paleontólogos... Es un ambiente intelectual muy estimulante.

Porque una cosa está clara: una persona por sí sola, por muchos conocimientos que tenga, ya no puede abarcarlo todo. “Entre los arqueólogos coexisten varias figuras: están los que pasan meses en el campo de trabajo, pero cojean en el momento de hacer informes y viceversa. Lo más importante es la capacidad de observación, de entender el descubrimiento, de interpretarlo”, señala Josep Maria Gurt, catedrático de Arqueología de la UB.

José Manuel Galán representa tal vez el modelo de arqueólogo al que aspiran muchos que quieren dedicarse a esta profesión. Lidera una expedición española en Egipto. Empezó hace diez años en Luxor, con la ayuda de patrocinadores privados y está considerado como unos de los máximos expertos en arqueología egipcia. Una vez más, Galán invita a ser realistas y a no caer en ilusiones: “Mi día a día está en la oficina aquí en Madrid. La excavación dura unas semanas, pero luego hay que estudiar lo que se encuentra, fecharlo, entenderlo. El 80% del trabajo de un arqueólogo es trabajo de mesa. Porque luego tienes que divulgar, interpretar y publicar lo que has encontrado. En la arqueología, la excavación tiene que ser el medio, no el fin”, avisa.

En efecto, lo que hace un buen arqueólogo no es tanto el descubrimiento en sí, cuanto la interpretación que se da del mismo. Por poner un ejemplo, si se encuentran restos de cerámica antigua en unas excavaciones, a partir del análisis geológico y mineralógico de los materiales, se puede deducir su zona geográfica de procedencia y de ahí suponer la posible existencia de rutas comerciales en el lugar del yacimiento. Para llevar a cabo este análisis, la pica, la pala y el pincel no son suficientes: ¡se precisan conocimientos de química orgánica! Con todo, esta rama de arqueología más científica, muy sugestiva, es minoritaria y una de las más difíciles que conseguir. José María Gurt explica que el arqueólogo que quiere seguir investigando en el ámbito universitario y conseguir un doctorado a menudo ha de irse al extranjero. Y que cuando vuelve a España, su futuro tampoco está asegurado. Así que muchos acaban trabajando en museos o en institutos de conservación del patrimonio y aparcan sus sueños.

Ahora bien, si la arqueología no goza de su mejor salud, los que se dedican a ello no pierden las esperanzas y son conscientes de la riqueza social de su trabajo. Aseguran que les pagan para hacer lo que más le gusta. Y cuando se encuentra algo inesperado durante la búsqueda en un yacimiento, la emoción se dispara. “Fui a excavar durante un mes y no apareció nada. De repente, chocas con algo inesperado… Y así es como funciona”, recuerda Florensa. “Una vez que sale algo de la tierra, ves a todo el mundo en el campo que corre a ver lo que ha salido. Es algo que ilusiona”, dice Salvador Musté, de la empresa Recop.

Galán reconoce que en su profesión hay que superar muchas dificultades a diario, pero que el desafío merece la pena. “Cada vez es más difícil justificar unas excavaciones. Sólo se mira lo práctico: la posibilidad de hacer un parque arqueológico, en lugar de valorar el conocimiento en sí”, denuncia. “La ciencia española está volcada en lo de siempre: hacer edificios y que el político salga en la foto. Las autoridades no se dan cuenta del poder económico que tiene un descubrimiento. Es muy importante proteger y cuidar nuestro legado cultural. Se puede sacar partido”, asegura. A su vez, Josep María Gurt invita al optimismo. “Les aseguro que es una profesión gratificante, nadie lo hace para ganar dinero. Gemma Caballé lo resume así. “Esto es un trabajo muy vocacional. Nunca te harás rico. Y, por cierto, a mí me consta que tampoco Indiana Jones navegaba en el oro…”.

Fuente: http://www.arqueologiamedieval.com/noticias/6454/la-vida-de-los-arqueologos

Arqueología: El enfoque conjuntivo


La arqueología científica cobra impulso con la obra de Walter Taylor A Study of Archeology (1948). Taylor procedió a demostrar que los limitados objetivos de los arqueólogos estimulaban la negligencia en el trabajo de campo y los análisis. Muchos artefactos incluso no eran ni examinados ni descritos en detalle: La cerámica y los restos líticos tenían clara preponderancia sobre la cestería, o los restos de flora y fauna se recogían y se identificaban inadecuadamente, así que los arqueólogos en realidad no sabían qué se comía o porqué algunos asentamientos se usaban sólo estacionalmente. Así las cosas, los datos cuantificados estaban ausentes.

Para remediar estos defectos, Taylor ofrecía el enfoque conjuntivo. Propuso especial atención a los artefactos y a las características y a cómo se relacionaban. Se pondría especial cuidado en tratar los aspectos cuantitativos y las distribuciones espaciales de los hallazgos arqueológicos así como de sus propiedades formales y de la evidencia de cómo se habían hecho y utilizado. Así podrían saber la naturaleza de la vida y las relaciones funcionales dentro de una cultura.

Defendía que los arqueólogos deberían recuperar toda la información posible sobre los yacimientos, hasta la que pareciera más trivial. También recoger información sobre el contexto paleoambiental y cualquier dato histórico y etnográfico relacionado:

  1. La primera tarea analítica es averiguar su cronología interna para determinar qué evidencia es sincrónica o sucesiva.
  2. Luego viene la síntesis del material del yacimiento: Etnográfica (determinar cómo había vivido la gente en el yacimiento) e historiográfica (trazar cómo cambian las formas de vida en el desarrollo de su ocupación e intentar explicar los cambios).
Luego pueden hacerse ya los estudios comparativos, incluyendo comparación de contextos culturales totales y no los ítems individuales de cultura. Se trata de conocer cómo se relacionaba el yacimiento con un modelo de vida más amplio, correspondiente al territorio circundante. Por ejemplo, yacimientos de cazadores-recolectores podían relacionarse entre sí para configurar modelos anuales rotatorios, o pequeñas aldeas asociadas a centros superiores, dando información sobre estructuras jerárquicas de las civilizaciones antiguas. El principal objetivo es el conocimiento general de la naturaleza y el funcionamiento de la cultura.

Supuso un punto de inflexión en los estudios arqueológicos: La llamada nueva arqueología, abanderada más tarde por Lewis R. Binford, que proponía un estudio más orientado hacia la comprensión de la evoción cultural y no tanto a la mera catalogación y datación de los objetos encontrados.

"El lado oscuro" de la Taula Periodica

La por porta a la ira, la ira porta a l'odi i l'odi porta al "lado oscuro". Sí, fa poc he vist "la Guerra de las Galaxias" sencera i en l'ordre en que van aparéixer els capítols al seu moment. La veritat he disfrutat molt tant pels efectes especials, com pels vesturaris especialment dels tres últims capítols i la història. Pero aquesta entrada no es per parlar de la "Guerra de les Galaxies" sinó de les taules periòdiques. Des de que el químic rus Dimitri Mendeléiev va crear la taula períòdica dels elements, on s'organitzen en funció de les seves propietats i característiques, s'han anat omplint poc a poc els forats dels elements que ell va predir i que en aquell moment eren desconeguts. Actualment cap persona que estudii química podria entendre-la sense utilitzar-la. És, doncs, una eina d'ús molt comú. Això fa que n'hi hagi en molts idiomes, amb diferent edició i tamany, amb més o menys informació... Pero quan he vist aquesta he pensat que era una "gran idea", frikisme pur on es combina la química i el cinema amb la mera idea d'ordenar també per caracteristiques els seus personatges.

sábado, 13 de agosto de 2011

Les hores en Sistema Internacional d' Unitats



Podeu dir-me "friki" però quan he vist aquest rellotge per internet he pensat que era una forma interessant d'expresar les hores, si més no molt racional. Quedem a les 2 π?





Arqueología: Las burradas


Kossinna y el enfoque histórico-cultural.

A finales del XIX el concepto de cultura no estaba demasiado claro, y aparece entonces nuestro hombre, Gustav Kossinna (1858-1931) publicando Die Henkunft der Germanen (el origen de los alemanes) en 1911. Inspirado por un fanático patriotismo declaró la arqueología la más nacional de las ciencias. Hasta aquí, pues aún, pero también declaró a los antiguos alemanes el sujeto más noble digno de estudio arqueológico. Probablemente el hombre pecaba de exceso de formación, o de insuficiente de la misma pues en realidad era filósofo y sólo más tarde se metió a arqueólogo por la pasión que sentía hacia lo alemán. Fundó la Sociedad Alemana de Prehistoria, pero pronto le cambiarían el nombre a Sociedad de Prehistoria Alemana. El orden de las palabras, aquí sí tiene importancia... Su obsesión nacionalista era tal que sus colegas interesados en Egipto o el mundo clásico eran atacados por él por considerarlos traidores a la patria alemana.

La pena es que, si dejamos sus fanatismos al margen, su libro supone una mezcla de buenas innovaciones técnicas. Que lamentablemente alternan con una caprichosa glorificación de la prehistoria germana como la de una raza biológicamente pura. Su trabajo contribuyó a reforzar el nacionalismo alemán y su interpretación de la prehistoria se convirtió en el componente principal del currículum que el gobierno nazi adoptó para enseñar prehistoria en las escuelas. Y reforzar la ideología que llevó a millones de personas a un encuentro con su creador. Muchos arqueólogos eran considerados anatemas políticos o raciales, fueron destituidos y muchos tuvieron que abandonar Alemania. La historia cinematográfica de Indiana Jones se situaría aquí, con base real.

El tipo de interpretación de la evidencia arqueológica adoptada por Kossinna estimuló a los alemanes a considerar a los eslavos y a los demás pueblos como inferiores, a manera de excusa para agredirlos. Esto, no obstante, tampoco difiere mucho del estilo anglosajón en América u Oceanía, que tampoco tienen de qué sentirse orgullosos. Kossinna argumentaba que las similitudes y diferencias en la cultura material podían correlacionarse con las similitudes y diferencias en la etnicidad. Por tanto, provincias culturales se podrían relacionar con pueblos o grupos étnicos determinados, como los alemanes, celtas o eslavos. Las culturas individuales se corresponderían a tribus, como los sajones germano-parlantes, vándalos, lombardos y los borgoñones. Afirmó entonces que si se emplazaban en un mapa la distribución de los tipos de artefactos característicos de grupos tribales específicos, era posible determinar dónde habían vivido estos grupos en los diferentes períodos de la prehistoria. Llamó a esto arqueología de los asentamientos (Siedlungsarchäologie).

En general, creía que los pueblos originales que hablaban indoeuropeo, ancestros directos de los alemanes, eran miembros del grupo racial nórdico (ario), rubios y de cabeza alargada, y que las características raciales eran factores determinantes fundamentales del comportamiento humano. Creía también a pies juntillas una teoría de Klemm que diferenciaba entre Kulturvolker, o pueblos culturalmente activos, y Naturvolker, o pueblos culturalmente pasivos. Así, salían por una parte los alemanes, y por la otra el resto de pueblos. Chauvinimo del malo, claro. Trató de demostrar que en Alemania había surgido el centro del desarrollo cultural que luego irradió a Europa y Próximo Oriente. Los cuchillos de sílex del Neolítico se interpretaron como evidencia del noble orgullo germánico por las armas, las trompetas de la edad de bronce como una muestra de la habilidad musical superior de los germanos, y, ya en el culmen de la imaginación desbordada, propuso que el alfabeto tenía sus orígenes en la Edad de Piedra europea y no de entre los fenicios.

Como las culturas avanzadas eran consideradas expresión de superioridad biológica, no podían extenderse de una región a otra sin implicar migraciones de personas. Así, imaginó olas de indoeuropeos (arios) emigrando hacia el sur y el este, conquistando a las poblaciones nativas y trasnformándolas para que pudiesen crear civilizaciones en Oriente, Grecia y en Italia. Al cruzarse con los nativos, se rebajarían sus habilidades creativas y así explica el declive de las civilizaciones. Pero, ah, los alemanes en su tierra primigenia se mantuvieron racialmente puros, el pueblo con más talento y creatividad. Los alemanes son, entonces, los indoeuropeos nacidos en primer lugar (Erstborenen), y de ahí saca derechos históricos sobre los territorios. En todo lugar donde se han descubierto artefactos supuestamente alemanes, se puede declarar como territorio de los antiguos alemanes. Por tanto, sujeto a la reclamación o la reconquista por el moderno estado Alemán. El Reich. Por cierto, el mismo argumento no puede ser aplicado, naturalmente, a los grupos no germanos que en la Edad Media pudieron haberse extendido por territorios alemanes. Faltaría más.

Su trabajo, con todo su chauvinismo absurdo y nacionalismo de opereta marcó la sustitución final del enfoque evolucionista en la prehistoria por un enfoque histórico. Al fin y al cabo, su trabajo supuso un impulso definitivo al desarrollo de la arqueología. De todas formas, si el fanatismo religioso ha obrado (y pretende obrar aún hoy en día) barbaridades de las gruesas, vemos que no tiene la exclusiva. El fanatismo, sea del perfil que sea, puede soltar burradas de las gordas. Aunque sea científico. Por suerte para la ciencia, tiene mecanismos para cuestionar las burradas y corregirlas.


Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...