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sábado, 6 de diciembre de 2014

Homeostasis cultural

Un modelo utilizado para describir las estructuras disipativas es la inestabilidad de Bernard. Es este un modelo que nos explica, por ejemplo, qué es lo que pasa al calentar agua y apreciar que a partir de un momento determinado la propagación de la energía no se hace por conducción, sino por convección. La inestabilidad de Bernard muestra cómo un sistema puede ser llevado a través de una fase discontinua a un nivel de orden superior por un aumento de los impulsos ambientales. Y también cómo el mantenimiento del nuevo orden depende tanto del empleo aumentado de energía externa como de la aparición espontanea de estructuras mejor organizadas en condiciones de usar la energía de una manera más eficiente.

Este modelo podría ser útil en las estructuras culturales según nos explica Robert Artigiani. Y podría ser fructuosa una analogía con la semiótica, que ha hecho de la ciencia el código recíprocamente descifrable de la naturaleza y del hombre. La ciencia se convierte en una imagen de la naturaleza creada por los científicos para valorar el comportamiento de la naturaleza misma. Si la naturaleza reacciona tal y como prevería un modelo científico, se puede concluir que las conjeturas efectuadas eran correctas. La ciencia deviene en algo análogo al mapa cognoscitivo que, según los sociólogos, define una cultura: Una representación simbólica de nuestro medio ambiente y de nosotros mismos que regula nuestro comportamiento adecuándolo a lo que nos circunda. El mapa cognoscitivo es el fundamento de toda cultura, y mapas cognoscitivos específicos utilizados por personas diversas en diversos contextos determinan su identidad cultural. Los mapas cognoscitivos contienen las informaciones que contribuyen a crear la civilización más adecuada a un determinado grupo de personas, castigando al mismo tiempo los comportamientos que amenazan la estructura de esa civilización.

Los valores son los particulares símbolos cognoscitivos que motivan el comportamiento. Su validez deriva del hecho de que, al imponer una norma a la experiencia, generan reacciones emotivas. De la misma manera que el modelo de Bernard nos explica, los valores organizan las acciones. Su función esencial es la de permitir a las estructuras culturales llegar a una situación de homeostasis, condicionando nuestros comportamientos según modalidades que estamos preparados para aprobar. Los valores aparecen con las estructuras que deben preservar. Estos valores son funciones de las acciones que estimulan u obstaculizan y son creados por los comportamientos a los que perpetúan.

Las culturas son sistema abiertos vulnerables a cambios ambientales. Entonces, existe la posibilidad de que nuestros valores no logren armonizar con el ambiente que nos rodea. Esta es la causa de los cambios culturales, fases de cambio que se derivan de la incapacidad por parte de los viejos valores de descifrar de un modo adecuado un ambiente alterado. Se hace necesario en estos casos un nuevo mapa cognoscitivo, pero esto implica crear hombres nuevos, procedimiento que la mayor parte de nosotros encuentra desorientador y a veces doloroso. Muchos se oponen al cambio. Y tratan ciegamente de reconstruir el ambiente originario. Algunos se aferran a elementos aislados de la tradición y hacen caso omiso de la complejidad de ésta. Otros pocos tratan de trazar un nuevo mapa, de captar del ambiente muevos símbolos que produzcan comportamientos más válidos, búsqueda que puede llegar a ser desesperada, y aquel que se convierte en un mutante cultural con frecuencia aísla algunos factores o idealiza condiciones particulares al tratar de imponer nuevos principios. Pocos puede desde el punto de vista emotivo comprender que la revolución es tan inhumana como la reacción, al tolerar la ambigüedad implícita en el paso de un sistema a otro, corrigiendo al mismo tiempo el riesgo que comporta la búsqueda de un modelo de realidad más adecuado.

lunes, 13 de enero de 2014

Sobre la estulticia del poder


Debe ser un signo de estos tiempos ver que bajo la pretensión del “gobierno de los mejores” auténticas calamidades promueven acciones destinadas a toda la ciudadanía sonrojantes o motivando al menos vergüenza ajena. Pero como no suele salir nadie a decir que lo expresado sea una memez de tamaño catedralicio, pues debo soportar una estulticia general en la que el más tonto cree haber descubierto la cuadratura del círculo a la par que va soltando sonoros rebuznos que serían dignos de conmiseración de no ir acompañados de la obligatoriedad de aplaudirlos, y someterse. Sí. Hablo de los políticos. Especie en auge, cada vez con mayor tasa de reproducción. Especie que, lejos de seguir las leyes habituales de la selección natural, hacen de sus defectos, que son muchos, elementos clave para su aferramiento al poder. Y encima dentro de su soberbia ilimitada dando lecciones al resto de la población acerca de su supuesta sabiduría y bien hacer. ¿Alguien desea un ejemplo más? Pues bien, aquí hay uno:
 
El Gobierno de Camps no dejó pasar la oportunidad de ligar anuncios de nuevas enseñanzas a la política de grandes eventos, en este caso a través de la Formación Profesional. Dos meses antes de que en agosto de 2008 Valencia estrenara el circuito urbano de fórmula 1 y cuatro antes de que se inaugurara la sede alicantina de la Volvo Ocean Race, Font de Mora anunció en el Parlamento autónomo “la introducción de especialidades sobre embarcaciones de recreo” en Alicante y de “automoción de competición para la fórmula 1”, porque es, dijo, “lo que la sociedad va demandando”.

Fuente: ElPaís

Y ya me toca las narices. Tiempo ha que me voy aguantando la ira al ir viendo denostada de forma diría que consciente la parte del conocimiento que no supone algo relativo a la economía, que se vaya arrancando poco a poco en la Educación Secundaria el peso de las Humanidades, para dedicar más tiempo a otras materias, o que se alabe en modo superlativo una birria conocida como MBA (de las que vende motos escacharradas para explicarte cómo vender motos escacharradas, y encima regodeándose en vocabulario y haceres pretendidamente científicos). Después de estar soportando que la estulticia se institucionalice y que se pretenda además eliminar de la formación escolar cualquier cosa que huela a sabiduría, ahora toca ver que el proyecto para evitar la idiotez general se hace en base a ocurrencias de salón de politicastros más interesados en su ego que en servir de forma eficiente a quienes le pagan el sueldo: Los ciudadanos. Y sobre este pretexto, la burricie, el pretender incluir en el curriculum académico “lo que el pueblo demanda”.

Es lo que hay. Puesto que el pueblo lo demanda, pondremos asignaturas sobre Fórmula 1, fútbol, clases de retórica para poder gritar a gusto en tertulias de la TV y sobretodo algo dedicado al mundo “rosa” y “papel couché”. Si es lo que la sociedad demanda… Pero parece que olvidan que educar consiste en modelar, en trabajar para aprender y entender lo aprendido y devolver este conocimiento a la sociedad en la que se vive. Aprender es desarrollar competencias para recoger y analizar datos, mediante métodos e instrumentos específicos, y así poder luego establecer criterios objetivos. Saber emerger del histrionismo y narcisismo fisiológicos de los niños para adoptar la honradez y la verdad como pilares para formar personas capaces de asumir responsabilidades para con sus semejantes.

Pero esto no se hace. Lo que no parece ser comprendido es que no hay conocimiento que sobre. Que conocer y aprender no es sólo para las cosas útiles sino por el mero hecho de conocer y eliminado las humanidades del temario sólo se lleva a poner la cultura como un bien material más, entendible sólo desde su vertiente económica. Pero luego me encuentro con que a la hora de dar clase a niveles universitarios, las caras de no estar entendiendo nada de mis pobres pupilos es todo un poema, ya que uso vocabulario específico, técnico, que para especialidades médicas es grecolatino. Y simplemente voy viendo que las clases de patología se van convirtiendo lentamente en una asignatura para explicar el significado de las palabras con raíces grecolatinas del léxico que los estudiantes, futuros profesionales de la psicología y la medicina, manejan diariamente. O deberían manejar, claro.

Resulta más claro cada año que lo que les enseño no es a hacer buenos diagnósticos en base a signos y síntomas, sino a hacer que el estudiante memorice listas interminables de términos que no siempre entiende. Al no saber ni los rudimentos de latín ni de griego, se ve incapaz de entender ni los términos más simples y las clases devienen finalmente en traducciones a viva voz de palabras de resonancia clásica. Pero claro, viendo las burradas que sueltan quienes deberían haberse preocupado de que hubiesen aprendido esto ANTES, se comprende todo perfectamente. Añadamos el “libro” superventas de este año, a cargo de una tal Belén Esteban, y la mezcla ya es redonda. La gente sin escrúpulos pretende que los demás hagan lo mismo que ellos hacen, tal vez para así diluir su propia incompetencia.


Como escribió Aristófanes y traducido a grosso modo “La juventud pasa, la
inmadurez se supera, la ignorancia se cura con la educación y la embriaguez
con sobriedad, pero la estupidez dura para siempre



sábado, 11 de enero de 2014

Nominar

La nominación es el acto de dar nombre a una cosa. En los estados más primitivos de la humanidad esto, que hoy parece tan sencillo, tenía un papel importante de tipo casi mágico, pues el nombre a una cosa equivalía a la cosa misma.Se puede observar aún hoy en día en pueblos semicivilizados, pero no hace falta ir muy lejos para ver que esto era vigente en las civilizaciones primeras: En la mitología sumeria los dioses crean una cosa al pronunciar su nombre. Saber el nombre de una cosa significa entonces tener algún poder sobre esa cosa, y quizá en este sentido se puede entender que los diccionarios sumerios no tuvieran sólo un fin lingüístico, sino tal vez fueran instituciones de dominio. Este tipo de representaciones se pueden plantear sobre la pintura rupestre, los primeros textos, la propia Cábala y si se quiere, de forma más peculiar, se puede ver algo similar en el cuento de Rumpelstinsky. Así, originariamente nominar está indisolublemente unido a con la idea de dominio, sonbre el objeto nominado. Incapaz de distinguir entre palabras y cosas, puede imaginarse a un primitivo hombre que no diferencia entre nombre y la persona o cosa designada por este, y que la asociación entre ambas cosas no es casual sino que es un lazo que abraza a los dos. Puede pensarse así un tipo de pensamiento en que se piense hacer magia tomando un nombre. Variantes de este pensamiento se pudieron ver (e incluso hoy día aún se dan) en el vudú, tomando partes del cuerpo de una persona (cabellos, uñas...) para ejercer alguna influencia sobre el antiguo poseedor.
 

miércoles, 8 de enero de 2014

Lo inútil de la cultura (leed el post, el título no es lo que parece...)

Primer post del año para insistir con Ordine y sus reflexiones sobre la cultura. Sacado de un artículo de "El País":

Esta crónica aborda, sin embargo, la historia de otro hombre de letras indignado, el profesor italiano Nuccio Ordine (que figura en su partida de bautismo como Diamante Ordine). Con los mismos o parecidos personajes —una cultura apuñalada, una educación asfixiada y un pueblo adormecido—, Ordine (Diamante, 1958) ha preferido usar la palabra para embestir contra la ignorancia promovida desde las instituciones y advertir de sus efectos a la ciudadanía. Si dejamos que nos roben el legado de nuestros antepasados y que se mutile el conocimiento, avisa, no es que dejemos de ser personas cultivadas: es que las generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto.
 
El vehículo empleado por Ordine para su clamor profético es el manifiesto titulado La utilidad de lo inútil, cuya publicación en España debemos a Jaume Vallcorba, padre de las editoriales mellizas Acantilado y Quaderns Crema, y al traductor y profesor de Filosofía Jordi Bayod Brau.

La barbarie de lo útil ha corrompido nuestras relaciones y afectos íntimos”
Ordine, profesor de prestigiosas universidades, experto en el Renacimiento y director de varias colecciones de clásicos en la editorial Les Belles Lettres de París, se dice “emocionado” por la recepción de su libro en Barcelona, donde fue presentado recientemente, y en Madrid (donde fue apadrinado por Fernando Savater). “La gente me abrazaba y me daba las gracias. Un estudiante me dijo: ‘Decidí estudiar Filosofía y Paleografía contra la voluntad de mi padre, que me preguntaba para qué servía eso. Su libro me ha reafirmado en mi decisión”, recuerda.

La tesis central del libro puede ser resumida en la idea de que la literatura, la filosofía y otros saberes humanísticos y científicos no son inútiles, como cabría deducir de su progresivo destierro en los planes educativos y presupuestos ministeriales, sino imprescindibles. “El hecho de ser inmunes [dichos saberes] a toda aspiración al beneficio” constituye, según el autor, “una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado incluso a corromper nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”.

(...)

¿Por qué este libro? “Llevo 24 años como profesor intentando convencer a mis alumnos de que no se viene a la universidad a obtener un diploma, sino a intentar ser mejores, esto es, a aprender a razonar de forma autónoma”. Para Ordine, la transmisión del amor por el conocimiento es un deporte de combate. Y eso implica desmontar algunas ideas materialistas imbuidas por el sistema capitalista. “La gente piensa que la felicidad es un producto del dinero. ¡Se engañan!”, afirma.

Dicha pretensión se ha extendido ya a todos los ámbitos. “El utilitarismo ha invadido espacios en los que que no debería haber penetrado nunca, como las instituciones educativas”, denuncia el profesor calabrés. Y advierte: “Cuando se recorta el presupuesto para las universidades, las escuelas, los teatros, las investigaciones arqueológicas, las bibliotecas… se está cercenando la excelencia de un país y eliminando cualquier posibilidad de formar a toda una generación”.


El autor se apoya también en un discurso ¡de 1848! de Víctor Hugo ante la Asamblea constituyente de Francia, donde el escritor pronunció estas palabras: “Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”. Dice Ordine que cuando leyó ese discurso pegó un salto hasta el techo, y hace suyas las tesis de Hugo al afirmar (exclamar, más bien) que “¡es en las épocas de crisis cuando hay que doblar el presupuesto para la cultura!”.

El manifiesto incluye también un escrito premonitorio de Abraham Flexner, publicado en 1939, que evangeliza sobre la importancia de la ciencia. “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos”, explica Ordine. “El estado no puede renunciar a la ciencia básica [en aras del beneficio]; por eso he escrito un capítulo dedicado a las universidades entendidas como empresas”.
La utilidad de lo inútil no es sólo un argumentario contra la deriva del utilitarismo o el “satánico comercio” (Baudelaire): es también un manual para superar lo que el autor del libro llama “el invierno de la conciencia” y para recordar, con Montaigne, que “es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Sobre la cultura

Dejo fragmentos escogidos (los que me parecen más interesantes) de una enrevista al filósofo Nuccio Ordine. Si a alguien le interesa el texto entero puede verlo aquí.

  • En nuestra sociedad se considera útil sólo aquello que produce beneficios. Por esa lógica, la música, la literatura, el arte, las bibliotecas, los archivos de Estado, la arqueología, son todas cosas que se consideran inútiles porque no producen beneficios. Por eso no nos extraña que, cuando los gobiernos hacen recortes, comienzan por estas cosas inútiles sin darse cuenta de que, si eliminamos lo inútil, cortamos el futuro de la humanidad.

  • El drama que vivimos es ese: todos los ámbitos de nuestra vida están contaminados por la idea del beneficio y del lucro. Ya no educamos a las nuevas generaciones en el amor por el bien común, por el desinterés, por lo gratuito. Los educamos al revés, en el amor al dinero, a lo útil, al beneficio personal. Los profesores y rectores universitarios se han convertido en managers, y hablan un lenguaje contaminado por la lógica económica. Los estudiantes estudian para conseguir créditos y para pagar unas deudas. Este lenguaje no es neutro, demuestra que el lenguaje del lucro domina todas las capas de la vida.

  • En una sociedad corrompida por la dictadura del beneficio, el conocimiento es la única forma de resistencia. Porque con el dinero se puede comprar cualquier cosa; parlamentarios, políticos, jueces, el éxito, la vida erótica. Sólo hay una cosa que no se compra con dinero: el conocimiento. Si soy un gran magnate y quiero comprar el saber, ni un cheque en blanco me valdría. El precio del saber es el esfuerzo personal. El conocimento no se compra, se conquista.

  • Los políticos matan la cultura porque desprecian la cultura, pero también porque le tienen miedo. Lo desprecian porque nuestra élite política es cada vez más ignorante, más inculta. Y por otra parte tienen miedo porque prefieren tener delante un público de personas que no estén capacitados para pensar con su propia cabeza y, por tanto, sean manipulables por los medios de masas, la televisión, las campañas electorales, toda una dimensión de engaños y mentiras que las personas reciben sin ser conscientes.

  • Los gobiernos mienten cuando dicen que la crisis la pagamos todos: esta crisis no la pagan los bancos, no la pagan los banqueros, no la pagan los financieros. Esos reciben millones de euros de sueldo al año y aún finalizan su mandato con 15 millones de euros de finiquito. Luego se descubre que la empresa está en números rojos y que el directivo había firmado acuerdos para "privatizar" el dinero de la gente y llevárselo a casa. ¿Cómo podemos salir de este círculo vicioso? Creando y formando a jóvenes que sean conscientes, que sean capaces de defender el bien común. Jóvenes que no sean educados en el culto del beneficio y del dinero. Gente que se haya educado en una visión ética del mundo y que profesen el culto a la solidaridad humana.

  • Hay un fragmento bellísimo de Demócrito que, hablando con Hipócrates, le explica al padre de la medicina por qué se ríe. Porque Hipócrates pensaba que Demócrito estaba loco y por eso se reía. En cambio Demócrito se ríe por otra cosa. "Mira debajo de los hombres –le dice– ¿Qué hacen todo el día? Persiguen el dinero. ¿Y qué hacen con el dinero? Buscar más dinero. El dinero ya no es un medio, se ha convertido en el fin en sí mismo". Y añade que, para conseguir el dinero, el hombre "le corta las venas a la tierra".

  • Lo que vemos hoy es propio de ese modelo horrible de masificación de hacer que seamos todos iguales. ¿Cuál es la ley que nos guía? La ley del beneficio. Del país más perdido de Asia hasta el país más rico de Europa o Estados Unidos, comemos las mismas hamburguesas de McDonald's, vestimos la misma ropa y vemos las mismas tonterías en televisión. Esta ideología del beneficio es cada vez más global de lo que pudo ser en el pasado (...)

  • Tocqueville dice "hoy en América la gente busca las bellezas fáciles". ¿Qué quiere decir? Que no tengo tiempo de dedicarme a la lectura o para ir a una exposición de cuadros. El tiempo es dinero. Prefiero el libro que no me pide esfuerzos y aquellas manifestaciones culturales superficiales, mundanas, donde yo no aprendo nada porque no tengo tiempo para las cosas que requieren un compromiso personal. El riesgo de hoy está justamente en cultivar las bellezas fáciles; el bestseller, las películas que sólo son efectos especiales, todo lo que usamos para distraernos porque no queremos pensar, en lugar de ser estimulados a la reflexión.

  • La tarea de los clásicos es despertar nuestra atención, estimular la reflexión, alimentar nuestra pasión, y ayudarnos a entendernos a nosotros mismos y el mundo que nos rodea. (...)Giordano Bruno nos enseña que si la filosofía no se transforma en una manera de vida, no nos sirve para nada. Y Bruno escribió la última página de su filosofía en la hoguera del Campo de Fiore donde fue quemado por hereje, demostrando que se pueden quemar los libros pero no las ideas. La palabra de Bruno, la palabra de Montaigne, la palabra de Victor Hugo, nos hacen entender tantas cosas de nuestro presente porque algunos de nuestros grandes autores que han sabido exponer de manera sencilla lo que llevamos dentro y que no somos capaces de expresar. Y la literatura, la música, el arte son los únicos capaces de decir lo indecible y enseñarnos lo invisible.

Biblioteca de Umberto Eco

Se podrá disfrutar en Bolonia. Al parecer estimó que podía ser difrutada así durante los próximos 90 años. Es su biblioteca personal, que te...