sábado, 11 de enero de 2014

Nominar

La nominación es el acto de dar nombre a una cosa. En los estados más primitivos de la humanidad esto, que hoy parece tan sencillo, tenía un papel importante de tipo casi mágico, pues el nombre a una cosa equivalía a la cosa misma.Se puede observar aún hoy en día en pueblos semicivilizados, pero no hace falta ir muy lejos para ver que esto era vigente en las civilizaciones primeras: En la mitología sumeria los dioses crean una cosa al pronunciar su nombre. Saber el nombre de una cosa significa entonces tener algún poder sobre esa cosa, y quizá en este sentido se puede entender que los diccionarios sumerios no tuvieran sólo un fin lingüístico, sino tal vez fueran instituciones de dominio. Este tipo de representaciones se pueden plantear sobre la pintura rupestre, los primeros textos, la propia Cábala y si se quiere, de forma más peculiar, se puede ver algo similar en el cuento de Rumpelstinsky. Así, originariamente nominar está indisolublemente unido a con la idea de dominio, sonbre el objeto nominado. Incapaz de distinguir entre palabras y cosas, puede imaginarse a un primitivo hombre que no diferencia entre nombre y la persona o cosa designada por este, y que la asociación entre ambas cosas no es casual sino que es un lazo que abraza a los dos. Puede pensarse así un tipo de pensamiento en que se piense hacer magia tomando un nombre. Variantes de este pensamiento se pudieron ver (e incluso hoy día aún se dan) en el vudú, tomando partes del cuerpo de una persona (cabellos, uñas...) para ejercer alguna influencia sobre el antiguo poseedor.
 

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