lunes, 13 de enero de 2014

Sobre la estulticia del poder


Debe ser un signo de estos tiempos ver que bajo la pretensión del “gobierno de los mejores” auténticas calamidades promueven acciones destinadas a toda la ciudadanía sonrojantes o motivando al menos vergüenza ajena. Pero como no suele salir nadie a decir que lo expresado sea una memez de tamaño catedralicio, pues debo soportar una estulticia general en la que el más tonto cree haber descubierto la cuadratura del círculo a la par que va soltando sonoros rebuznos que serían dignos de conmiseración de no ir acompañados de la obligatoriedad de aplaudirlos, y someterse. Sí. Hablo de los políticos. Especie en auge, cada vez con mayor tasa de reproducción. Especie que, lejos de seguir las leyes habituales de la selección natural, hacen de sus defectos, que son muchos, elementos clave para su aferramiento al poder. Y encima dentro de su soberbia ilimitada dando lecciones al resto de la población acerca de su supuesta sabiduría y bien hacer. ¿Alguien desea un ejemplo más? Pues bien, aquí hay uno:
 
El Gobierno de Camps no dejó pasar la oportunidad de ligar anuncios de nuevas enseñanzas a la política de grandes eventos, en este caso a través de la Formación Profesional. Dos meses antes de que en agosto de 2008 Valencia estrenara el circuito urbano de fórmula 1 y cuatro antes de que se inaugurara la sede alicantina de la Volvo Ocean Race, Font de Mora anunció en el Parlamento autónomo “la introducción de especialidades sobre embarcaciones de recreo” en Alicante y de “automoción de competición para la fórmula 1”, porque es, dijo, “lo que la sociedad va demandando”.

Fuente: ElPaís

Y ya me toca las narices. Tiempo ha que me voy aguantando la ira al ir viendo denostada de forma diría que consciente la parte del conocimiento que no supone algo relativo a la economía, que se vaya arrancando poco a poco en la Educación Secundaria el peso de las Humanidades, para dedicar más tiempo a otras materias, o que se alabe en modo superlativo una birria conocida como MBA (de las que vende motos escacharradas para explicarte cómo vender motos escacharradas, y encima regodeándose en vocabulario y haceres pretendidamente científicos). Después de estar soportando que la estulticia se institucionalice y que se pretenda además eliminar de la formación escolar cualquier cosa que huela a sabiduría, ahora toca ver que el proyecto para evitar la idiotez general se hace en base a ocurrencias de salón de politicastros más interesados en su ego que en servir de forma eficiente a quienes le pagan el sueldo: Los ciudadanos. Y sobre este pretexto, la burricie, el pretender incluir en el curriculum académico “lo que el pueblo demanda”.

Es lo que hay. Puesto que el pueblo lo demanda, pondremos asignaturas sobre Fórmula 1, fútbol, clases de retórica para poder gritar a gusto en tertulias de la TV y sobretodo algo dedicado al mundo “rosa” y “papel couché”. Si es lo que la sociedad demanda… Pero parece que olvidan que educar consiste en modelar, en trabajar para aprender y entender lo aprendido y devolver este conocimiento a la sociedad en la que se vive. Aprender es desarrollar competencias para recoger y analizar datos, mediante métodos e instrumentos específicos, y así poder luego establecer criterios objetivos. Saber emerger del histrionismo y narcisismo fisiológicos de los niños para adoptar la honradez y la verdad como pilares para formar personas capaces de asumir responsabilidades para con sus semejantes.

Pero esto no se hace. Lo que no parece ser comprendido es que no hay conocimiento que sobre. Que conocer y aprender no es sólo para las cosas útiles sino por el mero hecho de conocer y eliminado las humanidades del temario sólo se lleva a poner la cultura como un bien material más, entendible sólo desde su vertiente económica. Pero luego me encuentro con que a la hora de dar clase a niveles universitarios, las caras de no estar entendiendo nada de mis pobres pupilos es todo un poema, ya que uso vocabulario específico, técnico, que para especialidades médicas es grecolatino. Y simplemente voy viendo que las clases de patología se van convirtiendo lentamente en una asignatura para explicar el significado de las palabras con raíces grecolatinas del léxico que los estudiantes, futuros profesionales de la psicología y la medicina, manejan diariamente. O deberían manejar, claro.

Resulta más claro cada año que lo que les enseño no es a hacer buenos diagnósticos en base a signos y síntomas, sino a hacer que el estudiante memorice listas interminables de términos que no siempre entiende. Al no saber ni los rudimentos de latín ni de griego, se ve incapaz de entender ni los términos más simples y las clases devienen finalmente en traducciones a viva voz de palabras de resonancia clásica. Pero claro, viendo las burradas que sueltan quienes deberían haberse preocupado de que hubiesen aprendido esto ANTES, se comprende todo perfectamente. Añadamos el “libro” superventas de este año, a cargo de una tal Belén Esteban, y la mezcla ya es redonda. La gente sin escrúpulos pretende que los demás hagan lo mismo que ellos hacen, tal vez para así diluir su propia incompetencia.


Como escribió Aristófanes y traducido a grosso modo “La juventud pasa, la
inmadurez se supera, la ignorancia se cura con la educación y la embriaguez
con sobriedad, pero la estupidez dura para siempre



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