miércoles, 29 de mayo de 2013

La abjuración de Galileo.

Transcribo aquí el texto con el cual el pobre Galileo tuvo que renunciar a sus ideas, con 70 años de edad y lo que supone esto para el orgullo y en términos de humillación. Abjuración significa que uno reconoce su falta y muestra su arrepentimiento.

Yo, Galileo, hijo de Vincenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años, interrogado personalmente en juicio y postrado antre vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales, en toda la República Cristiana contra la herética perversidad Inquisidores generales; teniendo ante mi vista los sacrosantos Evangelios, que toco con mi mano, juro que siempre he creído, creo aún y, con la ayuda de Dios, seguiré creyendo todo lo que mantiene, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia.

Pero, como, después de haber sido jurídicamente intimado para que abandonase la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no podía mantener, defender o enseñar de ninguna forma, ni de viva voz ni por escrito, la mencionada falsa doctrina, y después de que se me comunicó que la tal doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, escribí y di a la imprenta un libro en el que trato de la mencionada doctrina perniciosa y aporto razones con mucha eficacia a favor de ella sin aportar ninguna solución, soy juzgado por este Santo Oficio vehementemente sospechoso de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro y se mueve. Por lo tanto, como quiero levantar de la mente de las Eminencias y de todos los fieles cristianos esta vehemente sospecha que justamente se ha concebido de mí, con el corazón sincero y fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías y, en general, de todos y cada uno de los otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia. Y juro que en el futuro nunca diré ni afirmaré, de viva voz o por escrito, cosas tales que por ellas se pueda sospechar de mí; y que si conozco a algún hereje o sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre.


Juro y prometo cumplir y observar totalmente las penitencias que me han sido o me serán, por este Santo Oficio, impuestas; y si incumplo alguna de mis promesas y juramentos, que Dios no lo quiera, me someto a todas las penas y castigos que me imponen y promulgan los sacros cánones y otras constituciones contra tales delincuentes. Así, que Dios me ayude, y sus santos Evangelios, que toco con mis propias manos.


Yo, Galileo Galilei, he abjurado, jurado y prometido y me he obligado; y certifico que es verdad que, con mi propia mano he escrito la presente cédula de mi abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de Minerva este 22 de junio de 1633.


Yo, Galileo Galilei, he abjurado por propia voluntad.

Pobre. 

No sólo ha de abjurar de la ciencia sino también comprometerse a chivarse de cuantos, con toda la razón del mundo y a pesar de creerlo él mismo así, sostengan ideas similares.

Más irónica resulta la última frase: "He abjurado por propia voluntad". Sí. La voluntad fue suya. El querer evitar convertirse en un churrasco supongo que tuvo alguna influencia en esa voluntad. Ironías.

En cuanto pueda, busco el texto en latín.

sábado, 25 de mayo de 2013

Eco en Burgos


La Abadía Benedictina de Santo Domingo de Silos (Burgos) vivió hoy una jornada histórica al recibir al escritor y filósofo Umberto Eco quien, por primera vez en su vida, pisó el suelo del monasterio que inspiró a su famosa novela ‘El nombre de la rosa’ y en cuyo interior se conservan desde hace siglos documentos únicos en el mundo y el códice más antiguo de occidente.


El silencio del Monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos) se rompió a las diez de la mañana, momento en el que el escritor, acompañado por su esposa Renata, y el rector de la Universidad de Burgos, Alfonso Murillo, fue recibido por el dom Lorenzo Maté, padre abad de Silos. Un encuentro histórico con el que el italiano afirma cerrar una etapa de su vida al pisar el suelo de uno de los monasterios que marcaron la historia de Europa.

Conocedor de la importancia que la abadía benedictina burgalesa tuvo durante todo el Medievo, Eco sentía una especial ilusión de poder ver y palpar algunos de los códices más antiguos del mundo escritos desde el interior del monasterio once siglos atrás. “Estoy emocionado de tocar estos libros. Son bellísimos”, explicó un Eco emocionado mientras pasaba las hojas del ‘Libro de Vida de Santo Domingo de Silos’ escrito por Gonzalo de Berceo. Se trata de uno de los textos más antiguos del castellano.

Sin embargo, la cara del profesor se iluminó cuando el padre abad le acercó el códice en papel y pergamino más antiguo de Occidente, y del que Eco habla en la novela que le llevó a ser mundialmente conocido en los años 80. Se trata de un misal del siglo XI que se caracteriza por tener los 39 primeros folios en papel y el resto pergamino, algo que Eco afirmó no haber visto “nunca”. Se trata de un papel árabe que probablemente importaron los musulmanes residentes en los reinos cristianos lo que lo convierte en un tesoro.

Este es el códice que inspiró, presuntamente, a Eco cuando escribió ‘El nombre de la rosa’ y el desde el que forjó una ficción marcada por un texto que cambia la vida del bibliotecario Jorge de Burgos y los demás protagonistas de la exitosa novela. De ahí que, minutos después de haberlo tenido en sus manos, Eco declarase haber vivido un momento muy especial.

La visita de Eco no pilló por sorpresa a nadie y fueron muchas las personas que se acercaron a la biblioteca del monasterio para saludarle o captar el momento en sus móviles o cámaras. Los más interesados, los propios monjes benedictinos que no dudaron en tender la mano al profesor y hacerle llegar sus más sinceras felicitaciones. Todos se mostraron encantados de tener entre su comunidad, por unas horas, a un hombre “tan importante”.

Visita histórica

Acompañado de su esposa Renata, con la que lleva casado desde hace algo más de 50 años, y su inseparable bastón, Eco paseó por el claustro en el que se encuentra el centenario ciprés y otras estancias como la iglesia, donde el padre abad le explicó qué partes son las que se conservan de la primigenia iglesia románica, como una de las ventanas que dan a una de las salas anexas. “Nunca vi nada tan bello”, repitió el milanés en varias ocasiones.

Eco departió con la comunidad durante los últimos minutos de la visita, y tuvo tiempo de recibir algunos regalos y obsequios. Uno de los que más le sorprendieron, el que le hizo Juan José Siloé, promotor del Museo del Libro Fadrique de Basilea, quien hizo entrega a Eco de un fascímil del Beato de Ginebra que satisfizo al autor. Asimismo, el alcalde de Silos le regaló un libro sobre la abadía y un queso de la tierra. También los monjes tuvieron un gesto, al no dejar pagar a su esposa las postales que ésta había escogido en la tienda del monasterio para llevárselas de vuelta a Italia.

La visita de Eco a la abadía benedictina es una de esas que pasan para la historia. Así lo entendió también Lorenzo Maté quien explicó a los medios que no dudaron en recibir al escritor ni en mostrarle libros tan importantes como el de Gonzalo de Berceo y las salas más destacadas. “Ha mostrado mucho interés por el claustro porque es el único con dos pisos de época románica”, destacó el padre abad.

Conocedor de la ficción de Eco, Maté consideró que la novela del italiano “ha dado mucho nombre a Burgos” y reconoció que en los años 90 sí que eran muchos los que llegaban a Silos buscando los orígenes de lo que en el libro de contaba o en lo que después pudieron ver en la película.

Dos horas después de haber llegado a la abadía, Eco y Maté se fundieron en un abrazo de despedida. Las puertas del monasterio cerraron sus puertas para alejar a la comunidad de los focos y las cámaras a las que bien acostumbrados están. La visita de Eco cierra un ciclo en la vida del escritor y suma una firma célebre a las que ya se encuentran en el libro de visitas del monasterio.


Fuente: 

viernes, 24 de mayo de 2013

Eco en Burgos

Ya que pasa por mi tierra... pues le dedico una entradita. El claustro en el que está es el de Silos y veo que se ha vuelto a dejar la barba. Transcribo sin más el artículo que le dedica "el país":

Umberto Eco (Alessandria, 1932) ha llegado a Burgos como el peregrino que remata su andadura en Santiago: Con la sensación de haber cumplido una promesa. 

“Cuando tenía 20 años y preparaba mi tesis sobre estética medieval, veía que el modelo de los portales románicos que estudiaba eran las escenas del Apocalipsis de [las iglesias de] Castilla y León. Uno de los más bellos Apocalipsis se encontraba en Burgos, aunque ya no existe. Además, al escribir El nombre de la rosa tenía en mente la idea de un bibliotecario ciego también de Burgos, de Silos; es decir, todas mis fantasías han pasado por aquí”, cuenta satisfecho. 

El semiólogo recibió ayer en la Universidad de Burgos un doctorado honoris causa —“el 39º”, recuerda— en Historia Medieval.

El escritor, autor de ensayos sobre cómics y de novelas exitosas como la citada, de 1980, o El péndulo de Foucault (1989) —ejemplos de lo que los críticos han dado en llamar, no sin reparos por la contradicción, best sellers cultos—, aparenta veinte años menos y apenas si utiliza un bastón para apoyarse; de hecho, arrastra más las erres que las piernas. La víspera ha estado trepando por las escaleras de un archivo burgalés “donde se encuentran ejemplares con más de mil años de antigüedad, y sin embargo nadie es capaz de decirnos cuánto nos va a durar un USB…” La conversación va de la ceca a la meca y vuelve a las andadas, del libro al ciberespacio; a juzgar por las continuas referencias informáticas, podría deducirse que si tuviera que reeditar su clásico Apocalípticos e integrados (1964), el célebre ensayo sobre la comunicación de masas, podría renombrarlo Apocalípticos y enRedados. De la Galaxia Gutenberg a la Galaxia Internet, el semiólogo italiano teje una sutil tela de araña plagada de referencias librescas y detalles tecnológicos y de actualidad a los que solo pone un coto: ni una palabra sobre política italiana o la crisis europea.
En Europa han muerto 40 millones de personas. Pero la comodidad de atravesar las fronteras sin papeles ha hecho olvidar todo eso”.
Cosa extraña esta última, porque su discurso está empapado de un entusiasta fervor europeísta, aunque no deja de reconocer la crisis de ideas (o la lucha de tópicos) actual. “Sí, Europa está dividida en dos estratos: uno superior con una profunda identidad europea; usted lo sabe todo sobre el Fausto de Goethe, nosotros todo sobre Don Quijote, tenemos una cultura común. He encontrado hace poco una página bellísima de Proust, en el último volumen de En busca del tiempo perdido, cuando cuenta desde París la guerra contra los alemanes y cómo bombardeaban estos la ciudad, y sin embargo los personajes, que sabían que podían morir bajo las bombas, escribían artículos sobre Schiller. La clase intelectual (francesa), al margen de la guerra, continuaba sintiéndose europea. Esto no sucede con personas de otro medio intelectual, que no han comprendido todavía que tienen la suerte, por primera vez en cincuenta años, de no estar matándose entre ellos. En Europa han muerto 40 millones de personas. Pero la comodidad de atravesar las fronteras sin papeles ha hecho olvidar todo eso”.

Para forjar más Europa, Eco reivindica fórmulas de intercambio como el Erasmus. “Ha sido una gran idea, no solo porque ha permitido conocerse, e incluso casarse, a europeos de distintos países, y permitirá crear en las próximas décadas una clase dirigente al menos bilingüe… Pero fuera de ese nivel es muy difícil. En un congreso de alcaldes europeos en Florencia, propuse para los trabajadores [municipales] un intercambio parecido al Erasmus, y salió un alcalde de Gales, y dijo: “Me la sopla que uno de los míos vaya a Ámsterdam; en todo caso a Londres… (risas)”.

Entre los oscurantismos de nuestra época, el medievalista destaca el racismo, aunque, como en todo, también en eso haya clases. “Es fundamental que la gente se encuentre entre sí en situaciones no conflictivas, el racismo se produce no cuando un español va a Turquía, sino cuando un turco viene a trabajar a España. El verdadero racismo es siempre el racismo del pobre contra el pobre, los ricos no son racistas porque no les afecta. Los pogromos fueron así, contra judíos, pero también contra los rusos más pobres. El problema es hoy el racismo debido a la inmigración, que no tiene nada que ver con la posibilidad de una educación europea. Si desaparece este sentido de la unidad europea estamos perdidos. Antes Europa podía contar con la ayuda de EEUU, hoy a Estados Unidos Europa se la sopla, ahora tiene sus problemas con China, con India… Europa tiene que arreglárselas sola”.

Hablando de Europa, resulta imposible sustraerse a la palabra crisis, aunque orille adrede lo político. ¿La crisis le sienta mal a la cultura, la perturba mucho o, al contrario, la espolea? “La cultura es una crisis continua. La cultura no está en crisis, es una crisis continua. La crisis es condición necesaria para su desarrollo”. ¿Y la mercantilización del producto cultural, o el riesgo de privatización del patrimonio? Es un fenómeno que en realidad tiene muchos siglos de antigüedad, recuerda Eco, en referencia al patrocinio privado de actividades culturales (la restauración del Coliseo romano por una firma de zapatos, o los palacios venecianos propiedad de grandes fortunas que exhiben su poderío y su logo): “Eso siempre ha existido. Virgilio era pagado por Augusto; Ariosto cobraba de un duque. De alguna manera, si yo hubiese vivido en el siglo XVII habría debido estado al servicio de un señor; hoy no, mi trabajo literario o docente me permite vivir. En este sentido, la cultura es hoy más libre. Todos los textos en el ochocientos se inician con una loa al señor, al rey, es como si hoy tuviese que encabezar todos mis libros con un elogio de Berlusconi (risas)… Es justo que una empresa colabore con fondos para restaurar el Coliseo de Roma…”

En sus múltiples escritos Eco ha dejado dicho que la verdadera felicidad es la inquietud por saber, por conocer. “Es lo que Aristóteles llamaba maravillarse, sorprenderse… La filosofía siempre comienza con un gran ohhh!” ¿Y el conocimiento es acaso como el viaje a Ítaca de Kavafis, un recorrido que no debe terminar jamás? “Sí, pero además el placer de conocer no tiene nada de aristocrático, es un campesino que descubre un nuevo modo de hacer un injerto; evidentemente, hay campesinos a los que esos pequeños descubrimientos procuran placer y a otros no. Son dos especies distintas, pero naturalmente depende del ambiente; a mí me inoculó el gusto por los libros de pequeño… Y por eso al cabo de los años soy feliz, y a veces infeliz, pero vivo activamente mientras que muchos viven como vegetales”.

Un bibliómano como Eco ha integrado la presencia de Internet en su vida diaria como en su día hiciera con el automóvil o el telefonino (que no suena ni una vez durante el encuentro): como un hecho consumado ni manifiestamente bueno ni todo lo contrario. “Internet es como la vida, donde te encuentras personas inteligentísimas y cretinas. En Internet está todo el saber, pero también todo su contrario, y esta es la tragedia. Y además si fuese todo el saber, ya sería un exceso de información… Si yo comienzo a estudiar en la escuela necesito un libro así [hace un apócope con las manos], no uno enorme, que no entenderé, a nadie se le ocurre darle la [Enciclopedia] Británica a un niño…”
Internet es una cosa y su contraria. Podría remediar la soledad de muchos, pero resulta que la ha multiplicado"
Como investigador, Eco utiliza Internet como lo que considera que debe ser, una herramienta, y no un fin en sí mismo. Por tanto, no augura conflictos de intereses -ni de espacios- entre lo virtual y la realidad tangible del papel, bien sea prensa o un volumen de mil páginas. “Se puede leer Guerra y paz en ebook, obviamente, pero si lo has leído hace diez años, y lo retomas, el libro objeto te mostrará los signos del tiempo y de la lectura previa… Releerlo en un ebook es como leerlo por primera vez. Es una relación afectiva, como ver de nuevo la foto de la abuela (risas)… El libro como objeto continuará existiendo, de la misma manera que la bicicleta sigue existiendo pese a la invención del automóvil; es más, hoy hay más bicicletas que hace unos años. Lo mismo podemos decir del fin de la radio por culpa de la televisión…”.
“Internet es una cosa y su contraria. Podría remediar la soledad de muchos, pero resulta que la ha multiplicado; Internet ha permitido a muchos trabajar desde casa, y eso ha aumentado su aislamiento. Y genera sus propios remedios para eliminar ese aislamiento, Twitter, Facebook, que acaban incrementándola porque relaciona con figuras muchas veces fantasmagóricas, porque uno cree estar en contacto con una bellísima muchacha que en realidad resulta ser un mariscal de la Guardia Civil… (risas)”.

El doctor honoris causa se despide recomendando una lectura de prensa casi con lápiz y papel. “Los periódicos han perdido muchísimas funciones. Por la mañana lo hojeo rápidamente porque las noticias principales ya me las ha contado la televisión, pero continúa siendo importante por los editoriales, por los análisis, y es fundamental no leer uno, sino al menos dos cada día. Se debería enseñar a leer periódicos a la gente, dos o tres, para ver la diferencia entre las opiniones, no para conocer las noticias, eso ya nos lo dice la tele”.

La televisión, esa tele vulgarizada hasta el extremo por obra y gracia de ese Berlusconi de quien sigue resistiéndose a hablar más que de pasada, pero que vino a ser, en versión embrionaria, la gran revolución sociocultural que Internet fue después. “La televisión en Italia ha hecho mucho bien a los pobres, les ha enseñado un nivel estándar de idioma, y mal a los ricos, que se quedaban en casa en vez de ir a un concierto. Y no hablamos de ricos o pobres en función del dinero que tengan, sino de ideas, de ganas. La televisión en Italia ha enseñado a hablar a masas de campesinos, obreros, en la Italia unificada. Internet es lo contrario: a los ricos que lo saben usar, les va bien; los pobres, que no lo saben usar, no tienen capacidad para distinguir”.

Fuente:  http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/23/actualidad/1369333134_264650.html

domingo, 12 de mayo de 2013

Las Castas

Un breve pasaje de Magris curioso y muy interesante que estuve buscando el otro día y que no fui capaz de encontrar. Lo transcribo aquí para otra futura ocasión:

"También el Danubio, al igual que cada uno de nosotros, es un Noteentiendo, como la figura dibujada en una de las diecisésis viñetas de la tabla “Las Castas”, una especie de juego de la oca del amor y de las estirpes que recuerdo haber visto colgado en una pared del Museo de la Ciudad de México. Cada una de las dieciséis viñetas de la tabla contiene tres figuras: el hombre y la mujer cuyas sangres diferentes exigen imperiosamente unirse, y un apacible niño nacido de su encuentro, que en la viñeta siguiente, ya adulto, es el protagonista del nuevo connubio, del que nace otro hijo destinado a continuar la cadena del mestizaje: el Mestizo, hijo del Español y de la India, el Castizo, su hijo, el Mulato al que una Española regala un adornado morisco y así sucesivamente hasta el Chino, el Lobo, el Jíbaro hijo del Lobo y de la China, el Albarazado hijo de la Mulata y del Jíbaro y padre de un Cambujo, padre a su vez de un Zambaigo. La tabla aspiraría a clasificar y diferenciar rigurosamente –incluso mediante la vestimenta- las castas, sociales y raciales, pero acaba por exaltar involuntariamente el juego caprichoso y rebelde del eros, el gran destructor de cualquier jerarquía social cerrada, el disgregador y mezclador de cualquier ordenada baraja, que alterna los oros con las copas o con las espadas para hacer posible y placentero el juego.

En la penúltima viñeta, el fruto de los amores del Tente En El Aire y de la Mulata deja perplejo el talento nomenclatorio del anónimo clasificador, que, en efecto, lo define como Noteentiendo. Ese Danubio que es y que no es, que nace en varias partes y de varios padres, nos recuerda que cada uno de nosotros, gracias a la múltiple y oculta trama a la que debe su existencia es un Noteentiendo, como los pragueses de apellido alemán o los vieneses de apellido checo. Pero esta tarde, a lo largo del río que en verano, nos dicen, a veces desaparece, el paso junto al mío es tan irrefutable como el curso de agua y en su onda, siguiendo la curva de las riberas, es posible que sepa quien soy
."

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...