viernes, 15 de febrero de 2013

Fama

Leyendo el fantástico libro de Olalla, Historia Menor de Grecia, me he quedado con una de sus reflexiones. Hablaba de Alejandro Magno, conocido en todo el mundo por sus hazañas al punto de ser incluso admirado por Aníbal. Muy pocos hoy en día ignoran su nombre aunque francamente dudo que pudieran decir exactamente cuáles son los motivos por los que es conocido: Conquistador de Grecia, de Persia, expugnador de ciudades, extremo en sus amores y en sus odios, con una vida tan corta como intensa y marcada por increíbles logros y enormes excesos, fuera del común de los mortales. Por esto, y mucho más, goza de fama imperecedera. Pero poca gente puede saber quiénes son Calístenes y Clíto el Negro. Y son 2 de los errores de Alejandro, pero quizá los más intensos. Los más imposibles. Los más absurdos. Clíto fue amigo suyo de la infancia. Luchó con él en todas sus batallas y llego hasta a salvarle la vida. Alejandro, en una noche de borrachera y dejando fluir un intenso resquemor le asesinó de una lanzada  cuando su amigo le estaba reprochando delante de todos haber perdido los valores por los que hombres como él le siguieron a morir si convenía. Durante 3 días le lloró, y dicen intentó quitarse la vida con la misma lanza con la que le había matado poco antes. Bien es verdad que le concedió grandes honores fúnebres, pero eso a un muerto, ¿qué le importa?

Calístenes, sobrino de Aristóteles, es llamado por  Olalla el más libre de los hombres. Libre como para reprender al gran rey sus demanes, su arrogancia, recriminarle su loca manera de proceder al estilo de los peores sátrapas persas. Lo bastante libre como para olvidar la más elemental prudencia, y morir en la prisión, donde fue arrojado por Alejandro. Sólo es libre el hombre que no tiene miedo, y buenos y muy valientes hombres tuvo este gran general con él.

Y sí, alejandro hizo mucho para no ser olvidado. Y como bien dice Olalla, «Él conquistó todo desde un rincón de Macedonia hasta las profundidades de Asia», responderán: «Sí, pero mató a Calístenes y a Clito».

jueves, 14 de febrero de 2013

Violencia

Un texto de pedro Olalla muy interesante y digno de guardar. Recomiendo fehacientemente la lectura de los libros de este escritor afincado en Grecia desde hace mucho pero aún enamorado de aquella tierra. Y con una visión de las cosas muy digna de leer.



Hoy día, mientras en las calles arden contenedores y en los parlamentos arden conquistas democráticas, lo políticamente correcto es condenar la violencia.

Puede que la violencia sea siempre violencia, pero los motivos de su utilización no son siempre éticamente iguales. No es la misma la violencia que se utiliza para abusar y agredir que la que se utiliza para defenderse de la agresión y del abuso. No es la misma la violencia nacida del racismo y de la discriminación que la que nace de la lucha contra ambos. No es la misma la violencia que se ejerce para imponer los intereses propios que la que se utiliza para defender el interés común. No es la misma la violencia que condena a la necesidad extrema que la que lucha desesperadamente por salir de ella.

Pero de todas las violencias, la peor es la de guante blanco: la ejercida desde el poder en favor de intereses particulares y al amparo de una falaz legitimidad democrática. La de gobiernos que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasean sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de "representantes" de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana de su parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada; la violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referéndum para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por gobiernos colaboracionistas de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones otro invierno más; la violencia de haber situado ya al 21% de la población del país bajo el umbral de la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, a la emigración, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de que para ver cumplido el derecho fundamental a la vivienda haya que hipotecarse de por vida con los lobbies de la ingeniería financiera; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación; la violencia de estar enajenando la riqueza y la soberanía nacional ante la sumisión y el miedo de sus verdaderos dueños.

Ésa es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta de los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas miseria, explotación, desigualdad, colonialismo, guerra y muerte, y que, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven volar una piedra o arder un contenedor de basura.

La Violencia, en su sentido original y etimológico, es una fuerza vital, un ímpetu: la fuerza que sustenta una idea, un argumento, un acto, un cuerpo, un estado, incluso una virtud. Violencia (Βία) era en la antigua Grecia una divinidad primigenia, que en las laderas del Acrocorinto compartía santuario con Ananke, la Necesidad; "conciliando violencia y justicia" ("βίαν τε και δίκην συναρμόσας") forjó Solón las leyes de la Democracia; y no olvidemos nunca que, en el fondo, la Justicia no es sino una violencia que trata de imponerse sobre el abuso y la desigualdad, una violencia que hay que hacerse a uno mismo para obrar conforme a la verdad y dando a cada cual lo que merece.

Es el uso de la fuerza, y no la fuerza misma, lo que la ética debe juzgar. Condenar la violencia siempre parecerá "políticamente correcto", pero mucho cuidado con la demagogia.

domingo, 10 de febrero de 2013

Hay veces que aún leo cosas que me gustan...

El escritor italiano Umberto Eco puede convertirse en el próximo Doctor Honoris Causa de la Universidad de Burgos. El Consejo de Gobierno de la UBU estudia este miércoles la propuesta que viene del Departamento de Ciencias Históricas, de la Facultad de Humanidades y Educación, y que cuenta con el visto bueno de la Comisión de Investigación.

La iniciativa, que ya ha sido comunicada al propio autor de títulos tan importantes como El nombre de la Rosa, tiene que ver con el contacto que ha entablado un profesor del centro y con la buena acogida que ha tenido por parte del escritor conocido internacionalmente. Desde la Institución Académica burgalesa se muestran ilusionados con la perspectiva de contar con la presencia de Umberto Eco (81 años) en el campus, a lo largo de este año, para recibir la máxima distinción que puede conceder la universidad.

Hasta ahora la UBU ha concedido 12 doctorados honoris causa. El último entregado fue para el historiador Geoffrey Parker, pero están pendientes de imponerse el de Félix Rodríguez de la Fuente, a título póstumo, y el de Emma Bonino, que ya superaron todos los parabienes del proceso administrativo universitario para su propuesta y aprobación. De esta manera, con Umberto Eco serían 13 las personas reconocidas como Doctor Honoris Causa por la UBU por su contribución en el ámbito científico, cultural, artístico y técnico, así como por sus sobresalientes aportaciones a la sociedad. Estos son los requisitos que deben cumplir las personas reconocidas por la Institución Académica burgalesa como recoge el artículo 14 de los Estatutos de la UBU.

Fuente: El Correo de Burgos. 


El decano de la Facultad de Humanidades, Ignacio Fernández, ha recordado que tiene casi cuarenta doctorados honoríficos y que ha aceptado el nombramiento en Burgos por su "vinculación sentimental" con un personaje de su novela más conocida: "El nombre de la rosa" (1980).

Ha recordado que uno de sus personajes, Jorge de Burgos, se suponía que era un monje que había llegado a la abadía donde se desarrollaba la trama desde el monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos.

Barcelona

Siguiendo a Perich. Hay días en que no se puede tener más razón...