martes, 31 de mayo de 2011

Sobre las formas


Una anécdota curiosa del maestro puede servir para recordar, en estos tiempos convulsos, que todo proceso de pensamiento entraña siempre uno previo de conocimiento. Pese al apoyo visceral que puedo tener con esos chavales pasando frío de plaza Catalunya en su juego revolucionario, no dejo de sonreírme cuando les escucho hablar y veo sus opiniones y propuestas tan utópicas y bienintencionadas como irrealizables. Y tan tiernas en sus principios como lamentablemente mal planteadas al adoptar el tono de exigencia. Cuánto me gustaría en las clases y en este atisbo de revolución que supieran expresarse de forma correcta y con el órden adecuado:

Magris recuerda la figura de uno de sus maestros, en Trieste, que le dio una de las lecciones más importantes de su vida. Era su profesor de alemán. Tenía catorce años y una vez debió preparar una clase que iba a versar sobre las relaciones entre Fausto y la Revolución Francesa. Cuando le tocó el turno, se levantó y dijo:

- “Yo pienso que…”.
- “Usted no puede pensar nada porque no sabe nada”, le interrumpió.

El joven Claudio Magris debió mirar con amarga sorpresa a su maestro, que continuó definiendo cuál era el objeto de análisis:

- "Fausto se escribe en estos años, trata de esto y su relación con la Revolución Francesa puede estar en lo siguiente"

Y concluyó:

- “Y sobre esta cuestión, el señor Magris piensa que…” y le dio la palabra.

Aquello significaba pensar, recuerda el escritor: “Tener la capacidad de acercarse al objeto de análisis”.

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