lunes, 1 de octubre de 2012

¿Para qué sirve el latín?

Sería una buena pregunta, ya que hablando en "plata" ya no se habla en ninguna parte. Sólo recuerdo un día, en Roma, en uno de mis viajes, que me fue de amplia utilidad al permitirme hablar en mi entonces macarrónico latín con un párroco de algún país del este para que me informase de un par de cosillas que me daban curiosidad en la iglesia de San Pedro extramuros. Y no hubo idioma común al que recurir más que en esta supuesta lengua muerta, pero le hizo tanta ilusión oírme chapurrear en ella (si Cicerón me hubiese escuchado, me enviaba seguro a la cocina) que me dejó pasar a la sacristía para presentarme al encargado del lugar. Privilegio que imagino conceden a pocos por allá. Pero aparte de esto y de dejarme leer algunos libros, de poco más alguno dirá que me puede servir.

Quizá sea verdad, y no sirva realmente para nada. Quizá por eso me gusta. Es casi saber por el mero gusto de saber. Aprendiendo latín no voy a forrarme haciendo "pelotazos", ni especular en bolsa a costa de miles de inocentes que pagarían mi saber en esas ciencias de la putada. No seré famoso y no saldré en la "tele" (pensando en Gran Hermano o Sálvame, o similares, casi lo considero como un signo de buen gusto...). Pero yo no entiendo que se tenga que vivir para que los demás sepan de mí en el facebook ese, o Twitter, ni que todo tenga que "servir" para algo. 

Desde niño todos me dicen qué debo estudiar y qué debo aprender, y pocos, muy pocos, me han preguntado qué quería de veras saber. Y si por curiosidad se enteraban de mis gustos, tan poco mundanos, de forma invariable salía la preguntita: "¿Y esto para qué sirve?". Cosa que me hacía clasificar a la persona en cuestión en la categoría de "pobre de espíritu" como mínimo. Otras veces era peor y se limitaban a un "eso no sirve para nada, luego no lo vas a estudiar". Por suerte eran los menos. Pero de una forma u otra se terminaba siempre en la cuestión de la utilidad. Y qué manía de vivir obcecados con el utilitarismo y con la obtención de beneficios a corto plazo. No es que ser pragmático sea malo. No. No caeré en pecado de Hybris pero sí creo, iluso de mí, que la utilidad no debe medirse por la inmediatez de los resultados sino por la durabilidad de estos resultados. La vida es bastante más que lo aprendido en la escuela, es una experiencia que permite elaborar un pensamiento propio para poder establecer tu propio juicio, tu propia manera de entender y hacer sin influencias perversas.Tener conocimiento implica tener libertad de pensamiento, y no limitarse al saber escaso de las 4 cosas elementales que me van a servir en un día cualquiera de una vida gris.

Porque, dentro de este razonamiento tan pueril de utilidad monetario-económica, ¿alguien podría explicar para qué sirven las matemáticas?. Son árduas de aprender, cuestan un esfuerzo intelectual importante y si uno se basa en esas premisas de utilidad, una vez  aprendidas 4 reglas básicas ya nadie nos engañará con el cambio y sabré calcular un par de reglas de 3 de esas que tan manidas resultan para algunas cosas. Y si digo esto la gente se tira de los pelos diciendo que es una barbaridad. Porque lo es. Una cochina barbaridad. Categoría que nadie aplica al latín o la historia, cambiando el parecer al decir que en este casi sí, si no sirve de nada no hace falta aprenderlo. ¿Por qué todo el mundo sabe que las matemáticas son algo más que un instrumento para que no nos timen en el supermercado o en la cuenta del bar?. Hasta un cebollino sabe que son el fundamento de todas las ciencias y que si estoy tecleando ahora y pongo mis diatribas en internet, es porque hemos progresado una barbaridad en "las mates". Además, soy médico. En mi carrera tuve que desarrollar muchos fundamentos matemáticos para saber bién qué diablos estoy haciendo cada vez que receto un medicamento, por no hablar de los fundamentos de las redes neuronales, entendibles sólo desde las matemáticas tirando a avanzadas. Pero siendo honesto, hoy día no sabría resolver una simple raíz cuadrada o una ecuación de segundo grado algo movidita. Pero yo no reniego de un conocimiento que adquirí con buena dosis de sudor y decir que no sirve para nada sólo porque hoy día no lo utilice casi nunca (más allá de la inevitable suma/resta con los tenderos y la división a escote en unas tapas). Entiendo la necesidad de este estudio y de lo útil que me fue para llegar a ser lo que soy, pese a que no me "sirva" ahora para nada. ¿Por qué con el latín no?. ¿Tan diferente es la Historia para pensar que no es útil, en la misma medida que "las mates" me fueron útiles?.

Porque entiendo que ese proceso de aprendizaje es en sí lo que es la educación. Adquirir una serie de conocimientos no sólo para usarlos de forma inmediata sino que además me permitan ser la persona que yo quiero. Poder estar satisfecho de mí en el inevitable momento en que quede a solas conmigo mismo y ver cómo soy en realidad. Aprendiendo algunas cosas, pude adquirir después otros conocimientos que sin las primeras no habría tenido jamás. No me cerré así puertas al saber. Y eso incluye hacer las cosas no con un fin de utilidad momentánea, sino vivir según lo que es justo para no tener que valorarme en función de lo que haya "conseguido", porque para ello tal vez tendría que mentir y engañar. Y no todo es ganar. ¿Que aprender latín no vale para nada?. Para mí sí me sirve, simplemente por el propio valor que esto tiene, de aprender algo nuevo, de leer libros en este idioma, a miles, de forma directa y además disfrutándolo. 

Y curiosamente sí hay un aspecto práctico en le latín que la gente tiende a no conocer. Y es que hay conocimientos que sirven para estructurar el pensamiento. El latín es gimnasia para la mente. Es una lengua sucinta, y sobretodo muy lógica. Permite estructurar el cerebro y ante un texto escrito en castellano uno puede elaborar una crítica muy racional y lógica.  Porque ayuda a pensar con claridad. Conocer lenguas clásicas no va en menoscabo de un pensamiento científico, más bien al contrario. "La juventud envejece, la inmadurez se supera, la ignorancia puede ser educada y la borrachera se pasa; pero la estupidez es para siempre"

Y no es una lengua exenta de belleza. Tal vez el griego sea más sutil, más bello, pero juntando éste con el latín vemos que en estas lenguas se compusieron las primeras obras de la literatura occidental, se habló por primera vez de democracia, se discutió de libertad e igualdad, se establecieron las bases del derecho que ahora poseemos, se pusieron nombres a las distintas especies animales y vegetales y se dieron respuesta a muchas de las cosas que han preocupado a la humanidad. Y si alguien quiere acceder a esto, necesita que alguien se lo traduzca si no ha sido capaz de poner los rudimentos de esta lengua. Uno dependería siempre de otros para poder saber sobre cosas importantes.

En latín declamó Cicerón alguno de los mejores discursos políticos jamás pronunciados. En latín lloró Virgilio los amores de Dido y Eneas. En latín dieron Julio César y Tito Livio algunas de las mejores lecciones de estrategia militar e historia del mundo antiguo. En latín nos hicieron morir de risa Plauto y Terencio. En latín insultaba a sus rivales el lenguaraz Catulo, al mismo tiempo que dedicaba encendidos versos de amor a su Lesbia. En latín escribió Ovidio sus Metamorfosis, la mejor guía para introducirse en la mitología clásica. Al latín lo convirtieron en obra de arte en sus versos Horacio, Propercio y Tibulo. En latín sentó una de las bases más bellas del humanismo el comediógrafo Terencio, cuando hizo proclamar a uno de sus personajes: “Homo sum, humani nihil a me alienum puto” (“Soy un hombre: nada de lo que es humano me es ajeno”). En latín redactó Newton su Ley de la Gravitación Universal. En latín desgranó Leibniz su cálculo infinitesimal y las raíces de la lógica. En latín elaboró Linneo la primera clasificación científica de animales y plantas de su tiempo, surgiendo así la tradición de aplicar un nombre científico en latín a cualquier especie animal o vegetal que se conozca.

¿Que para qué sirve?. A otros no lo sé. Ni me importa. A mí para poder leer todo esto.  Finis origine pendet.

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