viernes, 1 de junio de 2012

Guerra económica?

Bueno. Podría ser. Una guerra diferente con armas de papel (papel moneda). Y en vez de escenarios sanguinarios con cadáveres allá en cualquier parte donde uno pone la vista, víctimas menos muertas, pero con más desesperación en la mirada y menos comida en el vientre. Tiempos raros en que las guerras te quitan el pan no con afán de ganar la guerra, sino sólo buscando ser más ricos que los otros. Sacado de El País:

Claudio Magris (Trieste, 1939) es una potencia intelectual, una inteligencia que comprende literatura, historia y política y "un verdadero europeo", como dijo de él su amigo Jorge Semprún. Ayer llegó a Madrid poco antes de la hora en que debía inaugurar, con un discurso, la Feria del Libro de Madrid que este año tiene a Italia como huésped de honor. Cuando todavía se recuperaba de los estragos del viaje junto a los directivos del Instituto Italiano de Cultura que lo agasajaron, el autor de Danubio glosó los versos que Bertolt Brecht escribió sobre su versión de Antígona, de Sófocles, que fue el tema de su disertación en la fiesta del libro. Dijo Brecht: "Por los sacrificios bárbaros/ de un gris tiempo primordial, la humanidad/ se levantó grande".

Se puede decir ahora de Europa, está en un tiempo gris, ¿es posible que se levante grande? Él cree que los tiempos de Brecht (que también dijo que se podía cantar en los tiempos oscuros) estaban las cosas mucho peor. "Yo no hubiera querido vivir en aquellos tiempos. Estoy contento de vivir ahora. Es evidente que la literatura no es una crónica, pero debe contar los tiempos tristes que estamos pasando, ha de reflejar nuestras preocupaciones. Pero a largo plazo yo no me siento pesimista".

Ha superado Europa muchas barreras. La segunda guerra mundial; la tercera (que ganó el bloque occidental en 1989). Y ahora estamos en la cuarta, dice Magris, "que es una guerra mundial económica" en la que el dólar quiere derribar el euro, "y en la que se juega el predominio económico del mundo". Pero la idea de Europa, que él ha defendido en libros, en declaraciones, en conferencias, y hasta caminando para deshacer fronteras, se diluye, como si tuviera un gusano dentro que se la come. "Y sólo se levantará y se hará grande si se convierte Europa en unos verdaderos Estados Unidos de Europa, se acaba con la unanimidad, que no es un proceso democrático, se proyecta una auténtica soberanía y se ocupa de todos los problemas de los países desde una sola perspectiva, la perspectiva europea".

La crisis económica lo ha desorientado, "pero como a cualquier ciudadano", y como cualquier ciudadano del común "yo no me siento un individuo especializado capaz de lanzar juicios indecorosos sobre lo que sucede. No entiendo la situación de Europa, no la conozco. Sé, por lo que ha pasado en Italia, que las viejas formas políticas están en crisis y que se ha creado un clima inquietante en las instituciones europeas".

Le inquieta a Magris cómo se está resquebrajando el sistema tradicional y siente "como si se estuviera acabando una época". Pero se resiste a hablar de ello como un experto. "Los cirujanos se dedican a intervenir a los enfermos que necesitan ser operados, y saben de ello. Si un cirujano se pone a contar historia de la medicina es posible que el enfermo no resista… Y lo mismo pasa con las ideas que estoy diciendo: soy un hombre que hace historia, no entiendo de veras qué debe hacerse".

Pero es optimista a largo plazo. ¿Y con respecto a la cultura del libro? Está aquí en una feria que lo celebra. ¿Comparte la inquietud de Mario Vargas Llosa sobre la banalización de la cultura escrita y de la cultura en general? "Creo que el criterio de evaluación cultural ha cambiado. Nadie pensaba que un día se iba a equiparar cantidad con valores, y eso lo está poniendo en pie lo que yo llamo ´la lumpenbourgeoisie`…, que no es sino una burguesía de las formas y que ha decidido que mucho es igual a interesante. Pero no, no estoy preocupado por la cultura, y no estoy tampoco preocupado por la cultura del libro. Y sobre todo, no tengo nostalgia del pasado. ¡Nada de nostalgia del pasado!"

4 comentarios:

pqo dijo...

¡¿Cuarta guerra mundial?!
¿Qué tienen con la guerra en europa si es como dice en este post que pareciera que hay allí quienes cada tanto quisieran llevar al mundo a entrometerse en una?

Boecius dijo...

Amigo pqo, me temo que no tiene que ver el post con que nos guste la guerra en Europa. Ni siquiera que haya guerra. Ni que nos guste embarcar al mundo en aventuras desgraciadas.
Recoge sólo la opinión de un intelectual acerca de las cosas que van pasando en el mundo y que relaciona con la zona geográfica en la que vive, y a la que ama.
No lo interpretaste bien, pues su sentido, y cito textualmente, vendría a ser: "siente como si se estuviera acabando una época".

pqo dijo...

Muchas gracias, Boecius, por la aclaracíon. De todas formas, no tenía en mente la frase que citás. Lo que sí me llamó la atención es:

«Y ahora estamos en la cuarta, dice Magris, "que es una guerra mundial económica" en la que el dólar quiere derribar el euro, "y en la que se juega el predominio económico del mundo"

»"Y sólo se levantará y se hará grande si se convierte Europa en unos verdaderos Estados Unidos de Europa, se acaba con la unanimidad, que no es un proceso democrático, se proyecta una auténtica soberanía y se ocupa de todos los problemas de los países desde una sola perspectiva, la perspectiva europea".»

Un saludo

Boecius dijo...

Sí. Entiendo lo de esas frases. Yo mismo resalté una. Pero las has de fijar en su contexto. Podrias considerar a Magris como una especie de "especialista" en Mitteleuropa, un intelectual que entiende como nadie las realidades supranacionales como las que se dieron exactamente en esa zona geográfica. Como pasó entonces con los intelectuales austríacos, aprecia que su mundo, la actual Europa, se acaba, y compara la guerra que acabó con aquél estado (la Gran Guerra)con la actual coyuntura, que metaforiza como guerra económica. Cualquier griego actual te hablarían en estos términos sin dudarlo, y la metáfora, aún viniendo de él, es lícita.
Además, ha participado de forma más o menos activa en la política comunitaria, y ha sufrido en primera persona los problemas que exige el actual marco legal para tomar decisiones (que han de ser con unanimidad de todos los países), lo cual imposibilita cualquier decisión en la práctica.
Con esto te habla de su nostalgia, la compara con lo que conoce como nadie, y aún así afirma ser optimista.

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