jueves, 18 de septiembre de 2014

La última mirada

Es difícil entender que alguien desee matar a un animal tras mirarle a los ojos. Este pobre bicho, "Elegido", había salido a correr a cambio abierto cuando se encontró con una banda de salvajes que le rodearon con lanzas. Acabó malherido en múltiples puntos de su cuerpo, sangrando y, agotado, se sentó en la hierba a esperar la muerte. Esta es su última mirada antes de que un hierro le rompiese el cuello y dejase de sufrir.

Y que luego me digan que esto es una fiesta...


Foto: Anima animalis

sábado, 13 de septiembre de 2014

El fin del latin

Aunque por el momento solo en una breve faccion de la ciencia, pero no deja de ser un paso mas. Un triste paso mas... Y es que, de forma informal, el Congreso Internacional de Botanica ha decidido que para sus proximos descubrimientos ya no usara mas el latin. Hay que hacer quiza un breve inciso para aclarar que ocurre, y es que en los inicios de la botanica moderna se opto por utilizar el latin para nombrar genero y especie de las plantas. Y de los seres vivos. El creador del metodo taxonomico, Carl Linnaeus, ideo un sistema en el cual, en su forma reducida, con dos nombres en latin se catalogaba a todo ser vivo. Es ampliamente conocido en su forma binomial, como para escherichia coli, u homo sapiens, mencionando en este sistema el genero y la especie. Hay mas componentes, dominio, familia, clase, orden, pero los elementos finales son genero y especie, los por otra parte mas conocidos.

Pues bien, en el citado congreso internacional de Botanica han planteado que este sistema ya les es util e interesante, pero  que lo de hacerlo en latin ya no es necesario. Que se hacia asi porque en el tiempo en que fue creado era esta la lengua de la ciencia, pero que ahora lo es el ingles. Y por eso plantean utilizar en los nuevos descubrimientos en botanica una taxonomia lineana, pero en ingles:

"Permitting electronic-only publication has arguably been the most important decision made in Melbourne, bringing taxonomy into the 21st century and the electronic age. As for Latin, it has become increasingly difficult to use and is often regarded as an irrelevant anachronism by modern scientists. The meeting clearly wanted an alternative." 


En fin. Es lo que hay. En aras de una pretendida modernidad (y por que no, de una cierta laxitud en el aprendizaje, dado que a esas personas en concreto les resulta complicado entender el sistema porque no tienen pajolera idea de latin o griego, que si no queda perfectamente entendible) dejaremos una parte del conocimiento de lado y daremos gracias a que no se hara con efecto retroactivo. El problema es que a algun tonto del haba le parezca tan buena idea que se termine por hacer lo mismo con todo el resto del saber y a partir de determinado momento toda la ciencia sera unicamente recordada a partir del momento en que se comenzo a usar en ingles. Si Newton y Leibniz en este estilo de hacer las cosas merezcan o no ser recordados (al fin y al cabo, sus escritos principales estan en latin) lo decidiran mas adelante otros talibanes de la incultura. Por el momento nos bastara con sobrevivir a la estupidez unos pocos decenios mas.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Más de Magris

Otra pequeña entrevista que deseo guardar. Sacada de ABC.

Encuentro a Claudio Magris en la Universidad y nos vamos al San Marcos, el café donde comienza precisamente uno de sus mejores libros: «Microcosmos». Allí, il professore, como todos le llaman en Trieste, tiene reservada una mesa que se conserva invariablemente vacía hasta que éste, a cualquier hora del día, llega, se sienta y trabaja. Los camareros lo saludan y le traen aceitunas, café, pan. Él devuelve el saludo y me invita. Por cada pregunta que hago, Magris estira la mano y coge una aceituna. Una pregunta, una aceituna, me dice. Las aceitunas son como la vida, vuelve a decirme: si las exprimes mucho, se secan. Y sonríe.

- Tanto en «El Danubio» como en otros de sus libros aparece siempre un análisis sobre el totalitarismo, la relación entre identidad y violencia, el fascismo. ¿Su literatura es una reflexión sobre esas cuestiones? 

- Creo que sí, al menos una buena parte de ella. Es por eso por lo que, para mí, en ese sentido, la ironía juega un enorme papel. Es importante creer firmemente en algo sin fanatismos; amar algo sin hacer de ello un ídolo. Eso quiere decir que la ironía es realmente el sentimiento de relatividad, y por eso, también, una liberación de la angustia. Los totalitarismos de cualquier índole, no sólo los de carácter político, se presentan con la pretensión de lo absoluto. Y creo que no puede haber nada absoluto en la Tierra. En muchos de mis relatos abordo ese tema, el tema de la ceguera de quienes transforman algo real, histórico, en algo absoluto, destruyendo de ese modo la vida y destruyéndose a sí mismos. En mi novela «Otro mar», por ejemplo, se trata de un engaño individual; en «Conjeturas sobre un sable», de un autoengaño colectivo y político. Ésta es también una metáfora y una parábola de la ceguera de la derecha política, de la reacción. 

- En una entrevista reciente, usted mencionaba que entre la literatura de Italo Svevo y la suya hay puntos de contacto. ¿Cuáles son las cercanías entre el autor de «La conciencia de Zeno» y su obra? 

- Esa pregunta resulta difícil de responder. Italo Svevo es tan grande y profundo que uno tendría que pasar horas hablando de su obra. Él consiguió ocultar tan bien esa profundidad que todavía no hay suficientes lectores capaces de captar esa grandeza. Afirmo que Svevo es mucho más difícil que Joyce, no en el lenguaje, sino en la profundidad de la comprensión. Cuando Molly Bloom comete errores en esos parlamentos suyos que mueven a la risa, deformando las palabras y otorgándoles connotaciones sexuales, resulta quizás difícil interpretar la palabra aislada, pero Molly dice lo que esperamos que diga, ya que sabemos que es una persona inculta y piensa casi sólo en el sexo. Cuando Svevo habla de los cigarrillos, podemos creer en un primer momento que en realidad sólo habla de cigarrillos, aunque esté aludiendo a la insondable profundidad de la vida y del inconsciente. Lo que me fascina de él es esa intuición del abismo. En su obra tenemos esa intuición formidable: mientras que en el pasado el hombre corría el riesgo de no ser feliz, para el hombre moderno el problema se agrava. Ahora corre el riesgo de no ser capaz de desear la felicidad. Es decir, ya no se trata de no ser amado, sino de algo más trágico: no ser capaz de amar. De ese modo se explica cierta estrategia en las novelas de Svevo: la de no alcanzar a Ada, la mujer amada, para no ser amado por ella, ya que sería terrible no estar a la altura de ese amor. 

- Dos de los conceptos que usted ha utilizado con mayor frecuencia son los de utopía y desencanto. Más allá del territorio político que enmarcan, ¿podemos utilizarlos también para pensar la literatura, las estrategias que traza un escritor frente a su contemporaneidad? 

- Por supuesto, la utopía que se ve a sí misma como solución final es falsa, lo mismo en el terreno social que en el individual. Y el desencanto no es una razón para no querer cambiar el mundo, sino al contrario. Sancho Panza como un necesario complemento de Don Quijote, y viceversa. De ahí proviene mi rechazo a todos los que exigen que el mundo, la revolución, la revolución total, se haga realidad mañana mismo. Entonces, si la revolución no llega, son esos mismos los que se convierten en reaccionarios y ni siquiera buscan ya mejorar un poco una pequeña escuela o algo por el estilo. En la Italia de hoy, casi todos los revolucionarios extremistas del pasado son ahora adeptos a Berlusconi. Esto es válido también para la vida, para la utopía de la vida verdadera, si así lo prefiere. La pretensión de vivir, dice Ibsen, es megalomanía. Claro que Ibsen pretendía que se intentara vivir de manera auténtica, pero quería decir que sólo si se sabe cuán difícil es el camino hacia la vida verdadera, puede uno tener esperanzas de acercarse aunque sea un poco a ella. 

- Ahora que hablamos de Berlusconi, ¿tuvo alguna vez Claudio Magris alguna responsabilidad política en Italia? 

- Siempre me ha interesado la política, pero casi en contra de mi voluntad. Me interesa más el mar que la política. Pero sé también que para que todos puedan venir al mar es preciso interesarse por la política. Es decir, para mí la política, en un sentido existencial, tiene una dimensión ética, aunque por supuesto también tengo un gran interés cultural e intelectual por la política. Y todo lo que tiene que ver con la moral constituye para mí un mandamiento, aunque incómodo. Es decir, si ahora alguien intentara asesinar a un niño, no estaría en condiciones de seguir hablando de mis libros, tendría que intervenir. Pero, primero, espero que eso no suceda nunca; y segundo, me sentiría muy feliz si fuera otro el que salvara a ese niño. 

- El mundo político es también un mundo moral, ha reconocido usted. Para un escritor que alguna vez ha estado en política, ¿dónde se ubican esas fronteras? ¿Existen dentro de la literatura? 

- Es preciso diferenciar muy claramente entre las distintas situaciones en las que se toma la pluma, que es, para nosotros los escritores, nuestra única arma. Claro que, a veces, del compromiso moral surge una gran literatura. Diría incluso que esto sucede con suma frecuencia. Basta pensar en Dante o en otros escritores formidables de nuestra época. Pero la literatura tiene sus propias leyes, y esas leyes no deben ser sacrificadas a la moral. Si pretendo escribir algo que corresponda a la verdad y tengo la sensación de que esa escritura tendrá consecuencias negativas para un ser humano, debería renunciar a escribirlo, pero lo que no puedo hacer es alterar la escritura, la verdad. A veces surgen grandes contradicciones. Uno desea añadirle algo a un texto de ficción por razones morales o políticas, pero no funciona. Lo mismo sucede cuando se implanta un órgano y el cuerpo no lo acepta, lo rechaza. En ese sentido, estimo mucho a Ernesto Sábato, que en una época se ocupó de los «desaparecidos». Durante años renunció a su labor literaria para buscar a esas personas, para investigar cómo y dónde estaban. Pero Sábato es también el autor de «Sobre héroes y tumbas», que desciende a lo profundo, a los abismos, a las tinieblas del inconsciente y del mal. Y para ello estableció de manera muy honesta una diferencia entre dos mundos, dos tipos de escritura, la diurna y la nocturna. En cierta ocasión, le dije que cuando estaba sumergido en esas profundidades había descubierto que dos más dos eran cuatro, aunque también podían ser seis o diez, y que resultaba poco importante cuánto sumaban en realidad, ya que, cuando se regresa a la superficie, ese «saber» no representa una ventaja...

jueves, 21 de agosto de 2014

Una copa de Pericles

Dedico esta entrada a Barnabas y a sus siempre punzantes diatribas hacia mi mitomanía (temo más ficticia que real, pero al fin y al cabo, qué más dará...). Espero le sea de provecho:

Hallan en Atenas una copa de vino que fue usada por Pericles 

Una copa de vino que fue usada por Pericles, un político y orador griego del siglo V antes de nuestra era, fue hallada en una fosa común de Atenas, indicó este miércoles un periódico griego.

Los 12 pedazos de esta copa de cerámica con asas fue hallada en unas obras en el barrio de Kifissia, en el norte de Atenas, según el periódico Ta Nea.

Tras unir todos los fragmentos, los arqueólogos descubrieron el nombre ‘Pericles' inscrito debajo de uno de sus asas, juntos a los nombres de otros cinco hombres, aparentemente siguiendo un orden jerárquico.

Los expertos dicen estar seguros “al 99%” que la copa fue usada por Pericles porque entre los otros nombras figura el de Arifrón, su hermano mayor.

“Arifrón es un nombre muy poco frecuente. El hecho de que aparezca al lado del Pericles nos hace estar seguros al 99% de que se trata de los dos hermanos”, indicó al periódico Angelos Matthaiou, secretario de la sociedad griega de epigrafía.

Según este experto, la copa fue usada probablemente por los seis hombres durante un simposio (los banquetes de la antigua Grecia) que luego inscribieron sus nombres como recuerdo.

“Está claro que estaban un poco mareados porque el que escribió el nombre de Pericles se equivocó y tuvo que corregirlo”, aseguró Matthaiou.

La copa fue luego regalada a otro hombre llamado Drapetis ('fugitivo' en griego) que probablemente era un esclavo o el propietario de la taberna, según la arqueóloga Galini Daskalaki. “Es un hallazgo excepcional, un elemento genuino de un momento íntimo”, aseguró.
Pericles, que fue general y un hombre de gran influencia durante una de las épocas de más prosperidad de la antigua Grecia, murió de la peste en el año 429 antes de nuestra era durante el sitio de Esparta.

La copa se expondrá al pública en otoño en el museo epigráfico de Atenas.


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martes, 19 de agosto de 2014

Corto Maltes



Hace tiempo que pensaba poner alguna cosa sobre este marinero de cómic, pero por una cosa u otra nunca lo terminaba de hacer. y como esto se iba a dilatar, pues pongo un artículo de El País y puedo dejarlo para una mejor ocasión. 

"No quiero conocer mi futuro, porque entonces dejaría de interesarme", asegura Corto Maltés cuando una vidente trata de escudriñar su porvenir. El marino romántico, creado a finales de los años sesenta por Hugo Pratt, pertenece a un tiempo y a una época: la era de las grandes aventuras, el mismo mundo que compartieron Jack London –que aparece en uno de los episodios– o Robert L. Stevenson. Nació en 1887, hijo de una gitana de Gibraltar y de un marinero de Cornualles; la mayoría de sus aventuras transcurren en el entorno de la Primera Guerra Mundial, de cuyo inicio se conmemoran este verano los 100 años. En 1917, por ejemplo, protagoniza 11 episodios. El último volumen que publicó Pratt, Mu, el más surrealista y extraño de toda la serie, transcurre en 1925. Luego, desapareció del mapa, se esfumó en ese futuro que nunca quiso conocer. Cush, un nómada de los desiertos del cuerno de África, capaz de una crueldad implacable y buen amigo de Corto Maltés en las Etiópicas, asegura en otro tebeo de Pratt, Los escorpiones del desierto, ambientado durante la Segunda Guerra Mundial, que "desapareció durante la Guerra de España".

Las aventuras de Corto Maltés transcurren en un momento muy preciso, antes de que todo cambiase. La Gran Guerra fue el primer conflicto moderno y, a la vez, el último conflicto clásico, existían las metralletas, los aviones y los primeros tanques (que entraron en combate en la batalla del Somme en 1916) pero muchos generales combatían como si todos esos mortíferos avances no hubiesen sido inventados y mandaban a sus soldados contra las defensas enemigas como si se tratase de una carga napoleónica o, incluso, cartaginesa. Adam Hochschild recuerda en su magnífica historia del conflicto, Para acabar con todas las guerras. Una historia de lealtad y rebelión. 1915-1918 (Península) una reveladora cita del mariscal de Campo, sir Douglas Haig, el oficial británico más importante: "Algunos entusiastas de ahora profetizan que el avión, el carro de combate y el automóvil reemplazarán al caballo en las guerras del futuro; pero yo creo que es probable que, en el futuro, el valor y las oportunidades del caballo sean tan grandes como siempre".


El héroe de Hugo Pratt sí comprende que su mundo está a punto de desaparecer y por eso decide perderse. "Corto Maltés se irá porque en un mundo en el que todo es electrónico, donde todo está calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como él. Corto Maltés no acepta ese mundo, esa vida: tendrá ganas de irse y, en ese momento, debo dejarle marchar, porque es un amigo y no tiene ganas de quedarse con nosotros", afirmó el propio Pratt, según recoge Dominique Petitfaux en su libro de entrevistas De l'autre côté de Corto. Y cuando el dibujante pronunció estas palabras el mundo era todavía mucho más grande que ahora, porque no existían ni los móviles ni Internet. "La acción de Corto Maltés se sitúa en la época en la que la gran aventura era posible, la época de Conrad o Melville", señaló Milo Manara, amigo de Hugo Pratt con el que dibujó Verano Indio y El Gaucho y al que homenajeó en HP y Giuseppe Bergman.

Corto Maltés recorre lugares del planeta cuando todavía estaban inexplorados, desde los Mares del Sur hasta los confines de África y del Amazonas o las estepas de Asia Central, un mundo de piratas o aventureros. Sus aventuras pueden servir para estudiar los frentes más remotos de la Primera Guerra Mundial, los lugares en los que las grandes potencias se enfrentaron como imperios coloniales. Sin embargo, dos de las mejores historias del conflicto transcurren en la vieja Europa y pertenecen a uno de los mejores álbumes de toda la serie, Las célticas, que, como asegura el prólogo, "registra el paso de Corto Maltés por Europa durante los años 1917 y 1918". En una de ellas, Vino de Borgoña y rosas de Picardía, que transcurre en el frente del Somme, Corto Maltés tiene un papel extraño pero crucial en el derribo del mítico aviador alemán, el Barón Rojo, abatido por un soldado australiano que tiene una puntería infalible siempre que esté completamente borracho. Corto es quien pone el vino.



La otra historia es Concierto en Do menor para arpa y nitroglicerina, un relato de denuncias, traiciones y falsos culpables en Irlanda del Norte, con un tono que a veces recuerda a El delator, de John Ford. El pasado mes de abril fue detenido el líder del Sinn Fein Gerry Adams para interrogarle por un asesinato cometido en 1972, el de Jean McConville, una viuda, madre de 10 hijos, que fue secuestrada por un comando del IRA en 1972, acusada injustamente de ser una confidente de los británicos y asesinada. Su cadáver no fue encontrado hasta 2003, en una playa a 80 kilómetros de Belfast, por casualidad. Adams fue detenido porque un antiguo pistolero del Ejército Republicano Irlandés le acusó de haber ordenado la muerte de McConville, en el peor momento de los enfrentamientos de los años setenta, los llamados troubles, los disturbios. Adams fue liberado aunque el caso sigue abierto. Es una historia que pertenece al mismo ambiente que describe Hugo Pratt, casi con los mismos personajes, víctimas y verdugos de venganzas despiadadas. Tal vez el mundo haya perdido magia y encanto desde los tiempos de las aventuras de Corto Maltés, pero no ha olvidado la violencia.





lunes, 11 de agosto de 2014

La muerte y el ajedrez


Una curiosidad que me han comentado acerca de un fresco de una iglesia medieval de Estocolmo. Bueno, no en el mismo Estocolmo, sino de las cercanías, más en concreto, en un humilde rincón de la Iglesia de Täby. Se puede contemplar allí un fresco discretito, obra de Albertus Pictor (así mismamente, Alberto el Pintor...), donde un hombre juega una partida de ajedrez con un esqueleto, muy probablemente queriendo representar en él a la Muerte, así, con mayúsculas. Y claro, Suecia, la Muerte jugando al ajedrez... es inevitable comparar esa imagen con esta otra:


Probablemente una de las mejores películas de la historia del cine. Del sueco casi seguro. Sólo es una apreciación personal, pero desde luego la película es de las que valen la pena. Dejo la imagen final, inigualable:


Biblioteca de Umberto Eco

Se podrá disfrutar en Bolonia. Al parecer estimó que podía ser difrutada así durante los próximos 90 años. Es su biblioteca personal, que te...