martes, 8 de abril de 2008

La caída de Ur

Las gentes del Norte (Subartu) atravesaron el Tigris y marcharon sobre Ur. Los mandaba Kindattu, rey de Simashki, pero no lograron tomar la ciudad. Luego volvieron a las órdenes de otro jefe y saquearon todo Sumer. Ibbi-Sin se encerró en su ciudad, refugiado tras sus muros, los que Ur-Nammu había construido "tan altos como una montaña resplandeciente". Atacaron la ciudad, la tomaron, robaron, incendiaron y se fueron. Su desgraciado rey fue llevado hasta el fin del país de Anshan, que él mismo años atrás había tomado como conquistador. Y allí murió. Este fue el fin no sólo de una dinastía y de un reino, sino también de una nación y de un tipo de sociedad. Muchos años más tarde, con una Ur reconstruida de sus ruinas, aún se acordaban de su destrucción y en sus cantos llorarán por los tiempos pasados.

Muchos años más tarde, otra ciudad legendaria caería devastada tras diez años de guerra, su rey moriría y su familia fue hecha prisionera. La Troya del poema. La diferencia entre Troya y Ur la constituye sólo el poeta, Homero, que hizo recordar para siempre a cuantos participaron en la desgracia de Troya y su familia real, en la desgracia de los príncipes aqueos después de tan costoso triunfo, en la funesta cólera del conquistador y la miseria de la nobleza del conquistado. Es la magia de la poesía. Uno lee poesía porque está vivo y siente, y con ello hace que no caigan en el olvido las gestas de los hombres y sus desdichas.

Sacado de la "Lamentación por la destrucción de Ur":

Oh padre Nanna, esta ciudad se ha convertido en ruinas...
Sus habitantes, en lugar de tiestos, han llenado sus laderas.
Sus muros fueron destrozados y el pueblo gime.
Bajo sus puertas majestuosas donde normalmente se paseaba, yacen los cadáveres.
En sus calles, donde antes tenían lugar las fiestas del país, yacen los cuerpos amontonados.
Ur. Sus fuertes y sus débiles se han muerto de hambre.
Los padres y las madres que han quedado en sus casas han sido consumidos por las llamas.
Los niños nacidos sobre las rodillas de su madre, han sido llevados por las aguas, como los peces.
En la ciudad, la esposa quedó abandonada, el niño fue abandonado y los bienes quedaron dispersos.
Oh Nanna, Ur ha sido destruida y sus habitantes han sido dispersados.



No hay diferencia en el dolor. Sólo en la memoria se distinguen las dos ciudades.
La felicidad humana consiste en pasar la vida sin conocer el dolor de la desgracia.


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