jueves, 22 de marzo de 2012

Patrones del sueño


El sueño no es una situación pasiva ni una falta de vigilia, sino un estado activo en el que tienen lugar cambios de las funciones corporales, además de actividades mentales de enorme tras­cendencia para el equilibrio psíquico de los individuos, durante el cual producen modificacio­nes hormonales, bioquímicas, metabólicas y de temperatura imprescindibles para el buen funcionamiento durante el día. Al cerrar los ojos entramos en la fase 1 del sueño, denominada también somnolencia o tránsito entre la vigilia y el sueño. En ella, el cuerpo inicia una distensión muscular (un tono inferior al de la vigilia en reposo), movimientos oculares lentos y la respiración se vuelve uniforme. En el EEG (electroencefalograma) se observa una actividad cerebral más lenta que la que existía en vigilia, similar a la observada en la fase REM, apareciendo diversos grados de actividad denominada alfa, que se corresponden a unos 8-13 ciclos por segundo (cps).

Después de unos minutos en esta fase, seguimos el descenso hacia la denominada fase 2, donde las ondas cerebrales se lentifican algo más, con una actividad en el EEG de poca amplitud y frecuencia mixta. También aparecen puntas de sueño intermitentes (breves descargas de actividad EEG de 12 a 14 cps) y complejos k (series de ondas que consisten en una pronunciada onda negativa de gran amplitud seguida enseguida por una onda positiva)
        
Posteriormente, seguimos avanzando hacia un sue­ño más profundo, que recibe el nombre de sueño lento o fases 3 y 4, en el que las ondas cerebrales son ya muy lentas, se precisan fuertes estímulos acús­ticos o táctiles para despertarnos y predomina en la primera mitad de la noche. Se caracteriza por una actividad EEG de gran amplitud y baja frecuencia. En las fases 2, 3 y 4 no hay movimientos oculares y la actividad EMG se mantiene a un nivel inferior al de la vigilia.

Este proceso suele durar aproximadamente unos 60-70 minu­tos. Posteriormente ascendemos de nuevo hacía una fase 2, para entrar en una nueva situación fi­siológica que denominamos fase REM, porque la característica de esta fase son los movimientos oculares rápidos, (en inglés REM  Rapid Eye Movement). En el EEG se identifica un patrón de poca amplitud y frecuencia mixta similar al de la fase 1 . El conjunto de estas cuatro fases (1, 2, 3 y 4 y REM) se denomina ciclo, y suele tener una duración total de 90-100 minutos. Estos ciclos se repiten en 4-5 ocasiones durante toda la noche y durante los mismos se producen erecciones fisiológicas que nos sirven para descartar la presencia de impotencia orgánica.

Durante la primera mitad de la noche pasa­mos más tiempo en sueño profundo que en la segunda mitad, en la que predominan las fases REM y 2.

A modo de resumen podríamos decir que las peculiaridades que caracterizan un sueño normal son:

-       Siempre nos dormimos en una fase 1. No podemos entrar directamente a una fase REM o a un sueño muy profundo.
-       Las fases 1, 2, 3, 4 y REM configuran lo que se conoce como un ciclo, que se repite con una periodicidad de unos 90-100 minutos.
-       El sueño más profundo sucede siempre en el primer tercio de la noche, y está siempre ligado al inicio del sueño.
-       La fase REM predomina hacia el final de la noche. Si nos despertamos en ella, existe la posibilidad de recordar los sueños.
-       Durante el sueño nocturno, entramos en vigilia cerca de un 2% del tiempo total, lo que normalmente no recordamos al día si­guiente.


El sueño experimenta importantes cambios a lo largo del ciclo vital en el ser humano. Así, el sueño en el recién nacido es de hasta 20 horas diarias, que disminuyen de forma lenta a 13-14 a los 6-8 meses. Hacia los 3 meses logra un patrón circadiano que recuerda al del adulto, con predominio de sueño hacia la noche. A los 2 años la duración nocturna es de 12 horas, hacia los 10 años de 10 y en el adulto joven de 8, con amplias variaciones entre distintos individuos. Al comienzo de la vida los niños pasan directamente de vigilia a sueño REM, y desde el tercer mes de vida, el sueño comienza con sueño NREM. Hacia el primer año se consolida una clara diferenciación de las fases del sueño NREM, a la vez que se estabiliza la duración del sueño REM, alrededor del 25% del tiempo dormido cada día, todo ello es debido a la relativa inmadurez de las estructuras nerviosas que controlan el sueño.

Durante la adolescencia se produce una disminución importante del sueño de ondas lentas.

A medida que envejecemos, se produce una disminución lenta y gradual de la eficacia del sueño y del tiempo total de éste: Se vuelve más fragmentado y ligero. El sueño se modifica también en su estructura (fragmentación del sueño con aumento del número de despertares nocturnos, con importante disminución del sueño profundo y menor disminución del sueño REM que además se desplaza alas primeras horas del dormir). Y también se modifica su distribución temporal: El ritmo vigilia-sueño vuelve a ser polifásico y se produce un avance progresivo de fase (se acuestan antes y se levantan antes).

En los mayores de 65 años tiene lugar una mayor prevalencia de alteraciones del sueño (entre 25 y 50%). También pierde calidad, es más superficial, a la vez que aumenta la latencia del sueño y disminuye el tiempo total, aunque no es por la edad en sí misma sino por el grado relativo de salud personal. El deterioro de la calidad del sueño es paralelo al daño estructural y a la disfunción del SNC y una tendencia a despertarse más temprano de forma progresiva.





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