lunes, 15 de diciembre de 2008

Razonamiento abductivo


Razonamos de tres modos: Por Deducción, por Inducción y por Abducción. Para mejor comprender estos modos citaré un ejemplo de Peirce escrito por Eco para no aburrir con tecnicismos lógicos y semióticos.

Supongamos que tengo sobre la mesa una bolsita con judías blancas. Sé que está llena de judías blancas (supongamos que la he comprado en una tienda donde venden judías blancas y que me fío del comerciante): Por tanto, puedo admitir como Ley que “todas las judías de la bolsita son blancas”. Una vez conocida la Ley, produzco un Caso: Cojo a ciegas un puñado de judías de la bolsita y puedo predecir el Resultado: “las judías que tengo en mi mano son blancas”. La Deducción de una Ley (verdadera, claro) mediante un Caso, predice con absoluta certeza un Resultado. Ley-caso-Resultado.

Pasemos a la Inducción. Tengo una bolsita y no sé qué contiene. Meto la mano, saco un puñado de judías y observo que son todas blancas. Meto la mano otra vez y son también judías blancas. Continúo un número x de veces (cuántas depende del dinero que haya recibido de la Ford Foundation para establecer una ley científica sobre las judías de la bolsita). Después de un número suficiente de pruebas hago el siguiente razonamiento: Todos los Resultados de mis pruebas dan un puñado de judías blancas. Puedo hacer la inferencia razonable de que todos estos Resultados son Casos de la misma Ley, es decir, que todas las judías de la bolsita son blancas. A partir de una serie de Resultados, infiriendo que se trata de Casos de una misma Ley, llego a la formulación inductiva de esta Ley (probable). Basta con que en una prueba posterior resulte que una sola de las judías que saco de la bolsita sea negra para que todo mi esfuerzo inductivo se esfume en la nada. Por eso los epistemiólogos recelan tanto de la inducción. Resultado-Casos-Ley.

En verdad, como no sabemos cuántas pruebas hay que hacer para que una Inducción pueda considerarse aceptable, no sabremos qué es una Inducción válida. ¿Bastan diez pruebas? ¿Y por qué no nueve? ¿Y por qué no ocho? ¿Y por qué no una, entonces?

En este punto es cuando la Inducción desaparece y cede el puesto a la Abducción. Aquí me encuentro ante un Resultado curioso e inexplicable. Así, según nuestro ejemplo, hay una bolsita sobre la mesa y junto a ella, también en la mesa, hay un grupo de judías blancas. No sé cómo han llegado ahí, ni quién las ha puesto, ni de dónde han salido. Consideramos ese Resultado como un Caso curioso. Ahora debería encontrar una Ley tal que, si fuese verdadera, y si el Resultado puede considerarse un Caso de dicha Ley, dicho Resultado ya no sería curioso sino perfectamente lógico.

En este punto hago una conjetura: Fraguo por hipótesis la Ley por la cual esa bolsita contiene judías y todas las judías de esa bolsita son blancas e incluso considerar que el Resultado que tengo ante los ojos es un Caso de dicha Ley. Si todas las judías de la bolsita son blancas, y estas judías proceden de esta bolsita, es natural que las judías de la mesa sean blancas. Resultado- Caso-Ley.

El razonamiento por Abducción es típico de todos los descubrimientos científicos “revolucionarios” Kepler sabe por sus predecesores que las órbitas de los planetas son circulares. Después observa las posiciones de Marte y advierte que tocan dos puntos (x e y) que NO pueden ser dos puntos de un círculo. El caso es curioso. Dejaría de serlo si se admitiese que los planetas describen una órbita que puede representarse con otro tipo de curva y se pudiese verificar que x e y son dos puntos de ese tipo de curva. Kepler debe encontrar una Ley diferente. Así hace su abducción: Si las órbitas de los planetas fueran elípticas y las dos posiciones x e y de Marte fueran un Caso de esa Ley, el Resultado no sería sorprendente. Naturalmente debe verificar su Abducción fingiendo una nueva Deducción. Si las órbitas son elípticas (si al menos la de Marte es elíptica) se debe esperar a Marte en un punto z, que es otro punto de la elipse. Kepler lo espera y lo encuentra. Y la Abducción, en principio, queda demostrada. Ahora sólo hace falta hacer muchas otras verificaciones y probar si se puede refutar la hipótesis. Mientras la prueba dé resultados positivos, ha vencido.

Examinando otra vez la abducción sobre las judías blancas. Encuentro un puñado de judías sobre la mesa. Sobre la mesa hay una bolsita. ¿De dónde saco que debo poner en relación las judías sobre la mesa con la bolsita? Podría preguntarme si las judías proceden de un cajón, si las ha traído alguien que después ha salido. Si centro mi atención en la bolsita es porque en mi cabeza se dibuja una especie de lógica del tipo “es de suponer que las judías provengan de bolsitas”. Pero nada me garantiza que mi hipótesis sea la correcta.

Muchos descubrimientos científicos proceden de este modo, pero también descubrimientos de novelas policíacas y las hipótesis de un médico para comprender la naturaleza y el origen de una enfermedad.

Hay por lo menos 3 niveles de abducción:

1. El Resultado es curioso e inexplicable, pero la Ley existe ya en alguna parte, tal vez en ese mismo ámbito de problemas, y sólo hace falta encontrarla y encontrarla como la más probable.
2. La Ley es difícil de concretar. Existe en otro ámbito y hay que apostar que puede ampliarse también a ese ámbito de fenómenos (es el caso de Kepler).
3. No hay ninguna Ley y es necesario inventarla: Es el caso de Copérnico, quien decide que el universo ha de ser Heliocéntrico por razones de simetría y de “forma adecuada”.

Es evidente que en el segundo y el tercer caso se debe apostar a que la solución hallada, el Mundo Posible de su imaginación hipotética, corresponde con el Mundo Real. Y para ello se han de hacer otras verificaciones y otras pruebas. Hay que abrigar una profunda convicción spinoziana: Ordo et connexio rerum idem est ordo et connexio ideorum. Los movimientos de nuestra mente que indaga siguen las mismas leyes de la realidad.

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