viernes, 26 de diciembre de 2008

Sherlock, Eco y el Dr. House

Si comparamos la descripción de Fray Guillermo de Baskerville en "El nombre de la Rosa" vemos una curiosa semejanza, un homenaje del Maestro a Sir Arthur Conan Doyle y su detective según aparece en "Estudio en Escarlata". Expongo primero 4 fragmentos de esta obra y a continuación los pertenecientes al Maestro:

1.- Cuando lo acometían los accesos de trabajo, no había nada capaz de sobrepasarle en energía; pero de tiempo en tiempo se apoderaba de él una reacción y se pasaba los días enteros tumbado en el sofá del cuarto de estar, sin apenas pronunciar una palabra o mover un músculo desde la mañana hasta la noche. Durante tales momentos advertía yo en sus ojos una mirada tan perdida e inexpresiva que, si la templanza o la decencia de toda su vida no me lo hubiesen vedado, quizá yo habría sospechado que mi compañero era un consumidor habitual de algún estupefaciente.

2.- Su estatura sobrepasaba los seis pies, y era tan extraordinariamente enjuto, que producía la impresión de ser más alto.

3.- Tenía la mirada aguda y penetrante, fuera de los intervalos de sopor a que antes me he referido; y su nariz, fina y aguileña, daba al conjunto de sus facciones un aire de viveza y resolución. También su barbilla delataba al hombre de voluntad, por lo prominente y cuadrada.

4.-Aunque sus manos tenían siempre borrones de tinta y manchas de productos químicos, estaban dotadas de una delicadeza de tacto extraordinaria, según pude observar con frecuencia viéndole manipular sus frágiles instrumentos de Física.
(Foto del inolvidable Jeremy Brett para la serie de la BBC)


En "el Nombre de la Rosa":

1.- Cuando tenía un acceso de actividad, su energía parecía inagotable. Pero de vez en cuando, como si su espíritu vital tuviese algo de cangrejo, se retraía en estados de inercia, y lo vi a veces en su celda, tendido sobre el jergón, pronunciando con dificultad unos monosílabos, sin contraer un solo músculo del rostro. En aquellas ocasiones aparecía en sus ojos una expresión vacía y ausente, y, si la evidente sobriedad que regía sus costumbres no me hubiese obligado a desechar la idea, habría sospechado que se encontraba bajo el influjo de alguna sustancia vegetal capaz de provocar visiones.

2.- Su altura era superior a la de un hombre normal y, como era muy enjuto, parecía aún más alto.

3.- Su mirada era aguda y penetrante; la nariz afilada y un poco aguileña infundía a su rostro una expresión vigilante, salvo en los momentos de letargo a los que luego me referiré. También la barbilla delataba una firme voluntad.

4.- Durante el periodo que pasamos en la abadía, siempre vi sus manos cubiertas por el polvo de los libros, por el oro de las miniaturas todavía frescas, por las sustancias amarillentas que había tocado en el Hospital de Severino. Parecía que solo podía pensar con las manos.... Pero incluso cuando sus manos tocaban cosas fragilísimas, como ciertos códices cuyas miniaturas estaban aún frescas, o páginas corroídas por el tiempo y quebradizas como el pan ácimo, poseía, me parece, una extraordinaria delicadeza de tacto, la misma que empleaba al manipular sus máquinas.
(Foto de Sean Connery en la película ·el Nombre de la Rosa)

Se podría hacer también la comparativa con otro genio de la abducción que curiosamente vive en el 221 B de una calle de la que no se nos cita el nombre, el tan querido como ácido Dr. House (asonancia similar a "Holmes"). Y la similitud fonética de su amigo Wilson con "Watson".


En la foto ya realizada la comparativa elemental entre ambos personajes, incluída la referencia al Dr. Bell, el nada ficticio maestro de Sir Arthur Conan Doyle.

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