sábado, 6 de noviembre de 2010

Una más de Magris

Para inaugurar las entradas de noviembre, aunque nolo he buscado ex profeso, pongo esta foto de Claudio Magris en su café de San Marco, en Trieste, el lugar preferido para escribir. Andaba yo haciendo exactamente lo mismo en un habitación silenciosa (cosas de dejar el trabajo de la universidad para última hora, puñeteras constumbres hispanas...) cuando pensé cuán necesario me es un poco de ruido para poder trabajar a gusto. Y enseguida me vino a la mente este hombre, que acude cuando puede a un café para sentirse vivo y ver pasar la vida más allá de sus páginas.

Y con la añoranza aún de su compañía en el Danubio pensé en ponerle una entradita más. Ya no le viene de una.
Y poner una foto que tan parecida es a las que Eli quiere hacerme siempre en los cafés cuando nos permitimos pararnos a tomar algo sin prisas en nuestros viajes, cuando me asaltan las ganas de emular a el maestro cobn su "el Danubio". Es el libro que yo querría escribir. En apariencia es un libro de viaje, pero va bastante más allá y se permite divagar por la historia y el alma de los hombres. Magris recurre a la crónica, la observación directa, el ensayo y la ficción para describir su trayectoria paralela al río Danubio, para explicar lo que piensa mientras vieja, para navegar por el tiempo y la historia. El río es un testigo mudo, la memoria silenciosa que transcurre por el tiempo arrastrando, a través de sus riberas, viñetas, anécdotas, datos y esa fábula menuda y curiosa con una lección de vida que ofrecer. El libro es en sí un viaje en el sentido total de la palabra, reflexivo y atento a la belleza que le rodea pero sin obviar las oscuridades que el hombre marca siempre en el paisaje.

La escritura de Claudio Magris está llena de humanismo. Sus libros son la posibilidad de acercarse a la vida desde la sensibilidad literaria y la pasión crítica o atenta. La escritura es una manera de mirar al mundo, de traspapelarse en sus horrores o en su belleza. Se escribe por muchas razones o por aquella escrita por el propio Magris: “Es posible que escribir signifique rellenar los espacios en blanco de la existencia, esa nada que se abre de repente en las horas y en los días, entre los objetos de la habitación, y los absorbe dejando una desolación y una insignificancia infinitas”.

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