viernes, 2 de diciembre de 2011

Una de trenes

Esta historia la he transforado mínimamente, por si lo que ahora escribo pudiera poner en un compromiso a algún implicado en caso de ser reconocido por quien no debiera nunca haber leído esto. O no debiera haber nacido, según se mire. Pero es una anécdota verídica fruto de nuestro constante viajar. Y es que en una de las muchísimas villanías de SNCF, con su manera tan eficiente de avisar y programar cambios de horario que redundan en un puteo considerable de los dueños de este blog, lograron evitar que se pudiera coger el enlace adecuado de trenes. Así que de un viaje en principio plácido de 300 km, hubo que hacer un recorrido "pelín" más largo hasta París para coger el Elipsos allá. Al fin y al cabo es el mismo tren, en la ruta habitual, y el precio el mismo. Supuestamente ningún problema. Y así acabó siendo.

El motivo de mi epístola descalificante es que al tratar de recabar alguna noticia, los franceses hicieron gala de su desagradable chauvinismo y no se dignaron en dar la más mínima información sobre cómo arreglar el desaguisado que ELLOS habían montado. Y no sólo no informan, sino que en el tono más despectivo que pueden utilizar poco más que nos envían a freír espárragos diciendo que si tenemos algún problema (como es normal, cerdos extranjeros, aunque esto ya en enclítico...pero batante entendible), pues pongamos la reclamación correspondiente. Yo honestamemente le hubiera tatuado la reclamación en la cara, con una piedra, pero optar por no liarla donde te consideran algo ligeramente mejor que una cucaracha puede constituir un acto de prudencia loable.

Abandonados a nuestro propio conocimiento, toca viajar hasta París y preguntar allá cómo se ha de hacer para coger el Elipsos sin trabas burocráticas ni problemas derivados de alguna letra pequeña que jamás me digné a mirar. Y el trato allí, bueno, por lo menos consideraron que a pesar de no ser franceses no merecíamos morir apedreados por la plebe desatada en furor asesino, pero solucionar algo, lo que se dice solucionar, pues nada. Rien, para adoptar los usos del pais. 

Pues nada, a espabilarse, que significa ir a los interventores de RENFE y rogarles por sus respectivas madres que nos permitan subir al tren, por Dios, la Virgen que corresponda y por solidaridad entre insectos despreciados en ese maravilloso país que resulta ser Francia. Y aquí por poco me da por cantar el "Que viva...." de Escobar. Nada, sin apenas tiempo de explicar la situación, que no hay problema, que sube al tren. Todo el discurso preparado, la argumentación sonbre el trayecto y la cama, el adagio latino "quod est necessarium, est licitum", y por supuesto, las admoniciones a la piedad acompañadas de un adecuado riego lagrimal (y de rodillas si procede), absolutamente irrelevantes. Sólo: "Sube, y buen viaje".

Para rematar, mis recuerdos en Alemania pidiendo un billete de tren. El que nos atendía nos dijo que corriéramos, que el tren salía en unos minutos. Yo, con ánimo (y no me preguntéis por qué...) de dar conversación, insinúo que si lo perdemos, ya pillamos en siguiente, que hay otro en menos de media hora,pues me encuentro con la mirada despreciativa típica de los europeos al ver mi hispanidad mal disimulada. Mirada que se acompaña de un suspiro y una explicación no pedida: "Si perdéis este, tendréis que comprar otro billete. Este sólo vale para el tren que va a pasar".  El mismo trayecto. El mismo precio... ¿Por qué? Pues porque en el billete ponía la hora de salida. Si cogíamos el siguiente, se ha de comprar otro billete que ponga la hora correspondiente. Si no lo hacemos así, multa. Banda de cabezas cuadradas. Se tiene que ser rígido en este mundo.

Así que en estos tiempos que corren que alaban el tan cacareado eficientismo alemán, ya se lo pueden meter por donde les quepa. Y en Francia, más de lo mismo. Que prefiero el estilo hispánico de funcionamiento y su "sube, que no hay problema" fruto de unos cuantos siglos en que en este pobre país nuestro (tan denostado, arrasado, expoliado y depauperado por una caterva de dirigentes a cual más rastrero y ruin), hemos adoptado el uso de ayudarnos entre nosotros si el de arriba no mira. Nos llaman PIGS. Nos desprecian. Nos llaman vagos. Destruyen a una más mísera aún que nosotros, la pobre Grecia, y se permiten mirarnos como se mira al tercer mundo. Se jactan de su poder económico y de cómo hemos destruído el nuestro. Pero hay cosas que no entienden. Allá en las alemanias se han pasado años con un estado del bienestar que yo podía mirar con misericordia, congelando sueldos y poniendo su país muy bien preparado para la crisis, miestras que en el sur nos hemos dedicado a derrochar. En un estilo muy diferente: Los políticos, para forrarse y caer más bajo aún si era posible, pero el pueblo llano para vivir y disfrutar. Y ahora nos deprecian por eso, y pagaremos con creces lo que hicimos, pero lo que disfrutamos aquí, eso no lo entenderán. Fue breve, pero hermoso. Vivir plenamente aunque sólo fuera por el breve tiempo en que fue posible. Y con la seguridad de que si tengo algún problema sea donde fuere, si hay un Manolo, un Paco o un Pepe, un Mihalis, un Petros o un Kostas, o si se me permite, un Gianluca, un Beppe  o un Luigi, bastará con decir "tengo un problema" y será suficiente. 


Ganas tengo de que haya una final de futbol Grecia-Alemania. Justicia poetica sería al final. Gracias, Monty Python.

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