martes, 21 de octubre de 2008

Sagas sicilianas. Epílogo

En fin, esa fue la epopeya que vivimos. Un lugar precioso, con pueblos de encanto y tierras de miseria que dan un contraste tan increíble como la tierra y el mar que tienen casi invariablemente en su paisaje. Vivimos días excelsos y otros de absurda contienda, y en general fue un viaje atractivo. Parafraseando a Hölderling, en todo acontecimiento debe darse su contraste para entender bien qué se tiene en verdad. De nada sirve alabar la memoria sin reconocer la utilidad del olvido. Y de ese contraste algunas cosas buenas puedo sacar. He de reconocer que de no haber planeado el viaje con Torracoglioni escasamente se me habría ocurrido ni plantearme conducir por carreteras sicilianas, tal es el terror que esto me inspira, ni creo que los paseos por Palermo por barrios degradados, de aspecto fiero, hubiesen transcurrido como fueron. Los momentos de complicidad con el Sr. Barnabas fueron también sublimes. Bien cierto es también que el viaje hubiera sido más tranquilo, con el sosiego que busco en cada lugar citado en mis libros y que ansío siempre ver y disfrutar, pero a nuestr modo, in omnibus requiem quasesivi, et nusquam inveni nisi in angulo cum libro.
Quizá sólo sea nostalgia por el viaje que he perdido.
Pero reconozco que nunca, pero nunca más, viajaré con nadie que no tenga claro que el principal aspecto del viaje es disfrutarlo. Mantenerse libre de ataduras, prisas, planificaciones y confecciones de listas. Viajar para mezclarse con la gente, para ver nuevas y curiosas formas de hacer, sentir y vivir, para buscar no la foto sino el recuerdo del paisaje y el sabor de la comida, la sonoridad de una lengua ajena y la alegría al comprobar cómo esta se fija poco a poco en nuestras mentes. Y el inigualable placer del recuerdo en nuestro diario y en mis dibujos. Viajar, en suma, dejando la magia de lo acontecido y la traducción en forma de literatura, porque el viajero literario viaja dos veces, y disfruta muchas más.
Por suerte somos tan amigos como antes, por más que me haya llevado el disgusto del viaje, y el veneno de nuestro conflicto por fortuna no llegó más allá tras nuestro regreso. El tan ansiado regreso... Sirat al Sicilia. Nunca más porque conozco el precio.
Este es el fin de las sagas sicilianas.
Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus.

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