lunes, 25 de julio de 2011

El paradigma medieval de la Historia


En la Europa medieval, los túmulos y monumentos megalíticos eran objeto de interés local, y a veces los clérigos recopilaban los cuentos populares que se referían a ellos. Pero pocos escaparon a un saqueo, sea por los señores o por los siervos, pues pensaban que contenían tesoros. También saqueaban las edificaciones antiguas, tanto para buscar reliquias y tesoros como para la habitual manera barata de obtener material de construcción. No es esto extraño, pues el respeto de hoy hacia los edificios antiguos proviene de un interés por el pasado, pero en la Edad Media se creía que las únicas noticias sobre tiempos pasados SÓLO podían provenir de la Biblia, un poco de los libros de la antigüedad grecorromana (los que habían sobrevivido) y en algunos registros históricos que incorporaban tradiciones de épocas más oscuras. Lo que no ocupase alguno de estos espacios, no merecía la pena. Esta visión cristiana sobre el pasado ha influido en la interpretación de datos arqueológicos hasta el presente. Podemos resumir esto en 6 puntos:

• Se creía que el mundo tenía un origen sobrenatural y relativamente reciente. Y creían poco probable que durase más allá de unos pocos miles de años más. Los rabinos databan la creaciónen ca. el 3700 aC, Clemente VIII ca. 5199 aC y el arzobispo James Ussher ca. 4004 aC (y eso que vivió en el siglo XVII…). Las fechas se calculaban a partir de genealogías de la Biblia. Y el final del mundo debía ser pronto, con la perenne creencia de estar viviendo los últimos días de vida de la Tierra (se acerca el Apocalipsis!!!)

• El mundo físico se creía estaba en un estado de degeneración y los cambios naturales eran signos de la decadencia de la creación divina original. Y es lógico pensar que si el mundo se va a acabar pronto, qué sentido tendría contrarrestar las mermas producidas por los procesos naturales y la explotación humana. Hasta la propia Biblia decía que los seres humanos antes vivían más tiempo, por lo que deducían que desde aquellos tiempos de gigantes era evidente que había habido un deterioro físico y mental.

• La humanidad fue creada por Dios en el Edén, se supone que en el Próximo Oriente. Y desde allí los hombres se extendieron por el mundo, expulsados del paraíso por el pecado y sufriendo en medio del proceso el Diluvio de Noé. También una segunda diáspora tras lo de la Torre de Babel. Siempre se trató de vincular Europa con la historia registrada del próximo oriente y el mundo clásico, con caprichosas genealogías que identificaban personajes bíblicos a través de otros relatos históricos, como los fundadores de las naciones europeas o los primeros reyes. Por ejemplo, en uno de los hijos de Noé, Gog, estaría el origen del pueblo godo. Otra más caprichosa, con Brutus, el senador romano, como el primer rey de Britania tras aniquilar la raza de gigantes que residía antes allí. Las deidades paganas se interpretaban como mortales deificados, identificados como personajes bíblicos menores, llegando a afirmarse por parte de los monjes de Glastonbury que José de Arimatea había llevado allí el Santo Grial en el 63 dC.

• Se consideraba como algo natural que el modelo establecido de conducta humana degenerase. La Biblia decía que Adán y sus descendientes habían sido granjeros y pastores y que el trabajo del hierro empezó algunas generaciones más tarde. Eso era algo que no se cuestionaba. Los primeros humanos gozaban además de revelaciones divinas directas, y el conocimiento de Dios y sus deseos se fue elaborando y manteniendo a través de los patriarcas y los profetas hebreos. Si se le suma a esto el conocimiento del Nuevo Testamento, nos sale el patrimonio de la iglesia cristiana, que hereda, naturalmente, la responsabilidad de mantener los modelos ideales de la conducta humana. Pero se consideraba que los grupos humanos, a medida que abandonaban oriente, fracasaban en el mantenimiento de la fe y se arrojaban en la idolatría, el politeísmo y la inmoralidad. Este modelo se aplica también a la tecnología y la cultura material, incluso pese a que un historiador de la talla de Cornelio Tácito afirmara la tesis contraria de que la prosperidad material es la que acelera la depravación moral. Se agradece al que coincide con las tesis, pero se pasa de puntillas sobre quien no las comparte, por mucha fama que tuviera.

• La historia del mundo se interpretaba como una sucesión de eventos únicos. El cristianismo alentó la institución de un enfoque histórico de los asuntos humanos, ya que la historia del mundo se veía como una serie de acontecimientos con significado cósmico. Así, los sucesos se interpretaban como el resultado de intervenciones predeterminadas de Dios, la última de las cuales pondría fin a la lucha entre el bien y el mal. Con los cristianos en el bando del bien, claro está, y el resto.... Por eso se pensaba que sin la ayuda de Dios no se podía conseguir ningún hecho de significación histórica. Entre cada intervención de Dios, los asuntos humanos continuaban su curso. Y así debía seguir siendo.

• Los eruditos medievales eran menos conscientes de los cambios históricos en la cultura material que los griegos o los romanos. Algunos papas o emperadores, como Carlomagno o Federico Barbarroja, coleccionaron gemas y monedas antiguas, reutilizaron elementos de la arquitectura romana o imitaron su escultura. Pero en general se pensaba que en tiempos bíblicos se llevaban ropas o se construían casas similares a las de sus propios tiempos. No eran capaces de extrapolar a partir de datos objetivos. Y por ello si encontraban esculturas antiguas eran mutiladas o destruidas, porque se consideraban indecentes u objetos de adoración del demonio, creados entonces como tales e icapaces de entender que en otos tiempos existieran otras constumbres o creencias. Se consideraba los tiempos bíblicos como algo cultural, social e intelectualmente idénticos a los de la Edad Media, su presente.

Así, era imposible que surgiera un estudio sistemático, científico, de los restos materiales del pasado. La visión cristiana excluyente eliminó todo punto de partida conceptual para un estudio de la arqueología y perpetuó los años oscuros hasta que los hombres comenzaron a dejar a los fanáticos lejos del campo de la ciencia. Así se perdieron mil años. Quién sabe qué avances pudieron haber surgido y podríamos saber ahora de no ser por esos fanatismos.

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