domingo, 10 de julio de 2011

Lógica en la Edad Media hasta Alcuino.


Tras Boecio, la cultura en el mundo occidental declina. Son los años oscuros hasta el siglo VIII cuando comienza a revivir un tanto. Fueron años duros, con sabios que apenas podían contar con un puñado de libros para su estudio. En esos años, un libro era en verdad un gran tesoro. Alcuino, en York, fue uno de estos sabios y nos relata en sus libros que hacia el 778 podía contar en su biblioteca a Aristóteles, Victorino y Boecio. No podemos saber hasta qué punto podía leer de verdad a Aristóteles, pues hasta el siglo XII las únicas obras de este que circulaban eran las Categorías y el De Interpretatione. Tener estas junto a la Eisagogé de Porfirio y los tratados de Boecio eran el caso ideal que casi nunca se daba. Con frecuencia tenían que recurrir a otras fuentes, quizá no tan fiables, y el mismo Marciano Capella tuvo su utilidad en aquel entonces. Los monjes irlandeses, en aquel entonces los más avanzados de la época, tenían copias de su obra y la usaban con frecuencia en sus escuelas.

El primer tratado medieval de lógica fue la Dialectica de Alcuino. La había redactado para ser usada en el trivium (gramática, dialéctica y retórica) que Alcuino había dispuesto como base para la educación al ser puesto al frente de la escuela palatina de Carlomagno. Consiste en un curioso diálogo entre él mismo y el emperador, quien responde las preguntas de Alcuino con sorprendente docilidad y aplicación. Las categorías aristotélicas reciben una atención desproporcionada, y el espacio destinado a la argumentación resulta más breve. Incluso peor, no hay una sola referencia al silogismo. Es lógico que con el tiempo cayera en desuso.

Juan Escoto Erígena (810-877) fue el primer autor medieval que se sirvió de formas silogísticas de razonamiento. Algo muy poco usual en su época, con una lógica que no era más que una curiosidad literaria.

La renovación del interés por la lógica corrió a la par que un creciente interés por la gramática. Pasa así en un tratado de Garland, llamado el Computista, la Dialéctica. Garland parece hablar de las quinque voces (genus, species, differentia, proprium y accidens), pero resulta en sí algo confuso. De sus escritos se deduce que no estaba aún en su época el debate acerca de los universales que debía enfrentar durante 4 siglos a las diferentes escuelas filosóficas. Pero los moderni que acabarían por recharar la teoría aristotélica elaboraron sus tesis en un contexto de discusiones lingüísticas muy semejantes a las de la obra de Garland. La irritación frente a los filósofos antiguos condujo a los modernos a adherirse al nominalismo: Las species y las genera no son sino palabras, o flatus vocis. El problema de esto es que la doctrina de la Trinidad había sido expuesta en lenguaje de los antiguos y las nuevas teorías eran teológicamente peligrosas. Roscelino, por ejemplo, fue condenado por triteísmo a instancias de San Anselmo. Mala baba que tenían algunos santos de por aquel entonces... Abelardo también resultaría censurado, en una historia mucho más conocida.

Podemos hablar sin dudar de un nuevo espíritu que fue exacerbándose con el tiempo. Por ejemplo, podemos citar a Juan de Salisbury y un tal Guillermo de Soissons (creador de un ingenio destinado a producrir sartas de argumentos que demolieran los de los antiguos). Hacia finales del siglo XI y principios del XII San anselmo describe a los moderni como herejes de la dialéctica y sostuvo que debían ser aventados (exsufflandi) de las discusiones acerca de temas espiriruales. Tenían una tolerancia tirando a escasilla por aquellos años... Empero, ironías de la filosofía, él mismo cayo en los errores que criticaba introduciendo una de las más grandes y conocidas herejías dialécticas de la historia, la ratio Anselmi de la que ya he hablado en otra entrada. Es un intento de demostrar la existencia de Dios a partir del descubrimiento de una contradicción en la suposición de que no existe. No me extenderé más. Pero como he encontrado el texto en que desarrolla su argumento,m lo transcribo literalmente. Pura delicia intelectual.

Nam potest cogitari esse aliquid quod non possito cogitari non esse, quod maius est quam quod non esse cogitari potest. Quare si id quo maius nequit cogitari potest cogitari non esse, id ipsum quo maius cogitare nequit non est id quo maius cogitare nequit; Quod convenire non potest. Sic ergo vere est aliquid quo maius cogitare non potest ut nec cogitari possit non esse.

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