lunes, 9 de septiembre de 2013

Un bonito texto

Dejo traducido un bonito texto de Décimo Máximo Ausonio, un poeta y rétor romano nacido en Burdeos. No es un gran poeta. No fue un gran literato. Ni siquiera fue un gran hombre, pero en el siglo que le tocó vivir, fue de lo mejor que se podía encontrar, siendo llamado a educar al hijo del emperador en Tréveris, y más tarde, con su alumno ya rigiendo el imperio, como Cónsul y Prefecto del Pretorio. No tenía un talento excepcional, pero desde luego tenía virtudes dignas de un príncipe: Amaba la lectura y la historia, una suave dureza como maestro, nobleza, sentido pragmático y, según los que le conocían, buen corazón. Por contra, era vanidoso y con cierta escasez de ideas propias, defectos ambos propios de la época en que vivió y que nadie consideró en demasía. 

Una cosa llama más mi atención de su biografía: Hacia los 24 años de edad se casó con Atusia Lucana Sabina. No sería esto algo raro, ni me habría llamado la atención, si no fuera porque su matrimonio fue de los pocos que se hizo porque Ausonio la amaba, y sobretodo porque duró poco. Ella murió con 28 años de edad. Este sentimiento no murió con ella y él mismo explica muy a su pesar que además le aumentó año tras año, y ya no se volvió a casar. En uno de sus poemas podemos ver su dolor en toda su humanidad:

Nec licet obductum senio sopire dolorem;
semper crudescit nam mihi poena recens.
Admittunt alii solacia temporis aegri:
haec graviora facit vulnera longa dies.
Torqueo deceptos ego vita caelibe canos,
quoque magis solus, hoc mage maestus ago.
Volnus alit, quod muta domus silet et torus alget,
quod mala non cuiquam, non bona participo.

Traduzco libremente: En mi vejez ya no puedo calmar el dolor sufrido: Siempre mantiene cruda y fresca la pena como recién pasado. Otros enfermos admiten el consuelo del tiempo: Estas heridas las hace aún más graves un día largo. Peino en vida célibe mis canas pacientes y estoy aún más solo, más triste. La herida aumenta porque la casa está en silencio mudo y tiene frío nuestro lecho, porque con nadie comparto ni lo malo ni lo bueno.

No es común en la literatura latina la tristeza de un anciano que deja traslcir su soledad y sobretodo que recuerde tan íntimamente a su esposa muerta. 36 años después. Sin duda el sentimiento que transpira este poema es más profundo que sus epigramas, jocosos, ingeniosos, simpáticos y correctos, pero nunca con esta vida.
  
Imagen: Monumento a Decimo Magno Ausonio - Milano



Pongo el poema completo, en Parentalia, titulado Attusia Lucana Sabina uxor:

Hactenus ut caros, ita iusto funere fletos
functa piis cecinit nenia nostra modis.
Nunc, dolor atque cruces nec contrectabile fulmen,
coniugis ereptae mors memoranda mihi.
Nobilis a proavis et origine clara senatus,
moribus usque bonis clara Sabina magis,
te iuvenis primis luxi deceptus in annis
perque novem caelebs te fleo Olympiadas.
Nec licet obductum senio sopire dolorem;
semper crudescit nam mihi poena recens.
Admittunt alii solacia temporis aegri:
haec graviora facit vulnera longa dies.
Torqueo deceptos ego vita caelibe canos,
quoque magis solus, hoc mage maestus ago.
Volnus alit, quod muta domus silet et torus alget,
quod mala non cuiquam, non bona participo.
Maereo, si coniunx alii bona, maereo contra,
si mala: ad exemplum tu mihi semper ades.
Tu mihi crux ab utraque venis, sive est mala, quod tu
dissimilis fueris, seu bona, quod similis.
Non ego opes cassas et inania gaudia plango,
sed iuvenis iuveni quod mihi rapta viro:
laeta, pudica, gravis, genus inclita et inclita forma,
et dolor atque decus coniugis Ausonii.
Quae modo septenos quater inpletura Decembres,
liquisti natos, pignera nostra, duos.
Illa favore dei, sicut tua vota fuerunt,
florent, optatis accumulata bonis.
Et precor ut vigeant, tandemque superstite utroque
nuntiet hoc cineri nostra favilla tuo.

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