lunes, 3 de octubre de 2011

Lógica medieval: Abelardo. Una introducción.

La primera mitad del siglo XII fue la época en la que la filosofía medieval cobró la fisonomía que habría de tener hasta el Renacimiento. La obra de Abelardo Sic et Non fue una de las obras que más contribuyó a ello. En ella cita una serie de opiniones de autoridades en conflicto sobre temas de teología, no para desacreditarla sino para ejercitar con ello la razón (para él este tema tenía una importancia fundamental). tanto influiría, que obras posteriores, como las de Sto. Tomás, seguirían el mismo procedimiento. el estudio en teología, filosofía e incluso jurisprudencia queda así marcado por el procedimiento de las quaestiones. Al comienzo de cada quaestio las opiniones contrapuestas, o que parecen serlo, se enumeran un tras otra. Luego, el maestro ha de demostrar su destreza en la provisión de pecisas distinciones sobre el significado de las quaestiones hasta lograr la solución del problema. En las universidades que van surgiendo en el siglo XII este método es adeptado hasta para los estudiantes, pues sus exámenes consistían en disputas en las que los candidatos habían de demostrar su capacidad para proseguir la tarea de sus maestros. Claro está, las conclusiones de las disputas habían de ajustarse a la Revelación, pero en la Edad Media hubo un gran entusiasmo pr este sistema. El problema surgía con algunos críticos que afirmaban que el cristianismo nada tenía que ver con la cultura secular, pero las críticas hacia la razón, y obviamente hacia la lógica, acabaron por no prevalecer y las universidades se organizaron en el supuesto de que veritas veritatis non est adversa.
Abelardo compuso 4 obras sobre lógica:
  1. Introductiones parvulorum, integrada por 4 glosas la Eisagogé de Porfirio y las Categorías y el De Interpretatione de Aristóteles.
  2. Logica ingredientibus, llamada así por ser Ingredientibus la primera palabra del texto, escrita antes de enseñar en París en 1120.
  3. Logica nostrorum petitioni, llamada así también por las primeras palabras del texto. Amplía las glosas a la Eisagogé y podría fecharse en la época en que enseñaba en la ermita del Paráclito.
  4. Dialectica, una obra independiente que abarca las materias tratadas en los escritos lógicos de Boecio y el De Definitionibus de Victorino. En esta obra da cabida a materiales de diferentes épocas de su vida y es posible que no fuera definitiva hasta poco antes de su muerte en Cluny. Es la más valiosa de las obras citadas y un texto bastante original.
El texto de la Dialectica se halla dividido en  5 tractatus que corresponden a la agrupación de las obras de Boecio:

  1. Liber Partium.Dividido en 3 volumina que tratan sobre los antepraedicamenta (o quinque voces, de Porfirio), los praedicamenta (o categorías de Aristóteles) y los postpraedicamenta (o cuestiones).
  2. De categoricis.
  3. Topica.
  4. De Hypotheticis.
  5. De Divisionibus et definitionibus.
 En el tratamiento de Abelardo de las categorías la cantidad es objeto de un examen más detallado que los otros apartados. Incluye una sección sobre la oratio o lenguaje, que Aristóteles había caracterizado como un proceso que discurre en el tiempo. Abelardo cree que la lógica ha de ocuparse de la oratio como vehículo del razonamiento. Concluye que, ya que una expresión oral se considera conclusa y no subsiste por más tiempo una vez que ha sido dado a conocer su significado completo, su significatividad no puede constituir una propiedad o una forma que le pertenezca por derecho propio, sino que tendrá que constituir sencillamente en el hecho de haber dado lugar a un pensamiento. Pero Abelardo también apunta que oratio puede aplicarse a otras cosas que las meras expresiones verbales (discurso escrito, hablado y mental).

Define además la propositio como oratio verumfalsumve significans. La fórmula deriva de Boecio, de su definición de enuntiatio, pero Abelardo la lleva un paso más allá, pues se muestra consciente de que la verdad o la falsedad corresponden primariamente a los contenidos significados por los signos porposicionales. Nada le impide hablar de las proposiciones mismas como verdaderas o falsas, y hasta de cambiar de una a otra según las circunstancias. Añade que calificar una proposición de verdadera tenemos que aludir o bien al hecho de dar lugar a un pensamiento o bien al hecho de exponer lo que es el caso (id quod in re est), añadiendo que, de ambas, la segunda es la fundamental. Los signos significan en 2 sentidos, el uno concerniente a pensamientos y el otro a cosas, y lo que nos interesa de la proposiciones cuando nos ocupamos de ellas en lógica es su capacidad para significar aquellas últimas. Cuando decimos, por ejemplo, que una porposición implica otra, lo que queremos decir no es que el pensamiento envuelto en la primera sea imposible sin el pensamiento envuelto en la segunda, puesto que el uno podría darse sin que ocurriera el otro: 

Cum enis dicimus Si est homo est animal, si ad intellectus propositionum consecuentionem referamus, ut videlicet de ipsis intellectibus agamus, nulla est consequentiae veritas, cum scilicet alter intellectum sine altero omnino subsistat

El sentido de la proposicion es el que tenemos cuando decimos Socratem currere verum est, pues el acusativo y el infinitivo de la oración subordinada oficiarían aquí como un nombre de lo expresado por los correpondientes nominativo e indicativo en régimen de oración principal (quasi nomen illius quod propositione exprimitur).

Así, hay una relación de los contenidos proposicionales y su posición acerca de los universales. Aquello que todos los hombres poseen en común es ser-un-hombre, y esto no es una cosa de las indicadas por palabras como Socrates y homo. Lo significado por Socrates est homo es el ser-un-hombre-de-Sócrates, que de nuevo tampoco es una cosa (res) por más que probablemente sea algo (aliquid), pues una palabra puede aplicarse hasta a un objeto inexistente. El verbo ser apunta a la entidad abstracta sometida a consideración.


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