martes, 25 de octubre de 2011

Tucídides

Ya tocaba, después de tanto tiempo, ponerle una entrada a uno de mis autores favoritos. Con sus páginas me he recorrido Sicilia en 2 ocasiones y la Italia del sur, y merecía una ni que fuera pequeña reseña. Tucídides es fruto de su tiempo. Pero es el creador de una nueva forma de escribir historia. No pudo ser el primero. herodoto se le adelantó en su romántica forma, pero es Tucídides quien abandona el punto de vista tradicional y renuncia a toda magia y misticismo, al mundo religioso y metafísico, para comprender la historia. Con él son los fenómenos políticos y la acción de los pueblos y sus dirigentes quienes crean la historia y la cultura humana. Es un pensador independiente y toma la realidad como es. Por cruda que sea. Trata de comprender la acción de las personas o de las comunidades en la forma de una reacción necesaria en el contexto del mundo que los rodea. 

Pero Tucídides dice buscar la verdad. Afirma de sí mismo que pretende "entretener menos que deformar los hechos a costa de la verdad". Y para ello prescinde de las historias de los héroes, y trata de percisar los hechos remotos mediante inferencias prudentes basadas en firmes puntos de partida. Para ser lo más objetivo posible interroga a los testigos de forma exhaustiva, aceptando sólo testigos visuales o a quien a oído de forma directa a estos. Piensa además que la historia enseña cosas del pasado pero también del futuro por la tendencia del humano a repetir las cosas en situaciones análogas. Popularmente hoy día se tiende a decir que "la historia se repite", y aunque quien esto suele decir no acostumbra a saber bien porqué lo dice, el conocimiento del hombre y sus flaquezas bien nos lo ha demostrado y ya Tucídides lo apreció.

Tucídides es plenamente racional en sus obras. Sólo cuenta con el acaecer natural y excluye a los dioses y la religión. Loable. Para él la religión sólo existe como hecho histórico pero con un efecto psicológico, sobretodo sobre las masas, que un estadista ha de tener bien en cuenta. Y el historiador valorar en su medida. Cree además que estas creencias de tipo mántico pueden llegar  a ser peligrosas y hasta dañinas, y lo fundamenta en el episodio en que los adivinos yerran en sus predicciones sobre la expedición a Sicilia, que fue un desastre para Atenas. Sobretodo por el comportamiento del piadoso Nicias en Siracusa, tan funesto para el ejército. Una manera de pensar muy moderna y lamentablemente poco extendida entre demasiada gente que sale en TV por ahí. Pese a que pueda parecer un ateo empedernido sabe que hay partes impredecibles en el devenir del mundo. Lo único que en vez de pensar en dioses, lo atribuye al azar, al que llama Tyché, la Fortuna. Piensa que uno puede defenderse del azar mediante el cálculo, pero que pese a todo hay cosas que no pueden preverse.

Sus escritos son especialmente interesantes en cuanto a las descripciones que hace de la peste que asoló Atenas en al segundo año de la Guerra del Peloponeso. Causó una mortalidad espantosa, sobretodo en la gente apiñada en las barracas de las murallas largas. El populacho atribuía la epidemia a Apolo, pero Tucídides no pierde una sola palabra en discutir esa explicación religiosa. Más bien lo contrario. Dice que todos los procedimientos religiosos imaginables aplicados para calmar a los dioses, procesiones, rogatorias, oráculos, no sirvieron de nada. Impíos y piadosos murieron por igual. Se limita, como buen historiador, a decir que empezó en Etiopía, pasó a Libia y Egipto y que llegó a Atenas en los barcos que llegaban al Pireo. Muy racional. Lo más destacado es que describe con detalles médicos los síntomas de la epidemia (se cree que él mismo la padeció): Origen en el vientre, difusión a todo el cuerpo, fiebre con sed inaplacable, su duración y el momento de crisis, lo raro de las recaídas, sus efectos en animales (sobretodo perros y pájaros) y el llamativo retroceso de otras enfermedades durante la epiddemia. Uno de los síntomas llama la atención, la ceguera psíquica, en la cual los pacientes no reconocen a sus parientes ni a sí mismos pese a ver correctamente. Una agnosia, sin duda. Como efecto a destacar, relata el desánimo y la desmoralización que se extendieron, y afirma que muchos no vacilaron en el crimen para gozar del instante, dentro de la creencia de que la vida podría terminar rápido en ese ambiente.  Los médicos, según él, fueron los que más murieron, al contactar diariamente con los enfermos.

De su pensamiento pordemos entender que creía que la naturaleza del hombre es siempre la misma, con una parte de los hombres que tienden al crimen, la envidia del pobre y vulgar al rico y aristócrata, y que el débil siempre se ha de someter al fuerte. El castigo al crimen no cambia nada, y la ley tiene sus límites. Llega así a una tipología de los hechos históricos, los cuales, ya sean agradables o no, atractivos o repulsivos, optimistas o aterradores, deben entenderse siempre como resultado de la situación política en cada caso y de la reacción de las personas y grupos implicados. Con las mismas circunstancias, dice, obtendrá los mismos fenómenos. Así, toda guerra tiene 2 series de causas:

- La ocasión inmediata que la provoca, que es la causa de la que se habla.
- La causa verdadera, pero latente y profunda, que se silencia cuidadosamente.
Y en la política interior destaca el miedo a la responsabilidad y el ánimo variable de la plebe, cuando dice que se pide responsabilidad a los dirigentes por las decisiones tomadas en asamblea por la mayoría. O con las luchas entre partidos: "estas luchas siempre han existido y siempre existirán mientras la naturaleza humana siga siendo la misma". Sabios consejos aún hoy en día plenamente vigentes....

Según esto, la acción humana no puede basarse en las categorías morales de bueno o malo, sino en las intelectuales de correcto e incorrecto, apropiado o inadecuado. Un avance en siglos de los principios de Maquiavelo. Se ejemplifica con el avasallamiento de Atenas a la isla de Melos, en el 146 aC. En ella ve Tucídides que no hay un derecho absoluto, sino que el derecho se determina según el equilibrio de fuerzas. Si las fuerzas son parecidas, se elaborará un derecho en vez de lanzarse al riesgo de una guerra. Pero si no se da ese equilibrio, entonces los fuertes hacen lo que está en su poder y los débiles ceden. Los que han sufrido la política exterior de Estados Unidos al terminar la Guerra Fría pueden dar fe de lo acertado de este pensamiento. 

Con Tucídides tenemos entonces un nuevo modo de pensar. Extrae del atomismo la idea de un acaecer universal, que él ve en la naturaleza y en la historia. Con la física jónica ve una explicación natural a los fenómenos, expulsando a los dioses de la ecuación, y con la sofística aprende que no hay un derecho natural absoluto, sino que el derecho es cambiante y complejo. Su obra es moderna en el sentido de parecer una descripción y un tratado, pero pese a que supone el culmen de las ideas de su tiempo aplicadas a la historiografía, para cualquiera resulta más ameno Herodoto, más dinámico, más humano en su concepción más poética. Pero es en Tucídides donde se muestra el espíritu griego que les llevó a conquistar el mundo.

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